27 de mayo de 2019

LOCALES

LOCALES. Vivir en formato de circo, y ser feliz

No es la primera vez que un circo (ya sin animales) se instala en Azul. Lo diferente, en todo caso, pasa por las historias de vida que se puedan conocer de quienes integran la compañía. De ahí, entonces, el punto que fuimos a buscar en la charla concertada con cuatro trapecistas del Cirque XXI, que hoy dará sus últimas dos funciones en la carpa montada en el predio de Chacarita, con ingreso por Av. Urioste.



Fueron cuatro semanas en las que niños y adultos disfrutaron de skechtes de payasos, malabaristas, trapecistas y de acrobacias con telas. “Es como vivir entre la persona y el personaje”, dijo uno de los entrevistados, en tanto otro advirtió: “Es una satisfacción ser admirados por los chicos. Nos saludan y piden tomarse fotos”.



De las entrañas del circo



Facundo López es quinta generación de familia de circo. “La vida del circo es algo muy lindo que nos permite conocer lugares, países y regiones. No conozco otra vida que no sea esta, me crié dentro del circo. Estuve algún tiempo estable, que gracias Dios fue muy poco, en una casa o un departamento y me sentía como encerrado en una caja; no me gustó para nada”, expresó.



“Cuando entrás al escenario todo cambia. Los problemas y todo lo demás, desaparecen. La adrenalina que sentís ahí arriba es muy intensa, más cuando el público está agradable y te lo demuestra; se siente increíble. Compartir ahí con mi familia y compañeros está buenísimo”, agregó.



Para quienes trabajan sobre el escenario hay un antes y un después en el espectáculo. “Cuando se cierra el telón por ahí decidimos salir a tomar algo con los chicos. Se organizan ensayos para otros días, se guarda todo y cada uno se va para su casa (casilla rodante) y sigue la vida normal. Este año ha entrado mucha gente nueva y la verdad es que llevamos muy bien la convivencia. Nos divertimos mucho, tanto en el show como en la previa y después”, aseveró.



“Algo especial” 



Ulises Alegre, también trapecista, aseveró que “hay algo especial que tenemos los artistas”.



“De chico me dediqué a la gimnasia artística, al atletismo y soy profesor de Educación Física. De grande conocí el circo y es algo que me apasiona, forma parte de mí y no lo quiero dejar. De hecho, elijo esto a trabajar en una escuela. Es parte de mi vida y es lo que elijo desde hace nueve años. Recorrí toda la Argentina y otros países con el circo”, acotó.



Haciendo honor a su apellido, el joven aseguró que existe en la compañía compañerismo pleno. “Cuando algo sale mal rogamos que no sea algo grave, pero si alguien se golpea todos estamos disponibles para ayudar en lo que haga falta. Si no es tan grave, uno trabaja igual”, explicó.



Volver a casa 



Ariel Eguino regresó al Cirque XXI en la última temporada realizada en Mar del Plata.



“Tuve la suerte de acoplarme a este hermoso grupo que, más que una empresa, es una hermosa familia. Casi me crié en este circo siendo chico; después me fui, volvimos a tener contacto e hicimos un acuerdo para volver ‘a mi casa’”, señaló.



Eguino tuvo un claro razonamiento cuando se le planteó que a ellos algunos, por la tarea que hacen en el circo, los ven como “bicho raro”. “Nuestra oficina es cuando se encienden las luces, al inicio de la función, y una vez que se baja el telón comienza una vida normal y rutinaria como la de cualquiera: los chicos van al colegio, se atiende la casa, los que estamos encargados del material trabajamos a la mañana y a la tarde para que estén en condiciones para la próxima función. Lo distinto es que, en vez de casa con patio, tenemos casas rodantes con todas las comodidades. Es un trabajo distinto, no es una vida distinta”, definió.



Como “vendedor de distracción”, admitió que “hoy por hoy es bastante difícil que la gente se olvide de los problemas habituales”. “Eso es lo que nosotros le vendemos a la gente: distracción, alegría y adrenalina, algo que vivimos y transmitimos porque naturalizamos el peligro. Hay gente que lo vive como si fuera una odisea o algo poco común, pero nosotros lo hacemos con la mayor naturalidad posible”, amplió.



Dijo que el circo, como empresa, no está al margen de los inconvenientes que puedan tener otros emprendimientos. “La economía del país nos impacta a todos de una forma directa o indirecta. Podés hablar con cualquiera que trabaje en esta compañía y te va a decir lo mismo: tenemos la suerte de vivir de lo que amamos”, señaló, para plantear que “hay empresas que han tenido que reducir la cantidad de personal producto de la situación que está viviendo, pero nosotros siempre apostamos para seguir adelante, y por el circo damos todo”.



No piensan en el retiro 



En la charla con este matutino, Eguino advirtió que no se imagina su retiro. “El circo no es solamente el escenario. Pasada la etapa de trapecista o payaso, algunos pasan a ser publicistas, boleteros, acomodadores o a montar su propio circo. Hay trabajos en el circo que no requieren tanto de una preparación del cuerpo. Nos ha pasado de sufrir algún esguince o fisura y hemos decidido trabajar igual, sin exigencia de nadie. Tomamos analgésicos y seguimos adelante. Hacemos todo con amor porque sentimos que así tiene que ser”, aseveró.



Indicó que escuchar la risa de un chico es “totalmente vitalizante”, a punto de “dan ganas de continuar”.



“Un compañero realiza una rutina de 3 o 4 minutos y a la gente le gustó, pero detrás de esa rutina hay años de ensayos, mucho sacrificio y cosas que no son tan agradables. Lo mismo sucede con los acróbatas y trapecistas”, finalizó.





Los malabaristas, parte esencial de los espectáculos circenses. FACEBOOK CIRQUE XXI



EL CIRCO EN EL ADN



Leandro Rodríguez es nacido y criado en el circo, y forma parte de la quinta generación de una familia circense. Acredita siete años de trayectoria dentro de la misma compañía. “El circo es una vocación que la llevás incorporada en la sangre y no lo cambiaría por nada. Hasta que me de el cuerpo y pueda seguir haciendo circo, seguiré”, expresó.



Cuando se le preguntó qué sentía en la previa del inicio de su rutina, respondió: “Me relajo y disfruto. En lo que es acrobacia no pienso en otra cosa para tratar de no golpearme ni nada eso”.


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