16 de agosto de 2015
Sr. Director:
Me dirijo a Usted a los fines quiera tener a bien publicar en el prestigioso matutino que dirige la presente nota, en la que pretendo exponer un hecho desagradable que me tocó vivenciar en el Sanatorio Azul, el cual paso a relatar.
En la fecha (por ayer sábado), siendo las 12.15 horas aproximadamente, junto a mi esposa concurrí al Sanatorio Azul para hacerme atender por el médico de guardia, debido a estoy padeciendo unas dolencias físicas que en ese entonces me producían mucho malestar.
Así, una vez ingresados por la Guardia, hallándonos a la espera de ser atendidos salió de un consultorio el Dr. Castro, quien al verme a mí y a otras dos personas que también estaban esperando preguntó si estábamos para la Guardia, a lo que le respondimos afirmativamente, manifestándonos el médico, en forma textual, lo siguiente: “Van a tener que esperar una hora o más. Tengo cosas que hacer. Cuando vuelva los atiendo, si es que no estoy ocupado”.
Debo confesar que en principio pensé que el médico nos estaba haciendo una broma. Pero nada más lejos de ello, ya que se fue y nos dijo que si no queríamos esperar volviéramos recién a la hora 14.
Demás está decir la indignación que se apoderó de mí, la misma que me llevó a pensar que las cosas a veces no ocurren por casualidad. Y pensé en otros casos que han ocurrido en el Sanatorio, que son de público conocimiento, aunque tal vez esos hechos hayan sido obra del destino.
De todas maneras, este tipo de conductas como la que estoy dando a conocer ahora llevan a uno a creer que todo es más bien producto de la negligencia o la impericia; o de la falta de sensibilidad o por desinterés.
Mientras que hay médicos que verdaderamente abrazan la profesión y respetan el juramento que hacen o se van del país a salvar vidas a otros continentes a costa de arriesgar la propia; acá pasan estas cosas que ahora estoy contando.
El Dr. Castro no me preguntó, ni tampoco a la otra persona que también aguardaba ser atendida, qué dolencias teníamos o por qué estábamos ahí.
No le importó ni le interesó nunca.
Para un paciente es muy tranquilizador cuando el médico lo examina o le dice que esté tranquilo. Más allá de los medicamentos, creo que esa atención también ayuda en la cura.
Debo decir que me siento, además de indignado, avergonzado por contar en este medio con un profesional tan insensible.
Pero al mismo tiempo, estoy reconfortado. Después fui al Hospital Municipal “Dr. Ángel Pintos”, centro asistencial donde me atendió la Dra. Cecilia Menéndez Pinello.
Lo hizo con celeridad y gran profesionalismo, por lo que aprovecho este espacio para agradecerle.
Por último, sólo me queda rezar por aquellos que en alguna ocasión deban concurrir al Sanatorio Azul con algún problema serio y deban ser atendidos por médicos como el que motiva la presente carta.
Saludo a Usted muy atentamente.
Jorge Miguel
DNI: 22.360.675
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