6 de octubre de 2013

. UN PUEBLO DE MASONES CON NOMBRE DE HÉROE

LAS CALLES DEL AZUL

Mariano Pascual Necochea nació en Buenos Aires el 7 de septiembre de 1792. Fue un aguerrido militar que se inició en el Regimiento de Granaderos a Caballo y culminó su carrera siendo Gran Mariscal del Perú.

La trigésima primera calle de nuestro recorrido fue denominada como Necochea en 1879, en reconocimiento al pueblo costero que fuera uno de los tantos puntos de avanzada de la frontera con el mundo indígena. A su vez, el mismo fue bautizado con el nombre del valiente porteño miembro del Regimiento de Granaderos a Caballo que llegara a ser Gran Mariscal del Perú. Por Eduardo Agüero Mielhuerry


El Presidente de la Corporación Municipal de Azul, Federico Julián Olivencia, a través del Decreto N°183 del 25 de marzo de 1879, le impuso nombres a las apenas 36 calles que tenía el pueblo, denominadas hasta ese momento con números romanos.
La decimotercera calle "paralela" al Arroyo Azul, era la que llevaba el número romano "XXXI" y fue llamada Necochea, en reconocimiento al pueblo costero que fuera uno de los tantos puntos de avanzada de la frontera con el mundo indígena. A su vez, el mismo fue bautizado con el nombre del valiente porteño miembro del Regimiento de Granaderos a Caballo que llegara a ser Gran Mariscal del Perú.
Es importante aclarar que en la actualidad la primera calle que sigue el ondeante camino del arroyo es la que conocemos como Avenida Cacique Cipriano Catriel. Sin embargo, por aquellos años, no se hallaba correctamente trazada y no era más que "el camino de la costa" o "costanera" -sin poseer una denominación "oficial"-, siendo, en consecuencia, La Rioja (hoy Comandante Franco) la primera, Jujuy la segunda y, tras una sucesión de varias calles, la Necochea ocupaba el décimo tercer lugar desde el Arroyo Azul.
En el año 1953, el intendente Ernesto María Malére, pretendió modificar radicalmente la denominación de las calles utilizando un sistema numérico arábigo. De esta manera, a través de la Ordenanza N°18 sancionada por el Concejo Deliberante el 8 de julio de aquél año y promulgada el día 11 del mismo mes, se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3.
Según esta nueva denominación, a la calle Necochea le correspondió el número 81. Sin embargo, como en otras oportunidades hemos aclarado, el sistema numérico no tuvo buena aceptación en la comunidad y aunque se podría decir que aún hoy convive con el sistema nominal -pues la Ordenanza nunca fue derogada-, ya nadie lo usa, quedando hecha la salvedad en cuanto a las calles que por nombre llevan un número desde entonces.

El coraje como estandarte

Mariano Pascual Necochea nació en Buenos Aires el 7 de septiembre de 1792. Sus padres fueron el vasco navarro Francisco Casimiro Necochea y la porteña María Mercedes Sarasa y Tirado.
Cuando apenas tenía diez años fue enviado a Sevilla donde recibió una sólida instrucción en matemáticas, humanidades e idiomas.
Tras el fallecimiento de su padre, regresó a Buenos Aires en 1809 para hacerse cargo de los negocios familiares.
En pleno auge revolucionario, al hallarse ligado estrechamente al comercio exterior, Necochea se abstuvo de participar en los sucesos que condujeron a la Revolución de Mayo. Sin embargo, el 24 de abril de 1812, sorpresivamente se incorporó con el grado de alférez al Regimiento de Granaderos a Caballo que acababa de fundar el coronel José de San Martín. Pronto fue promovido a Teniente.
Tuvo su bautismo de fuego en la célebre batalla de San Lorenzo, y dada su cultura refinada, habiendo sido ascendido a ayudante mayor, se le encomendó la redacción del parte oficial de la victoria.
En 1814 conoció a la jovencita María Dolores Puente, natural de Potosí y de 17 años, de la cual se enamoró perdidamente. Un año después se casaron por poder, pues Necochea se encontraba en campaña. Fue su padrino el general Tomás Guido. Tuvieron una hija que nació en Tucumán y bautizaron como Benjamina. Casi un año más tarde, María Dolores, se fue a vivir a Buenos Aires, alojándose en la casa del general Balcarce.
Durante un corto período, formó parte de la guarnición de Santa Fe, para luego unirse al Ejército expedicionario al Alto Perú, comandado por José Rondeau. Con el grado de Capitán, marchó al norte al frente de un escuadrón de Granaderos.
En febrero de 1815 demostró su bravura en el Tejar (al norte de Humahuaca), donde el escuadrón del que formaba parte fue sorprendido por los realistas. Todos fueron tomados como prisioneros, inclusive el aguerrido general Martín Rodríguez; empero Necochea fue el único que logró escapar a pesar de haber sido herido.
Combatió en la batalla de Venta y Media y en la terrible derrota de Sipe Sipe, en la que fue herido de cierta gravedad; no obstante, logró reunir a los Granaderos y otros soldados del ejército derrotado. Llegó en camilla hasta Chuquisaca y fue trasladado a Tucumán.
Plenamente recuperado, en 1816 fue el jefe de la escolta del recién nombrado Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón.
Dueño de una destacada elegancia y con una fama de conquistador bien ganada, quiso el destino que enamorará nada menos que a Pepita Marquiegui, la esposa del general enemigo, Pedro Antonio Olañeta. Fue un romance fugaz y complejo, no pasando de una aventura amorosa que debió abandonar porque le urgía llegar a tiempo para el cruce de la Cordillera andina.
Cuando el general San Martín ordenó la concentración de todo el regimiento de Granaderos, Necochea se trasladó a Mendoza para incorporarse al Ejército de los Andes. Allí tuvo un papel destacado en la educación de los oficiales de las fuerzas. Por consejo suyo, también se unió al Ejército su hermano Eugenio Necochea, dos años menor que él, que llegaría a ser general del ejército chileno.
Tenía el grado de Sargento mayor cuando comenzó la campaña a Chile, marchando en la vanguardia de Bernardo O´Higgins. Apenas cruzaron los Andes, sus tropas entraron en acción en Las Coimas (en las estibaciones de la Cordillera), con fuerzas numéricamente inferiores a las tropas del coronel Quintanilla.
Sin tregua, luchó en la batalla de Chacabuco bajo las órdenes del general Juan Gregorio de Las Heras. Asimismo, bajo su mando hizo la campaña del sur de Chile, combatiendo en Gavilán, en el asalto a Talcahuano del 6 de diciembre de 1817 y en Cancha Rayada. En ésta última batalla, fue herido en la mano, por lo que no pudo combatir en la batalla de Maipú, más allá de que estuvo como estratega en el campo.
Sin embargo, detrás de su herida hubo otra historia. En Chile, Mariano Necochea tuvo un tórrido romance con la joven Josefa Sagra, a la que había conocido después de la batalla de Chacabuco. Ella era la esposa del sanguinario oficial realista, el coronel Antonio Morgado, quien apenas tuvo la oportunidad vengó su situación disparando a quemarropa contra Necochea. Mas quiso la suerte que la bala impactase en su mano. Esa herida sería el motivo por el cual el bizarro porteño no pudo participar con la fiereza que hubiera querido en Maipú. La cicatriz quedaría como un galardón más dentro de su físico privilegiado, recordándole otro de los tantos corazones conquistados.
Por su comportamiento, en 1818, fue promovido a coronel graduado. También obtuvo la condecoración de la "Orden del Mérito", en Chile, donde permaneció hasta el comienzo de la campaña independentista al Perú. Fue de los primeros firmantes del Acta de Rancagua, en que los oficiales del ejército expedicionario confirmaban en el mando a San Martín.
Al morir asesinado el coronel Morgado, su viuda Josefa viajó al Perú para encontrase con su amado Mariano Necochea. La relación amorosa de ambos estuvo interrumpida por los múltiples compromisos de guerra de Mariano, sin embargo, a pesar de ello, Josefa le demostró una lealtad y fidelidad apasionada acompañándolo y permaneciendo a su lado siempre.
Poco después de desembarcar en Paracas, fue el segundo del general Juan Antonio Álvarez de Arenales en las dos campañas de la Sierra, y luchó en las batallas de Nazca y Cerro de Pasco.
Fue promovido a general de brigada el 2 de diciembre de 1821 durante el sitio del Callao, y quedó al mando del Regimiento de Granaderos a Caballo. Tras la retirada de San Martín, quedó en el Perú a las órdenes de Simón Bolívar.
El 12 de septiembre de 1823 se fundó la Logia masónica "Virtud y Unión N°3", en Lima, de la cual Necochea se convirtió en su primer Venerable Maestro.
Poco después, en febrero del año siguiente, Simón Bolívar lo designó gobernador de Lima (tuvo como secretario general de gobierno a Tomás Guido).
El 6 de agosto de 1824, Necochea fue uno de los dos jefes de la caballería argentina en la batalla de Junín, combate heroico en que sólo hubo participación de la caballería. Fue él quien inició el ataque, pero fue seriamente herido y cayó prisionero de los españoles.
La victoria fue posible gracias a la división de Manuel Isidoro Suárez, el otro jefe argentino quien lo rescató muy malherido. Dada la gravedad de su estado, no pudo participar en la que sería la victoria definitiva en la batalla de Ayacucho.
Simón Bolívar hizo constar en el parte su heroísmo, por lo que fue ascendió a general de división. Como resultado de las diversas heridas recibidas, que incluso lo llevaron a perder parte de su brazo izquierdo, Necochea quedó temporalmente inválido.
A pesar de sus dificultades, fue designado director de la Casa de Moneda de Lima por parte de Bolívar. Sin embargo, sin razones, quedó envuelto en la trama de una conspiración que lo acusó de participar en una conjura opositora y como consecuencia de ella cayó en prisión. Nada pudo probársele porque era extraño a ese suceso, pero decidió abandonar el Perú, no sin antes devolver los despachos de general y algunos valores que poseía.
Mariano Necochea regresó a Buenos Aires y permaneció junto a su esposa María Dolores Puente. Sin embargo, convivieron apenas unos pocos meses, pues no había manera de recomponer una relación tras doce años de haber vivido separados a pesar de hallarse unidos en matrimonio.
El presidente Rivadavia le confió el mando de las fuerzas de reserva reunidas en Buenos Aires. Lo nombró además coronel del cuerpo de voluntarios denominado "Húsares defensores del honor Nacional", el 20 de diciembre de 1826.
Necochea insistió para formar parte de la campaña de la Guerra del Brasil, sin embargo, el Presidente se lo negó (tal vez para resguardarlo). Ofendido por esta actitud, Necochea regresó al Perú, donde participó en la Guerra grancolombo-peruana comandando la caballería peruana en la Batalla del Portete de Tarqui.
Tras la caída del gobierno de Bernardino Rivadavia, volvió a Buenos Aires, donde solicitó un puesto en el ejército de operaciones, pero el gobierno se contentó con dárselo en la frontera sur, lo que declinó.
Ante un confuso episodio sobre el cual no se ha podido echar luz definitivamente, fue sancionado por el gobernador Manuel Dorrego por entender éste que Necochea había pretendido volcar una elección en favor de los unitarios.
Poco después, apoyó al general Juan Lavalle en la revolución de diciembre de 1828, pero no tomó parte en la guerra civil que siguió.
Abandonó Buenos Aires a fines del año siguiente, poco después de la caída de Lavalle. Tras pasar un tiempo entre Montevideo, Chile y Bolivia, regresó al Perú en 1831 -gracias a una ley de amnistía-, donde finalmente Mariano contrajo matrimonio con el gran amor de su vida, Josefa Sagra, con quien compartiría el resto de sus días.
Necochea volvió a ocupar la dirección de la Casa de la Moneda. Al estallar la guerra en ese año, el gobierno le dio el mando del ejército, y en ese carácter marchó sobre la capital donde se encontraba el presidente Luis José Orbegozo.
En 1834 se le confirió la más alta distinción peruana, el grado de Gran Mariscal.
Víctima por tercera vez de la proscripción, durante la Confederación Perú-Boliviana -dirigida por Andrés de Santa Cruz-, se vio obligado a refugiarse en Chile, donde pasó serias dificultades.
Tras la derrota de Santa Cruz en la batalla de Yungay pasó a Montevideo.
A principios de 1840, como parte de la campaña contra los federales, el presidente uruguayo Fructuoso Rivera lo envió a Entre Ríos, a recoger (léase robar) algunas vacas para alimentar su ejército.
Disconforme con el rumbo que tomaban los acontecimientos en Montevideo, regresó al Perú y fue repuesto en sus grados y honores. Asimismo, volvió a ocupar la dirección de la Casa de la Moneda.
Desde fines de 1845, los padecimientos de Necochea, ocasionados por una grave enfermedad pulmonar como consecuencia de viejas heridas fueron permanentes. En 1848, se estableció en una casa del entonces caserío de Miraflores, donde falleció el 5 de abril de 1849.
Al conocer las autoridades su deceso, el Ministro de Guerra dispuso que una parte del Regimiento de Lanceros de Torata marchase a rendirle honores durante su velatorio. Sus restos fueron embalsamados e inhumados en el Cementerio de Lima.

El pueblo de los masones

En las Provincias Unidas del Río de la Plata, una década después de la Revolución de Mayo comenzaron a asentarse en el Sudeste de la provincia de Buenos Aires las primeras estancias, lo que dio origen a la fundación de pueblos y permitió la creación de varios partidos.
El proyecto del Poder Ejecutivo Provincial -a cuyo frente se hallaba Mariano Saavedra-, se convirtió en la Ley N° 441, del 19 de julio de 1865. Por ella crearon los partidos de Necochea, Castelli, Tuyú, Ayacucho, Balcarce, Tres Arroyos, Arenales, Rauch, 9 de Julio y Lincoln. El decreto reglamentario del 31 de agosto estableció, además de los nombres de los diez partidos recientemente creados, los límites precisos de los veintisiete partidos en que había quedado dividida esa parte de la Provincia.
En aquellos años los malones causaban estragos con sus tropelías, y robaban mujeres y ganado de los poblados. Pero esto no amedrentaba a los pobladores que pretendían alcanzar estabilidad en la llanura bonaerense donde además poder producir y desarrollarse comercialmente.
Tanto el comandante de Guardias Nacionales Ángel Ignacio Murga, que se hallaba afincado en Cristiano Muerto, como el juez del paz del partido de Necochea, Victorio De la Canal, que se había establecido en su estancia "San Cayetano", deseaban fundar un pueblo que nucleara a los hombres y mujeres que transitaban los médanos y la llanura, cercanos al paso de indios. La creación del Partido había sido un paso importante para la concreción del sueño de estos hombres, sin embargo, aún faltaba una ciudad que sirviera de cabecera, donde los pobladores de la región pudieran reunirse no solo para salvaguardarse de los feroces malones, sino también para trabajar en beneficio del conjunto.
El naufragio de la embarcación "El Filántropo" frente a las costas de Médano Blanco, hizo que Murga y De la Canal tuvieran medianamente hallando el camino, pues un importante número de pobladores afincados en el campo de Nicanor Duarte, sobre la franja costera en que se sucumbió la embarcación, se acercó al sitio del naufragio para prestar ayuda. Vale remarcar un detalle que tal vez Murga y De la Canal hayan percibido como un buen presagio pues ellos -incluido otro importante vecino, Pedro José Iraola, quien también estaba interesado en la concreción del ansiado proyecto-, formaban parte de la Logia masónica Sol Argentino N° 160. En ese sentido, la masonería se define a sí misma como una institución discreta de carácter iniciático, no religiosa, filantrópica, simbólica y filosófica fundada en un sentimiento de fraternidad, cuyo objetivo es la búsqueda de la verdad y fomentar el desarrollo social y moral del ser humano, además del progreso social.
La reunión solidaria de hombres del lugar y los atribulados marinos estimuló a Duarte a requerir el asentamiento de una cabecera de Partido. El petitorio fue rubricado por Murga y De la Canal, y este último hizo las gestiones oficiales para la creación de un núcleo que sirviera para armonizar el crecimiento poblacional de la zona
La burocracia, malhechora arraigada en las costumbres argentinas desde antaño, los permanentes malones y el temor de los pobladores que no lograban aglutinarse, hicieron que los trámites se estancaran durante seis años. Recién hacia 1877 la cuestión pareció reencausarse, cuando el proyecto fue tratado en la estancia de Luis de Ferrari, en una reunión organizada por Ángel Ignacio Murga.
En cercanías del Arroyo Zabala comenzó a tejerse el sueño tan ansiado, que despertó el interés de los doctores Dardo Rocha y Aristóbulo del Valle. Ambos eran hombres de la política ligados al poder central, lo que alentaba a los vecinos a la pronta resolución del problema. Pero surgieron otros inconvenientes.
En octubre de 1877 se votó en la Cámara de Diputados bonaerense la Ley 1131 mediante la cual se dispuso la adquisición por compra, permuta o expropiación, de 4 leguas cuadradas pertenecientes a Eustoquio Díaz Vélez. Las tierras abarcaban la ribera del río Quequén Grande por el lado Este y el mar hacia el Sur advirtiéndose que debían ser tierras fértiles y libres de médanos y arenas.
Tras la aprobación de la Cámara de Senadores, a instancias del doctor Roque Sáenz Peña, presidente del cuerpo, que evaluaba la compra en 4000 pesos moneda nacional, llegó el tiempo de las objeciones.
El propietario del campo, Díaz Vélez, que tenía fuertes vinculaciones logró introducir numerosos cambios a la venta de tierras. Redujo de 4 a 2 leguas cuadradas la superficie del nuevo pueblo. Y puntualizó, por cambios en la ley 1213 dictada en septiembre de 1878, que la tierra sería obtenida por expropiación.
El conflicto se agravó con el cambio de autoridades nacionales. Y el decreto de expropiación benefició a Díaz Vélez, quien ejercía el derecho a vender los solares, quintas, y chacras que resultaran de la expropiación, hasta tanto el Estado le abonara el importe resultante de la citada maniobra.
Murga no se dio por vencido y se opuso al decreto gubernamental, sostenido por Manuel Goche y Enrique Moreno, presidente y vice de la nueva cámara legislativa. La caída del entonces gobernador Carlos Tejedor y el triunfo de la fracción opositora llevaron al Ejecutivo al doctor Dardo Rocha, lo cual fue aprovechado por Murga. Éste último consideró como punto de estrategia que el flamante Gobernador integraba la Logia Constancia N° 7, lo cual posibilitó un entendimiento inmediato y fructífero entre Hermanos (como se denominan entre masones).
Las gestiones llegaron a buen puerto. La Legislatura hizo efectiva la correspondiente ley y dispuso los gastos pertinentes. Así es el 8 de junio de 1881, el Poder Ejecutivo Provincial encomendó al agrimensor José María Muñiz la tarea del trazado de la planta urbana y sus aledaños.
El 4 de septiembre de ese año comenzó la tarea, y estuvo terminada el 11 de octubre. El 12 de octubre de 1881, con viento y sol, se izaba la Bandera Nacional en el palo mayor de "El Filántropo", que se convirtió de esta manera en el primer mástil de la plaza central "Dardo Rocha". Después de tantos periplos, quedó fundado el pueblo de Necochea.
Bajo una carpa montada en el lugar se desarrolló una gran fiesta popular con asado con cuero y pirotecnia. En el plano de las formalidades, se redactó el Acta de Fundación, con rúbrica de Ángel Ignacio Murga, presidente de la Municipalidad del pueblo, De La Canal y otros miembros municipales y secretarios de acta. La misma fue redactada aquél día de la "Era Vulgar" (denominación masónica), y se estamparon en ella múltiples firmas con tres puntos en triángulo, anhelando que "Fiat Lux" (Hágase la Luz) sobre los hombres, invocando la protección masónica del Gran Arquitecto del Universo (G.A.D.U.).


Para culminar…

En 1949, al cumplirse el centenario del fallecimiento de Mariano Necochea fue declarado prócer del Perú y sus restos fueron trasladados al "Panteón de los Próceres", con las pompas que correspondían a su alto merecimiento histórico ostentando el título de Gran Mariscal del Perú.
El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Arenales, la cual conserva su nombre primigenio desde que fuera bautizada hace ciento treinta y cuatro años, homenajeando al pueblo homónimo y al mismo tiempo en reconocimiento al valiente patriota que luchó incansablemente por conservar la unidad de los territorios independizados de la corona española.


LA LOGIA SOL ARGENTINO N° 160 Y EL PUEBLO DE NECOCHEA

El nacimiento de la ciudad de Necochea tiene la marca inconfundible de la Masonería. La simbología de los "Hermanos Masones" se encuentra inscripta en las construcciones, los diseños y aplicaciones de edificios de gran significación en la ciudad. E inclusive, el nombre mismo del pueblo homenajea al destacado masón Mariano Necochea, quien entre tantos méritos militares, fuese el primer Venerable Maestro de la Logia "Virtud y Unión N° 3" de Lima, Perú.
Desde sus inicios, la ciudad bonaerense estuvo regida por "la escuadra y el compás", símbolos principales de la Orden, que se pueden apreciar en el cuadro de la fundación que se halla preservado en el Museo Histórico Regional.
El Acta de Fundación de Necochea reza: "Los hermanos de los tres puntos declaran oficialmente fundado el pueblo de Necochea, invocando para este acto el nombre de G.A.D.U. fuente de todo poder y progreso, y concediendo la petición de algunos vecinos poniendo bajo la advocación de María del Carmen".
Las siglas remiten al Gran Arquitecto del Universo, origen de la verdad, principio y causa de todas las cosas para los masones. Los Hermanos se nucleaban en la Logia Sol Argentino N° 160, de la cual Ángel Ignacio Murga fue Gran Maestre.
Muchos símbolos de la Logia se encuentran dispersos por diferentes lugares de la ciudad. Sólo se hallan velados para aquellos que sepan mirar con otros ojos… Vale destacar sucintamente: la Iglesia Santa María del Carmen (cuya culminación fue una donación de la Logia) y algunos vitrales dentro de su cúpula principal; el frente del Cine Teatro París; la orientación hacia el poniente del monumento de Mariano Necochea, ubicado "casualmente" en la Plaza Dardo Rocha (otro destacado masón); los símbolos que se encuentran en la esquina de Santurtún (calles 57 y 60); la coincidencia numerológica de ciertas esquinas o los frentes de diversos hogares que fueron edificados por la gran familia de masones que fundó el pueblo.
El Templo con el que contaba la Logia Sol Argentino Nº 160, estaba ubicado en la calle 57, entre 62 y 64.

AGRADECIMIENTOS Y FUENTES

- Muchas gracias a Norma Iglesias por el enorme apoyo.
- Gracias a Estela Tumminaro del Honorable Concejo Deliberante de Azul.
- Gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.
- Gracias a Calita, Yesica, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública "Monseñor César A. Cáneva".
- Hemeroteca de Azul "Juan Miguel Oyhanarte".
- Alcibíades Lappas. "La Masonería Argentina a través de sus hombres". (1958). Edición del autor. Buenos Aires.
- Isidoro Ruiz Moreno. "Campañas militares argentinas". (2004). Emecé. Bs. As.
- Alberto Sarramone. "Historia del antiguo pago del Azul". (1997). Biblos. Azul.

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El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.

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