13 de octubre de 2015
El posicionamiento de los últimos discursos va desde la emotividad a la que ahora recurre el postulante de Cambiemos, al importante abanico de propuestas con las que ametralla el tigrense y a la novedad del término "desarrollo" que ahora utiliza el actual gobernador bonaerense, como eufemismo inteligente para decir lo que no puede decir. Lo que surge de todos esos mensajes, con claridad, es que son los tres quienes quieren cambiar las cosas, para salir de una vez de la situación actual de parálisis que ha instalado el kirchnerismo.
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Por Hugo E. Grimaldi. Agencia DYN
Las figuras de los ex presidentes Juan Perón, Raúl Alfonsín y Arturo Frondizi han sido desempolvadas en estos días por Mauricio Macri, Sergio Massa y Daniel Scioli, respectivamente, en una serie de interesantes cruces históricos e ideológicos que le ponen un mayor condimento al final de la campaña, ya bien salpimentado por las novedosas variantes en las apelaciones de los candidatos.
El posicionamiento de los últimos discursos va desde la emotividad a la que ahora recurre el postulante de Cambiemos, al importante abanico de propuestas con las que ametralla el tigrense y a la novedad del término "desarrollo" que ahora utiliza el actual gobernador bonaerense, como eufemismo inteligente para decir lo que no puede decir. Lo que surge de todos esos mensajes, con claridad, es que son los tres quienes quieren cambiar las cosas, para salir de una vez de la situación actual de parálisis que ha instalado el kirchnerismo.
Todo, menos perder Santa Cruz
Otra cosa a observar es que ninguno de ellos tiene como su estandarte a Néstor Kirchner quien, según una encuesta que acaba de difundir el Gobierno, sería el Presidente más valorado desde el regreso de la democracia. En este aspecto, el recuerdo del santacruceño sólo le pertenece a Cristina Fernández, quien también se ha convertido en protagonista activa de una campaña electoral propia en la provincia donde se formó políticamente.
Más allá de se pueda pensar que ella tiene que mostrarse y jugar allí porque el kirchnerismo está mal en las encuestas provinciales, es tanta la fibra que le ha puesto a la campaña que hace pensar que la Presidenta bien podría procesar una derrota nacional que le prive seguir cerca del poder, pero que de ninguna manera soportaría perder Santa Cruz y mucho menos con su hijo como candidato.
Cada vez que Cristina hace un acto de tinte proselitista allí, difundido obligatoriamente por la cadena nacional como los dos últimos, ella también se proclama "santacruceña" y recuerda sus viejas glorias de pionera, las de ella y las de su esposo. Está bien claro que su "lugar en el mundo" no sería igual si desde el 10 de diciembre la provincia fuese gobernada por un radical y la dinastía quedara relegada a El Calafate.
"Igual que La Rioja, pero con frío"
De allí que haya expresado hace unos días, sin sutilezas, que Eduardo Costa, su rival en la provincia y quien hoy estaría ganando las elecciones, es el diputado nacional más rico del Congreso, una forma de significar que no se trata de ningún aspirante de las clases obreras. Aunque también ha sido una forma muy sutil de marcar que el feudo se dirime entre pares.
Costa y una comprovinciana fueros los únicos legisladores de la UCR que votaron el miércoles, junto al Frente para la Victoria, a favor de un Presupuesto nacional más que provisorio, pero que incluía prebendas para la provincia, una de las más ayudadas por el gobierno nacional en los últimos años, pero que igualmente junta las monedas para subsistir. En tanto, la esposa del candidato opositor, la "Lilita" Mariana Zuvic, hoy en campaña por Cambiemos, es un huracán político, una "Cristina en potencia", dicen las malas lenguas. Y además, espejito, es joven y es bonita.
Cuando Néstor Kirchner fue electo en 2003, este periodista le preguntó a un patagónico: ¿cómo es Santa Cruz? "Igual que La Rioja, pero con frío", atinó a responder el interlocutor para marcar el signo conservador y de patrón de estancia que tenía el nuevo Presidente, similar al de Carlos Menem. Y ahora, pese al maquillaje de un progresismo que se ha descascarado con los años, la Presidenta sigue en sus trece, bajo el mismo perfil, buscando asegurar la sucesión.
Lo insólito de la última intervención presidencial desde Río Gallegos fue que Cristina pretendió borrar los años en los que el apellido Kirchner no estuvo directamente involucrado en el manejo de la provincia, como si los sucesores de su esposo en la gobernación no los haya digitado él mismo entre amigos o socios. "La verdad que sueño con una Santa Cruz que vuelva a ser lo que era cuando Néstor era gobernador", dijo como si para la provincia hubiese sido una década perdida.
“No entienden que en dos meses deberán volver a sus casas”
La pasión de la Presidenta por conservar políticamente esos dominios, poniéndolos en manos de su cuñada, se entronca directamente con lo que acaba de decir el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, cansado de las agresiones kirchneristas por haber manifestado a viva voz que hay que arreglar de una vez con los holdouts: "hay muchos integrantes de la actual gestión que no entienden que en dos meses deberán volver a sus casas", disparó.
Si bien la lapidaria frase quizás no estaba dedicada directamente a Cristina, sino a quienes lo agredieron desde el Gobierno seguramente con la anuencia presidencial y en defensa de una economía y un estilo que se va adelgazando cada vez más, lo cierto es que la Presidenta anda justamente en esos menesteres y está claro que, preocupada, busca salvar lo que se pueda, al menos en su terruño y que, por eso mismo, está jugando fuerte.
Uno que no va a volver a su casa y que hace campaña casi en solitario en la Capital Federal es el ministro de Economía, Axel Kicillof. Sin embargo, como ha sido el ideólogo de la estrategia anti buitres es quien más se distinguió en criticar los vientos de negociación que irreversiblemente se van a venir desde el 11 de diciembre en todos los ámbitos internacionales, con los holdouts y con los organismos de crédito, aunque si es Ley la obligación de seguir los lineamientos de las Naciones Unidas la cosa se puede poner complicada. "Una Ley mata a otra Ley", le dijo a DyN un diputado radical, sugiriendo, si es necesario, su eventual derogación.
Pero, además, desde un pedestal que está bien afirmado por la Presidenta, Kicillof no sólo castigó al salteño, sino también al ex presidente del Banco Central, Mario Blejer, hoy asesor de Scioli, quien osó decir que no estaría mal que el Fondo Monetario reestablezca la auditoría que prevé su Estatuto, al que la Argentina adhirió cuando ingreso al club.
Más allá de no mostrar un mínimo de respeto por la trayectoria y capacidad de su colega y sin poder explicar el estruendoso fracaso de la licitación de bonos en dólares, el ministro armó un show en Buenos Aires para denostar un lapidario informe del FMI sobre la economía argentina, aunque cuando llegó a Perú le interesó fotografiarse con los principales directivos del Fondo y el Banco Mundial.
Entre quienes se sumaron para descalificar a Urtubey se alinearon también, de modo más que ruidoso, Aníbal Fernández ("es la visión de un gobernador y punto") y Hebe de Bonafini ("le fue a cagar en la boca a Scioli") cada uno con su estilo, pero en ambos casos volcados de lleno a la yugular del salteño, aunque por elevación aprovecharon para meterle fichas al inmutable Scioli.
Paradojas de la campaña
Esta columna ha señalado varias veces que el candidato oficialista es quien más difícil la tiene a la hora de buscar votos, en su caso que apuntalen la posibilidad de ganar en primera vuelta por un margen mayor a 10 puntos, Esta claro que, debido a la alianza bien provisoria que tiene con la Presidenta, Scioli no consigue votantes independientes y que, si los gana por mostrarse alejado de las políticas actuales o aún por reformista, pierde al núcleo duro más duro del kirchnerismo. De allí, que sus últimos spots de campaña hayan tomado como eje el "desarrollo", con apelaciones más o menos concretas para subir escalones sin decir que se está demasiado abajo ni sugerir siquiera que eso sucede por las políticas que Kicillof implementó durante el segundo mandato de Cristina. Así que, bien leído, para el relato sciolista todo lo que sea presentado en campaña como un cambio de estadío que lleve a mejora de la situación actual será, en verdad, un imprescindible cambio de políticas.
Igualmente, el tono de final de campaña sciolista tiene exageraciones, como por ejemplo hablar de desarrollo porque se aumentarán las fuerzas policiales no parece ser algo muy coherente para decir que se necesita abordar de una vez por todas la inseguridad que se le ha desbocado al gobierno actual, como tampoco se trata de desarrollar algo cuando se promete superar situaciones de castigo al campo o bajar la inflación a un dígito.
Paradójicamente, el desarrollismo de Frondizi de comienzos de los años "60 el mismo que ahora reivindica el gobernador, fue sustentado ideológicamente por entonces en la figura de Rogelio Frigerio y hoy es su nieto, del mismo nombre y apellido y con ideas de ese cuño insufladas en el PRO que vienen de mucho antes que este desarrollismo tardío de Scioli, quien tiene muchas chances de ser el ministro de Economía de Macri.
Entre otras paradojas de la semana, también se dio la inauguración del monumento a Perón por parte del jefe de Gobierno porteño, un acto de campaña encubierto que le trajo al candidato más de un dolor de cabeza, porque se lo tildó de oportunista desde todos lados, pero sobre todo por sus votantes más refractarios a todo lo que huela a peronismo.
"Todo tiene que ver con todo"
En cuanto a los mensajes del final de campaña, está claro que es Macri quien apunta a los sueños de la gente, al estilo Martin Luther King, para generar hasta desde la cadencia de su voz una corriente sensible que arme lo que en el PRO llamaban la "ola amarilla" que hoy esperan que, desde la provincia de Buenos Aires, se extienda hacia todo el país.
En este distrito, es muy meritorio el papel que está cumpliendo María Eugenia Vidal, quien pelea la gobernación contra dos linces de la política y del peronismo, Aníbal Fernández y Felipe Solá y así y todo, sale airosa en varios distritos, incluido algunos del Conurbano, arrastrando ella el voto a Macri y no a la inversa, habida cuenta de la dificultad que tiene la partición de boleta, ya que el candidato a gobernador está en el medio y exige cuatro cortes.
Como muchos jefes comunales sciolistas o massistas han tomado nota de la voluntad de mucha gente de apuntalar a Vidal y se han rendido ante la realidad, están preparando la boleta al gusto del votante con el corte hecho y con ese lugar para Cambiemos, aunque con la condición de conseguir para ellos el voto del vecino en el último tramo de la tira.
La campaña de Massa también pegó un vuelco desde lo muy bien que sonaron sus propuestas en el debate, mientras que el candidato, quien dice que pelea el segundo lugar con Macri y ya hablan de apoyarse mutuamente en un eventual balotaje le toque a quien le toque, no para de mostrar planes, equipos de gobierno y a Roberto Lavagna y a José Manuel de la Sota como los hacedores del futuro. Pero, además, sacó un interesante as de la manga y probó con recitar el Preámbulo de la Constitución al cierre de un acto, trayendo a Raúl Alfonsín al centro de la escena. Puro revival. La Presidenta diría que "todo tiene que ver con todo".
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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