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La triste noticia del fallecimiento de Roberto Glorioso generó en la comunidad un gran pesar. Desde estas páginas, distintas personas vinculadas al quehacer cultural de nuestro medio, expresaron su sentimiento hacia el querido Roberto.
Escribió la poetisa azuleña María Alex en su epitafio
“Caminante: más n creas que yazgo en esta foza, / pues apenas llegada, presurosa me trepé por la savia silenciosa hasta el gajo más alto del ciprés. Y allá estoy, caminante, allá en la altura, como ayer en la tierra y en mi anhelo; rodeada de pájaros y cielo, encendida de cantos y dulzura” palabras que hoy expresamos en memoria de Roberto Glorioso.
POEMA
Morir en otoño
en el Azul, un día,
para poder ser hoja
dorada en Poesía
es un privilegio
que el Eterno otorga
a todo el que anhela
ser letra de vida.
Morir en otoño
en el Azul, un día,
mientras todos sufren
la melancolía
de saberse efímeros,
de olvidada risa
en los mostradores
dónde suman...prisas.
Morir en otoño
en el Azul, un día,
en brazos de nadie,
volverse poesía
en un ocaso rojo
ser postrer saeta
hacia el Horizonte
final del Poeta.
Morir en otoño
en el Azul, un día,
Y esperar el llamado
del Angel de Vida,
en el humus pampa,
que fue desierto incierto
y que, sin poetas,
se desertifica.
Morir en otoño
en el Azul, un día
es un privilegio
que le da la Vida
a todo el que labra
con versos las piedras
a todo el que busca
a Dios en Poesía.
Roberto Glorioso, descansa en paz. -Hugo Boggi.
Tandil, 21 de abril del 2018
Seguir cantando
Lo leí en este diario: ha fallecido el “querido” Roberto Glorioso. Enseguida me pregunte ¿Dónde van los poetas cuando mueren? Era querido por muchas de sus facetas personales, pero principalmente, siento, porque era poeta para vivir. Transmitía una alegría cordial, una simpatía innata que derramaba gentilmente por las calles de la ciudad y en el banco donde trabajaba. El hacia la diferencia, en el sentido de que llevaba su autenticidad a flor de piel, humanizaba su paso por donde fuera. Lo recordé siempre elevando su voz sobre la seriedad del despacho bancario, saludando en voz alta a las personas que estimaba y estimaba a todas. Y lo más… cuando cantaba lírico, esa insólita voz que se elevaba por sobre sus compañeros sonrientes, sin ningún reparo, con la seguridad que le daba querer y ser querido. Buen viaje, Roberto Glorioso, que donde vayas cantes de lo lindo…
- Yuyú Guzmán.
El privilegio de la amistad
Por Silvio Oliva DrysLa amistad, esa maravillosa palabra y sentimiento que no es otra cosa que una construcción que se cimienta en hechos, gestos, silencios, estar en el otro y con el otro. Roberto Glorioso supo hacer de esos sentimientos parte de su mundo. Supo honrar esa palabra, con sus colegas, los poetas, los pintores, los artistas en general, con el compañero del trabajo, con la señora de “aquí a la vuelta”, con el vecino, con el abuelo, con los niños. Sabemos de su enorme solidaridad, su sensible y quijotesca forma de sentir y vivir. Su compromiso con instituciones que buscaron en él el apoyo, el consejo, la experiencia.
Hay muchas facetas en su quehacer artístico que lo destacaron como un creador, quedará para otros autores más especializados el referirse a su obra poética pero sí quiero poner énfasis en algunos aspectos en los que desarrolló ese compromiso, un trabajo constante y silencioso: el de gestor cultural. El primero que se me viene a la memoria es, décadas atrás, en esa casa hoy Museo, que habitó una familia que él admiró mucho, en especial a Emilia Bettinelli de López Claro. Lo escuché decir en muchas ocasiones que la estructura o columna que sostuvo todo, fue esa maravillosa mujer que él tanto admiraba y ponía de ejemplo. Su participación en la revista PAN Arte y Letras da cuenta de ello. Integró la Fundación del Nuevo Banco Industrial de Azul, lugar en que se desarrollaron innumerables actividades culturales y desde ahí sin ningún protagonismo, fue artífice de exposiciones y conferencias. Integró el staff de la Revista Cultural Maná Azul - segunda época, que en la casa de Tato Baudrón nos reunió junto a Enrique, Ana, Adriana, Carlos, Luis, entre otros. Los proyectos editoriales, la SADE filial Azul, la Comisión Directiva de Azul Ciudad Cervantina y tantos innumerables viajes a La Plata y Buenos Aires en los que fue un
Embajador Cultural, estableciendo vínculos y estrechando lazos culturales que permitieron que destacadas personalidades del mundo de las letras visitaran la ciudad.
No creo en la muerte, creo en las transformaciones, me resisto al olvido y celebro las huellas que deja el tiempo, las que se imprimen de buenos momentos compartidos, las del celebrar la vida, la de sentir la familia y esa palabra trascendente, una vez más, que es el privilegio de la Amistad.
Gracias Roberto por todo lo que enseñaste, compartiste y brindaste.
SOÑADOR DE LAS LETRAS
Al encuentro con la magia de la Revista "PAN", Arte y Letras.No era fácil desde mucho antes de los años ochenta y desde el interior, hacer una publicación escrita, una revista sobre arte y letras, pero eso lo había logrado Doña Emilia Bettinelli de López Claro con la inolvidable "PAN". Y en ese mundo mágico de ideas, muchas veces de creadores solitarios, entre otros, estaba Roberto Glorioso, con su entonces incipiente obra, con su entusiasmo por cosas nuevas, escribiendo e impulsando junto a Doña Emilia a quienes se acercaban a ese espacio misterioso, que ahora es el Museo “López Claro” en Azul, a ir para adelante con proyectos que parecían irrealizables, aunque se concretaron y que hoy, vistos a través del tiempo, parecen aún más trascendentes.
Ese era Roberto, una persona sencilla y humilde, un soñador de las letras que a algunos nos ayudó a ir a ese mundo impensado, desde este perdido lugar del interior de la pampa hacia otros destinos.
Ahí está Roberto otra vez, con Doña Emilia y otros colaboradores ya desaparecidos, pensando, confabulando un nuevo número del mundo mágico de "PAN", Arte y Letras...
En recuerdo del amigo, Gustavo Pablo Borghi
El saludo eterno de Roberto Glorioso
Por José Manuel Lucía Megías
Llego a Bogotá, querido amigo, y me escriben
que te has ido,
que el abrazo de la enfermedad ha enmudecido
tu sonrisa y el encadenar los saludos
mientras cruzas las calles camino del banco,
de los afectos y de las conversaciones compartidas.
Intento recordar la primera vez que nos vimos,
la primera conversación y el primer abrazo,
pero es inútil.
Contigo cada abrazo, cada saludo, cada charla
es siempre el primero, siempre el único.
Me dicen que te has ido, pero lo ha hecho
este cuerpo que no nos pertenece.
Tú permaneces aquí, querido amigo, a nuestro lado.
Aquí permanecen tus versos y tu ejemplo
el rosario de “querido” con que entrelazabas
tus palabras, tus preguntas y tus versos.
Esos versos que ahora, querido amigo,
he vuelto a leer y que de nuevo me deslumbran
en el amanecer de la lectura compartida.
Palpa
las cavernas del vacío.
Es el mismo ademán
de quien sutura
la puerta de su celda.En tus versos, querido amigo, eres eterno.
En el recuerdo de tantos corazones
que no te olvidan, que no seremos capaz de hacerlo.
-Bogotá, 21 de abril de 2018
GLORIOSO
Por Matias Verna
“Matías, querido, te felicito, sé que saliste segundo con un poema porque me avisó el barrendero que pasa por acá, que lindo seguí así, hola, hola, se corta esta porquería, te felicito querido”.Roberto siempre tenía una sonrisa. Un buen augurio, un deseo con buena leche, Roberto no conocía la maldad y conocía el silencio y la poesía que volaba por los rincones. Era imponente.
Estuvimos juntos el año pasado en la Casa Malharro en la presentación de “Faunas” de Patricia Ratto junto con Adriana Abadie que no lo dejaba ni a sol ni sombra, porque lo cuidaba con todo el corazón.
Lo recuerdo en el Banco Nuevo, yo era chico y jugaba con los ceniceros metálicos que tenía el banco apretando un botón viendo las cenizas girar y perderse por el metal. Mi viejo tenía una caja de ahorro y me llevaba a la hora de la siesta, lo recuerdo diciendo -¿qué haces tesoro?, lo recuerdo fumando y hablando de la novela Topasio y de Gracia Colmenares, lo recuerdo con números en la cabeza, viendo a los clientes del banco y recitando de memoria cada Número de Cuenta.
Roberto fue a la presentación de mi primer libro en lo que fue el Centro Cultural Otero Maffoni allá en 1999, estaba sentado junto a Gladys Barbosa, me abrazó y lloró de emoción conmigo.
Yo no puedo mentir y decir que he leído mucho lo de Roberto, apenas “Música de Guerra” que lo cubrí cuando hacía trabajos prácticos como estudiante de periodismo y algún Hayku suelto por la web.
Lloré con la noticia y anoche cuando recibí el premio en el Museo López Claro también me emocioné. Glorioso, eso serás Rober. Yo te voy a recordar así, mirándome a la cara cuando hablabas, sonriendo y yéndote dejando huellas. Nos vemos.