16 de marzo de 2020
Ante la psicosis global y la irracionalidad circundante, es bueno parar y pensar con las gafas violetas puestas ¿cómo estamos comunitariamente para enfrentar una crisis sanitaria? ¿quiénes están en mayor riesgo por la concurrencia de otros factores?
La consigna es simple: quedarse en casa; la finalidad es clara: para protegerse. Sin embargo, esa consigna parte de dos premisas que no siempre se cumplen: que tenemos casa y que esa casa es un lugar seguro para nosotras y nuestrxs hijxs.
Es por ello que desde el feminismo popular y decolonial venimos advirtiendo sobre otras pandemias invisibilizadas detrás del covid-19: la pandemia de violencias basadas en el género que nos tienen por víctimas, y la histórica pandemia del hambre y la exclusión de la mitad de la humanidad a instancias de la especulación neoliberal y la ficción de la meritocracia que agravan la feminización de la pobreza. Y, junto con la advertencia nos preguntamos de qué manera la declaración de pandemia y las medidas a adoptarse en consecuencia las agravan si no se prevén medidas de contención, mientras pensamos y proponemos.
Por otro lado, desde la perspectiva crítica de las ciencias sociales nos preguntamos, ¿por qué la paranoia global ante un virus que, si bien se propaga con una rapidez desconocida, no es más mortal que otros microbios "viejos conocidos". Y anclamos en el punto que el covid-19 no distingue clase social, como sí la tuberculosis y las neumonías que matan a miles de ancianxs cada invierno: porque matan a ancianxs pobres. Cuando la afectación es "para todxs", se toman medidas urgentes y la solidaridad internacional crece, como para salvar el edificio de Nôtre Dame; mientras que, cuando lxs afectadxs son pobres, inventamos un montón de excusas, explicaciones y órdenes de prelación que lxs ponen en último lugar, como siempre.
Pero, paradójicamente, esas afectaciones "a todxs", pasados los momentos iniciales de paranoia y "sálvese quien pueda" que desabastecen productos de urgente necesidad y enriquecen a especuladores de la desgracias; también generan "conciencia de todxs" en quienes jamás tuvieron noción de un "otro", ni del rol del Estado para contención, atención y solución en situaciones urgentes y generalizadas. De golpe se ven las loas a medidas populistas como que la aerolínea de bandera esté repatriando personas en zona de alta incidencia; el ejército y las universidades nacionales fabricando enromes cantidades de alcohol en gel y barbijos; el Instituto Malbrán analizando muestras y ensayando tratamientos y lxs agentes sanitarios haciendo prevención y controles en territorio, bajo la dirección de un Ministerio de Salud con perspectiva sanitarista.
Y, también, de a poco van saliendo a la luz todas esas situaciones que no destacaban en la agenda mediática, como la necesidad de implementar con urgencia políticas públicas reales y efectivas respecto a las tareas de cuidados hogareños y de personas; la ampliación de redes de agua corriente y cloacas para efectivizar la posibilidad concreta de "el lavado de manos"; la mejora de las condiciones de empleo de miles de familias que se ven obligadas a alimentar a sus hijes y adultxs mayores en comedores escolares y de centros asistenciales; la existencia de una gigantesca economía paralela en la informalidad y la precarización que está imposibilitada de acogerse a la cuarentena; y, lo que quizás más nos aterra, medidas concretas para garantizar la vivienda de mujeres víctimas de violencias de género que se verán obligadas a convivir con su agresor durante la cuarentena, o dejar a sus hijes al cuidado de él para ser revictimizadxs.
Así las cosas, podemos ver la situación actual como un grave mal o un desafío: comenzar a tejer redes sociales para acompañarnos, unirse para visibilizar el agravamiento de las condiciones de vida para quienes están en situaciones de mayor vulnerabilidad histórica. También es la oportunidad para optar por cuidar de les otres como una costumbre que va dejando de ser "femenina", para valorar el trabajo de quien está en casa mientras otres trabajamos afuera, para entender que "no es no" y obedecer las medidas de distanciamiento social: no beso, no mate, no concurrir multitudinariamente.
Las feministas optimistas vemos este tiempo como la posibilidad de evidenciar las formas sociales feministas como necesarias para superar la lógica patriarcal del egoísmo que nos hunde y nos mata; la interseccionalidad sobre la que insistimos tanto desde la academia y la autonomía como relacional que nos afecta día a día la calidad de vida, mayoritariamente a las mujeres de sectores sociales no vulnerables sino vulnerabilizados por prácticas sociales y políticas de exclusión.
De todxs y cada unx de nosotrxs depende la forma en que saldremos de esta situación. El feminismo popular y decolonial trae propuestas hace rato.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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