19 de marzo de 2014
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Escribe: Padre Juan Carlos Ormazábal
Párroco de Lourdes
Comparo dos pasajes del Evangelio. El primero es el anuncio de la muerte a sus discípulos que ocurrió en el monte de la Transfiguración (Mateo 13,1-8). Y el otro, cuando, después de la resurrección, Jesús sale al encuentro de los discípulos de Emaús. (Lucas 24,13-35)- En los dos, Jesús mismo presenta la importancia que tiene para todos la lectura frecuente de las Sagradas Escrituras. Escuchamos en ellas la Palabra de Dios que es rica, luminosa y también cuestiona. El Papa Francisco quiere que llevemos el librito de Los Evangelios a cada casa. (Ev.Gaud.)
¿A qué apuntan estos dos relatos evangélicos? Jesús, el catequista, dialoga e invita a descubrir la cercanía del Dios ya experimentada por su pueblo. Es fundamental. Están escritas las manifestaciones de la palabra de Dios que nos sorprenden y alegran.
Dios es rico en sorpresas y de gran misericordia, actúa en nosotros de generación en generación. Los discípulos están incrédulos, faltos de fe en ambos textos. No entendían cómo El tendría que pasar por la traición, los golpes, la cruz y el martirio para vencer y resucitar. Se oye una voz, es la del Padre : “Este es mi Hijo, el predilecto, ¡¡Escúchenlo!!”. Se trata del Padre cercano y rico en misericordia. “¡Qué bien estamos aquí, hagamos tres carpas!…” decía Pedro. El otro relato, cuenta lo sucedido después de la resurrección y también les recuerda lo anunciado por Moisés, los profetas y salmos. Al escuchar estos relatos comentados por Jesús mismo y el recuerdo de lo vivido en la última cena, terminan por reconocer al resucitado en la fracción del pan, abrazando en consecuencia su amor por los pequeños y débiles y sufrientes. “Proclamándolo hasta los confines del mundo hasta que El venga”. Y dicen: “Quédate Señor porque llega lo noche”… la noche del odio y la mentira, de la indiferencia y la apatía. Y se dicen unos a otros: “No ardía nuestro corazón cuando Él nos explicaba las Escrituras? Ellos compartieron su corazón ardiente y entregado. El había dicho: “He venido a traer fuego y quiero que arda”. “Yo tengo palabras de vida el que las escucha no muere”.
Aprovechemos este tiempo de cuaresma. Es ideal para un reencuentro esperanzador con nosotros mismos y las Escrituras. La fe en Jesús resucitado cuestiona e ilumina muchos pasajes de nuestra historia. Libera miedos, pecados, apatías, tristezas… Jesús muestra la gran riqueza de la palabra de Dios hecha carne. Esta riqueza invade el corazón del creyente y lo convierte. No busca parches, ni remiendos. Ella alumbrará una nueva creación. “Donde esté tu tesoro estará tu corazón”. Leamos lentamente y oremos con las mismas Palabras del Señor. El entrará dentro de nuestro corazón. Allí donde anida toda tristeza y maldad. Allí también puede brotar y florecer toda clase de bondad. Una de las promesas de Jesús es darnos el Espíritu Santo, “una alegría que nadie la podrá quitar” y “concederá todo lo que pidamos en su nombre”.
“Lean y escruten los salmos, Moises y los Profetas que hablan de Mi”. (Jesús)-
“El que desconoce las Escrituras desconoce a Jesucristo”. ( s.Jerónimo s.II d de c.)-
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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