28 de octubre de 2016

. "Queremos saber bien qué fue lo que le pasó a mi hermano"

Juan Carlos Castañares estaba privado de la libertad desde el 12 de octubre del año pasado. Aquel día, en el Barrio Alfonsina Storni, había asesinado a escopetazos a un hijo e intentó matar a su esposa. Estaba preso en la Unidad 34. Marcela, una hermana suya, afirmó que en el penal ubicado en la localidad platense de Melchor Romero lo dejaron morir sin recibir atención médica. Su deceso, según les informaron, se produjo el martes último, mientras estaba internado en un hospital. Pero sus familiares creen que ya había fallecido el pasado domingo, cuando lo fueron a ver al penal y lo encontraron gravemente enfermo.

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“Si nosotros no íbamos a verlo, a mi hermano no lo encontrábamos más. El no era un preso abandonado, tenía una familia detrás”, contó el pasado martes Marcela Fabiana Castañares cuando se hizo presente en la Redacción de EL TIEMPO para informar sobre el deceso de su hermano: un albañil que estaba preso en Melchor Romero, procesado por haber asesinado a uno de sus hijos e intentar matar a su esposa, hechos que en octubre del año pasado habían ocurrido en Azul.

Durante la entrevista, la mujer denunció que en la Unidad 34 al hombre lo dejaron morir sin darle la atención médica necesaria debido a los diferentes problemas de salud que tenía.

Ayer, en Olavarría, el cadáver de Juan Carlos Castañares fue inhumado en el cementerio municipal.

El albañil tenía 53 años y era oriundo de la vecina ciudad, aunque desde hacía varias décadas estaba radicado en Azul.

El 12 de octubre del año pasado asesinó a escopetazos a uno de sus hijos, un cabo del Ejército, e intentó también matar a su esposa, en el marco de un episodio de violencia familiar que había ocurrido en el Barrio Alfonsina Storni de este medio.

Aquel mismo día Castañares, a quien apodaban “Mono”, fue aprehendido. Con prisión preventiva confirmada y a la espera del juicio al que debía ser sometido, actualmente permanecía en la Unidad 34 del Servicio Penitenciario Bonaerense.

A ese establecimiento penal ubicado en la localidad platense de Melchor Romero habían viajado el domingo pasado familiares suyos a visitarlo, tal como solían hacerlo cada dos o tres semanas.

“Nosotros el domingo fuimos a visitarlo a Melchor Romero”, recordó su hermana Marcela en la entrevista mantenida con EL TIEMPO el martes que pasó. “Viajamos un hermano mío, mi cuñada y yo”, sostuvo también la mujer de 50 años.

“Yo noté que estaba helado”

Ya en la Unidad 34, como habitualmente lo hacían, los hermanos y la cuñada de Castañares tuvieron primero que pasar por la requisa de rigor para las visitas de los presos.

“Tardamos como media hora. Era mucha gente la que había. En ese entonces nos quedamos hablando con los guardias del penal. Después, cuando pasamos la requisa, empezamos a buscar a mi hermano y no lo encontrábamos”.

“Mi hermano, el que había viajado conmigo, me dijo en ese momento que había visto que a Juan lo estaban llevando entre seis presos en una manta y que llevaban una silla de ruedas atrás. Cuando me dijo eso, yo salí por un pasillo y uno de los presos me contó que mi hermano estaba con una hemorragia desde hacía varios días y que vomitaba sangre”.

Según refirió también Marcela Castañares, quien durante la entrevista con este Diario estuvo acompañada por una hija suya llamada Valeria, “los guardias no hicieron nada”.

“Mi hermano tendría que haber sido llevado en forma urgente a la Enfermería. Pero ellos no lo llevaron. Él tenía diabetes, presión y cirrosis, pero nunca en el penal lo medicaban por nada de eso”.

Después de que los propios familiares del detenido se enteraron del estado en que el hombre se encontraba el domingo pasado cuando fueron a visitarlo al penal, la mujer contó que a la Unidad 34 fue convocada una ambulancia para que lo trasladaran a su hermano a un centro asistencial.

Mientras esa ambulancia llegaba, “un guardia me acompañó hasta la Enfermería, donde yo lo ví en una camilla y le pegué un grito para ver cómo estaba. De ahí lo llevaron al hospital ‘Alejandro Korn’. Y nosotros fuimos en el auto por detrás de la ambulancia hasta ese hospital”.

De acuerdo con lo que señaló, cuando en ese centro asistencial -ubicado también en la localidad de Melchor Romero- ella pudo tocar a su hermano, “yo noté que estaba helado. Para mí en ese momento, ese mismo domingo, él ya estaba muerto”.

Esa escena se produjo en un consultorio del hospital, desde donde luego a Castañares -siempre de acuerdo con el relato brindado por su hermana- lo llevaron al sector de Terapia Intensiva, debido a la gravedad de su estado.

“Nosotros estuvimos varias horas esperando en el hospital. Pero no nos daban información de cómo estaba él. En un momento, me metí de prepo a ver a mi hermano a Terapia Intensiva. Antes de volverme a Azul, quería saber cómo estaba. Cuando entré, él estaba con una sonrisa en la cara y tenía los ojos dados vuelta. Ellos decían que no, pero para mí ya estaba fallecido”.

Un llamado telefónico

El pasado martes los hermanos de Castañares recibieron un llamado telefónico en Olavarría proveniente de la Unidad 34 de Melchor Romero.

En esa comunicación, les informaron que el hombre había muerto en horas de la madrugada de ese mismo día.

Pero la hermana del hombre que estaba privado de la libertad desde octubre del año pasado no cree en esa versión, ya que -según afirmó- “me mintieron”.

“Para mí, él estaba muerto ya desde antes. Cuando el domingo lo trasladaron al hospital desde el penal, él ahí ya estaba muerto”.

Ese mismo día, en diálogo con otros internos de la Unidad 34, hubo uno que le contó a Marcela Castañares que “mi hermano hacía dos o tres días que estaba vomitando sangre, que ellos llamaban a Enfermería y que nunca se acercó nadie a auxiliarlo. Tampoco lo controlaban de la diabetes y no tenía la insulina para inyectarse”.

Después de que fueron sus hermanos a reconocer el cuerpo a La Plata, el cadáver del albañil fue inhumado ayer a la mañana en el Cementerio Municipal de Olavarría.

“Los doctores van a poner que falleció en el hospital de un paro cardíaco, pero cuando entramos al penal el domingo lo vimos y para nosotros ya estaba muerto”, indicó por último la hermana del recluso fallecido, la misma que también afirmó: “Queremos saber bien qué fue lo que le pasó a mi hermano”.

El dato

Juan Carlos Castañares había evidenciado, además de los inconvenientes de salud referidos, problemas psiquiátricos que derivaron en que el año pasado fuera trasladado a la Unidad 34 de Melchor Romero. “Es verdad que no estaba bien y que por ahí se perdía. Siempre hablábamos de lo que pasó. Nos contaba lo que sucedió, nos daba la versión de él”, recordó su hermana Marcela en la entrevista. La mujer también contó que actualmente, “como tenía buena conducta, estaba atendiendo una verdulería en el penal y después lo habían puesto afuera para hacer quinta”. El año pasado, mientras estuvo detenido en la Estación de Policía Comunal de Tapalqué, Castañares había intentado suicidarse.

TENÍA QUE JUZGARLO UN JURADO POPULAR

Para cuando le dictaron la prisión preventiva, Juan Carlos Castañares ya estaba privado de la libertad en la Unidad 34 que está en Melchor Romero. JOSÉ BERGER/ARCHIVO/EL TIEMPO Para cuando le dictaron la prisión preventiva, Juan Carlos Castañares ya estaba privado de la libertad en la Unidad 34 que está en Melchor Romero.
JOSÉ BERGER/ARCHIVO/EL TIEMPO

Cuando el 12 de octubre del año pasado Juan Carlos Castañares protagonizó uno de los episodios de violencia familiar más graves que se han registrado en los últimos tiempos en Azul, desde días antes la Justicia le había dictado una restricción de acercamiento.

Esa orden le impedía al albañil, que murió el pasado martes mientras estaba preso en la Unidad 34 de Melchor Romero, mantener contacto con su esposa y con sus hijos en esa casa del Barrio Alfonsina Storni de este medio donde todos ellos habían vivido juntos.

Pero Castañares no hizo caso a esa restricción, la cual desobedeció en varias ocasiones de diferentes maneras.

Días antes, ya había intentado ingresar al hogar a pesar de esa orden judicial de exclusión, ocasión en la cual se fue antes de que llegara la Policía.

Cuando aquel incidente se produjo, una noche en la que se metió al patio de la casa con intenciones de ahorcarse, les advirtió textualmente a sus hijos: “Ya van a tener noticias mías”.

Así lo había contando una de sus hijas, llamada Regina, en una entrevista con este Diario publicada días después a sucedido aquel drama familiar donde uno de sus hermanos fue asesinado por su padre.

A media mañana de aquel lunes feriado de octubre de 2015, el hombre esperó en la casa la llegada de su esposa, una empleada doméstica que por las noches cuidaba a un anciano y también es catequista.

Cuando Norma Isabel Luna, actualmente de 50 años, salió del trabajo y regresó acompañada por su hija Regina, el hombre las estaba aguardando en la cocina de esa propiedad situada en una de las esquinas de las calle Rauch y Tapalqué del barrio también conocido como “120 Viviendas”.

Al ingresar a la casa, Regina Castañares y su mamá encontraron al hombre armado con un rifle de dos caños yuxtapuestos.

Habían pasado unos minutos de la hora diez cuando el drama familiar se originó.

En la casa, dos hijos más del albañil, entre ellos el cabo del Ejército al que terminaría matando, estaban durmiendo.

El más chico de los hijos de Castañares, de 17 años en ese entonces, estaba acompañado por un amigo: un adolescente que ya se había percatado horas antes de la presencia del agresor en esa casa a la que tenía prohibido, orden judicial mediante, ingresar.

Al primero que le disparó aquel día fue a su hijo de 27 años. Y Pedro Gabriel “Tchami” Castañares -tal la identidad del joven, que era un cabo del Ejército- resultó gravemente herido en su región abdominal.

Regina, la única hija mujer del matrimonio, fue la que alcanzó a salir a la calle para pedir ayuda a un patrullero que circunstancialmente pasaba por el lugar.

Para ese entonces, además de herir gravemente a su hijo -que murió en el Hospital Pintos instantes más tarde, luego de que al centro asistencial lo había trasladado una ambulancia-, Castañares ya le había disparado a su esposa, con quien estaba separado de hecho.

En medio de ese incidente, la mujer tomó el caño del arma que portaba su marido, lo que derivó en que resultara lesionada en una de sus manos y también en la cintura.

Herida como estaba, pudo salir de la casa, hasta que después aparecieron en el lugar los policías que terminaron arrestando al albañil.

La esposa del agresor estuvo internada dos días, hasta que le fue dada el alta al comprobarse que -a diferencia de lo que había sucedido con uno de los cuatro hijos que tenía- las lesiones que recibió a causa de los disparos que le efectuó su esposo con la escopeta no eran de gravedad.

Al mes siguiente de ocurrido este caso de violencia familiar, después de que permaneció detenido en la Estación de Policía Comunal -seccional en la que intentó suicidarse- Castañares ya estaba preso en Melchor Romero.

Para ese entonces, su detención había sido convertida en prisión preventiva, una medida cautelar a través de la cual le imputaban los delitos: homicidio calificado por el vínculo; homicidio calificado (femicidio) en grado de tentativa; desobediencia y portación de arma de fuego de uso civil sin la debida autorización.

Pericias psiquiátricas y psicológicas a las que había sido sometido en aquel entonces revelaban que el albañil tenía tendencias suicidas, por lo que desde el Juzgado de Garantías actuante en esa causa penal que instruyó la fiscal Laura Margaretic a través de la UFI 2 se dispuso su traslado a la Unidad 34.

Juan Carlos Castañares iba a ser sometido a un juicio con jurados en el Tribunal Oral en lo Criminal número 1 de Azul, debate donde el juez Martín Céspedes estaba designado para intervenir.

Voceros del TOC 1 señalaron a EL TIEMPO que ese juicio no tenía todavía fecha confirmada, ya que aún estaba pendiente de realización la audiencia preparatoria del debate, teniendo en cuenta que el encausado debía ser sometido a pericias psiquiátricas y psicológicas que sirvieran para determinar si estaba o no en condiciones para afrontar ese proceso en su contra.

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