9 de agosto de 2017

. Por primera vez, dos jugadores azuleños entrenaron en la FCBEscola del Barcelona

Kurtt Weinhandl, de Alumni Azuleño, y Camilo Nicolás Sosa Gareis, de Azul Athletic, formaron parte, durante cinco días, del Campus de entrenamiento que la entidad catalana implementó en Capital Federal durante la semana final de julio. “Aprender de los jugadores más grandes que existen en el mundo, está buenísimo”, dijeron los juveniles a EL TIEMPO.

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Una experiencia singular para dos jóvenes azuleños, una posibilidad que, desde múltiples perspectivas, escapa rotundamente de las circunstancias corrientes que brinda la práctica del fútbol en Azul. Esa experiencia, y para cuantificarla valen los testimonios de quienes tomaron parte de ella, colmó todas las expectativas jugadas en el paño de un evento novedoso para el ambiente futbolero local. Kurtt Weinhandl, jugador clase 2002 de Alumni Azuleño, y Camilo Nicolás Sosa Gareis, clase 2001 y jugador de Azul Athletic, son los dos jóvenes que tomaron parte del entrenamiento especializado de la FCBEscola del FC Barcelona, durante cinco días entre el 24 y el 28 de julio, en instalaciones del Buenos Aires Cricket & Rugby Club. Esa “puerta” la abrió la empresa local Sanz Petrello Turismo, gestora de la intervención de ambos jugadores y responsable de todos los trámites requeridos por la entidad catalana, además de traslados y hospedajes.

Los campus blaugranas son responsabilidad de la dirección deportiva de la FCBEscola, que establece las directrices a seguir. Ofrecen la posibilidad de experimentar entrenamientos de fútbol especializados a través de una sociedad oficial con el equipo de fútbol más exitoso del mundo y sus expertos entrenadores

En el encuentro con EL TIEMPO, Camilo y Kurtt fueron imponiéndose a su timidez ante el grabador (una suerte de contracara de su personalidad futbolística) y cediendo detalles y sensaciones de todo el proceso que implicó participar de los entrenamientos del Barça: los ejercicios, su finalidad, la valoración personal, el excesivo cuidado de cada participante y la remota posibilidad de trasladar esa “filosofía” al ámbito azuleño.

Inicialmente, Weinhandl y Sosa fueron consultados sobre las expectativas, sobre qué ilusiones despertaba eso de –más allá de las inexactitudes– “entrenar en el Barcelona”. “Pensábamos que se trataba de una escuela para aprender más a jugar el fútbol, aprender técnicamente y como personas también. Pensar que vienen de Barcelona y que vos puedas ir y tengas la posibilidad de aprender de los jugadores más grandes que existen en el mundo... está buenísimo”, reconocieron.

Pero el a priori, una vez vestidos de Barcelona, pasó a ser el más palpable presente: “Empezamos a conocer los chicos como para entrenar, a los profesores, a los míster, que son los españoles. Era más o menos como una colonia.

Entrenábamos mañana y tarde. El grupo de nosotros éramos 13 de mañana y 12 de tarde. Era un club de rugby, estaban entrenando Los Pumas mientras estábamos nosotros. Cada grupo tenía un profesor; eran 11 grupos y había 11 profesores argentinos. De Barcelona vinieron 3: uno organizaba los chiquitos, otro organizaba a los grandes y otro que organizaba a esos dos”.

Una de las peculiaridades que sendos juveniles destacaron, es la concepción con la que los míster (los entrenadores llegados desde España) abordaron cada entrenamiento, un abordaje multifocal (en parte posible por las características de este evento, digamos, extraordinario). Sosa relató que “nos explicaban los ejercicios que teníamos que hacer, la mayoría de los ejercicios era todo técnica, pase y control. Casi no había físico.

 A la mañana hacíamos tres o cuatro ejercicios y después íbamos a un “break”, a un parate donde nos daban Gatorade, cereal y yogurt, para recuperar fuerzas. Después había otra parte más y terminaba la media jornada, más o menos al mediodía. Era de 9 a 1 y, a la tarde, de 2 a 6.

Después de comer, en el parate nos hacían como un repaso de todo lo que habíamos hecho. Nos ponían en ronda, se paraba el míster y nos preguntaba cuál había sido el primer ejercicio y para qué servía. Cada día”.

“No podíamos tirarla a cualquier lado”   

Cada jornada en el Campus barcelonés culminaba con un partido de fútbol, ensayos que tenían como objetivo poder naturalizar en el juego la esencia de los ejercicios precedentes.

“Después de todos los ejercicios –describió Weinhandl–, lo último que hacíamos era jugar un partidito. Las canchas eran para siete jugadores y recién el último día las agrandaron.  Eran de siete porque allá, en Barcelona, de 12 años para abajo juegan en cancha de fútbol siete. Después pasan a jugar en fútbol 11.

Cuando jugábamos esos partidos, nos pedían que pongamos en práctica todo lo que habíamos estado haciendo en los ejercicios. Parar la pelota, tocar, no podíamos tirarla a cualquier lado.

Antes de comenzar cada partido, el míster nos juntaba, hacíamos una ronda y él ubicaba siete conos para explicarnos a cada jugador la posición y lo que teníamos que hacer en la cancha. Paraba el arquero, tres defensores, uno por delante y dos adelante”.

–¿Esta experiencia les aportó una mirada nueva?

–KW: Para ellos lo primero, antes que ser un jugador profesional, está la persona. Antes de ser un crack en el fútbol, primero valoran la persona.

Nos repetía mucho el español, que para lograr tener un buen jugador, lo que hay que tener es paciencia en el jugador.

–CS: Ellos nos explicaban que en los clubes de Argentina, Boca y River, fundamentalmente Boca decían, el jugador hace algo mal y enseguida lo echan, se lo sacan de encima. Lo que hacen allá en Barcelona es tener paciencia con el jugador, por eso a Primera llegan juntos algunos jugadores que jugaron mucho tiempo junto en inferiores.

–Desde su punto de vista, ¿lo que escucharon o practicaron se puede poner en práctica en Azul, en sus clubes?

–CS: No sé, quizá se pueda. Medio complicado, porque a muchos chicos, les hablás de eso y no te pasan ni cabida.

Con lo padres también se manejan distinto. Los padres no pueden mirar el entrenamiento, tenían que esperar en el buffet porque no quieren gritos, no quieren que los chicos se pongan locos. El último día recién pudieron presenciar el entrenamiento.

 

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