2 de septiembre de 2013
OPINIÓN

El viernes 23 de agosto se presentó en el Teatro Español la obra Despojos, cuya dirección estuvo a cargo de Juan Etcheverry. FOTO:NACHO CORREA
Cuántos de nosotros nos hemos sentido un despojo alguna vez en nuestras vidas? Seguramente más de una vez. Es que es este mundo individualista, competitivo, capitalizado, egoísta, no nos lleva más que a la ambición, el placer personal, que deja en el camino desamor, incomprensión, dolor, y lo más triste, soledad. Este mundo donde hay que dividir para triunfar, donde se ha perdido el valor de la institución más importante para desarrollar los vínculos emocionales, la familia. En esta persecución por lo material, quedan ignorados los niños, los artistas, los viejos y los locos.
Esta fue, en parte la reflexión que me llevo observar la obra "Despojos", una maravillosa puesta en escena bajo la dirección de Juan Etcheverry, quien nos invitó a reír y pensar. De más está decir que la actuación del elenco estuvo a la altura de las circunstancias y del escenario de nuestro teatro, que los vio brillar.
La obra presenta un análisis Foucaultiano acerca de las instituciones de encierro y el poder que en ellos se ejerce. En este caso una residencia donde van a parar personajes generadores de lastima, denominados "locos" por la sociedad, pero que analizados en profundidad pueden identificarse con la sociedad misma. Esa loca que vive cantando, feliz, cambalachera y colorida, llena de brillos y derrapando alegría, esa loca que tanto sufre por dentro, que necesita encubrir el dolor con una pantalla de felicidad ficticia (cuántos de nosotros recurrimos a este recurso para enfrentar día a día nuestras vidas?). Una mujer despechada, engañada, herida, que ni siquiera pudo traer vida a su vida
que muy consciente de su realidad y la de los demás, tapa ese vacío con una muñeca de trapo, que no es más que un objeto (cuántos de nosotros rellenamos vacíos de nuestras vidas con elementos materiales, cuántos de nosotros aliviamos nuestras ansiedades con consumismo desenfrenado?). El padre que espera eternamente a su hijo, que muy en lo profundo sabe que no va a volver porque ya no está, pero en esos lugares, ellos siempre esperan (cuántos de nosotros vive en una espera constante? Y cuántos son los viejos y los "solos" que esperan un hijo, un nieto, un alguien que los escuche, los salude o simplemente sepan que existen?). El eterno niño que juega con su guitarra de juguete
el niño que ignora la adultez y tiene la ilusión de tocar un instrumento para cantarle al destino y ver si tal vez así puede cambiarlo (cuántos de nosotros le guitarreamos al destino más de una vez?). La poetiza, la artista, quien se refugia en la belleza de las palabras y las formas para olvidar la traición, para vestir el sufrimiento con la estética de la tragedia (cuántos de nosotros, los artistas, no somos más que eso mismo? No más que embellecedores de las penurias cotidianas).
Así es como descubrí que todos somos unos Despojados, que el dinero en exceso no es más que un pasaporte a la soledad, los personajes que se alojaban en la residencia, los locos, si, todos tenían poder adquisitivo para poder permanecer allí, pero es aquí donde aparece el poder. En la obra el poder es ejercido por las hermanas que manejan la residencia, las dos ambiciosas, insensibles, capaces de cometer un crimen por unos pesos, que ni si quiera disfrutan, pues una le regala todo a su amante, un joven vividor que, también, por ambición e individualismo pone en juego hasta su relación con otra joven. La otra, lo deja todo en el juego. Las dos solas, con el único incentivo de quedarse con los bienes de los demás, abusando de su poder, con la complicidad de un medico. Este, que después de haber vivido la peor época de nuestra historia, después de haber sido un joven militante, con convicciones, se vio quebrado en el tiempo, si, por la ambición también. Locos por el poder, los tres, planeando otro crimen y empastillando a los internos.
La descripción de estos tres personajes son una metáfora de la realidad misma, cuántos de nosotros somos los internos del sistema, los "locos" estresados, fóbicos, despojados, que acudimos a una pastilla para dormir, otra para despertarnos, otra para volver a dormir, otra para volver a despertarnos?
esos tres portadores de poder son los representantes de las instituciones, de los sectores de poder, del sistema mismo que de a poco nos enferma y nos despoja de la vida, del amor, de la creatividad
Pero como todo en el universo tiene que ser equilibrado, esta tragedia se ve recompensada de alguna manera, por la búsqueda de justicia, representada por la asistente social, que busco la justicia social en su juventud, militando por un ideal, que no fue conquistada por la ambición (cuántos de nosotros seguimos siendo fieles a nuestros ideales, aunque no nos sean redituables?). La presencia de este personaje, nos muestra esperanza, una luz en medio de un mundo dominado por el materialismo, deseo, poder, y energía negativa, ella, que además es mujer, nos muestra el equilibrio natural de energía femenina, no como aspecto genérico, sino ligada a conceptos como creatividad, sentimientos, valores y amor.
Entonces podemos decir que ellos, los locos (nosotros, en fin), no son los locos en realidad, que son los otros, los poderosos, los que manejan el destino de nuestras vidas, los que en realidad están enfermos
enfermos y cegados de poder.
Todo esto me hizo reflexionar la obra, y sumándome al pedido de "Cacho" y de tantos otros ciudadanos, después de haber disfrutado una obra azuleña, creada por un azuleño y actuada por azuleños, sobre nuestro mejor escenario azuleño, fue imposible evadir al pedido de recuperar ese festival que ponía al teatro como protagonista de las expresiones artísticas en la estación de las hojas secas, ese festival que ponía a la ciudad en un plano internacional. Es nuestra obligación como ciudadanos, reclamar por ello, y es un derecho que con el tiempo nos hemos ganado.
Melina Nerea Oiz.
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