4 de marzo de 2026
Iba rumbo a un
frigorífico en Bernal con 31 cabezas cuando lo pararon en plena ruta. Abrieron
las puertas de atrás del camión jaula y empezaron a bajar animales como si
fuera lo más normal del mundo, como quien descarga cajones de verdura. El
transportista no pudo hacer nada más que mirar mientras le exigían entregar
parte de la hacienda, y después continuar el viaje con menos animales de los
que había cargado unas horas antes en el campo. La escena se repite con
variaciones en distintos puntos del corredor que conecta las zonas productivas
de Buenos Aires y Santa Fe con los principales centros de faena, y lo que antes
eran hechos aislados ahora forma parte de una rutina que los jauleros conocen
demasiado bien. Los transportistas que mueven hacienda en la Pampa Húmeda saben
que ciertos tramos de la Ruta 9, el acceso al Gran Buenos Aires y las cercanías
de algunos frigoríficos son puntos calientes donde la espera puede terminar
costándoles parte de la carga.
La provincia de
Buenos Aires concentra más del 50% de los incidentes de piratería de camiones
en Argentina según datos de organizaciones del sector privado que monitorean el
transporte de cargas, y aunque esas estadísticas agrupan todo tipo de
mercaderías, el transporte de hacienda tiene características que lo hacen
particularmente vulnerable. Los camiones jaula no pueden acelerar para escapar de una
situación complicada sin arriesgar el bienestar de los animales, los choferes
viajan solos en la mayoría de los casos, y las esperas prolongadas frente a
frigoríficos con capacidad de encierro limitada los dejan expuestos durante
horas en zonas donde la presencia policial es errática. Un transportista de la
zona de Pehuajó que pidió no ser identificado comentó que en los últimos dos
años tuvo que empezar a coordinar con otros colegas para no llegar solo a
ciertos puntos de descarga, porque la sensación de ser codiciados por delincuentes
ya se instaló como parte del trabajo. En 2024 la mesa interempresarial que
monitorea la piratería de camiones registró 4490 incidentes en doce meses,
con picos en marzo y septiembre que coinciden con los momentos de mayor
movimiento comercial, y aunque no hay un desglose específico para transporte de
hacienda la tendencia general del sector es de crecimiento sostenido.
Lo que diferencia
al robo de ganado en tránsito de otros delitos contra el transporte es que la
mercadería tiene patas y puede desaparecer caminando si se abre una puerta. Un
análisis de gestión de flotas de GPSWOX sugiere que apenas una fracción de los
transportistas de hacienda en Argentina utiliza sistemas de monitoreo
vehicular con alertas en tiempo real, aunque los números exactos son
difíciles de verificar porque muchas operaciones se manejan de manera informal.
Un rastreador básico que manda posición cada treinta segundos no te sirve de
nada si nadie está mirando la pantalla cuando el camión frena donde no tendría
que frenar. Y las alertas de geocerca hay que configurarlas, cosa que la
mayoría de los transportistas chicos no hace. Un técnico en telemática de
Buenos Aires que labura con flotas de transporte me dijo que casi todos los GPS
que encuentra en camiones jaula tienen la configuración de fábrica intacta,
nadie tocó nada desde que se los instalaron.
Hay que hablar
aparte de lo que pasa en las esperas frente a los frigoríficos, porque ahí se
junta todo lo que hace posible el robo. Si la planta compra más de lo que puede
encerrar en los corrales, los camiones se amontonan afuera esperando turno, y
esa espera puede durar toda la noche. Los choferes andan con plata encima
para peajes y gastos, la carga está a la vista de cualquiera que pase, y la
zona es un corredor industrial con poca luz y patrullaje a los ponchazos. Un
dirigente de la asociación de transportistas de hacienda me contó que en
algunas plantas ya es normal que aparezca gente pidiendo plata para no joder, y
que aunque arregles con uno siempre puede caer otro después. Cuando
hablás con los transportistas sobre esto te transmiten una cosa clara, que el
sistema los dejó solos para que se las arreglen como puedan con un problema que
les queda grande.
Santa Fe presenta
una problemática distinta pero relacionada. La provincia registra más de 1200
denuncias de abigeato por año según datos que se discutieron en una reunión de
productores en una sociedad rural del norte provincial, y aunque la mayoría
corresponde a robo de animales en campo hay un porcentaje que involucra
hacienda en tránsito o recién cargada. En el norte santafesino las pérdidas por
robo de ganado pueden representar hasta el 10% de la producción ganadera
de algunos establecimientos, y los productores reclaman desde hace tiempo la
creación de una fiscalía especializada en delitos agropecuarios porque
consideran que las denuncias actuales no prosperan. El presidente de una
sociedad rural del centro oeste de la provincia comentó que muchos productores
están dudando en seguir con la actividad porque el robo de animales sumado
al de herramientas y maquinaria hace que los números no cierren. Un operativo
reciente en los departamentos de San Cristóbal y Vera recuperó más de 300 cabezas de ganado
robado, pero según los productores de la zona esos casos representan apenas la
punta del iceberg de lo que realmente ocurre.
El contraste con
Entre Ríos resulta ilustrativo. La provincia montó un destacamento fijo en
Boya 500, una zona de islas problemática para el robo de ganado, y los
delitos bajaron notablemente. Del lado santafesino había un puesto móvil de
seguridad rural que funcionó un tiempo pero después quedó vacío, y los
productores insisten en que la diferencia entre tener control permanente y no
tenerlo es evidente en las estadísticas.
Después están los
inhibidores de señal GPS, los jammers, que complican todo un poco más.
Los prendés y el rastreador se queda mudo, no le llega nada a quien esté
monitoreando. Los sistemas más caros detectan cuando les están bloqueando la
señal y mandan una alerta antes de apagarse, algunos hasta frenan el camión
automáticamente. Pero eso sale plata que la mayoría de los jauleros no tiene.
Un proveedor de rastreo me dijo que la penetración de GPS en flotas de
camiones acá es baja comparada con otros países, y que el transporte de
hacienda probablemente sea de los segmentos donde menos tecnología hay.
El transporte de
ganado bovino en Argentina mueve millones de cabezas por año entre zonas de
cría, campos de engorde y frigoríficos, y los controles no crecieron al ritmo
del problema. Buenos Aires recibe casi 7 millones de cabezas con destino
a faena por año según datos del organismo sanitario nacional. Santa Fe,
Córdoba, La Pampa y Entre Ríos completan un circuito de movimiento de hacienda
que cruza la Pampa Húmeda en todas direcciones, con camiones que viajan de
noche para aprovechar temperaturas más bajas y llegan a destino en horarios
donde la supervisión oficial es mínima. Un tipo que trabaja en bromatología en
un municipio del conurbano me contó que los controles en ruta se concentran en
los papeles sanitarios, pero que rara vez hay manera de verificar si la
cantidad de animales arriba del camión coincide con lo que dice la guía.
Y mientras tanto
el sector sigue andando, esperando respuestas que no aparecen.
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