24 de mayo de 2020
En los próximos días, y durante el resto del mes próximo, "Lemmon" se hará visible en el cielo.
Por Francisco Bariffi
Hay relatos sobre cómo en la Edad Media se creía que los cometas eran una señal negra: el anuncio de grandes males o profundos cambios, una señal de guerra, el augurio de una plaga o de la muerte del rey. Hay relatos sobre cómo se ejecutaban astrónomos chinos por no llegar a predecir eclipses o el cruce de un cometa por el cielo. Y también hay relatos sobre el pánico que hubo, entrada la Modernidad, después de que Joseph Lalande publicase Réflexions sur les comètes, obra en la que se medita por primera vez sobre la posibilidad de que un cometa impacte la tierra.
A la humanidad posmoderna, o post posmoderna, el cometa que será visible en los próximos días no va a anunciarle nada. Va a pasar por accidente. Hoy sabemos que los cometas son bolas de agua congelada con suciedades cósmicas adheridas. Como bolas de nieve solo que un poco más grandes de las que puede construir un niño barilochense con sus manos. No por la explicación de la ciencia, sin embargo, está uno imposibilitado a construir a partir de un cometa, o de su avistamiento, el sentido que uno quiera. Como mínimo el de una experiencia estética. En los próximos días, y durante el resto de junio, el cometa Lemmon va a volverse visible en el cielo.
Uno va a estar tentado a mirar desde el parque. O a meterse por los caminos de tierra que rodean la ciudad y escaparse hacia el campo, desde donde la noche es más negra y las estrellas más nítidas. Lamentablemente, eso no va a ser posible para gran parte de la humanidad que hoy mira o ignora el cielo. Quien desee ver el cometa sólo va a poder salir al patio, si es que cuenta con uno. O asomarnos por el balcón. O treparse al techo. Uno va a tener que encontrar los espacios de libertad que restan ahora que no se puede salir a la calle sin correr el riesgo de que las luces azules no broten del cielo sino de los patrulleros. Ahora que cualquier tipo de control estatal está justificado por la falsa objetividad del mismo discurso que sanciona el sentido de un cometa olvidando la ideología que implica al hacerlo.
Pero si se dispone del espacio desde donde mirar, uno debería estar ahí mismo desde el inicio de la noche. Entre la constelación de Lepus y Canis Mayor, a media altura hacia el oeste, el cometa se va a poder ver a simple vista, desde latitudes por debajo de los 40° N. Su período de más cercanía a nuestro planeta va a ser a finales de junio. En ese momento su brillo va a estar al máximo para el ojo humano.
Y aunque el cometa cruce el cielo sin significar nada en sí mismo, en la mente de cada uno va a poder tener el sentido que uno quiera. Mirar al cielo va a poder ofrecer una perspectiva más amplia sobre la propia existencia. Va a poder señalar máquinas más grandes en las que uno olvida que se entrama. Quizás la inmensidad del universo recuerde la fugacidad del hombre y reduzca el tamaño de sus problemas. O quizás no recuerde más que a una película de ciencia ficción.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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