9 de septiembre de 2017
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No es snobismo, es prácticamente un estilo de vida. Gabriel López presenta hoy su segunda exposición de vinilos, la mayoría de ellos de músicos cultores de los géneros rock y pop. El coleccionista habló con EL TIEMPO mientras ultimaba pormenores de la actividad que tendrá lugar, los sábados de septiembre, en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas. “Pretendo que aprecien otra calidad de sonido”, dice a modo de básica expectativa.
Entrar a la “habitación salmón” es ingresar, sin demasiada metáfora, en el alma de Gabriel López. El ambiente central de su casa, una habitación expansiva en todas sus dimensiones, es el relicario bastante desbordado por unos 6000 vinilos y varias centenas de CDs. Para “Gaby” no hay atractivos mayores al final del Arco Iris: el oro ese esa suerte de luna negra repleta de surcos en ambas caras y que a 33 revoluciones por minuto, se convierte en un prisma que, atravesado por la luz, detona un sinfín de coloraturas embelesadoras.
No estamos ante un advenedizo seducido por las mieles del revival que el formato vinilo ha tomado forma en el último lustro, delineando un nuevo corpus de ediciones masivas que, en algunos casos, no es mas que el master del CD transportado al antiguo soporte. El vinilo llegó a la vida de López hace casi 40 años y devino en un inquilino infatigable. Aunque cabría la posibilidad de que el lector de esta entrevista, al culminar su lectura, se pregunta: ¿No será Gabriel el morador querencioso de ese útero cálido que el vinilo le viene proveyendo desde cuando niño?
La charla con EL TIEMPO transcurre en la referida “salmon room” (el color de las paredes le ofrece al cronista la fácil oportunidad de efectuar el bautismo). “¿Ponemos música de fondo?”, pregunta el anfitrión y no se demora en aguardar la respuesta; se trata más de una advertencia, como quien te sugiere, en el portal de un templo, que cumplas con determino rito de señales o palabras en pos de que ninguna deidad se ofusque y decida retacear sus dones. “Artaud”, la obra magna de Spinetta, no escatima su don a medida que la conversa se desarrolla. Desde una de las Technics Quartz, “Todas las hojas son del viento” es la contraseña precisa para iniciar la nota.
A lo que López comentó a cada disparador, sólo vale agregar que su segunda muestra de vinilos -“Rescate Emotivo 2”- será inaugurada hoy, a partir de las 19 horas, en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas (Perón y España). Podrá visitarse cada sábado de septiembre, entre las 19 y las 21 horas, y contará con más de 200 vinilos en exposición: álbumes de rock y pop mundial fundamentalmente, sin que por ello pierdan su oportunidad otros artistas de la música popular. Gabriel decidió convidar a Marcos Peralta a que aporte algunos de sus tesoros de Raphael, el cantante español del cual posee una colección asombrosamente extensa y peculiar.
-La generalidad dice que mayoritariamente vamos detrás de las modas. A vos la moda te alcanzó. ¿Cómo se siente?
-(Se ríe). Pensar “Bueno, tan loco no estaba”. Porque a veces te miran como diciendo “¿discos de vinilo? ¿Qué onda?”. Fue todo un crecimiento junto al formato y me siguió gustando, desde siempre y para toda la vida. Por ahí te da decir “pero si yo escuché toda la vida, ¿por qué ahora me vienen con que se puso de moda?”.
Comenzaron a prensar nuevamente en Argentina, sí. ¡Pero para mí el vinilo nunca se fue!
-Entro una vez y no se fue más
-Pero desde muy chico, eh. A mí me gustaba ver girar el disco en la bandeja, o en el tocadiscos, cuando era chico. ¡Eso es lo que a mí me hinoptizaba! Amén de la música…también me gusta escuchar la música. Pero el común denominador de los coleccionistas es eso, que cuando eran chicos le llamaba la atención ver girar el disco, el formato físico digamos.
-¿Hubo algo de fetichismo? Cuando vos empezaste a escuchar música, el vinilo no era una opción. ¿Pero después, con los años, tener un vinilo puede haber devenido en un mero fetichismo?
-No…no. Porque incluso hoy en día, con muchos coleccionistas sí sucede eso: tener tal edición, una edición X. Yo mientras tenga el vinilo en buen estado, lo pueda escuchar como corresponde, me produzca placer…Si viene una mejor edición, bienvenida sea. Pero no por ello, pagar una excesiva suma de dinero. Pagar lo que corresponda. ¡Por supuesto que hay cosas lindas de tener! Pero no muero en el intento.
-¿Considerás que el coleccionista hizo al mercado, el mercado al coleccionista o van por rutas diferentes?
-Y…es un poco y un poco. Es un terreno hermoso para hablar. El coleccionista, por un lado está el que tiene un bolsillo lógico y el que tiene un bolsillo algo más lógico o más potentoso. Ése, muchas veces, puede hacer que un artículo X, por ejemplo un “Artaud” de Spinetta original, se vaya a una suma muy alta. Eso logra el coleccionista a veces. Te cuento una anécdota cortita: hay discos de rock argentino que no están editados en Argentina, por esta etapa que tuvimos durante la cual no se prensaron vinilos. Esos discos, mirá qué ironía, por el argentino son muy buscados y se pagan fortunas. Y, por otro lado, países como México, Colombia, Perú -en los cuales los argentinos tuvieron una tremenda apertura, más que nada en los ochenta- buscan los discos nuestros de esa época: Virus, Violadores, GIT, Enanitos Verdes. Fijate qué paradójico: que nuestra era de oro del vinilo, llámese 1980-1990 (años más, años menos), son muy buscados afuera. Y, por otro lado, ¡el argentino busca los discos que se editaron del 90 en adelante!, que ya no se prensaban en Argentina. “La era de la boludez”, que está editado en Colombia; “El amor después del amor”, editado en Colombia; “Vasos vacíos”, que está editado en EE.UU., “Rey Azúcar”, editado en Europa.
El coleccionista, al buscar un ítem en particular, hace que su costo se eleve.
“La tracción a sangre” --
Asegura Gabriel López que su gusto por escuchar música en vinilo, terminó por ofrecerle una suerte de profesión de la cual aún hoy es un esporádico practicante: “Una cosa que te quería comentar de mi experiencia personal, es que ese gusto por el vinilo me llevó a ser disc-jockey. Entonces, ese para mí era el formato, no había otro. Tocar el disco, cuidarlo…”.
-¿Fuiste disc-jockey porque te gustaba el vinilo?
-¡Totalmente! Sin dudas. Y porque esa cosa de tener dos bandejas girando…buscando las rítmicas y buscando que una canción tuviera relación con otra, por más que rítmicamente no la tuviera, pero, al menos qué sé yo…desde la lírica, la instrumentación, algo, algo que relacionara una canción con otra.
-¡Pensar que ahora se puede pasar música con un pendrive!
-Volvemos al tema de la tecnología. Está todo bárbaro, todo lindo, pero se dejó de tener esa pulsión que yo le veo cuando paso música, que ahora cada vez lo hago menos, pero cada tanto me doy el gusto. La tracción a sangre, como yo le llamo. Vos algo que no palpás, que no lo ves y que sólo tocás un control, a mí no me dice nada. Musicalizar con vinilo te ejercita de otro modo.
-Hablás de la sensación de “tocar la música” que te da el vinilo. ¿No te parece muy paradójico que algo tan inasible como la música pueda ser “encapsulada” en un vinilo? Ese plástico negro no es la música.
-Ciertamente. Más temprano hablabas de fetiche y también es el fetiche de ver la púa, colocar el disco, hay todo un ritual. Pero más que nada hace eso: independientemente que la música está y se reproduce por vibraciones de una agujita, la palpás de otro modo con el vinilo. Lo otro, que también es debatible, todo bárbaro, todo lindo, si suena mejor o no son dos pesos aparte. A mí me gusta escuchar en vinilo. ¿Puedo comprobar? Sí. Pongo un disco en vinilo, pongo el mismo disco en formato digital (original, ni comprimido, ni bajado de Internet) y lo que yo aprecio es otra cosa.
-Ahí viene una pregunta que estaba presurosa por salir al ruedo: ¿cómo describirías el sonido de un vinilo?
-Vamos a definirlo con palabras…técnicas no, porque no te lo sabría decir. Te lo defino como oreja escucha…
-(Interrumpiendo) ¡Pero vos sos un enamorado del vinilo! Entonces hablemos en términos de enamoramiento, que precisamente no suelen ser muy técnicos.
-Está bien. Es más cálido, vos lo escuchás y tiene una llegada más cálida. El vinilo te da profundidad, vos lo escuchás y escuchás sonoridades que en un compacto quizá no las aprecies por una cuestión de frecuencias. Y, a la vez, te da profundidad, te da una calidez. El compacto es ahí, de frente, el vinilo te da profundidad.
-Y esa apreciación del sonido, ¿alcanza para volverte coleccionista de vinilos?
-Entran a jugar muchos factores a favor. Por ejemplo, los grupos que te gustan. Me pasa que ahora voy comprando cosas sólo en vinilo, ya no en compact, cuando económicamente se puede, claro. Eso es un determinante importante también para coleccionar.
Elijo el formato vinilo para consumir cosas nuevas: Radiohead, Audioslave. Te puse el parámetro de esos grupos porque son grupos recientes y para una gran porción de gente que no es melómana, del 94 para acá, que es cuando se dejaron de editar vinilos en Argentina, tuvo ese cierre, cree que se terminó todo con relación al vinilo. Pero hubo bandas como Oasis, Blur, el mismo Robbie Williams que, te guste o no, editaba su material en vinilo.
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