23 de septiembre de 2018
La simbología e intención de la muñeca en la cuna marca tan profundamente el alma femenina que se nos hace creer que "la maternidad es la realización como mujer".
Moira Goldenhörn *
Pasó otra celebración del día "del estudiante", y nos llamamos a reflexionar sobre la equidad en el acceso a los estudios superiores para hombres y mujeres (ya que no hablaremos de otras identidades por fuera del binarismo biológico), así como la ya clásica consideración de la división sexual del trabajo. Partimos de ver que, en nuestra, ciudad tenemos una gran oferta educativa en el nivel superior, universitario y no universitario...y sin embargo, los cursos son pequeños y hay una gran diferencia entre las carreras por las que optan las mujeres y los varones.
En pleno y floreciente Siglo XXI, aún seguimos viendo que, desde que nacemos, nos espera a las nenas una muñeca y a los nenes un autito en nuestros juguetes... una plancha y un revólver... un kit de maquillaje y una caja de herramientas, respectivamente. Pues bien, ¿qué se puede esperar de nosotras, las mujeres, si ya desde antes de nacer nos condicionan a eso y no otra cosa?
Simone de Beauvoir hablaba de la trascendencia y la inmanencia como dos conceptos relacionados no con la idea de ir más allá de la propia existencia sino con la posibilidad concreta de desarrollar el proyecto vital que traemos cada una de las mujeres a nuestra existencia. Trascienden las mujeres que cumplen su proyecto, y quedan mudas en la inmanencia quienes no.
La simbología e intención de la muñeca en la cuna marca tan profundamente el alma femenina que se nos hace creer que "la maternidad es la realización como mujer", y, aún para quienes no pueden ser madres, se puede sublimar ese "instinto natural" a través del trabajo, eligiendo profesiones como la docencia "la maestra es una segunda mamá", la enfermería "las mujeres cuidan instintivamente mejor que nadie de los enfermos", el trabajo social "las mujeres son sensibles", o, si no se accede a estudios superiores, también con los cuidados domésticos tercerizados porque, con el mismo prejuicio aplicado a la enfermería, "las mujeres nacemos para cuidar, instintivamente, de chicos/ancianos".
Pero las cosas no quedan allí solamente. Como "tenemos el instinto de cuidar", los trabajos culturalmente asignados a las mujeres son peor pagos que los que corresponden a los hombres, no casualmente porque se apela a esa afectividad en el vínculo que se establece en la relación laboral de la trabajadora y quienes están a su cuidado, y la supuesta abnegación en la labor, esa idea de "apostolado" que se asocia a la docencia ya desde los tiempos de Sócrates donde era mal visto cobrar por enseñar y que, conjugada con "el instinto maternal de cuidado", hacen en particular de la docencia una profesión preocupantemente femenina y mal paga.
También observamos esquemas de dominación patriarcal en los binomios de la salud médico-enfermera y cirujano-instrumentadora, en los que el hombre manda y la mujer, con menor nivel de capacitación que el hombre, le obedece.
Retomando el concepto de trascendencia beauvoireano, ¿cómo podemos asegurar que nuestras jóvenes puedan desarrollar el proyecto vital que traen consigo? O, mejor dicho, ¿qué estamos haciendo para coartar sus diversos proyectos vitales y dirigirlos, única e inevitablemente, hacia la maternidad?
Maternidad precoz cuando no hay proyecto propio, y ese gran vacío viene acompañado de la necesidad de arraigo y afecto que faltaron en la socialización primaria. Maternidad sufrida cuando se estudia y/o se trabaja y no hay espacios institucionales apropiados para acompañar la formación y el trabajo. Maternidad como condicionante para la felicidad plena cuando no llega "a tiempo"...
Por supuesto que la maternidad puede ser un proyecto de vida, pero es tiempo ya de asumir que no es el único ni debiera ser el principal para las mujeres. Las mujeres no nacemos con instinto maternal, como los hombres no nacen con instinto paternal. Tenemos una biología, las mujeres cis**, cíclica y capaz de gestar, como también tenemos piernas capaces de correr, bailar o subir escaleras de juzgados, hospitales, montañas, o bucear investigando formas de vida marina y nadie nos dice cuál de esas opciones es la única válida para nuestras piernas. Y tan terrible es ese mandato patriarcal sobre las mujeres que hasta las mujeres que no tienen útero se ven obligadas a "ser madres" por presión social recurriendo a la denigrante práctica del alquiler de vientres y compra de los bebés de esos vientres nacidos.
En este día del estudiante, nos gustaría celebrar haciendo consciente este presente de conciencia feminista, que va liberando a las muchachas de una imposición patriarcal unidimensional para que sean libres de trascender, de elegir su proyecto vital y de llevarlo a cabo, en sororidad y cooperación con las demás mujeres y los hombres aliados que construyen con nosotras un futuro habitable.
* Abogada, docente-investigadora y madre.
** Mujeres CIS: denominación dada a las mujeres que nacieron con biología femenina y su identidad de género es autopercibida como femenina también.
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