18 de marzo de 2015
Escribe: Padre Juan Carlos Ormazábal
Párroco de Lourdes
“El domingo pedimos que el pueblo cristiano se disponga a celebrar las fiestas pascuales con una fe viva y una entrega generosa” y “Que Dios alumbre nuestros corazones con el esplendor de su gracia para que nuestros pensamientos sean dignos de Él”.
Jesús en el Evangelio (Juan 3,13) recuerda un hecho sobresaliente en la historia de Israel cuando “el pueblo estaba extenuado del camino” (Números 21,4). Habían salido de la esclavitud de Egipto, en familia: ancianos, padres, madres, jóvenes, niños… Estaban cansados, no tenían agua y comían sólo “maná”, un alimento milagroso dado por Dios pero en aquel momento de crisis, les parecía poco. Y entonces se quejaron y protestaron contra Dios y contra Moisés: “Por qué nos habéis sacado de Egipto…” Es la tentación de volver atrás, de abandonar el camino.
Esto me lleva a pensar, dice el Papa Francisco, en las parejas de esposos que se sienten extenuados del camino, del camino de la vida conyugal y familiar. El cansancio del camino se convierte en agotamiento interior, pierden el gusto del matrimonio no encuentran ya en el sacramento la fuente de agua. La vida cotidiana se hace pesada y muchas veces da “nausea”. En ese momento de desorientación -dice la Biblia- llegaron serpientes venenosas que mordían a la gente y muchos de ellos murieron. Moisés rezó al Señor y El dio el remedio: una serpiente de bronce sobre un estandarte; quien la mire, quedará sano del veneno mortal de las serpientes. ¿Qué significa este símbolo? Dios no acaba con las serpientes, sino que da un “antídoto”: mediante esa serpiente de bronce, hecha por Moisés Dios comunica su fuerza de curación, fuerza de curación que es su misericordia, más fuerte que el veneno del tentador. Jesús se identificó con este símbolo: el Padre por amor, lo ha “entregado” a Él, el hijo Unigénito, a los hombres para que tengan vida (Juan 3,13-17); y este amor inmenso del Padre lleva a Hijo, a Jesús., a hacerse hombre, a hacerse siervo, a morir por nosotros y a morir en una cruz; por eso el Padre lo ha resucitado y le ha dado poder sobre todo el universo. Quien confía en Jesús resucitado recibe la misericordia de Dios que cura del veneno mortal del pecado. El remedio que Dios da al pueblo vale también a los esposos que “extenuados del camino” sienten la tentación del desánimo, de la infidelidad, de mirar atrás, del abandono… También a ellos Dios Padre les entrega a su Hijo Jesús, no para condenarlos, sino para salvarlos: si confían en El, lo cura con el amor misericordioso que brota de la cruz, con fuerza de una gracia que regenera y encausa de nuevo la vida conyugal y familiar. El amor de Jesús que ha bendecido y consagrado el amor de los esposos, es capaz de mantener su amor y de renovarlo cuando humanamente se pierde, se hiere, se agota. El amor de cristo puede devolver a los esposos la alegría de caminar juntos; porque eso es matrimonio: un camino en común de un hombre y de una mujer, en el que el hombre tiene la misión de ayudar a su mujer a ser mejor mujer, y la mujer tiene la misión de hacer de su marido a ser mejor hombre. Esta es la misión de Uds.: “Te amo, y por eso te hago mejor mujer”; “te amo por eso te hago mejor hombre” Es la reciprocidad de la diferencia. No es un camino llano, sin problemas, no, no sería humano. Es un viaje comprometido, a veces difícil, a veces complicado, pero así es la vida. Y en el marco de esta teología que nos ofrece la Palabra de Dios sobre el pueblo que camina, también sobre las familias en camino, sobre los esposos en camino, un pequeño consejo. Es normal que los esposos discutan. Es normal. Siempre se ha hecho. Pero les doy un consejo: que sus jornadas jamás terminen sin hacer las paces. Jamás. Basta un pequeño gesto. Y de este modo se sigue caminando. El matrimonio es símbolo de la vida, de la vida real, no es una “novela” Es sacramento del amor de Cristo y de la iglesia, un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía. Les deseo a todos Uds. un hermoso camino: un camino fecundo; que amor crezca. Deseo que sean felices. No faltarán las cruces, no faltarán. Pero el Señor estará allí para ayudarlos a avanzar. Que Dios los bendiga. Amen” (parte de la homilía del Papa Francisco del 14/9/14.Clausura de la etapa del Sínodo de la Familia).
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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