14 de septiembre de 2015
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Por Luis Tarullo / Agencia DYN
BUENOS AIRES - Si hubiera vivido en esta época, Alejandro Dumas estaría nadando en oro gracias al cobro de derechos por las innumerables representaciones de Los Mosqueteros (en este caso ni tres ni cuatro, sino varios más) realizadas por los dirigentes sindicales. A tono con los tiempos actuales de extremas exposiciones personales, vanidades y necesidades de cosechar el reconocimiento a través de los “me gusta”, los gremialistas peronistas dejaron trascender imágenes y hasta una “selfie” donde se los ve sonrientes y como si nada hubiera pasado entre ellos.
Apellidos “de peso”
Moyano, Rodríguez, Martínez, Schmid, Daer, Pereyra, Cavalieri, etc. (todos conocen estos apellidos sin necesidad de andar poniendo nombres de pila) comieron un asado y recrearon los viejos-actuales-futuros tiempos como en estudiantina de secundaria.
Ya se sabe cómo va a terminar esto: todos rejuntados otra vez en una misma mesa, ejerciendo presión sobre los otros poderes públicos y privados y, sonrientes, anunciándole al mundo que solo el inexorable ciclo biológico producirá, muy lentamente, una renovación en el mundo gremial local, tan peronista y tan argentino.
Pero no es cuestión de cargarle la romana a los muchachos sindicalistas, porque bien dijo alguien hace una eternidad que la culpa no es solo del chancho, sino también del que le da de comer.
Sin embargo, otra de las cuestiones es que los que alimentan al puerco no se avivan más y lo transforman en un carnívoro que termina complicándoles el corral.
Sindicalismo dividido
Este Gobierno no fue la excepción. Si bien Néstor y Cristina tendrán en su foja de servicios póstuma, el haber dividido como nunca al sindicalismo peronista y no peronista (tres centrales pejotistas y dos izquierdosas pero con vicios similares a las otras), también aparecerá en su CV el conseguir en tiempo récord que los muchachos nacidos y criados en la fragua de Perón vuelvan a unirse y a restregarles en la cara que ellos sobreviven a cualquier tormenta, por perfecta que parezca.
Por ello, cuando aún no habían tirado a los pichichos los huesos del asado, los principales referentes de la CGT Moyano y de “los Gordos” mostraron sus dentaduras fotografiadas, en clara muestra de satisfacción, pero también dejando aparecer algún colmillo para los que vendrán.
Es que saben desde hace rato que CFK va a irse a El Calafate sin darles una migaja del pan que ellos vienen reclamando, llámese Impuesto a las Ganancias o fondos de obras sociales, por ejemplo.
Entonces, el campo minado quedará para Scioli, Macri y Massa, quienes inevitablemente deberán hacer un acuerdo de convivencia a nivel ejecutivo y legislativo para dominar el barco (el país, nada menos) que seguramente en los primero tiempos del nuevo gobierno va a desplazarse por aguas turbulentas.
CALÓ, EN SOLITARIO
En la flamante comilona no estuvieron conspicuos barrionuevistas, pero se sabe que está todo bien con Moyano. Sobre quien más preguntaron los de afuera fue Caló, quien ahora sí, con la foto de sus colegas a la vista, va a andar en solitario buscando su destino, aunque confiado en tener el anclaje de Scioli, ya que fue uno de los primeros en ponerse de su lado y de su candidatura. Esta circunstancia es la que, según cree, le da hándicap como para mantenerse todavía al margen de reunificaciones inminentes.
También tiene el “changüí” de que la UOM ha sido imprescindible a la hora de las transitorias unidades sindicales. Esto mismo dejaron trascender algunos de los comensales, como para no seguir removiendo el avispero y sacarle un poco de presión al dirigente que en los últimos tiempos avaló todo lo que hizo Cristina, se puso en primera fila para aplaudirla y luego se pegó al gobernador con aspiraciones presidenciales.
Claro que hay algunas diferencias entre Caló y otras figuras metalúrgicas como Vandor, Rucci y Miguel. El heredero involuntario de un sillón más que pesado sabe que su rol en la historia política argentina está varios escalones debajo de sus predecesores, que marcaron y torcieron rumbos, incluso con sus muertes.
Y tiene otro baldón que lo aqueja y que puede ser también motivo para que algunos todavía no lo quieran demasiado cerca y hasta él mismo se mantenga fuera del centro del escenario: la investigación judicial por presunto lavado de dinero que puso la mira en la UOM después de las confesiones de un ex abogado de la organización condenado justamente por esa cuestión.
Pero como “todo pasa”, los sindicalistas están confiados en que volverá a hacerse carne (eso sí, vaya a saber por cuánto tiempo) el “uno para todos y todos para uno”, el mítico lema de los mosqueteros.
Si de frases célebres se trata, sería oportuno que recordaran también algo que dijo el propio Alejandro Dumas, como aquello de que “el orgullo de quienes no pueden edificar es destruir”, muy emparentado con Chesterton, quien supo afirmar que “la sumisión a un hombre débil es disciplina, la sumisión a un hombre fuerte es solo servilismo”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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