

Por Mariana Azcona
Lic. en Psicología egresada de la UBA. Especializada en Clínica Familiar Sistémica.MP. 35387 Muchas son las veces en las que escucho frases como: “Si yo le hablaba así a un adulto me ligaba un coscorrón”, o “ yo miraba tele todo el día y tan mal no me fue”, “ A mí me daban unos cuantos chirlos y soy normal”, podría seguir un largo rato con expresiones de este tipo, que hacen referencia a nuestra niñez y crianza como un ejemplo de algo posible y “no tan terrible.”
Cuando dejamos de ser hijos para empezar a ser mapadres*, nos encontramos con la enorme dificultad de ser responsables de la educación de nuestros hijos y el modelo de crianza mas cercano que tenemos en la memoria, es nuestra propia niñez. Cómo fueron nuestros mapadres, abuelos, docentes y adultos con nosotros.
Todo lo que imaginábamos acerca de ser madres y padres, las fantasías de lo que íbamos a hacer y a pensar se nos vuelca como un balde de agua fría frente a los primeros berrinches o después de varias noches durmiendo mal.
Cuando somos mapadres, muchas veces nos enfrentamos a la dicotomía (nunca tan concreta) de repetir o reparar. Me refiero a “repetir”, siempre que hagamos con nuestros hijos lo mismo que han hecho con nosotros, aun cuando no estemos de acuerdo o lo consideremos inapropiado, pero es lo que conocemos y tan mal no nos fue.
Cuando hablo de “reparar”, me refiero a ser conscientes de lo que nos gustó y de lo que no nos gustó de nuestra niñez y a partir de ahí educar a nuestros hijos, tratando de ser con ellos como nos hubiese gustado que fueran con nosotros.
Por suerte, muchas de nuestras experiencias de la niñez son recordadas con felicidad y vamos a poder transmitirlas a nuestros hijos con amor, pero estemos atentos a esas veces en que los desafíos de la crianza y los mandatos sociales nos llevan a repetir modelos de nuestra infancia con los que no nos sentimos cómodos.
Ser con nuestros hijos e hijas como nos hubiese gustado que fueran con nosotros es una forma de reparar nuestro pasado y de llegar a ser las madres y los padres que habíamos fantaseado ser alguna vez.
*Mapadres, hace referencia a ambos progenitores, es un neologismo de mi propia autoría.