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En Colombia, Fausto Palma sufrió algunas de las mejores caídas de su vida, lloró y se rió sobre la bicicleta, corrió un Panamericano como integrante de la Selección Argentina y obtuvo la noticia sobre lo que momentáneamente es pura ilusión: competir en el Mundial de Suiza.
Por Silvio Randazzo, de la Redacción de EL TIEMPO
Una experiencia deportiva, pero fundamentalmente una experiencia que le sirvió para testear hasta dónde pueden tensarse las emociones, la capacidad de soportar lesiones y, por qué no, alguna frustración de carrera. No es mero capricho periodístico el uso recurrente de la expresión y la idea de experiencia: Fausto Palma vuelve a ella con énfasis a lo largo de la conversa con EL TIEMPO.
Los 40 días en Colombia, el ciclista rauchense (azuleño en la práctica) lo interiorizó como algo que excede en mucho la circunstancia deportiva; es más, a lo largo de la charla con Palma –72 horas después de su retorno al país y muy pocos días antes de un nuevo despegar, ahora con rumbo Chile– es el propio corredor de mountain bike el que pareciera inducir que afrontó la competencia socolor de encarnar un cúmulo de vivencias (en apariencia secundarias) que en realidad son la savia de esta su primera incursión en suelo colombiano.
Con 21 años de edad, Fausto ha sabido fortificar sus posibilidades puramente deportivas, estirando los límites posibles de los lugares predispuestos para que él se realizara como ciclista. Ese éxito (que se distingue del que se obtiene cuando el podio le guarda un lugar) comienza a valerle la consideración fuera de las pistas, ese costado de todo este devenir en el que todavía busca curtirse. Es en esa ‘banquina’ desde donde fortalece una idea que quizá suene impropia en alguien que es joven: “Uno de la bicicleta no vive toda la vida”.
–Puede que no sea una manera adecuada de abordar la experiencia, pero de todos modos podemos intentarlo: ¿Cómo le fue al Fausto competidor y cómo le fue al Fausto persona en esta “experiencia colombiana”?
–En la parte del ciclismo, me fue muy bien. Ha sido una experiencia única, muy linda, estuve a la par de corredores muy buenos. Colombia es el segundo país del mundo en cuanto a nivel de mountain bike.
A pesar de los problemas que tuve, las caídas, al Fausto ciclista le fue, dentro de todo, muy bien. Me enseñaron muchas cosas estas carreras, e incluso de las mismas caídas aprendí muchísimas cosas; sé que tengo que pulir varias cosas que a esta altura mía, son cosas mínimas pero que tengo que pulir muy bien para que en las próximas competencias no surjan.
–¿Te tenés que ir hasta Colombia para darte cuenta de lo que es necesario pulir en tu conducta como ciclista?
–Estos errores son…cómo te lo puedo decir, corriendo acá no te llegas a dar cuenta. Podés correr acá y podés tener un error acá, no sé, que se te rompa la bicicleta. Los errores míos fueron…a ver. Mi primera caída, en Guerrero Guane -caí a 50 kilómetros por hora-, fue un error mío que no lo advertí en ese momento como error. Me caí, cosas de carrera. Después, pensándolo más en frío, me di cuenta que era mi error. Y son detalles mínimos que te pueden causar la pérdida de la carrera, como me pasó a mí. Venía ubicado segundo en la general de toda la carrera, y segundo en mi categoría. Más de 400 corredores y yo venía segundo.
En una bajada de 15 kilómetros, me faltaban cuatro curvas para llegar a un puente y ya se empezaba una subida que una vez que la hacías, se terminaba la carrera. No pensé lo que estaba haciendo, se me trabó la cabeza…A uno en carrera se le puede trabar la cabeza, pero a mí fue demasiado lo que se me trabó.
–Podríamos decir, entonces, que estos errores recién surgieron en Colombia porque la complejidad de las pruebas es definitivamente mayor ¿Es correcto pensarlo así?
–La prueba exige, el terreno exige, los competidores exigen, es un nivel muy alto y uno quiere ir por más y surgen estas cosas. Por no perder el segundo lugar bajé a fondo, me caí y perdí todo.
–De esa bajada te acordarás casi todos los días
–Desde que me pasó hasta hoy, todos los días.
–Permitámosle al Fausto ciclista que tenga su momento reivindicatorio: ¿Qué conductas deportivas le reconocés y que, tal vez, dudabas sobre si iba a poder plasmarlas?
–Lo que me sorprendió en esa carrera fue algo que, de alguna forma, me emocionó mucho. No fue en el ámbito de carrera, fue fuera de carrera. La primera etapa que termino en Guerrero Guane, mi primera competencia en Colombia, jamás pensé que me podía llegar a pasar. Terminé la etapa y los organizadores del evento vinieron y me felicitaron por mi carrera. Pero a su vez, que la prensa del lugar venga y me haga notas, que hable bien de mí, del “extranjero Fausto Palma”. Pero aparte de eso, lo que me llega al corazón es que la gente que nada tiene que ver con el ciclismo viniera pedirme una foto sin conocerme, sin saber quién soy. Eso me sorprendió muchísimo. Y así fueron los tres días de carrera.
–Sinceramente, ¿qué considerás que hiciste en carrera para lograr ese reconocimiento? ¿O se trata de mero cholulismo de la gente?
–No, no lo vi así. Puede ser que alguien quiera una foto porque soy argentino. Pero no me pareció. En carrera había gente apoyando, gritando, y yo a la mayoría lo saludaba, le gritaba también, le agradecía. Y otra cosa que rescato y se lo tengo que agradecer a la persona que logró que yo sea así, es el tema de la humildad. He visto (y no es por despreciar a nadie) a corredores de gran nivel que porque llevan una marca de ropa o porque llevan la marca de un equipo, le piden una foto y no le dan bola a nadie. En cambio yo es algo que rescaté de uno de mis primeros entrenadores, José Di Lorenzo, “La Cobra”, es que ser humilde te abre muchas puertas y te hace llegar muy lejos. Y tenés el cariño de la gente. Para mí eso tiene algo más de valor que la carrera en sí.
–Sabedor del nivel con el que te ibas a encontrar, ¿con qué anhelos deportivos viajaste a Colombia?
–Pensé en sumar experiencia primero. Después surgió la oportunidad de correr el Panamericano. Cuando me enteré que iba a poder correr el Panamericano, me cambió totalmente la cabeza. Pasó a ser mi objetivo más importante de todo este viaje.
“Seguir haciendo lo mismo pero desde otra parte” -
En parte causo algo de asombro que Palma esté considerando tan prematuramente un futuro más emparentado a lo empresarial o comercial. Cabría ver esta conciencia como un acto de responsabilidad, pero también como una singularidad para alguien que acaba de debutar en el selectivo nacional.
–Olvidate de la bici por un momento. ¿Qué impacto causó la “experiencia Colombia” en el joven de 21 años que estuvo 40 días en otro país y tuvo duras caídas, y lo reconoció el público, y se vistió de Argentina, y le dijeron que quizá compita en un Mundial?–Estos viajes a uno le abren mucho la cabeza, y en todo sentido. La forma de vivir, de tener una experiencia nueva, de planear ciertas cosas, ya que uno sabe -yo lo sé- que de la bicicleta no va a poder vivir toda la vida. Y estos viajes te abren mucho la cabeza para ver que podés llegar a tener otros emprendimientos, y que el día de mañana puedo llegar a seguir haciendo lo mismo pero desde otra parte.
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¿Estás hablando de un rol vinculado a lo comercial y empresarial dentro del ciclismo? –Puede ser, sí, algo más cercano a lo comercial. Traje varias ideas desde Colombia, hice muchos vínculos. Uno de la bicicleta no vive toda la vida.
–
¿Vos lográs el solvento económico necesario con tu desempeño como ciclista? –A ver…sí y no. Estoy corriendo para el equipo español Corvi Equipaciones, pero sé que de la bicicleta toda la vida no voy a vivir; al contrario, la bicicleta vive de nosotros. Nosotros es todos los días es comprar una cadena, una cubierta, comprar un asiento, si te caés y rompés una horquilla hay que comprarla, la indumentaria también. Y después todo lo que es viajar hasta las competencias.
Si viene un equipo y me da 5000 dólares por mes, ahí sí podés vivir bien de la bicicleta. A mí Corvi me paga inscripciones, me paga algunos viáticos, pero no es que vivo de eso.
–
¿Corvi te reconoce como una suerte de representante oficial en Argentina?Yo soy representante oficial de Corvi en toda la Argentina. A mí me favorece muchísimo todo esto, igual que a la gente de España. Yo debo relacionar todo para que el equipo sea cada vez más conocido, para que la indumentaria que usamos sea más reconocida. Colombia me sirvió mucho para eso: para ideas, contactos, proyectos.
El año pasado, desde España me traje muchas ideas, pero no sabía si concretarlas o no. Y ahora, todo este tiempo en Colombia, hablando con amigos también, es como que las terminé de confirmar a esas ideas, las quiero concretar.
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¿Esas ideas que surgieron en contextos internacionales, dónde serían aplicadas, en Azul? –Una de esas ideas es armar un equipo. Yo estoy armando el equipo Corvi Argentina, un equipo de corredores de mountain bike. Selecciono todo yo y me encargo de todas las gestiones. Un equipo que va a tratar de correr carreras nacionales y también algunas internacionales. Me incluyo porque voy a estar corriendo también, más allá de todas mis otras tareas.
Quiero que los corredores recorran toda la Argentina y países vecinos y tengan experiencias nuevas, que tengan la posibilidad de vivir experiencias como las que viví yo. También buscaremos hacer conocida la marca y hacer lazos de comercio de indumentaria. Si todo anda bien, yo creo que un mes el equipo va a estar confirmado y ya estaremos corriendo.
LA CHANCE DE MUNDIAL -
–¿De momento seguís integrando la selección nacional? ¿De qué manera se sostiene esa vinculación? –Estoy integrando, de alguna forma, la Selección Argentina. Sigo compitiendo para la selección, en las carreras internacionales tengo que usar la indumentaria de la selección. Tenemos algunos beneficios que nos ayudan en algunas cosas, algunos viajes, tenemos más posibilidades que en otras carreras. En Colombia estuve hablando con el delegado de la Selección Argentina y me comentó de la posibilidad de ir al Mundial de Suiza. Me dijo que hay posibilidades de ir a correr, pero nos queda hablar con el director (o algo así, no recuerdo bien cómo me dijo) de la Selección Argentina, que es el que debe dar el OK para que yo participe en el Mundial.
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¿Qué cantidad de ciclistas tiene el equipo Sub 23 del seleccionado?–En Colombia participamos cinco corredores en esa categoría.
–¿Cómo se integra el comando de esa selección? ¿Tiene su Sampaoli?–Hay un coach, hay masajista, hay mecánico. El director técnico es Sebastian Quiroga, y en los días previos a la competencia es quien nos explicaba sobre las carreras, “es por acá que deben ir”, el tema de los saltos, cómo acomodar el cuerpo o la velocidad. El director técnico es el que nos hace las tácticas de carrera.
“QUIERO PASAR LA META” --
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“Formé parte, estoy formando parte, de la Selección Argentina de Mountain Bike –explica Fausto Palma, entusiasmado al referirse como parte del conjunto albiceleste–.
Por otro lado, la experiencia de una carrera donde participan los mejores corredores de todo el continente americano. Recién ahí yo podía saber cómo realmente estaba a nivel de mi categoría. En el ámbito del mountain bike, las categorías fuertes son Sub23-Elite y algunas categorías Master”.–
¿Cuál es la conclusión más cruda a la que llegaste respecto a tu nivel?–No tengo necesidad de mentirte ni de mentirme a mí mismo. Estoy bien, aunque sé que tengo que mejorar muchas cosas. Lo más importante es que mientras venía en carrera en el Panamericano, yo venía dentro del Top 20, entre los 20 mejores del continente.
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¿Ahí qué pasó? ¿Hubo una caída también?–Sí, ahí me disloqué el dedo. Justamente este dedo (muestra el mayor de su mano derecha, el dedo “fuck you”). Cuando me preguntaban cómo estaba mi dedo, yo les decía “así está” y les mostraba (se ríe).
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¿Tu conclusión, y puede sonar muy rimbombante, es “soy competitivo a nivel continental”?–Yo me vi así, aunque suene a mucho. Me queda mucho por mejorar, obviamente, pero sé que a nivel de mi categoría ando muy bien. Sacando que tuve la gran caída…
–
¿En ese momento se terminó el Panamericano para vos? Me habías contando que pugnaste por seguir pero no lo conseguiste.–Fue una caída dura. Los días anteriores había llovido mucho y se habían hecho unos huellones muy grandes. Te tragaban casi la mitad de la rueda. Veníamos bajando y antes de entrar a un peralte de madera, venía fuerte y la rueda delantera se me clava en un huellón. Logré acomodar la bicicleta, pero cuando reacciono, la rueda trasera la traía un metro en el aire; saco la rueda delantera del huellón y me empezó a picar, a hacer patito.
Antes del peralte, si no recuerdo mal, había dos palos de bambú con un metro de separación entre sí y había un barranco de cuatro metros para abajo.
–
¡Había que pegar contra los palos!–(Risas) Es que si yo me iba por el barranco, o me quebraba las piernas o me quebraba los brazos o algo mucho más feo me iba a pasar.
–
¿Dónde terminaste?–Terminé abrazo al bambú (risas). Me venía picando la bicicleta y pensé: “O me abrazo al bambú o me hago mierda, me mato”. Solté el manubrio, me abracé al bambú y me pegué un golpazo en el hombro. Me agarré con un solo brazo y cuando caigo al piso, la mano pega de punta contra el suelo. Mitad de la bici quedó en el aire sobre el barranco. Antes de sacarme el guante veía que la mitad del dedo apuntaba para un lado y la otra mitad, para el otro. En zig-zag.
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Fin del Panamericano para Fausto.–Venían los paramédicos y me gritaban “¿Argentina, Argentina, estás bien?”. Venía la Cruz Roja con camilla y yo que le decía “no, no, voy a seguir”. Soy aguerrido, soy duro para las caídas. El número se había salido, estaba caído. Levanté la bici, la miré como pude, vi que estaba bien. “Aunque sea quiero pasar la meta”, le dije al paramédico. Me puse el número entre los dientes y me subí a la bicicleta. Venía detonado. Por momentos lloraba, por momentos apretaba más los dientes, en otros me reía porque lograba seguir corriendo.
Cuando ya me iba acercando a donde estaba realmente toda la gente, me vieron así, yo venía con la mano colgando de la remera y el número en la boca, todo lastimado; antes había pasado por una zona donde había unos amigos y me gritaron, me dieron mucho aliento. Desde ese lugar hasta que llegué, venía llorando como un nene. Crucé la meta y no pude seguir más; le dije a los jueces que no podía continuar, que tenía que abandonar.
–¿Ya definiste si merced a ese final no deseado, esta participación es gratificante o se situó por debajo de tu expectativa?–En un primer momento me sentí muy amargado, lloré. Fue una cosa de carrera por lo que no pude seguir. Después, al pasar las horas, me puse a pensar todo y esto me da más fuerzas y para el próximo año sé que tengo que entrenar y mejorar el doble para esa carrera.