22 de abril de 2018

. VIDA CIRCULAR


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En las entrañas de una oscura galería céntrica, el Círculo de Ajedrez de Azul lleva una vida austera pero infatigable. Guillermo Walder, su presidente en tercer mandato, habló con EL TIEMPO y sin llegar al jaque mate, hizo todas las partidas posibles para contar sobre esta institución a propósito de la cual, lo imperioso es decir que “estamos vivos”.
Por Silvio Randazzo, de la Redacción de EL TIEMPO
 “Que inventamos nosotros…bah, que robamos nosotros”. Es lo primero que se le escucha decir en la extensa grabación de la entrevista con EL TIEMPO a Guillermo Walder, presidente del Círculo de Ajedrez de Azul. Ese sinceramiento, en este primer caso para referir a un sistema interno de libros personalizados donde cada asistente a la escuela del Círculo iba dando cuenta de su proceso de aprendizaje, subyace en toda la entrevista. Como cuando dice que el CAA es apenas un club de ajedrez (“si existimos, existimos y si no existimos, Azul no se muere, no pasa nada”)  o bien cuando se resigna y confiesa: “Cuesta ser democrático, cuesta trabajar por la idea de otro”. Y si en todo caso no llegare a tratarse de sinceridad de máxima pureza lo que en el devenir de la conversa emerge, al menos se trata de mucha franqueza, poco común, por parte del dirigente, esa que mucha veces trae bajo el brazo el ‘pan’ de hacer olvidar a los participantes de la misma de que se está en ‘situación de entrevista’.
Un jueves por la noche en la sede del Círculo –el local 10 de la Galería Paseo del Azul–, el dirigente prepara el mate y propone la charla junto a la biblioteca. En torno a nosotros, un viajero en moto comienza una partida con un anfitrión (“llamó desde Reta y consultó por la posibilidad de jugar y de hospedaje”, comenta Walder); más allá, una nena y un nene, que un rato antes habían ingresado a la galería en bicicleta, ingresan a la sede y consultan sobre la chance de jugar un rato. Un atardecer de peculiaridades en el corazón de una manzana céntrica mientras afuera, una vuelta al perro que no dice tanto como esos pequeños grandes sucesos.
“Nosotros hicimos una nota en el diario (con Sandra Adam, hace unos 4 ó 5 años) y allí planteamos un montón de objetivos. Esos objetivos se cumplieron, es decir: estamos vivos, estamos en la sede, logramos armar los torneos, mantenemos los títulos oficiales, estamos federados en la Federación Argentina”.
 
–No sé si es el término correcto, pero ¿podemos hablar de otra validez en los títulos que otorga el Círculo al cabo de cualquier competencia?
–(No parece acordar completamente). Se podría…se podría decir que sí. De igual manera, los jugadores federados pueden entrar a un certamen sin haber pasado por acá. No es como Piazza, que gana la liga para ir a jugar lo otro. En este caso, con estar federado alcanza. Para federarse sí necesita de un club, pero sigue siendo un título individual: vos no terminás diciendo “Yo soy jugador de”. El que sale campeón son vos. Es casi como el tenis.
–¿Para poder federar a un jugador, se trata tan solo de estar vinculado con la Federación Argentina?
–Mantenemos al Círculo con los papeles al día, con la Personería Jurídica, como entidad de Bien Público, no recibimos nada de la Municipalidad ni de ningún Estado, ningún subsidio ni nada por el estilo. Nos mantenemos por el aporte de los socios…estamos en los 30 socios.
–Una cifra ínfima
–Sí, son muy pocos. Si vos sacás la cuenta en base a esos 30, ningún economista daría… ¡o nos llamaría para que manejemos la economía! Porque con tan pocos recursos, todo lo que hacemos, todo lo que logramos. Lo que nosotros tenemos es colaboración de la comunidad; nos ven de una forma simpática, nos ven como que no molestamos a nadie. No somos una entidad, una institución fundamental, no somos la Cooperadora del Hospital, somos un club de ajedrez: si existimos, existimos y si no existimos, Azul no se muere, no pasa nada. No somos Fanazul, que cierra es un problema. Cierra el Círculo de Ajedrez y cierra el Círculo de Ajedrez. Habrán cerrado otras instituciones y ni cuenta nos dimos.
–Es bueno tener esa conciencia para un contexto macro, de ciudad. Pero en otro ámbito, si se quiere reducido, el Círculo sí tiene su valor.
–Totalmente. Si veríamos que un chico, entre que esté dando vueltas en la plaza (ni hablar de drogas o delincuencia) o si puede acercarse a un deporte, el que sea, sería importante.
 

De personalismos e idiosincrasias   


Walder se reconoce como figura dominante en el devenir institucional diario del Círculo. Dispone en el paño de la conversa los aspectos que más lo edifican como dirigente y aquellos que, a los ojos de cierta perspectiva ética, podrían generar algo de escozor: los que lo sugieren personalista.
“Yo fui reelecto dos veces como presidente del Círculo y lo peor es que no tengo posibilidad de salir, y tengo mucho miedo. En lo personal yo no quiero que una persona se enquiste en un lugar y esté siempre así. Soy el presidente pero soy el portero, soy el primero que llega y el último que se va, soy el que consigue las cosas, el que prepara el mate, el que hace todo el mantenimiento. Lo hago con gusto, no es para echarlo en cara; los demás muchachos están, acompañan y van haciendo su rol como pueden.
El riesgo de ser muy personalista está. Ha habido casos de presidentes que eran muy personalistas, que hicieron las cosas como ellos querían y la han llevado adelante. Ponerle otra idea a esas personas iba a ser muy difícil; estamos hablando de una institución que tiene casi sesenta años”.
–¿Hasta dónde ese personalismo dirigencial es hijo del personalismo de la práctica del juego? La necesidad de tenerlo todo bajo control en soledad.
Pero poquitito. Somos un poco así. Convencido de que esa es la mejor forma. Cuesta ser democrático, cuesta trabajar por la idea de otro. En la Comisión somos nueve personas y si la elección sale 5 a 4, ¿cómo hago para que esos 4 que no ganaron trabajen para el club? Entonces, lo mejor es hablarla, hablarla, hablarla hasta llegar a un punto en que todos pusieron algo; no saben si pusieron el 10%, el 25% o el 50%, pero todos pusieron algo.
Todo el mundo quería libros, ¿no? Un día hicimos la biblioteca, pero dijimos vamos a hacerla por donación. Que donen plata. Un proveedor que vende material de ajedrez nos hizo un listado de libros y hoy tenemos 40 libros específicos de acceso libre para todos los socios. La donación no tenía que ser lo que sale el libro. Si vos me donabas 50 pesos y el libro salía 400 pesos, bueno, a partir de ahí me estaba costando 350.
–¿Esa es una idiosincrasia que específicamente ha sabido delinear el Círculo? Aunque pueda serle contraproducente.
–Esas cosas costaban mucho de hacer entender, por ejemplo, que la biblioteca no iba a ser de uno porque haya puesto dinero. La biblioteca es del Círculo, de todos los socios. Yo tengo un sentido muy democrático, de preguntar siempre, exijo que en la comisión haya minorías…minorías, gente que piense totalmente distinto. No armo la comisión yo para que estemos afín, trato de hacerla funcional. Un vicepresidente que pueda representar… Por supuesto que te dicen “dejame de joder, poneme al fondo”. Es lo primero que te dicen: ‘te acompaño pero no quiero estar’.
 

“Que venga la familia al Círculo” 


“Nuestro ingreso anual el año pasado, fue de 17.000 pesos, un poco menos. ¡No da para nada! No daría para pagar un alquiler ni para hacer grandes inversiones. Buscamos no tener gastos. Te doy un ejemplo: cuando hacemos asamblea, el aviso en el diario tiene un costo. ¿Qué hacemos nosotros? Mandamos una carta a cada socio. Son 30 personas: alguien sale en bicicleta o como sea, va y reparte casa por casa la notificación de la asamblea. ¡Obvio que no viene nadie a la asamblea! Gracias a que traemos empanadas para después de la asamblea, algunos vienen (risas).
También hicimos peñas. Las peñas tuvieron una función, aunque después se desvirtuó. ¿Cuál era el objetivo de la peña? Que venga la familia al Círculo”. Uno de los anhelos que aún sostiene Guillermo Walder pasa justamente por saber cómo sumar personas al CAA, y no precisamente en el exclusivo rol de ajedrecistas.
 
–¿Por qué no se da tanto la participación de la mujer en el Círculo?
–A través de las peñas venían las mujeres. Capaz que ninguna juega al ajedrez y ni siquiera se hacían socias. Nosotros le decíamos que sin necesidad de ser socias, si deseaban que nosotros comprásemos otros juegos, que lo íbamos a hacer. Si había que comprar buraco o dominó, se compraban, ningún problema. Lo importante era que todas se sintieran integradas al Círculo. ¡Y no necesito que me pagués la cuota de socio por mes! Porque vos, de alguna forma, me vas a conseguir un contacto.
–¿Les ha sido beneficioso manejarse con eso que llamás “los contactos”? Una suerte de cadena de favores.
–Mirá, nosotros estamos en esta galería donde no pagamos alquiler, gracias a un contacto. Estábamos en Alumni…agradecidos Alumni por el tiempo en que estuvimos. Cuando nos tuvimos que ir de Alumni, salimos a buscar un lugar que no nos obligara a armar y desarmar todo a cada rato. Aunque si había que hacerlo, lo íbamos a hacer. Un contacto dice “hablé con tal, que tiene un local y está desocupado”. Lo reformamos, gastamos los ahorros que teníamos y estamos.
–¿Qué desarrollo de competencia, de torneos, es el que tienen previsto para los próximos meses?
–Todos los años armamos un calendario deportivo, que queda establecido a comienzos de año. Está anunciado todo en ese calendario: las reuniones de comisión, están anunciadas las peñas y, por supuesto, los distintos torneos. Tratamos de sacar dos campeones: el campeón de partidas rápidas, partidas que se juegan a 15 minutos, a 10 minutos o a 5 minutos de reflexión por jugador. Hacemos seis torneos de esa modalidad, y los cinco mejores de esos torneos juegan por ver quién es el campeón.
Y después está el Torneo Pensado. Hay campeón y subcampeón del año pasado que están clasificados para el torneo Mayor, y también hay torneos clasificatorios. Se juega a noventa minutos más treinta segundos por movida. Son partidas que duran 3, 4 horas fácilmente.
Se usa el Sistema Suizo y clasifica jugadores al torneo Mayor, clasifican los mejores.
–¿Son torneos de desarrollo anual?
–No, este año está armado en un mes, este año el Mayor se juega en el mes de septiembre. Necesitábamos más fechas y septiembre no tiene feriados. Cuando pensamos la competencia, vemos de hacer dos o tres semanas seguidas y una o dos de descanso. Descanso significa que el Círculo está abierto martes y jueves y vienen a jugar por jugar. Siempre están jugando por jugar en realidad: cuando hacemos la peña, vienen y juegan; cuando hacemos la cena de fin de año, que es donde se hace la entrega de premios, vienen a jugar, comemos y vuelven a jugar.
EL DATO  
Los campeones oficiales actuales del Círculo de Ajedrez de Azul son Jorge Baldini (Torneo Rápido) y Yago Díez (Torneo Pensado). Para contactar a los integrantes del Círculo, por Facebook en Círculo de Ajedrez de Azul; por celular al 2281-542488 o bien en Yrigoyen 481, Paseo del Azul, local 10.


“ES UN LOGRO QUE EL CÍRCULO ESTÉ ABIERTO” 


 
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–En este escenario que hace a la actualidad del club, incluido su rol en la sociedad, ¿cuáles son los desafíos del Círculo en el corto plazo, más allá de sobrevivir? ¿Cuál es el próximo camino que te gustaría abordar?
–El planteo que hicimos fue lo material. Renovamos las mesas, renovamos los juegos, compramos los relojes digitales, ya que teníamos los viejos, las reliquias análogas. ¿Qué hicimos? Un proyecto para plantearnos comprar los relojes digitales, que son los que se usan en todos lados. ¡Un año tardamos en comprarlos! Eran los relojes y fueron los relojes.
Nosotros quisiéramos tener más jugadores en el Círculo. ¿Por qué no vienen? Y quizá los más viejos y perdieron el hábito de jugar…Se han perdido muchas costumbres. Quizá se perdió el hábito del vermú a última hora. Podemos decir que competimos con otros deportes y con otras actividades, con aprender inglés o guitarra. Yo no conozco de chicos, no tengo chicos. Por allá un chico estuvo frecuentando, viajando a torneos durante dos años y ese viajar dos años lleva un costo para el chico, aunque no son montos como para que el padre diga “y si me sale bueno, ¡cuánta plata me lleva!”. Me acuerdo que en la época del vóley, eso lo escuchaba seguido.
–Pero que el ajedrez no genere una atracción masiva, no es un escenario exclusivo de Azul o generado únicamente por el Círculo local. Si bien cada parte debe revisar sus estrategias de inserción.
–El ajedrez no es un deporte altamente popular. Cuando yo digo que se juega el campeonato del Mundo y que lo miro por televisión, me han dicho “¿quién televisa eso”? Bueno, lo miro por televisión en Internet. Y es interesante, y vos escuchás a los analistas y su visión del juego y te entretenés perfectamente. Siempre tenés una mesa para mirar, quizá te quedes mirando a dos tipos jugar durante 4 horas y pico, cinco horas. O sea se trasmite como se trasmite cualquier otra cosa. Antes se publicaban las partidas en los diarios y las seguíamos por ahí.
–¿Y qué estrategias plantear para que el Círculo incremente sus participantes?
–Las puertas están abiertas. No sé cuál sería –o no me da a mí la cabeza para pensarlo– el marketing para decirle a una chica “vení a jugar al ajedrez porque cuando seas campeona…”. Y no sé si se logra tampoco.
Por eso te digo que es un logro que el Círculo esté abierto y con todos los papeles al día. Por ejemplo, Olavarría tiene una Federación de Ajedrez, tiene muchos clubes afiliados y no tiene una sede. Otras ciudades…Mar del Plata tiene sede en sus clubes, tampoco tiene una propia. Acá funcionamos como club, o sea, somos una entidad de primer grado, no es Federación que agrupa clubes. Pero perfectamente está que tengamos la mesa para jugar, tenemos capacidad para veinte jugadores, es decir, son diez mesas en juego. Si vinieran más, tendríamos que salir a la vereda. Cuando estamos en Alumni teníamos seis mesas, las demás iban al pasillo y jugábamos así.


EL AJEDREZ, LA TECNOLOGÍA Y EL “GANAR”


De la misma manera que describe su dedicación al Círculo, Walder pareciera entender la dedicación a la práctica del ajedrez (él es un confeso no jugador y se vincula al ajedrez en competencia como árbitro). Y mientras habla de dedicación física a la práctica para progresar, surge en la entrevista la tecnología y su omnipresencia social: ya sea como soporte e idea de competencia ajedrecística y también el otro uso, el presumiblemente comunicativo. Y, también, hasta dónde atenta contra la pertenencia de personas a entidades como ésta.
“Acá no se puede hablar de calidad de enseñanza, no se puede hablar de nada. El jugador va a ser mejor si entrena más, no existe la palabrita mágica”, sostiene de manera enfática.
–¿Las posibilidades tecnológicas de poder practicar ajedrez por Internet, hasta qué punto condicionan la asistencia a un club?
–Hoy en día se puede jugar por Internet, es así. ¡Perfectamente podés jugar por la web y no pasar por el Circulo nunca! Me parece divino. Ahora si a vos te gusta estar cara a cara, ver los gestos del otro, sentir la presión ante cierta jugada, el saludo, te gusta el comentario del otro una vez que terminaron la partida, el análisis, todo eso que es lo que hace a una camaradería lo vas a encontrar en este tipo de lugares.
El año pasado, cuando por ahí flaqueábamos con la cantidad de gente, yo solía decir que cometemos errores naturales, errores humanos. Por ejemplo, pretender que todos seamos amigos y no todos van a ser amigos; hay gente con la que te vas a llevar peor por la forma de ser o por la ideología política.
–Un juego que es tan cerebral y, en cierta manera, tan íntimo, ¿cómo convive, al menos en el ámbito del Círculo, con tanta pantalla, tanto virtualismo constante, tantas “distracciones”?
–En los torneos está prohibido el uso de celular, pero fundamentalmente porque hay programas que analizan la partida y te puede estar diciendo cuál es la mejor jugada que podés hacer. Las partidas se publican mundialmente, entonces vos vas viendo lo que se juega y cómo se juega, de qué manera las tendencias cambian.
–(Guillermo hace una pequeña pausa y busca una suerte de reflexión final que de alguna manera sintetice la mayor razón de ser del Círculo que preside)
–¿Qué nos queda para atraer a la gente? Invitarlos a que se acerquen, a que nos conozcan, esto no es para superdotados o para una elite. Todos pueden jugar y siempre vas a encontrar a alguien para jugar, no todas vas a perder. Perderás una partida, tres o diez, pero siempre vas a poder jugar. Por allá (señala la puerta de la sede) hay un lema, una frase que dice (trata de hacer memoria), dice algo así como que “en el ajedrez nunca pierdo: o gano o aprendo”. Y si no ganás pero te entretuviste, la pasaste bien, te olvidaste de los problemas, si estás medio solo te juntaste con gente con la cual al menos tenés un punto en común, el ajedrez… Bueno, si es así, creo que ya vale la pena.
 
 
 
 

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