3 de febrero de 2020

SOCIEDAD

SOCIEDAD. Pedro Guiraut, un intendente para recordar

Por Eduardo Agüero Mielhuerry



Pedro Guiraut nació el 24 de septiembre de 1872, en Ranchos, actual Partido de General Paz, provincia de Buenos Aires. Era hijo de Bernardo Guiraut y María Minvielle, ambos de origen francés. Tuvo además dos hermanos: Delfina y Bernardo.



Siendo muy joven viajó a Francia para cursar sus estudios, radicándose en la casa de unos familiares. Al regresar a la Argentina, sus padres se habían radicado en Azul, en la Suerte de Estancia N° 240 que habían adquirido al Oeste del ejido del pueblo, donde él decidió también instalarse.



Contrajo matrimonio con Clementina Cousté el 4 de abril de 1903 en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, en el templo ubicado temporalmente en la esquina de Moreno y 9 de Julio, pues se estaba construyendo la actual Catedral.



La política como un canal de realizaciones



Habiendo comenzado a participar en la vida política azuleña, en el año 1909, Pedro Guiraut fue electo como concejal por primera vez.



Integró el “Partido Popular”, que contaba entre sus filas con prestigiosos profesionales, estancieros y comerciantes, destacándose: Federico Urioste, Aquiles Pouyssegur, Evaristo Giménez, Juan P. Sarthou, Enrique Squirru, Luis Arieu y Eduardo Naulé, entre muchos otros. El principal referente de este prestigioso grupo era el reconocido martillero Manuel Castellár.



El 26 de enero de 1911 se realizaron los comicios que dieron triunfador al “Partido Popular” y al haber alcanzado la mayoría dentro del Concejo Deliberante, éste órgano eligió como intendente a Manuel Castellár. Poco después, la elección tuvo la aprobación del gobernador José Inocencio Arias.



El 7 de abril de aquel año se concretó una transición municipal sumamente ordenada, dando paso a la administración del flamante Intendente, la cual se convirtió en una de las más destacadas y desarrollistas de la primera mitad del siglo XX. Basta con mencionar que el gobierno municipal, encabezado por Castellár, tuvo entre sus funcionarios y concejales a destacadas personalidades azuleñas como Pedro Guiraut, Paulino Rodríguez Ocón, Enrique Squirru, Federico Urioste, Juan Lacoste, Eduardo Elizalde y Juan M. Navas. Médicos, abogados, comerciantes, periodistas y productores agropecuarios, entre otros, daban cuerpo a un Poder Ejecutivo de ideologías “conservadoras intermedias”, que tenía como destino marcado constituirse en la única salida válida ante tanto descontrol y desequilibrio en la administración y la economía municipal.



Sociedad, política y familia



Pedro Guiraut fue un hombre de empresa, accionista de la Sociedad Cooperativa de Hacendados y miembro de la Sociedad Rural.



El 14 de agosto de 1912, poco después de las 9 de la noche, reunidos en la casa conocida como “Pensión Italia”, los señores Manuel F. Campos, Francisco O. Pourtalé, Gervasio Mentasty, Belisario Zapata, Luis Saint Germes, Emilio Vázquez, Héctor y Federico Urioste, Nicolás Navas, Carlos S. Duprat y Pedro Guiraut, entre otros, resolvieron fundar un centro social y a la vez asociación tendiente a cooperar y propender al mejoramiento de la raza caballar, centro que se denominó “Jockey Club de Azul”, adoptando los estatutos del Jockey Club de Buenos Aires. En la ocasión resultó electo presidente César A. Reyes, siendo sus vice y vice segundo don Héctor Urioste y Francisco O. Pourtalé respectivamente; el primer secretario fue Carlos S. Duprat y el tesorero Emilio Vázquez.



En 1916, Pedro fue electo concejal y, a su vez, designado como Presidente del Honorable Concejo Deliberante por dos períodos consecutivos.



Un interinato de lujo 



En noviembre de 1923, el Dr. Ángel Pintos, de 67 años de edad, fue electo intendente por el Partido Conservador, ganando por amplia mayoría. Asumió como Jefe comunal el 1 de enero del año siguiente.



El 7 de abril de 1924, Pedro Guiraut asumió como intendente interino, reemplazando al destacado médico, quien en las elecciones del 23 de marzo de ese mismo año había resultado electo Diputado por la Provincia de Buenos Aires por un período de cuatro años. Guiraut eligió como secretario a Trinitario González, quien fue su más activo colaborador.



Los años ’20 serán destinados a la expansión; nacerán nuevas arterias y pequeños barrios. Sin embargo, uno de los acontecimientos más destacados será la llegada del Ferrocarril Provincial, con el cual se instaló la Estación en la barriada conocida como Villa Fidelidad. Todo hacía suponer que el tren modificaría radicalmente el aspecto de aquel sector de la ciudad que, desde antaño, había estado olvidado.



Los proyectos trascendieron a las gestiones de Guiraut y su sucesor (Juan José Mujica), empero serán ellos los encargados de trazar los principales lineamientos en torno a la llegada de “El Provincial”.



El Municipio encomendó un proyecto de embellecimiento urbanístico, cuyo autor fue el agrimensor Antonino Álvarez. El mismo integraba todo ese sector de la ciudad mediante un sistema de diagonales; el foco estaba en la plaza redonda frente a la estación la cual sería la más grande. Desde allí partían la continuación de la Avenida Humberto I (actual Av. Gral. Martín Miguel de Güemes) y dos anchas diagonales, una de las cuales terminaba en la Avenida Mitre y la otra en el Parque Municipal. A mitad de camino, las diagonales se cruzaban en forma perpendicular con otras dos de menor jerarquía. En estos cruces había nuevamente plazas circulares, aunque más pequeñas. Por último, el proyecto contemplaba la apertura de una avenida costanera en aquella margen.



Sólo se empedró la prolongación de la avenida desde el puente hasta la estación, y se construyó la mayor de las plazas redondas proyectadas. Los planos prometían prosperidad, pero todo quedó en papeles…



La “Usina del Pueblo”, la luz del progreso



El 17 de diciembre de 1918, la Liga Comercial e Industrial del Azul, se reunió para fundar una sociedad “Cooperativa de Electricidad y fuerza motriz”, para dar por finalizado el contrato con la por entonces compañía prestadora del servicio.



Se designó una comisión a la que se le dio la tarea de estudiar y propiciar en todo sentido la realización de la iniciativa lanzada por el activo vecino Bartolomé José Ronco, abogado de la institución.



Claro que no todo se concretó con facilidad. La idea fue adquiriendo forma, pero debió ser don Constantino Fernández quien tomara la posta para seguir en la lucha contra la empresa foránea.



La colocación de la piedra fundamental, para la Usina Eléctrica de Azul, tuvo lugar el 20 de diciembre de 1923, a las 17 Hs., en la esquina de Alsina (actual H. Yrigoyen) y Alvear.



Con gran concurrencia de público, el 9 de julio de 1924, se inauguró la Compañía de Electricidad del Azul, conocida popularmente como la “Usina del Pueblo”.



El primero en hacer uso de la palabra fue el Presidente del Directorio y alma máter del proyecto, don Constantino Fernández, quien presentó formalmente a los miembros encargados de llevar adelante la flamante institución:



Presidente: Constantino Fernández; Vice: Constantino Rey; Tesorero: Pedro Guiraut; Pro tesorero: Ignacio Goñi; Secretario: Pedro Saenz; Vocales: Camilo Campagnale, Mariano Berdiñas, Germán Louge y José Posse; Síndico: Jorge Oyharzábal.



La nueva Usina se inauguró efectivamente el 9 de julio, sin embargo, como buenos augurios y “conquistando” al pueblo, dio luz gratuitamente los días 6,7 y 8 previos. Sus redes llegaban hasta los suburbios y pronto instaló una red en el Parque Municipal, para alumbrar este importante paseo durante la noche.



Un legado que transitamos día a día… 



Entrado el siglo XX, el crecimiento poblacional y la dispersión de construcciones dentro de la forzosamente ampliada cuadrícula urbana, conllevaron a la imperiosa necesidad de trazar nuevas arterias para facilitar la circulación y desarrollar ordenadamente el ejido de Azul.



Una Comisión especial, conformada por Eduardo Berdiñas, Gregorio Motti, Francisco Gilardoni y Pedro Guiraut, decidió presentar como proyecto la imposición de nombres a veinte nuevas calles que se abrieron y/o fueron rectificadas en su trayecto. Los nuevos nombres elegidos fueron: Falucho, Comandante Matías B. y Miñana, San Luis, Mendoza, Neuquén, Chubut, Formosa, Misiones, Santa Cruz, Tandil, Tapalqué, Tiro Federal, San Juan, Catamarca, Francisco N. de Laprida, Juan Bautista Alberdi, Constitución, Libertad, Comercio e Industria.



El 18 de octubre de 1924, por unanimidad, el Honorable Concejo Deliberante aprobó la propuesta presentada mediante la Ordenanza N° 782. Poco después, el entonces intendente Pedro Guiraut promulgó la disposición posibilitando su concreción.



De esta manera se realizó una de las ampliaciones más importantes de la cuadricula urbana de Azul durante el siglo XX. Asimismo, es interesante destacar que a la par de la imposición de nombres se ejecutó el mejoramiento de las arterias, corrigiendo el trazado de las mismas, y colocándoles adoquines o reafirmando el entoscado.



Los monumentos de la Plaza Colón 



En 1912 habían sido retiradas las popularmente conocidas como “Las Nereidas” de la Plaza Colón (hoy Plaza San Martín), pues como decía una solicitada de la época, “atentaban contra la moral y las buenas costumbres” con sus torsos desnudos. Despojada de toda identidad, la Plaza central de Azul supo de varios proyectos y de pretendidos monumentos, pero lo cierto es que pasarían varios años en los que sólo habría un basamento, realizado en 1916, consistente en un podio con escalinatas y balaustradas curvas, en el cual se alzaba un pedestal proyectado para sostener una estatua de Mariano Moreno (que nunca llegó a traerse desde Buenos Aires).



Siendo evidente que nuestra ciudad necesitaba un monumento que la identificara, el 9 de Julio de 1925 Azul inauguró -sobre el pedestal preexistente- su “Pirámide de Julio”, monumento que tendría una corta existencia, pero que le dio sentido al criticado basamento (al cual despectivamente llamaban “mingitorio”). Inclusive, prácticamente al mismo tiempo de su inauguración, en el recinto del Concejo Deliberante, se aprobaba la construcción en la plaza de un monumento a la Bandera (que tampoco se concretó).



En la oportunidad, se celebraron las fiestas julias con la presencia del Jefe Comunal, don Pedro Guiraut, el cuerpo deliberante a pleno y una nutrida concurrencia de vecinos. La ocasión fue amenizada por la Banda Municipal.



Sin mayores sobresaltos, Guiraut culminó su mandato dejando muchas obras en ejecución, siendo la más importante el desarrollo de Villa Fidelidad.



El 1 de enero de 1926, firmando las actas correspondientes, Pedro Guiraut le entregó el gobierno al intendente electo Juan José Mujica.



La Década Infame



Desde el 1 de enero de 1930, el Dr. Agustín Juan Carús se desempeñaba como intendente, sin embargo, a partir del 22 de septiembre se convirtió en Comisionado, aunque no por mucho tiempo. Lo sucedió el comisionado don Francisco O. Poutalé (20/10/1930-27/2/1932) y luego ocuparon el Palacio Municipal los intendentes Dante Bernaudo (28/2/1932-29/7/1932) y José María Caputi Ferreyra (30/7/1932-31/12/1933). A todos ellos les tocó atravesar una compleja situación económica a la cual tampoco escapó quien volvería a ser el intendente de Azul, don Pedro Guiraut.



El período más complejo de esta época comprende un delicado lapso entre 1934-1937. Primero, de crisis general y, por lógica, política. Estos años fueron, paradójicamente, los de mayor gravitación política para Carús desde su repetido cargo en la intendencia a su banca de diputado de la Nación; gravitación que mantuvo durante el mandato del discutido gobernador Dr. Manuel A. Fresco.



En el mismo sentido, Pedro Guiraut supo desarrollar una sensibilidad especial frente a los problemas sociales, coyunturales y generales, contando para la apreciación de diversas situaciones con una certera “primera impresión”, más la motivación para actuar y la convicción precisa de enfrentarse a las adversidades cualquiera fuera su naturaleza. Sin embargo, el primer año de su nuevo mandado no será sencillo...



Volviendo al “Sillón de Burgos” 



El día 1 de enero de 1934 a las 10 horas, en un acto sencillo, sin ningún ceremonial, se efectuó en los salones de la Intendencia la transmisión del mando al intendente electo Pedro Guiraut.



El doctor José María Caputi Ferreyra, en breves palabras delegó el mando diciendo que se retiraba de la Intendencia lamentando que a pesar de su buena voluntad y la cooperación que había encontrado entre los vecinos y en sus mismos empleados, se vio obligado a concentrase en regularizar la marcha administrativa de la Comuna, descuidando tal vez otros aspectos. Agradeciendo a todos, hizo votos para que el nuevo Intendente pueda vencer los obstáculos y realizar una verdadera obra de progreso.



El señor Guiraut manifestó que pondría de su parte todas sus energías para “el mejor éxito en el alto cargo que le confiara el Partido Demócrata Nacional”, esperando que todas sus iniciativas encontraran eco en sus colaboradores y en el vecindario azuleño. Asimismo afirmó que: “las puertas de la Intendencia Municipal quedan abiertas para todos sin distinción de colores políticos ni clases; será la verdadera casa del pueblo”.



Acallados los aplausos tomó la palabra el señor Adalgerio Battigelli quien en nombre del Concejo Deliberante manifestó que dicha corporación iba a secundar y cooperar eficazmente en la obra constructiva con el señor Intendente.



Encontrándose presente en el acto el Diputado Nacional Dr. Agustín J. Carús, hizo uso de la palabra y en breves frases manifestó que era deber de todos prestar su cooperación al nuevo Intendente a fin de que el Azul figurara entre los primeros pueblos de la provincia por su adelanto y que esperaba que la construcción de las obras de aguas corrientes y sanitarias sean un hecho en el plazo más perentorio, dando así ocupación a muchos obreros por una parte y por otra la necesidad urgente de estas obras para la salud pública. Asimismo, el Dr. Carús puso todas sus expectativas en el respaldo de los gobiernos provincial y nacional.



Después de los aplausos tributados al doctor Carús, el concejal señor Luis Hugo Mauri dio por terminado el acto al que habían asistido los miembros del Concejo Deliberante, Consejo Escolar, Juzgado de Paz, Policía, empleados de la administración y vecinos en general.



Por la justicia y la equidad 



El pueblo comenzó a reprocharle a las autoridades las obras sanitarias prometidas, el afirmado de las calles, el pabellón de infecciosos del Hospital Municipal, la ordenanza de cercos y veredas, la salud pública, la higiene, y todos problemas y necesidades que la población esperaba ver prontamente solucionados.



Debido al crítico estado de las finanzas, se atrasaron considerablemente los pagos salariales de empleados y obreros, intentando evitar que le fuera cortado el crédito a la Comuna antes que adoptar una posición de firmeza lógica y obligada, tanto por la desorganización interna de las oficinas receptoras de recursos como por la mala fe de muchos contribuyentes morosos.



Por otra parte, el problema de la higiene de las calles se tornó insostenible, dado que parecía imposible convencer al vecindario de prestar la mínima colaboración y al mismo tiempo, las autoridades no lograban imponer orden en la dirección de los subordinados que ofrecían un espectáculo de indisciplina y anarquía.



En la provincia comenzó a generarse una centralización con respecto a la administración de Justicia y fue Azul uno de los partidos que lideró dicho movimiento. Como prueba, dentro ya de 1934, se incluyó en el presupuesto provincial la obra del Palacio de Tribunales del Departamento Judicial de Azul, que se llevó a cabo en breve, convirtiéndose en cabecera y agrupando localidades como Olavarría y Tandil. También se habilitaron los Tribunales de Trabajo.



En octubre de 1934 el Concejo Deliberante propuso la creación de un “dispensario nocturno para enfermedades venéreas”, dado que el ejercicio de la prostitución se hallaba profundamente arraigado. Vale destacar que la lucha emprendida desde el gobierno municipal siempre se había encontrado debilitada dada la complicidad de diversos sectores.



Buscando un nuevo rumbo



Las dificultades económicas que atravesaba la Comuna quedaron expuestas ante la comunidad mediante el Boletín Oficial de 1934 en el cual, por sólo mencionar un dato elocuente, en el primer semestre a las arcas municipales ingresaron menos de un tercio de los fondos presupuestados. Los contribuyentes morosos eran más de la mitad de los activos.



En consecuencia, se autorizó al Intendente a intimar a los deudores e iniciar las ejecuciones correspondientes.



Hacia noviembre de 1934, el gobierno comenzó a mostrar su optimismo a partir de la próxima concreción de diversas obras sanitarias en Azul. A su vez, las mismas determinarían una renovación total de los afirmados céntricos, satisfaciendo los anhelos del pueblo en general que estaba harto de transitar calles barrosas y llenas de pozos. Además, resultaría importante sumar la influencia positiva que las obras tendrían en la economía local, volcando millones de pesos “al mercado”, acarreando la disminución del número de desocupados y la mejora consustancial del comercio.



Mediante el informe del concejal Musso, se propuso la creación de la Academia de Música. Asimismo se instrumentó la formación de Escuelas Nocturnas Municipales para Adultos.



Centésimo segundo aniversario 



La situación en aquel momento era delicada. No había forma de pensar en celebraciones cuando se le adeudaban sueldos a peones y empleados, cuando las arcas comunales estaban exhaustas y los acreedores formaban una “legión amenazante”.



Con más buenas intenciones que recursos, desde la Municipalidad se solicitó la cooperación de las entidades deportivas y sociales, de las agrupaciones culturales y de las salas de espectáculos. Asimismo, se fijó para el día 16 de diciembre la colocación de la piedra fundamental del pabellón de infecciosos en el Hospital Municipal.



En la misma jornada, tras un solemne Te Deum en la Catedral, participando algunas autoridades de la Provincia, se inauguró -con disparos de bombas de estruendo- el puente San Benito en la prolongación de la calle Colón (actualmente Avenida Carlos Pellegrini). Posteriormente se llevó a cabo un reparto de víveres a los pobres.



Así transcurrió el 102 aniversario de la ciudad, sin pompas, pero cumpliendo el imperioso deber de honrar la memoria de los que dieron nacimiento a Azul.



Una sucesión conservadora



El año 1935 resultó mucho más próspero para la administración de Pedro Guiraut.



A mediados de año se inició un ambicioso plan de pavimentación urbana mediante el cual se asfaltaron hacia 1937 un total de 200 cuadras, complementadas luego con otras 130. Semejante obra, teniendo en cuenta las dimensiones totales de la ciudad, fue reconocida por muchas décadas como “los pavimentos de los conservadores”, pavimentos que en algunos sectores aún se preservan increíblemente en buen estado.



Asimismo, se concretaron veinticuatro cuadras de pavimento granítico hacia la Cárcel Departamental y se colocó macadam en la calle Guaminí entre Colón y la Avenida 25 de Mayo. Con respecto a esta última arteria, la misma comenzó por entonces a ser completamente modernizada.



En el mismo período, se remodeló el puente de la Avenida Humberto, el cual era cotidianamente empleado por los vecinos azuleños, principalmente por el desarrollo de Villa Fidelidad y la instalación de la Estación del Ferrocarril Provincial.



Otras obras importantes se dieron en el Hospital Municipal al construirse el pabellón de contagiosos y las salas para niños y de ginecología. Por otra parte se produjo el emplazamiento definitivo del Regimiento de Artillería y la aprobación del edificio para Tribunales.



Más allá de los serios problemas que debió afrontar, y las implacables críticas que recibía a diario, Guiraut antepuso su bondad y don de gente para atender las necesidades de la comunidad azuleña con la mayor premura posible.



Sin mayores protocolos, el 1 de enero de 1936 Pedro Guiraut fue sucedido por el conservador Francisco Octaviano Pourtalé.



El final de un fructífero camino 



Pedro Guiraut falleció a los 64 años, a causa de una angina de pecho, el 31 de mayo de 1937. Murió rodeado de sus afectos, en el que fuera su domicilio. Fue sepultado en la bóveda familiar del Cementerio Central de Azul.





Con gran concurrencia de público, el 9 de julio de 1924, se inauguró la Compañía de Electricidad del Azul, conocida popularmente como la “Usina del Pueblo”.





Constantino Fernández (sentado, con anteojos), fue el presidente de la Compañía de Electricidad del Azul. Tuvo en la comisión que encabezó a Pedro Guiraut (sentado primero a la derecha de la imagen) como tesorero.





El 9 de julio de 1925, el intendente Pedro Guiraut inauguró la “Pirámide de Julio”, monumento emplazado en el centro de la por entonces Plaza Colón, actual San Martín.


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