6 de agosto de 2019
Escribe: Prof. María Liliana Christensen
La palabra tiene su carga connotativa y refiere a una relación muy particular entre el individuo y el grupo. Todos. Inquietante por lo que implica, nos invita a la reflexión y al análisis. Es esclarecedor seguir el pensamiento de Savater en este punto: “Las antiguas estructuras sociales limitaban bastante las iniciativas individuales, pero en cambio gozaban de la solidez unánime de lo que no se pone en cuestión: todos somos uno. La modernización concede cada vez más importancia a lo que piensa, opina y reclama cada individuo, pero debilitando inevitablemente la unanimidad comunitaria: cada cual sigue siendo uno dentro del todo.”
Hay un momento particularmente peligroso. Cuando el Estado crece demasiado los individuos pierden su iniciativa y la capacidad de sentirse responsables de sus propias vidas, las discrepancias de los que actúan o piensan de manera diferente a los demás no son toleradas, “cada cual se siente como una simple molécula que no tiene importancia más que dentro del Gran Todo Común”. Interesante la observación que Savater propone, sobre todo cuando afirma: “siempre hay una autoridad que sabe lo que es bueno para cada uno mejor que él mismo”.
Siguiendo esta línea de pensamiento la pregunta se impone inexorablemente: ¿Si un grupo -social, político, étnico- se atribuye ser Todo, los que no pertenecen a ese grupo son Nada?
El juego dialéctico nos lleva a imaginar escenarios posibles que son perturbadores. Cuando un sector cualquiera de la sociedad se arroga tamaña entidad, cabe preguntarse qué lugar tiene reservado para los otros, los que no pertenecen a ese todo, los que no se sienten incluidos en esa abarcadora concepción, de la índole que sea, y por lo tanto no forman parte de ese núcleo excluyente que se autodefine de manera absoluta. La Historia nos muestra de modo inapelable que cada vez que un grupo, una facción o una raza han sentido que encarnaban una totalidad, los resultados han sido nefastos. Ya sabemos qué denominación se ha utilizado para nombrar a aquellos regímenes que han partido de la premisa de la totalidad. Por eso resulta al menos preocupante que se utilicen palabras que conducen a instancias de la historia de la humanidad que fueron trágicas.
Según el pensador español “los individuos tenemos dos maneras de formar parte de los grupos sociales: podemos pertenecer al grupo y podemos participar de él. La pertenencia al grupo se caracteriza por una entrega del individuo incondicional a esa agrupación, identificándose con sus valores sin cuestionarlos, aceptando que se le defina por tal adhesión; en una palabra, formando parte irremediablemente, para bien y para mal, de ese conjunto”. No hay allí disidencias, se pertenece sin fisuras, no es posible cuestionar ni discutir y todo debe ser justificado.
“La participación, en cambio, es algo mucho más deliberado y voluntario; el individuo participa en un grupo porque quiere y mientras quiere, no se siente obligado a la lealtad y conserva la suficiente distancia crítica como para decidir si le interesa o no seguir en ese colectivo”.
Por todo lo dicho, es fácil deducir que estamos hablando de libertad. Nada menos que de libertad. Valor supremo que como ya se ha dicho muchas veces, no hace a los hombres libres sino que los hace, simplemente, hombres.
La reflexión que nos debemos tiene que ver precisamente con esta disyuntiva que es crucial para la vida de una sociedad. Es mucho lo que está en juego y nos trasciende. No se trata sólo de nosotros, sino de nuestros hijos y de nuestros nietos. La libertad, el respeto, la empatía y sobre todo el reconocimiento del otro tienen que estar por encima de creencias o intereses personales. La negación del otro, el desconocimiento del que piensa distinto, la imposibilidad de aceptación de aquello que no forma parte del todo al que pertenezco, ha derivado siempre en graves catástrofes que han conmovido al mundo y que siguen causando incontables desgracias en muchos países en la actualidad.
En un punto de inflexión como éste en que se encuentra la sociedad argentina, con tantas dificultades y sobrellevando la carga de antiguas y nuevas penurias, atravesando un tiempo tan duro y difícil, es preciso no perder de vista los valores supremos que hacen a la dignidad de la vida humana.
Se avecina una instancia que es decisiva para el porvenir de los argentinos. Es preciso calibrar con precisión el peso institucional que esta instancia conlleva. El riesgo que corre la sociedad en su conjunto si no advierte - agobiada por la complejidad de la hora- la magnitud de lo que se está jugando en el país este año. Se trata de elegir, más allá de circunstancias y adversidades presentes, en qué marco de libertades y respeto a la Ley queremos vivir los argentinos en el futuro.
“La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Sí o No. En su brevedad instantánea, como a la luz de un relámpago, se dibuja el signo contradictorio de la naturaleza humana.” (Octavio Paz, La otra voz)
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
16 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026
14 de octubre de 2026