18 de junio de 2017
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Además de esos abusos que tuvieron como víctimas a sus respectivas hijas y - según quedó probado en el juicio- cometió el veterinario, hay toda una historia que data de varios años donde ambas madres tenían estrechas relaciones, por situaciones bien diferenciadas, con César Marcelo “Yeye” Vitale.
Relaciones a través de las cuales, contó una de esas mamás, la segunda de las denunciantes que tuvo esta causa penal, “yo confiaba en él”.
“Nunca pensamos que pudiera hacer una cosa así. Además, tenía el perfil de una persona divina. Era bueno, te ayudaba”, agregó la otra madre.
“En el juicio -recordó una de las mujeres- yo les hablé mucho a los jueces, poniéndolos a ellos como si en este caso se tratara de sus hijos. Y en un momento ví al Dr. Céspedes que se le llenaron los ojos de lágrimas”.
“Después, cuando me preguntaron si tenía algo más para acotar, lo miré a él, a Marcelo, que mientras tanto escribía y me miraba. Le dije que no le deseaba que le hicieran nada malo. Pero también, que nada de lo que hizo iba a reparar el daño que le hizo, más que nada, a sus propios hijos. Eso fue lo último que dije. Y en ese momento él agachó la cabeza y dejó de mirarme”.
A través de esos vínculos que ambas madres tenían por diferentes circunstancias con el veterinario, sus respectivas hijas se habían hecho amigas de la hija del azuleño que está preso actualmente en una de las cárceles de Sierra Chica.
Eso solía derivar en que las nenas se quedaran a dormir en la casa de esta ciudad donde Vitale vivía con su familia, el lugar donde después -según se comprobó en el juicio- el hombre que actualmente tiene 46 años abusaba sexualmente de ellas.
A tocamientos que a ambas nenas solía hacerles en sus zonas íntimas cuando se quedaban a dormir, le seguía ese juego perverso del que las hacía participar: el “gallito ciego”.
En el fallo se menciona que a través de esos juegos Vitale les daba de probar a las nenas mermeladas, dulces o alimentos untables por el estilo.
Sus víctimas, debido a que les vendaba los ojos cuando de a una las iba haciendo pasar a un baño donde las encerraba para separarla de otras nenas que también participaban inocentemente del perverso juego, ignoraban en ese entonces que aquello que probaban no estaba en una cuchara de plástico.
Así, el veterinario las accedía carnalmente por vía oral sin que ellas se dieran cuenta.
A esta altura, ambas madres están convencidas de que otras víctimas de estos aberrantes abusos podrían haber existido. Pero a Tribunales sólo llegaron dos denuncias; aunque en la previa se hablaba de la existencia de más casos que, finalmente, nunca se judicializaron.
Una de las madres recordó que luego de que la otra mamá se convirtiera en la primera denunciante, el veterinario habló con ella.
“Cuando le cayó esa primera denuncia, él me decía a mí que le querían sacar plata. Y yo en un principio, sin saber que a mi hija le había pasado lo mismo, le creía”.
Aquellos rumores que siempre circularon de que más nenas podrían haber sido también abusadas la llevaron un día a la mamá que en primer término denunció lo ocurrido a encontrarse con otra madre en un supermercado.
Según contó, la charla que entre ambas se produjo en ese momento inquietó sobremanera a su hija, que estaba con ella.
“Esta mujer me decía que le preguntaba a mi hija si él le había hecho algo. Y mi hija empezó, como caprichosa, a decirme que nos fuéramos”.
Pero después diferentes conductas de su hija, sobre todo advertidas por su abuela, fueron poniendo en evidencia que esa chica que hoy tiene 15 años había sido sometida a ese aberrante juego sexual que solía llevar a cabo en su casa el veterinario condenado el pasado viernes.
“Mi mamá notaba que ella vivía encerrada en la pieza. Y le preguntaba qué le pasaba, por qué estaba como insegura adentro de la casa. Mi hija le decía que en la calle se podía escapar, pero que adentro de la casa no. Y que tenía algo que no la dejaba vivir en paz. Le agarraban crisis, se arrancaba los pelos y decía que se quería quitar la vida”.
“También -recordó su mamá sobre las conductas de su hija luego de que fuera abusada por el veterinario-, continuamente se lavaba los dientes. Se cepillaba con desesperación. Y cuando yo le preguntaba, me decía que le gustaba tener la dentadura limpia. Era alevoso cómo se lavaba los dientes. Fuera de lo común”.
Finalmente, esa menor le contó a su abuela lo que le pasaba cada vez que iba a la casa del veterinario a jugar con su hija. Después de eso, a la chica la llevaron a hablar con la Dra. Nora Padrón. Y esa médica fue quien “me dijo a mí lo que había sucedido”.
“Al día de hoy me voy enterando de a poco, le voy sacando más cosas. Una confesión que me hace -contó, llorando, la primera de las denunciantes- es que tiene los labios de la vagina para afuera por los manoseos que él le hacía en la pileta”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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