15 de noviembre de 2015
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El pasado día 5 del corriente mes, en presencia de sus tres pequeños hijos, una mujer fue atacada por su marido, de quien unos días antes se había separado de hecho. Antes de que el agresor fuera aprehendido por la Policía, también amenazó de muerte con un arma blanca a la madre de su esposa. Hasta ayer el acusado de estos hechos seguía detenido. La mujer teme por lo que pueda suceder con ella y con sus hijos una vez que el hombre recupere la libertad.
“Sinceramente, nunca pensé vivir una situación así. Era lo que menos me esperaba. Creí que, al separarnos, iban a estar mejor las cosas. Pero empeoraron. Lo único que necesito es paz. Y no la encuentro. Y tengo miedo... De salir, de estar en mi casa... Y estoy con los nenes ¿Cómo hago para defenderme? El otro día me salvó el nene más grande. Por las cosas que me dijo desde que me agarró de los pelos hasta que me pegó, pensé que me mataba. Lo único que me decía, y siempre repitió, fue que nos quería ver muertos. Decía que primero iba a matar a los nenes y que yo iba a tener que juntar los sesos de los chicos con una cuchara. También decía que me iba a matar a mí y que después él se iba a suicidar. Fue todo el tiempo con un grado de obsesión y una locura terrible lo que hizo. Yo creía que eran simples amenazas, porque hasta ahí nunca me había pegado. Pero ese día cumplió con todo eso verbal que me decía”.
Entre lágrimas, la protagonista de esta entrevista y víctima de un caso de violencia de género recordaba ayer en su casa la pesadilla que junto a sus tres nenes -un varón de nueve años y mellizos que tienen un año y medio- vivió días pasados, cuando su marido, el mismo hombre del que se había separado de hecho un tiempo antes, la golpeó como nunca antes lo había hecho.
La mujer que dialogó con este diario sobre su situación se llama Ivana Barrionuevo y tiene 30 años. Y el día en que todo pasó fue el pasado jueves 5 del corriente mes en horas de la tarde.
El hecho fue bastante grave y obligó a la intervención de varios policías del CPC, quienes concurrieron a la casa donde la mujer estaba siendo agredida por su marido, un hombre llamado Rodrigo Gastón Andía que al menos hasta ayer continuaba detenido en la Alcaidía de la Unidad 2, la cárcel del SPB que está en Sierra Chica.
En principio, según señalaron fuentes judiciales allegadas al expediente penal que por el caso se está instruyendo, el hombre -de 32 años- está acusado del delito amenazas calificadas.
Desde la UFI 13, a cargo del fiscal Luis Palomares, la gravedad del caso hizo que se presentara ante la jueza de Garantías Mariana Irianni un pedido para que Andía continuara detenido por lo que sucedió aquella tarde en una casa ubicada en Colón entre Sarmiento y Salta.
Es que, además de lo que fue la agresión a la esposa, existió también por parte del acusado de este caso de violencia de género una amenaza a la madre de su mujer, a quien hasta llegó a esgrimirle un cuchillo cuando había ido hasta la vivienda alertada sobre lo que instantes antes fue el ataque a su hija.
Los efectivos del CPC estuvieron varios minutos en el lugar tratando de que el hombre depusiera su actitud. Incluso, hubo forcejeos y una mujer policía resultó con una lesión en el hombro.
Finalmente, Andía pudo ser aprehendido, después de que -según contó ayer su esposa- “se había atrincherado en la casa con los nenes”.
El temor más evidente ahora para la mujer pasa por lo que sucederá cuando su marido sea excarcelado.
Según dijo, teme que regrese a su casa y cumpla con aquello que prometió y repetía hasta cuando lo estaban llevando aprehendido: que va a volver para matarlos a ella y a sus tres hijos.
“Durante todo ese tiempo él decía que nos iba a matar, que nos iba a reventar la cabeza y que, si se lo llevaban preso, cuando salía iba a venir a pegarnos un fierrazo. Y dijo lo mismo hasta cuando lo subieron al patrullero”.
Según contó Barrionuevo, las pocas salidas que ha hecho hasta el momento incluyeron que se hiciera presente en el Juzgado de Familia y también en la Oficina de Asistencia a la Víctima que funciona en el edificio descentralizado del Poder Judicial local que está en Belgrano entre Burgos y De Paula.
En este último lugar, declaró, “es donde hasta el momento encontré apoyo”.
También, la mujer espera que le den un botón antipánico, a modo de elemento que le permita defenderse si algo más sucede con su marido, más allá de que el fiscal y la jueza de Garantías actuantes en el caso, en el marco de la gravedad que el hecho parece tener, se han movido hasta acá con la celeridad necesaria para que en lo inmediato el hombre no sea excarcelado.
De las amenazas a una brutal agresión
Ivana Barrionuevo se casó con Rodrigo Andía hace poco más de dos años. Pero ya venían conviviendo desde antes, teniendo en cuenta que el hijo mayor del matrimonio tiene nueve años.
Una vez formalizada la unión a través del matrimonio fue que nacieron los mellizos: un varón y una nena que tienen actualmente un año y medio de vida.
Según dijo la mujer ayer en la entrevista mantenida con EL TIEMPO, “fue hace más o menos un año que empezaron los problemas”.
“Fue cuando me di cuenta de que él había vuelto a consumir, después de que estuvo internado. Es una persona con problemas de adicción, por lo que estuvo en una comunidad terapéutica en Olavarría en 2011 y 2012. Ahí después trabajó, como operador socio terapéutico. Tenía la experiencia de haber estado internado, por lo que sabía cómo se trabajaba con los adictos. Lo que él hacía era ser como un celador en un instituto”.
“Vivíamos con eso -siguió relatando Ivana- mientras yo estaba terminando de estudiar, ya que con los nenes es imposible salir a trabajar a tiempo completo”.
“Yo estudio la carrera de acompañante terapéutico. El día de la golpiza, el jueves cinco de este mes, fue mi último día de cursada. Me queda sólo rendir el examen final, pero hasta ahora lo he tenido que postergar”.
Hasta ese fatídico jueves, nunca el hombre la había agredido físicamente. Pero conforme el tiempo transcurría, eran cada vez más los gritos e insultos.
En medio de ese cóctel doméstico altamente peligroso, se sumó la recaída en el consumo de drogas del hombre que hasta ayer continuaba privado de la libertad, lo cual fue agravando esa convivencia familiar.
“Cuando discutíamos, eran gritos casi todo el tiempo. Me decía que si lo dejaba él se iba a matar. Y había también insultos, además de que me celaba. La relación ya se había tornado, algo de lo que yo me pude dar cuenta recién ahora, como enfermiza. Yo no podía salir. Y si lo hacía, sólo podía salir con los nenes”.
Ivana Barrionuevo recordó que en los últimos tiempos “yo salía a andar en rollers con un grupo de amigas que tengo, como para despejarme. Pero cada vez que volvía era todo una discusión. A eso se sumaba el tema del consumo y cada tanto lo encontraba a él acá en casa consumiendo cocaína o pastillas. Los psicofármacos los sacaba de la comunidad terapéutica. Ya no daba para más y estaba todo muy tenso. Además, tenía miedo por los nenes”.
El desenlace previsible de toda esa situación matrimonial fue la separación. “Lo pudimos charlar bien. Me acuerdo que fue en julio o agosto de este año que nos separamos. Pero él no se iba nunca y seguía consumiendo. Entonces, las cosas siguieron empeorando, aunque hasta ahí él nunca me había pegado”.
Fue ella, según dijo, quien tomó la decisión de acelerar los tiempos. De esa manera, “a mitad de septiembre agarré unas bolsas, le empecé a meter toda la ropa y se la mandé al trabajo. Él los días de semana trabajaba en una pollería y los fines de semana en la comunidad terapéutica”.
Si bien poco a poco el hombre se fue llevando las cosas de la casa, eso no significó que abandonara definitivamente el hogar.
“Volvió un par de veces e insistía con quedarse. Ahí ya me empezó a amenazar, diciendo que si no volvía nos iba a matar a nosotros y después él se iba a suicidar”.
Fue por eso que la mujer, el pasado 11 de octubre, hizo una denuncia en la Comisaría de la Mujer y la Familia para que le dictaran a su marido una restricción de acercamiento.
“Yo ya no quería que viniera acá. Me acuerdo que un día, después de que se había ido, estuvo toda la noche tocándome el timbre, drogado. Siempre hablábamos de que se tenía que ir, porque era él quien estaba haciendo mal las cosas. Por mi parte, busqué siempre la manera de sacarlo de las drogas. Por como se ponía, sabía que era peligroso que los nenes estuvieran con él”.
Pero aquel 5 de noviembre pasado, la mujer no tuvo otra alternativa que dejar en su casa a los chicos con él, ya que tenía que ir a finalizar con la cursada relacionada con su estudio de acompañante terapéutico.
Y ese día fue que sucedió lo peor.
“Si no salía, me mataba”
“Habíamos quedado que ese día él iba a venir para llevarse a los nenes, así yo me podía ir a cursar. Yo tenía que estar a las dos, y llegó a las dos menos cinco. Puso como excusa de que no se iba a llevar a los nenes porque no tenía nafta para el auto y dijo que se iba a quedar acá”.
“Yo me fui y lo dejé con los nenes. Cuando volví a eso de las tres y media, estaba durmiendo en el sillón. Y se hicieron como las cinco menos cuarto y no lo podía despertar. Los nenes estuvieron prácticamente solos todo el tiempo en que yo no estuve, porque él estaba dormido”.
Siempre de acuerdo con la versión de la mujer, fue su hijo más grande el que finalmente pudo despertar a su papá. Y ahí se desató lo peor para ella.
“Yo le dije que se fuera, que ya estaba, que yo me iba a ir a pasear con los nenes. Pero sin mediar palabra, se levantó del sillón y entró a pegarme”.
Ivana contó que su marido, delante de los nenes, primero la tomó de los pelos y luego comenzó a aplicarle golpes de puño en la cara y en diferentes partes del cuerpo, lesiones por las que luego tuvo que ser llevada al hospital y de las que, en formato de moretones, tenía hasta ayer secuelas en sus brazos.
El nene más grande fue quien intentó defender a su madre de la agresión de su papá. “Agarró una sillita y le empezó a pegar, pero él se la sacó y con esa sillita también me pegó a mí”.
Además, para asegurarse que la mujer no se defendiera, tomó a su hija melliza. “Pero cuando en un momento soltó a la nena, yo empecé a rasguñarlo hasta que se me quebraron todas las uñas. Lo único que quería era defenderme, pero no sabía cómo”.
Su hijo más grande, que sólo tiene nueve años, se convirtió en el principal defensor de la mujer en ese crítico momento.
Logró que el padre dejara de pegarle y “me dijo que me fuera porque si no me iba a matar. Él estaba ciego, parecía que no era él. Después, descubrí que cuando yo me fui había estado tomando cerveza y clonazepam. Fue por eso que se quedó dormido”.
“Si no salía, me mataba”, afirmó ayer Barrionuevo sobre esa grave situación de violencia de género que la tuvo como víctima.
“Cuando yo salí corriendo él se atrincheró con los nenes acá. Una vez que estaba en la vereda, empecé a gritar y a pedir ayuda. Unos vecinos que tienen un negocio y una mujer que justo pasaba por acá me ayudaron y llamaron a la Policía”.
Intervención policial, el hombre fue aprehendido. Antes de que eso ocurriera, hubo una mujer del CPC lesionada y también Andía amenazó de muerte y le esgrimió un arma blanca a la madre de Barrionuevo, quien alertada sobre lo que estaba pasando acudió en ayuda de su hija.
“Los nenes lloraban desesperados. El momento fue bastante feo. Y cuando apareció mi mamá, me enteré que él le puso un cuchillo en la garganta”.
“Ahora está preso en Sierra Chica. Pero por cómo es la justicia, temo que salga ¿Y que hago yo si eso pasa? No puedo salir a ningún lado porque tengo miedo. No puedo salir sola. Y estoy con los tres nenes a cargo ahora. Sinceramente, no recibo ninguna respuesta concreta de ningún lado. Me habían puesto dos días una custodia dinámica, que pasaba un patrullero por mi casa. Pero ya no la tengo más. De noche, prácticamente no duermo. Sólo lo hago de día, cuando alguna hermana mía o mi mamá vienen para quedarse con los nenes”.
“Lo único que necesito es una garantía para seguir viviendo y dándoles una vida normal a mis hijos. Necesito ir a trabajar. Y volver con vida, porque los tengo a ellos”, dijo en alusión a los nenes. “Ese es el miedo más grande que tengo. Necesito tranquilidad, es lo único que pido”.
El dato
Tras la agresión sufrida a manos de su marido, ese jueves 5 del corriente mes Ivana Barrionuevo tuvo que ser llevada al Hospital Pintos, donde fue atendida pero no quedó internada. “Lo más fuerte fueron los golpes de puño, aunque lo bueno es que los moretones que tengo se me van rápidamente”, afirmó la mujer víctima de este caso de violencia de género.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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