27 de marzo de 2016
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El Centro de Veteranos de Guerra “Callvú Leovú” viene organizando en forma conjunta con el Municipio actividades que deberían contribuir para reforzar los lazos de la comunidad con los héroes que participaron del conflicto bélico. Durante la vigilia, que se extenderá entre las 14 y las 24 del 1 de abril, habrá distintas realizaciones para las escuelas y la familia en general; también espectáculos musicales a tono con la jornada. En diálogo con EL TIEMPO, Juan Pedro Schroh, presidente del Centro de Veteranos, más allá de ofrecer detalles de la organización relató la participación que él tuvo en la gesta.
Escribe: Augusto Meyer - De la redacción de EL TIEMPO
Llegan días muy sentidos para los argentinos. Se acerca la fecha en la que se recuerda la guerra contra los ingleses por la recuperación de las Islas Malvinas. Imágenes de mucho dolor sobrevuelan los primeros días de abril desde hace 34 años a esta parte. Es un lapso de sensaciones encontradas, donde las muestras de heroísmo quedan solapadas por la cantidad de vidas que se perdieron en el inhóspito territorio. Fue mucha la sangre derramada y tantísimos los corazones de ex combatientes que se rompieron al regreso, cuando buena parte de la sociedad –incluyendo a los militares que estaban a cargo del gobierno- lisa y llanamente “borraron” a los héroes. Hubo menosprecio y manoseo del que muchos “damnificados” nunca se pudieron recuperar, con un daño que se hizo extensivo al círculo íntimo y que se mantiene a pesar de los años transcurridos.
Como ya es tradición, el 1 de abril se llevará a cabo la vigilia en Azul. El punto de encuentro será el veredón municipal, junto al monumento que recuerda a los caídos y ex combatientes de la Plazoleta Alsina.
Allí, entre las 14 y las 24 horas se realizarán distintas actividades que vienen organizando, en forma conjunta, el Centro de Veteranos de Guerra de Azul “Callvú Leovú” y la Comuna, por intermedio de Silvina Daulerio.
Para conocer algo más sobre el programa, EL TIEMPO consultó al presidente del Centro, Juan Pedro Schroh. El ex combatiente, además, dio cuenta de la intervención que él tuvo durante la gesta y del “milagro” que hizo que no haya sido un nombre más en la lista de los caídos.
Expresión artística acorde con la fecha -
En cuanto a las actividades que contendrá la vigilia explicó que a partir de las 14 horas se espera la intervención de alumnos de escuelas que participarán de la elaboración de un mural en tela, con la coordinación de la artista plástica Inés Pacheco Gárderes. A esto le seguirá la presentación de músicos y de bailarines de tango y de folclore a fin de animar a que la gente se acerque, participe y acompañe a los héroes de Malvinas. El presidente del Centro de Veteranos detalló que también se proyectarán videos alusivos a la fecha.
Alrededor de las 21 horas, se avanzará con la entonación de las estrofas del Himno, seguido sucesivamente por palabras alusivas y de un sacerdote, una guardia de honor, minuto de silencio y la célebre marcha de Malvinas.
Como dato de color, junto con una carpa y algunos pertrechos que se usaron durante la gesta, se exhibirá una balsa similar a las que usaron los sobrevivientes del hundimiento del Crucero ARA “General Belgrano”.
Una historia de sobrevida -
Juan Pedro Schroh se define como un integrante de las Fuerzas Armadas por vocación, y se diferencia claramente de aquellos soldados clase ’63 que fueron enviados a participar del conflicto bélico con una escasa instrucción militar y psicológica. De hecho, muchos de esos jóvenes perdieron la vida en suelo isleño.
Schroh pide que no se generalice y que se comprenda que, aún en el manejo de una entidad como la que preside, es fundamental mantener un equilibrio para entender los distintos estados de ánimo que pueden tener aquellos que tuvieron distintos grados de participación (sea o no en combate) de la misma gesta. De ahí que no todos de los 34 ex combatientes de Azul –soldados o de carrera- participen de las distintas actividades y que, al menos orgánicamente, se los respete a todos por igual.
“Uno entiende su situación. Igualmente acá estamos todos juntos. El hecho de ir o de recibir a las escuelas, así como el participar de la vigilia o del acto del 2 de abril, también es una forma de hacer soberanía para que la sociedad en su conjunto comprenda lo que pasó, sobre todo cuando hay chicos ávidos de aprender que se interesan y preguntan. De esa manera la sociedad irá cada vez más colaborando con nosotros. Nos falta salir más a los medios de comunicación. Cuando se inundó La Plata, tres veteranos de guerra de Azul nos fuimos para allá y nos pasamos acopiando cosas como mano de obra ayudando en la organización. De la misma durante muchos años colaboramos con los bolsones de PAMI en Villa Suiza. Esto no es un club de fútbol, un colegio ni las fuerzas armadas. Hay situaciones que comprender; cosas que de afuera no se entienden; hay que mantener un equilibrio. Acá, aun cuando no pague como socio, el ex combatiente a una reunión puede venir y opinar; no tendrá voto como dice el estatuto, pero nadie le impide opinar. Por eso digo que hay que tener memoria completa y ser balanceado. Cuando fue electo presidente dije que no podíamos ser rígidos porque acá no todos son de carrera; también hay soldados. A puertas cerradas debemos hablar todo, pero hacia afuera nunca pelear entre nosotros”, expresó Schroh.
“Durante muchos años no hablé” -
Entre los ex combatientes, la post guerra la vive cada uno a su manera, tal como lo reveló Schroh en la nota con esta diario. “Yo, durante muchos años, no hablé y aún hoy hay muchachos que no participan. En mi caso, por ser carrera, cuando yo fui lo hice por vocación y porque hay una ley, pero uno lo hace con ganas porque para eso está. El soldado también porque tuvo su entrenamiento, aunque quedó claro que la clase ‘63 no estaba preparada”, señaló al recordar que ante la eventualidad de una intervención militar por parte de las fuerzas armadas chilenas, “hubo gente preparada que estuvo en Río Grande”, mientras que a los jóvenes los enviaron a combatir y fueron rehenes de la inexperiencia.
“Al volver de la guerra venimos derrotados y ese es un sello que lo tenés en la cabeza o lo llevás en el alma. Lo otro es que durante los primeros años es como que pasamos como desapercibidos, no había un reconocimiento explícito. Después sí, hubo una distinción que nos dieron con una ley, pero no como veterano de guerra sino simplemente por haber asistido al combate”, señaló Schroh.
“Cuando volvimos estábamos avisados que no podíamos hablar del tema, y con más razón los soldados. Nos transportaban con las ventanillas del colectivo tapadas. Hubo amistades que se tejieron en estas circunstancias terribles, como por ejemplo del hijo de un ministro con un misionero que no sabía leer ni escribir; un muchacho bárbaro que empezó lavando piezas y en un año pasó a ser un mecánico que, por su capacidad, superó al maestro que le enseñó. Hay muchos que no sabían lo que era el mate ni tenderse la cama, y ahí se aprendía. Toda esa convivencia sirve como camarada en la guerra. Después de la guerra, cuando cada uno volvió, no todos tenían familia, amigos o novia que los pudieran o supieran contener. Ahí empezó la limosna, el no subsidio y el no trabajo”, agregó.
Un regreso con pena, y sin gloria --
Mientras que algunos ex combatientes no lograron superar el duro trance de la guerra y terminaron suicidándose o con problemas de adicción al alcohol y las drogas, alejados de sus seres queridos, otros tantos tuvieron que volver a “pelear” para tener trabajo, discriminados por su condición de veterano de guerra. “Como yo era cabo primero de infantería de marina y ex combatiente quería conseguir trabajo. Era el año 1984 y me había casado. Fui a (la empresa transportadora de caudales) Juncadela a ofrecerme para hacer seguridad y no me tomaban. Tenía cuarto año del secundario terminado, sabía manejar armas y venía de tener más de cien personas a cargo. Un amigo me dijo que me iba a conseguir empleo en seguridad pero que no tenía que decir que era ex combatiente. Un día me tomaron en seguridad para cuidar un barrio en Florida y, en menos de un mes, me pasaron a Martínez con vehículo y como supervisor de zona me dieron un sueldo que no lo hubiera ganado ni aún terminando la carrera militar. Se enteraron que era ex combatiente, me hablaron muy bien, me pusieron un dinero y me dijeron que no necesitaban más de mis servicios”, indicó Schroh.
Con 23 años, a la guerra -
El actual presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Azul “Callvú Leovú” se sumó a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) como estudiante cuanto apenas tenía 18 años. De ahí se fue de pase al Batallón 2 de Infantería de Marina, con asiento en la Base Naval Puerto Belgrano. Cinco años después estaría participando del conflicto bélico como uno de los responsables del aprovisionamiento de la tropa. Tenía 23 años y, según contó a EL TIEMPO, cuando el 28 o 29 de marzo de 1982 salieron del apostadero naval próximo a Bahía Blanca –donde se planificó la Operación Azul, luego rebautizada “Rosario”- no sabían hacia dónde se dirigían.
Schroh tiene algunos recuerdos de aquel entonces, la previa de la guerra, acaso como una natural defensa mental por el horror que luego viviría en carne propia. “Uno podía olfatear que algo había. Recuerdo que viajé en barco, que embarcamos en el Cabo San Antonio y que viajamos en un avión sin asientos hasta Río Gallegos. Íbamos para hacer servicio para apoyo de combate de Infantería de Marina, terminando por ir a Malvinas en el Rompehielos Irízar, que durante la guerra fue buque hospital, junto con parte del Regimiento 25 del Ejército, Asuntos Civiles y una sección de tiradores del Batallón 1. Para el desembarco en Malvinas se usaban rodados con rueda o con oruga, pero yo por una disposición logística no llegué a desembarcar sino que era transportado en helicóptero para llevar municiones. Tenía el manifiesto (una ‘libretita’ que aún conserva, puntualizó) de carga y, como jefe de Grupo Alfa, inicialmente tenía seis personas a cargo”, indicó.
El entrevistado mantiene grabado a fuego el ingreso de los primeros heridos de combate que llegaron al Irízar para recibir atención médica. “Recuerdo cuando entró malherido el teniente Quiroga por apoyar a Giachino. También Urbina, el enfermero que fue a socorrer a Giachino. Después se recuperaron”, señaló.
Schroh tampoco olvida el mensaje que recibía de sus superiores inmediatos, que no siempre entraban en sintonía con lo que él pensaba respecto de distintas cuestiones tácticas. “Según me dijo un jefe mío todo eso se hizo para recuperar Malvinas sin arrasar y teniendo consideración por los civiles, porque estábamos en suelo argentino. Después dijeron que ya estaban negociando y que había que replegar. Llegué a discutir con un jefe porque yo le decía que a ‘los reyes de los mares’ (denominación que históricamente reciben los ingleses) no se les podía ‘mojar la oreja’; por más que estuvieran a 14.000 kilómetros de su país, igualmente iban a venir. Y vinieron. La Operación Rosario, que quedó militarmente muy bien vista, estaba destinada a que los ingleses se rindieran pero la difusión mundial de las fotos donde están ellos boca abajo (tras la recuperación inicial de las islas por parte de los soldados argetinos), les tocó el orgullo”, precisó.
En tren de situaciones curiosas, el entrevistado mencionó lo sucedido con algunas de las donaciones que realizó el pueblo argentino. “Los civiles mandaban ropa en cantidad, pero ¿qué mandaban?: camperas amarillas o rojas nuevas o casi nuevas, o prendas de lana de varios colores que de ninguna manera podían usar quienes participaban del combate. Necesitábamos visores nocturnos, algo que todos los ingleses tenían. Se devolvieron lingotes de oro numerados que fueron a parar al presupuesto. Vaya a saber adónde fue a parar todo eso…habría que escarbar para atrás para saber dónde fue a parar ese presupuesto. Los soldados pusieron el corazón pero no había cómo llevarles comida. Los ingleses tenían predominio de información, de helicópteros y de bombardeo pero en todos estos años nunca se dijo que los ingleses estuvieron a punto de rendirse. Nuestra aviación le causó estragos a la flota de los ‘reyes de los mares’. El tema es que les hundían un buque y mandaban otro. Ellos también llevaron menores, pero de eso dicen que ‘no son chicos de la guerra sino señores de la guerra’. Mientras se negociaba en Naciones Unidas nos mandaron al continente y quedamos en aprestos, listos para salir, mientras mandaban chicos clase 63’ y los ingleses no sabían que nosotros estábamos hechos pedazos”, contó el dirigente.
Schroh llegó a uno de los pasajes más conmovedores de su relato cuando se refirió al destino que tuvo un compañero suyo de la ESMA, cuando regresó luego de combatir en Malvinas, Eduardo Adrián “Tachi” Paz (ver aparte).
“Se bañó, se afeitó, se subió al monumento a la bandera de Rosario (previamente había limado los barrotes) y se tiró. Hay muchas cosas que van por dentro…”, expresó.
EL DATO
La sede del Centro de Veteranos de Guerra de Azul “Callvú Leovú” cobra vida no sólo por la presencia en el edificio de los ex combatientes sino por las visitas que realizan estudiantes de distintos establecimientos educativos cuyas autoridades y/o docentes se interesan para que los alumnos conozcan sobre los héroes de Malvinas. De todas formas, la institución sigue trabajando y gestionando ante distintos estamentos públicos y privados para tratar de obtener los recursos económicos que se necesitan para terminar de acondicionar el espacio que los ex combatientes que residen en esta ciudad y la zona de influencia largamente merecen. Acaso la proximidad de la fecha tan cara al sentimiento de todos los argentinos permita que alguna autoridad local y/o provincial y/o nacional pueda conseguir esos fondos que nuestros héroes necesitan.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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