6 de abril de 2014
El director técnico de Porteño de Cacharí confía en que el proyecto de modificar la concepción del trabajo futbolístico en la entidad, progresivamente irá evidenciando resultados, de esos que muy poco se notan hasta que derivan en otro tipo, uno más exitista. En diciembre pasado renunció a la presidencia y pocos días más tarde se convirtió en DT de la Primera, convencido de que “si querés que algo suceda, te tenés que involucrar”. Entrevistado por EL TIEMPO, el ex dirigente habló de la necesidad de plasmar esta ‘aventura’ y del magro presente futbolístico del equipo que dirige.
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La apuesta de Porteño de Cacharí es valiente, es una apuesta que se desentiende de resultados de partidos (aunque los necesita positivos) y que apuesta por el largo plazo, por el respeto al trabajo de inferiores, que prevé la coronación del mismo (lógica y necesaria) en Primera División.
Parte de esa apuesta, consensuada por la mayoría de las personas con poder de decisión y sentimiento en la institución albirroja, la simboliza y encarna Marcelo Valdez, desde enero entrenador del equipo mayor del club y hasta entonces, presidente con tres años de gestión.
EL TIEMPO entrevistó a Valdez, conversa que dio como resultado un manojo de consideraciones muy diáfanas por parte del entrenador (parece tener muy en claro como materializar sus anhelos). Este apasionado por el fútbol, colaborador añejo de Porteño (además de entrenador de casi todas las divisiones del club y primer mandatario, fue chofer, ayudante de campo y paramédico, entre otras ocupaciones), apostó por el semillero de la entidad para nutrir la Primera y en esa aventura, un precepto rector lo llevó a poner el cuerpo: “Si querés que algo suceda, te tenés que involucrar”.
-¿Tu comienzo en la dirección técnica se da una vez que decidís abandonar la presidencia de Porteño?
-Sí, exactamente. Yo dejo la presidencia en diciembre y en enero, charlando con gente muy comprometida con lo que es el funcionamiento del club, decidimos que era necesario para poder continuar con esta línea donde las inferiores hagan un trabajo a futuro y ese futuro siempre es que los chicos, más allá de formarse como personas y aprender de fútbol, tengan la posibilidad de llegar a Primera División. Entonces, la única forma de asegurarnos que esos chicos llegaran a Primera, era haciéndome cargo de las inferiores para darle la posibilidad a ellos de conseguir aquello para lo cual estaban trabajando.
-Hagamos un poco de memoria para ordenar este derrotero. ¿Cuánto tiempo estuviste de presidente?
-Estuve tres años: dos de lo que fue una primera gestión y uno de la segunda. Pasó que en diciembre de 2013 renovábamos parcialmente la Comisión Directiva. Yo decidí renunciar por cuestiones personales, entonces dejo la presidencia un año antes de cumplir mi segundo mandato. Anteriormente había estado como vicepresidente, vocal suplente y vocal. Ocho años como dirigente.
-En la función de entrenador, ¿qué experiencias has tenido?
-En realidad, cuando yo me arrimo al club como colaborador, en el primer año en el que yo me involucro mucho con Porteño dirigí la Séptima División. No recuerdo bien el año, pero la clase 92 tenía su primer año en Séptima. Lo tenía al “Rata” Alzúa, a Valentín Cabrera, a Wilfredo Vignale.
Después tuve la Novena y la Octava, con la que tuvimos un segundo puesto en un hermoso campeonato que hicimos. Y también dirigí Décima División.
Pero siempre colaborando un poco de cerca, porque un poco era lo que siempre se hace en clubes como Porteño: yo fui chofer, ayudante de campo, paramédico…
-¡Un todoterreno, Marcelo!
-Claro. Por la necesidad del club al no poder contar con la cantidad suficiente de gente. Y porque a mí me gusta mucho el fútbol, yo llego a dirigente por la pasión que tengo por el fútbol. Siempre dije que de Porteño soy más hincha que dirigente.
-¿Y eso puede ser contraproducente cuando determinada situación amerita tener la “cabeza fría”?
-Seguro que sí, pero es inevitable, es la manera que tengo de sentir el fútbol que tengo. Me apasiona el fútbol y me apasiona trabajar con los chicos.
-Volviendo a tu paso de presidente a DT, mencionabas recién que te preocupaba el poder garantizar la llegada de chicos del club a Primera. ¿Estabas seguro que con un entrenador de “afuera”, ese proyecto se veía amenazado?
-De alguna manera sí. Primero separemos las cosas. Yo dejo de ser dirigente porque ya había producido lo que había que producir como dirigente y considera que era necesaria la incorporación de nuevos impulsos para el trabajo como dirigente. Era necesario que gente, sin que yo estuviera, revalidara lo que veníamos haciendo, como para poder corregir aquellas cosas de las cuales yo estaba convencido de que debían seguir siendo de esta manera. Por esta razón dejo de ser presidente.
Inconcientemente, yo te puedo reconocer que algún día de 2013 pude pensar que me gustaría dirigir a Porteño, pensaba eso, seguro. Pero estaba convencido de que no era el momento, de que no estaba preparado, que había muchas cosas para aprender.
-Entonces, no dejaste de ser presidente para convertirte en DT
-No, no, ¡porque ya hubiera divorciado en diciembre! (se ríe). Dejar el club era un poco consensuado con mi señora. Y si yo le decía que dejaba la presidencia para ser director técnico, me hubiera dicho “si ahora, aparte de trabajar te van a putear, mejor seguí siendo dirigente”.
“Cambiar una forma de hacer las cosas”
“Hace unos cuantos años atrás, cuando volvíamos de Tapalqué luego de haber perdido con Atlético por cuartos de final, me preguntaba cómo podíamos hacer una Primera competente sin la necesidad de tener que apostarle todas las esperanzas a jugadores de afuera”, rememora Valdez, intentando precisar el instante puntual en el que se decidió a intentar virar el timón.
Un nombre y una idea propios asaltaron su ánimo: “Me convencí de que la mejor forma de lograr esto era repatriándolo a Víctor Vidal, porque era un refuerzo de alto nivel para la Primera. Ahora bien, ¿cómo hacíamos para traerlo a Vidal de su estadía en La Plata? La forma de traerlo era entregándole todas las divisiones inferiores, dándole la posibilidad de que desarrolle una actividad acá como para formar su afincamiento en Cacharí”.
-¿Lo traían como coordinador de inferiores o una función similar?
-A Víctor lo trajimos como profe de escuelita y lo traíamos como coordinador de inferiores, y, a la vez, era el mejor refuerzo que podía tener la Primera.
Así fue que él se vino a Cacharí, le entregamos escuelita e inferiores y nosotros sabíamos que el domingo teníamos un jugador de un peso muy alto en Primera División…al cual había que rodear.
Así pasó un proceso y en enero nos sentamos a charlar con Víctor para saber cómo venían las inferiores, porque yo quería seguir colaborando con el club en ese sentido, y hablamos de qué iba a pasar con la Primera; que todo lo lindo que estábamos haciendo en inferiores tenía que coronarse con un buen trabajo en Primera.
-La vieja hipotética función del “semillero”
-Exactamente. Nosotros decíamos: ¿cómo la Primera va a tener una buena impresión, si traemos jugadores de afuera que pueden entrenar una sola vez, que no sabés cuándo pueden entrenar?, y ¿cómo los chicos trabajan para llegar a la Primera División sabiendo que siempre va a haber cuatro o cinco lugares que ya están ocupados?
Y si vos traés un técnico de Azul a Porteño de Cacharí, viene a ganar a partidos, viene a cuidar su imagen, y seguramente va a considerar que para hacer eso, necesitará jugadores de afuera, sobre todas las cosas, porque no conoce los chicos de acá, desconoce el potencial. Quizá, los rendimientos tradicionales de Porteño dicen, que en Cacharí, no hay chicos con suficiente nivel como para pelear los campeonatos.
-¿A partir de esa hipótesis es que justificaste tu gestión como entrenador de Primera?
-Soy de los que siempre piensan que si querés que algo suceda, te tenés que involucrar. Yo sabía a lo que me exponía. El fútbol exige resultados desde un principio, el fútbol le permite opinar a cualquiera, y en eso yo podía hasta perder un poco la imagen que, seguramente, me había ganado como dirigente. No obstante, estaba convencido de que esta es la única manera, el involucrarse, y entonces dije “le metemos mano”.
-¿Asumiste en enero?
- Sí porque, casualmente, la decisión sobre esto era, en parte, cambiar una forma de hacer las cosas, y eso se hacía con trabajo. Porteño siempre entrenaba quince días antes de comenzar el campeonato y nosotros considerábamos que esa no era la forma. Entonces, apuramos el acuerdo con la comisión, le dije que yo no quería refuerzos, que prefería que jugaran los chicos del club, y que empezáramos a trabajar cuanto antes.
Así, una noche nos juntamos con los chicos, les comenté la idea, y ellos se engancharon muchísimo. Además, ha sucedido algo más allá de los resultados -que por ahí es lo más feo y lo que se ve desde afuera-, sucedió algo que no solo me enorgullece, sino que también me compromete: los chicos llegaron al primer partido con más de 25 entrenamientos, cuando antes jugaban con tres o cuatro; perdimos los tres partidos, que son los que más golpean y sin embargo los martes estaban todos entrenando; y se formó un grupo que se merece cambiar la historia de lo que está sucediendo.
“Era necesario que gente, sin que yo estuviera, revalidara lo que veníamos haciendo, como para poder corregir aquellas cosas de las cuales yo estaba convencido de que debían seguir siendo de esta manera. Por esta razón dejo de ser presidente”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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