23 de agosto de 2015
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Lo expresó el cura que trabaja en las villas de Buenos Aires y estuvo en Azul para dar charlas sobre adicciones. “Sería ilusorio e ingenuo pensar que sólo el Estado tiene que hacerse cargo. O que sólo la Iglesia puede hacerse cargo de esto, o sólo la escuela, el hospital o la familia”, aseguró en el mismo sentido. Opinó que el camino es el trabajo en red de una sociedad comprometida con el tema. Desde otro lugar, aseguró que “el gran problema es el narcotráfico, no el chico que se droga”.
“Quisimos compartir la experiencia del trabajo nuestro en las villas de Buenos Aires con todos los jóvenes y adolescentes de colegios de Azul, sobre la temática de adicciones. Si bien son lugares distintos, hay algo en común cuando un chico consume que es la pérdida del sentido de la vida y sobre eso quisimos charlar un poco”.
Fueron las primeras palabras que expresó en diálogo con los medios el Padre Facundo Berreta, quien estuvo en Azul esta semana para brindar charlas a los jóvenes y a la comunidad en general en el marco del aniversario del Colegio Sagrada Familia.
Lo cierto es que los alumnos de los últimos años del secundario que asistieron a las dos charlas que se realizaron en el gimnasio de Sagrada Familia, lo siguieron con interés en la propuesta originada por el Grupo de Matrimonios de la Catedral.
“Los chicos siguieron las charlas con mucha atención, sobre todo por mi experiencia de ser cura en la villa, y a veces eso se ve por la televisión y eso atrae un poquito. Se produjo un diálogo muy lindo con los chicos, un intercambio muy fuerte porque al principio fue una exposición y después ellos hacían preguntas y así pasaron las horas volando”, señaló.
Al evaluar la experiencia que tuvo en Azul, mencionó también que “fue muy constructivo para los chicos ya nosotros aportamos lo nuestro”.
El Padre Berreta tiene 42 años, vive en la villa 19 de Lugano y pasó 9 años junto al padre Pepe Di Paola en la villa 21 de Pompeya.
El cura forma parte del equipo de sacerdotes que se desempeña en las villas de emergencia y que se movilizan para contener a las víctimas de esta problemática.
Un problema espiritual
Para abordar la temática de las adiciones en los jóvenes, sostuvo en primer término que hay que tener en cuenta que “es un problema espiritual grave, es la pérdida del sentido de la vida. No estoy hablando de un tema religioso, sino espiritual. Y ahí, lo que es más difícil es que el mundo adulto se pueda hacer cargo de ese chico”.
Aclaró que cuando habla del mundo adulto, no sólo hace referencia a la familia que “muchas veces cuando esto sucede no sabe qué puerta tocar”, sino “a todo el mundo adulto.
“Es decir, la familia, la escuela, el hospital o la salita del barrio, el personal de seguridad. Todos tenemos que sentarnos, dialogar y ver qué se puede hacer con el tema de las adicciones. Es lo que nosotros hacemos en nuestros barrios, armando lo que se llaman centros barriales donde la misma comunidad es la que gestiona los recursos para poder recuperar a los chicos”, manifestó.
Insistiendo en este concepto, remarcó que “todos, Iglesia, el Estado, la escuela, el club, todos tenemos que sentarnos. Nosotros decimos que si nos corremos un poco en el banco, entramos todos”.
“Falta mucho”
Puntualmente sobre el rol del Estado en este tema, Berreta entendió que “hubo ausencia durante muchos años, y lo que se está haciendo ahora es insuficiente. O sea, falta mucho por hacer porque hoy no hay una comunidad a nivel nacional capacitada para recibir un adicto abstinente”.
En este marco, puntualizó que “cuando hay un chico, como los de las villas, que tienen problemas con el paco, generalmente se despiertan paralelamente problemas psiquiátricos, que acompañan esa situación de consumo. Entonces, por ahí un chico que tiene problemas porque se paquea, tiene por ejemplo además trastorno bipolar, esquizofrenia, depresión o lo que sea, y eso no se puede tratar de la misma manera que una adicta embarazada, por citar un caso. Sobre esto hay que trabajar todavía muchísimo”.
El trabajo en red
Entendió que la problemática de las adicciones se comienza a resolver desde múltiples lugares que van desde la prevención, la inclusión social, la familia y la educación.
“Sin duda el trabajo con las familias es fundamental, el trabajo en la escuela es fundamental, pero también es fundamental la posibilidad de que la misma sociedad se pueda reunir desde algún lugar, armando redes de trabajo y de respuesta a esto”, consignó el cura.
En este marco, comentó que “si uno detecta una problema con un chico en una escuela, sea pública o no, si hay una red de contención, lo podes derivar”.
Aseguró en este sentido que “lo que pasa es que muchas veces sucede que el encuentro de un chico de las villas con el Estado se da en tres momentos: cuando delinque, en la Justicia; en el cementerio, cuando se muere o cuando lo matan”.
Por eso opinó que “en el medio tendría que haber educación, salud, etc., etc.”.
Nadie puede solo
De cualquier forma, el Padre destacó que “sería ilusorio e ingenuo pensar que sólo el Estado tiene que hacerse cargo. O que sólo la Iglesia puede hacerse cargo de esto, o que sólo la escuela, el hospital o la familia. Solos, la droga nos pasa por arriba”.
Por esto motivo, enfatizó que “el tema es poder reunirse para poder encarar este problema juntos. El mundo adulto unido”.
A propósito de esto, resaltó la importancia de trabajar en el nivel comunitario, en el barrio, “con eso se puede llegar a algún tipo de solución”.
“Lo que suele suceder es que el recurso está, pero nunca se encuentra el chico que tiene problemas con el recurso”, indicó.
Berreta aseguró como para finalizar que “la droga es el rostro de la exclusión y el paco es el rostro más sangriento de la exclusión”.
“ES COMPLICADO SABER QUÉ PUERTA TOCAR”
En un tramo de la charla que mantuvo con los medios, el cura hizo hincapié en que cuando explota la situación en el seno de una familia que descubre la adicción en uno de sus integrantes, “generalmente no saben para dónde salir y no saben qué hacer”.
A su vez, expresó que “cuando explota eso en una casa, tenemos un problema, y es complicado saber qué puerta tocar”.
Sostuvo que para eso “tiene que haber un centro barrial, una ventanilla única que pueda recibir el problema de esa familia y ese chico. Es una problemática que trastoca toda la vida familiar, porque empieza por ejemplo por venderle la ropa del hermano para conseguir plata, desaparecen las cosas, hay mil síntomas de que algo no funciona”.
Apuntó que en ese momento de la detección del problema tiene que haber en cada localidad o comunidad un lugar dónde acudir, y para eso “hay que trabajar en red”.
Para el caso de que no haya un sitio de estas características, recomendó dirigirse por ejemplo a un hospital.“Lo importante es tratar de solucionar el problema con lo que hay”.
“EL GRAN PROBLEMA ES EL NARCOTRÁFICO”
“El gran problema es el narcotráfico, no el chico que se droga”, manifestó el Padre Berreta.
Entendió al respecto que “el avance del narcotráfico está unido a una corrupción mucho más grande. Es decir, el narcotráfico cumple su rol porque hay corrupción en otros lugares donde permiten que ese rol se cumpla. Se corrompe a los políticos, al juez, a la policía”.
Fue enfático al decir que “se van comprando voluntades que permiten que las cosas vayan calando más hondo”. “Lo que señalo solamente en una realidad”, aclaró.
Dijo además que “hoy por ejemplo no podemos hablar de despenalizar al consumidor porque no hay nada armado. Si hay una política de 10 años de inclusión, de trabajo profundo, bueno; pero son discusiones que no podemos empezar por los últimos capítulos del libro, tenemos que empezar por los primeros y eso es lo que nosotros proponemos desde nuestro trabajo en Buenos Aires”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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