26 de agosto de 2019
Por Silvio Randazzo
Giovanna Di Blasio tiene 22 años. "Peca" es volante derecha de Piazza y es la única de las entrevistadas que jugó la final del Apertura femenino: ayer, ante Alumni. Vive el fútbol apasionadamente, tal la horma federada de su hogar (puntualmente de sus tres hermanos y su papá): así siente, con la misma la intensidad, por San Lorenzo y por el Vélez azuleño.
-¿Empezaste a jugar al fútbol en el barrio?
-En el barrio, en la calle. Plaza Oubiñas. Salir a jugar con los vecinos, todos chicos y una vecina. Teníamos canchita a la vuelta, pero jugábamos en la calle. El portón de mi casa era el arco, portón de chapa.
-¿Había una mirada de extrañeza? ¿Eras "Peca", la varonera?
Sí, olvidate. Mi abuela misma, a todos los decía que yo era machona. Incluso por la ropa que usaba, a mí me gusta mucho deportiva y mi abuela que me quería comprar vestidos.
-¿Cómo influía tu gusto por el fútbol en la relación con las demás chicas?
-Tenía sólo una amiguita que vivía enfrente y era igual de machona que yo. Jugábamos todos juntos con sus hermanos y Peteco, mi hermano más grande.
-¿Y para los chicos cómo era jugar a la par tuya?
-Por ahí notabas que te discriminaban. La mujer al arco o "ella no juega porque no sabe". Después me ponía a jugar y cambiaban de opinión (risas).
-¿Cómo fue el camino que te llevó desde la calle del barrio a un club y otro tipo de contexto donde jugar?
-Me parece que me fue a buscar mi profe, Daniel Uballes. Sabía que yo jugaba en el barrio y vino a verme. Como antes no era muy bien visto, él iba por los barrios buscando jugadoras. Tenía 6 años y me invitó al CEF 35; iba solita, mis viejos laburaban todo el día. Fui una vez y ¡chau!, no dejé de ir nunca más.
-Uballes te incorpora al CEF, tu primera institución. ¿Jugaban en encuentros, algún torneo?
-Encuentros no había, porque el único club con fútbol femenino que había era el CEF. Nos preparábamos para la Copa Jetix en Buenos Aires, se hacía en el estadio de Marangoni e iba gente de todos lados. Nosotros nos preparábamos para eso, se jugaba una sola vez al año, un único día. Después, lo que hacíamos era ir a entrenar y divertirnos, nada más que eso.
-¿Las chicas que compartían equipo en el CEF, también mostraban esa pasión tan grande por el fútbol?
-¡Sí! Ahí conocí a mis tres mejores amigas, que ahora somos muy unidas, y también, salían de ahí y derecho al barrio para jugar con los pibes. Una vivía en el Riva, la otra en el San José y todo el día jugando en el barrio. Yo iba a la casa de mis amiguitas y jugaba al fútbol, no hacíamos otra cosa.
-¿Te regalaban muñecas? ¿Buscaban distraerte del fútbol?
-Yo las tenía, pero no jugaba con ellas. Me las regalaban, no las pedía. Yo quería jugar al fútbol. Para la Comunión, junté toda la plata y me compré el equipo entero de San Lorenzo (risas). Me lo compré yo. ¡Y lo tengo todavía!
Mis viejos nunca me presionaron con eso de ser mujer y las muñecas y los vestidos. Era mi abuela Gloria más que nada; cuando yo tenía 17 años, recién ahí ella dijo "bueno, ya está". Aparte, una vez me fue a ver y como que dijo "¡guau!". Después estaba re orgullosa. Necesitó verme jugar y necesitó ver a otras chicas. Capaz que se creía que yo sola era así.
Yo no me pintaba, jamás, y mi abuela era re coqueta. Yo todo lo contrario. Encima la única mujer, la única nieta. Ni cumple de 15 hice, nada. Pedí que me regalaran una entrada para ver al Indio y el viaje. Fue un recital en Tandil.
-¿De qué manera comenzás a dejar atrás los años en el CEF?
-Además del torneo que jugábamos en Buenos Aires, también nos preparábamos para los Bonaerenses. Pero no había otra cosa. Igual, yo siempre me quedé con Uballes, hasta el año pasado, o el anterior. El mismo grupo siempre. Llegó un momento en que el CEF se tuvo que ir, no sé bien qué pasó, y ahí nos fuimos todas juntas (sin Daniel Uballes) al Club San Lorenzo. De San Lorenzo no me acuerdo a qué otro equipo y de ahí a Piazza.
-¿En San Lorenzo hallaron mayores oportunidades para jugar y competir?
-Sí, los torneos que se hacen de fútbol 7, en sintético y en los barrios. Te digo la verdad, mucha importancia no le daba; jugábamos un domingo y yo el sábado salía e iba a jugar casi sin dormir. No es que me preparaba, íbamos a jugar un rato al fútbol, eso.
Se jugaba en Villa Piazza Norte, en el Sur también; en el Regimiento también, en el parque me parece que también se hacían. Eran partidos bravos.
Un nivel terrible
-A propósito, hay una mirada machista que opera para varios deportes, que discrimina la impronta femenina por considerarla carente de carácter. ¿Por cuánto erra esa perspectiva?
-Y...el que piensa así debería darse una vuelta por un partido de nosotras y fijarse. Acá hay un nivel terrible, acá y en Olavarría también. Yo estuve jugando en El Fortín también, cuatro años jugué allá, cuando en Azul no había fútbol 11. Es como la liga que ahora se hizo acá.
-Tu equipo en Azul es...
-Yo soy fanática de Vélez. En casa somos todos hinchas de Vélez, menos mi papá. Aunque lo tenemos cerca de convencer (risas).
-¿Cómo llegás a Piazza?
-Anduvimos vagabundeando un poco. Después Daniel dice que hacían un convenio el CEF con Piazza para que podamos estar ahí. Pero Uballes se va, fuimos todas a Piazza y él se va, deja el fútbol por tema personales. Llega Alexis Pouyannes, trae sus jugadoras, empezamos a entrenar y así se formó el equipo en Piazza.
-Un equipazo hicieron
-(Se ríe). Es que, humildemente te digo, nosotras y el equipo de Pouyannes eran los mejores que había en los torneos barriales que se hacían. Cuando nos unimos... Piazza hoy es Las Rebeldes y el CEF. Éramos el clásico, si no ganábamos nosotras, ganaban ellas. Nos costó (risas), pero ahora nos re llevamos.
La Liga Femenina local
-¿Cómo recibiste la creación de la Liga Femenina en Azul?
-Me pareció buenísimo, ¡muy bueno! Igual, siento que la Liga lo hizo por obligación, viendo cómo crecía todo esto. No le dan mucha importancia al fútbol femenino...en algunos clubes, porque la verdad es que en Piazza no me puedo quejar. Pero he hablado con chicas de otros clubes y no les dan la cancha para entrenar, no les dan camisetas, necesitan botines y no les dan, y están jugando en Primera.
-¿Y cómo entender ese contrasentido? ¿Qué razones tienen esos clubes para jugar la liga?
-Lo presenta por compromiso al equipo, era una obligación, creo, para los clubes presentar equipo femenino, por reglamento, me parece. Y lo tuvieron que hacer, y para mí no todos los clubes pensaban en presentar un equipo de Primera.
-¿Y del funcionamiento de este primer torneo, su organización y devenir, horarios, canchas y días en que se juega, que opinás?
-Para mí está buenísimo que se juegue antes de la Sexta. Por ejemplo, en Olavarría se juega, el domingo, todo el femenino en una misma cancha. Pero acá lo vivo de otra manera, está buenísimo que la gente vaya a ver a Primera y de paso te ve a vos. Me parece que es una gran idea.
-A partir de esta oficialización, ¿qué reacción tuvo para con ustedes las jugadoras, lo que podemos llamar "el ambiente" futbolero, que básicamente es masculino?
-Al menos en Piazza, la dirigencia anda muy encima nuestro, mirándonos, viendo lo que necesitamos. Es como que ahora nos miran de otra forma, te alientan, antes...ni pelota. Ahora sí, incluso los jugadores que se ponen a ver nuestros partidos y dicen "¡mirá cómo juega aquella!". Siento que pasa eso, siento que ganamos un respeto deportivo, como competidoras.
Feminismo y fútbol
-¿Hasta qué punto te ampara y te representa la revolución femenina dentro de la cual se motoriza la futbolística?
-Yo solamente fútbol. Después, me parece bárbaro todas las cosas que vienen pasando, pero yo no me dedico a otra cosa que al fútbol. El crecimiento por el lado del fútbol me parece bárbaro, pero de lo demás me alejo porque...no sé. A nivel nacional también se da algo muy grande; yo recién ahora estoy siguiendo el fútbol de mujeres a nivel nacional.
-¿Te pasó lo que incluso a muchas otras chicas les ha ocurrido: descubrir también ellas una nueva dimensión del fútbol femenino a partir, por ejemplo, de la televización de partidos, o algunos pasos que dio la AFA merced a la lucha de jugadoras de instituciones grandes como, justamente, San Lorenzo?
-Sí, olvidate, ahora si pasan un partido lo miro. Igual, lo tengo que decir, a mí no me gusta mucho mirar fútbol femenino (risas). Obvio que apoyo todo, pero no lo miro demasiado, ¡es muy lento! Miro más el de varones. A mí el fútbol me gusta jugarlo. Cuando juego, por la adrenalina adentro de la cancha, no te das cuenta, pero cuando miro otros partidos de chicas digo ¡qué aburrido!
-Decías que has mirado a la selección femenina. ¿Te sentís parte de eso, de ese crecimiento, de esa visibilidad?
-Y...a la distancia, sí, un poco. Es más, en Argentina hay chicas con las que yo me he enfrentado en los Bonaerenses, con las que he tenido contacto y están ahí, en la Selección. Mica Cabrera es una y Vanesa Santana es otra. En los Bonaerenses, Azul siempre llegó a la final y jugábamos contra La Matanza. Esas chicas son de La Matanza. Yo no sé si podría estar ahí, pero algunas que conozco sí.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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