18 de junio de 2013
Estuvo en esta ciudad el licenciado Horacio Feliu, que desde 1988 desarrolla actividades de orientación vocacional. Tiene un master en dirección de Centros Educativos. Fue pasante de la Agencia Española de Cooperación Internacional en los colegios de Fomento. Aquí disertó sobre los temas "vínculos, afectividad y autoestima en la adolescencia: hacia un adolescente más normal posible".
Hizo referencia a la llamada rebeldía adolescente y a la importancia de decir no, como adultos, ante aquellas conductas erróneas. Aclaró que a los 11 años los no los ponen los padres y a los 18 años los no los pone la vida.
Hablando a los padres destacó por sobre todas las cosas el hecho de ser modelo ante la mirada de los hijos, de los alumnos y de los jóvenes.
Y se preguntó ¿qué responsabilidad se tiene ante esta generación de adolescentes tan bastardeada por su accionar, por su falta de ideales, por sus vicios? ¿Son sus virtudes, también, parte del ejemplo como adultos? ¿Se puede establecer un punto de conexión entre sus vicios y sus virtudes?
La condición humana lleva a identificar primero los errores y después los aciertos. O sea ver lo malo previo a lo positivo en nuestras acciones.
Aristóteles plantea la virtud y el vicio como hábitos totalmente voluntarios, ya que si la más pequeña virtud depende de uno mismo, también el vicio lo es. Si en nuestras manos está el obrar, también lo estará el no obrar.
Si ejecutar un acto, que es bueno, depende de nosotros, de nosotros dependerá también no ejecutar un acto que es vergonzoso; y a la inversa, si no hacer el bien depende de nuestra voluntad, hacer el mal dependerá igualmente.
Como seres humanos a través del libre albedrío, se tiene la alternativa de elegir entre el bien y el mal, entre virtudes y vicios.
El docente se enfrenta cada día a los ejemplos más absurdos y en la mayoría de los casos, los adolescentes no pueden acusarse de responsables genuinos de sus acciones. Como adultos no son el ejemplo conveniente, muchas veces ni siquiera, el ejemplo deseado.
¿Se puede en la condición de perfectibilidad acercarse a la virtud, al mejoramiento de uno mismo, reflejándolo y aplicándolo en la sociedad? ¿Qué tan diferentes serían las nuevas generaciones si el reflejo del mundo adulto fuese el indicado?
Quizá el secreto radique en evaluar una vez más el origen de los problemas, adelantarse a los no que pueda poner la vida y en redireccionar la voluntad hacia las más puras y ejemplificadoras virtudes humanas.
A los jóvenes los mayores deben guiarlos con ejemplos practicando el bien. Y eso le permite ponerle los no antes que se los ponga la vida.
En primer lugar deben cumplir esa tarea los padres, los familiares, los seres queridos. Luego los docentes y por último la sociedad toda. Ello generaría que las próximas generaciones, los jóvenes y adolescentes de hoy, se desarrollen dentro de una sociedad donde el libre albedrío busque la virtud y no el vicio, el bien y no el mal. Se haría muy dificultoso poder buscar lo diametralmente opuesto.
Esto para muchos es una ilusión, un sueño, una divagación sin sentido. Pero no debe ser, sino es, un objetivo al que cada ser humano que habita el planeta Tierra tiene que tratar de llegar a él. Así se podrá vivir en un mundo diferente de amor, paz, sin tener que soportar agresiones de todo tipo.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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