21 de mayo de 2017
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Una década después de que Juan Latrónica fuera asesinado, el recuerdo del joven sigue vivo en su madre. “La muerte de mi hijo me sirvió para acercarme a Dios. Hasta ese momento yo no deseaba que cuando me muriera hubiera otra vida. Y hoy deseo que la haya para encontrarme con él”, afirmó.
Poco antes de las seis de la tarde de un día gris y lluvioso, Claudia Rosana Fiorenza llega a la Redacción de EL TIEMPO abrazada a una carpeta. Y cuando en la sala “Miguel Oyhanarte” de este diario ella se sienta para comenzar con esta entrevista, inmediatamente comienza a desparramar sobre el escritorio un montón de fotos que tienen como el principal protagonista -en diferentes instancias de su vida- a su hijo Juan, “el más grande de los dos que tuve, el único varón”.
Afuera, el cielo gris y esa lluvia que cae cuando el día de anteayer ya se va volviendo noche parecen acompañar, desde el costado más lúgubre y triste, una jornada que no es una más para ella.
Este viernes que pasó se cumplieron diez años desde que su hijo fue asesinado de una puñalada en la puerta del club River de esta ciudad, mientras aguardaba para ingresar al lugar en las inmediaciones, a la espera de la entrada que un rato antes un amigo suyo había ido a sacar a la boletería.
Esa noche, como tantas otras veces lo había hecho, Juan Antonio Latrónica asistió a uno de los bailes que por esa época solía organizar en el club, situado en una de las esquinas de Corrientes y Necochea, el Centro de Estudiantes de la Facultad de Agronomía local que depende de la UNICEN.
Por aquel entonces, el hijo mayor de Claudia Fiorenza y Antonio Vicente Latrónica tenía 21 años.
Mientras ella muestra esas fotos de Juan, recuerda que en mayo de 2007 el joven “se había anotado acá, en la Facultad de Derecho”.
“No tenía algo definido. Entonces, era como que iba probando. Había estudiado también Tecnicatura en Apicultura, estaba trabajando para el INTA y había hecho un año de Odontología en La Plata. En realidad, había estado acompañando a la novia y como para hacer algo estudió eso. Le iba muy bien. Pero no era lo de él y se volvió. Y justo cuando se volvió fue que pasó lo que pasó”.
Además de practicar taekwondo -entre las fotos que Claudia muestra de su hijo hay varias donde se lo ve desarrollando ese arte marcial, otras de cuando se recibió en el Secundario y del viaje de egresados a Bariloche-, su mamá contó que el joven, cuando lo asesinaron, “trabajaba en las colmenas con el papá”.
El día a día
-¿En qué lugar la encuentra todo esto hoy como madre, a diez años del asesinato de su hijo?
-Es muy difícil el día a día. Es una cosa que la tenés ahí, todos los días. Él fue mi primer hijo y mi único varón. Después la tuve también a Jimena. Ahora ella está casada y tiene dos chiquititos. Y mi nieto varón es mi locura, mi adoración. Y la nena también, que tiene cinco meses. Al nene recién lo llevamos a taekwondo. Mirá cómo es la vida. Él va también a taekwondo y le gustan las artes marciales, como al tío. Y a mí me hace recordarlo muchísimo a Juan. El año pasado terminé el Secundario. De chica sólo había ido hasta segundo año y después me casé muy joven, nacieron mis hijos e hice vida de ama de casa. Por eso ahora, que tengo 52 años, me dedico a mis nietos, a disfrutarlos lo máximo que puedo.
-¿Cómo se transita por un dolor tan inmenso e interminable como es perder a un hijo?
-Los primeros cinco años estuve muy medicada y con atención psiquiátrica. Pero un día no pude tomar más la medicación. Ahí empezó una lucha. Al principio sólo querés dormir. Es como que no querés ver la realidad. Pero después tuve que ir asimilando y trabajando todo esto día a día. Lo hice apoyándome en Dios, porque no te queda otra cosa. Yo tengo mucha fe.
-¿Y qué le dice esa fe que tiene?
-Cada cual tiene sus creencias y la gente tal vez puede llegar a tomarme por loca con esto que digo: yo prefiero pensar que algún día voy a volver a ver a mi hijo. Y eso me mantiene viva.
-¿Cómo recuerda a su hijo todos los días?
-No hay un día en que diga hoy me olvidé de Juan. Todos los días él está ahí. Está en mi mente. Me pregunto por qué pasó lo que pasó todos los días. Tal vez sea así porque él fue asesinado. Lo que te cuesta más es resignarte a eso, a que lo mataron, algo que me pregunto siempre por qué pasó. Tal vez uno no entienda los ciclos de las personas en la tierra. Pero no lo sé... Yo no me imaginé jamás que uno de mis hijos se podía morir antes que yo. Juan era un chico que jamás se hubiera quitado la vida. Él amaba, adoraba la vida. Tenía deseos de ayudar a los chicos pobres. Me lo dijo una vez. Y no era rico. Pero, pobrecito, no lo dejaron...
-Hoy, a diez años de la muerte de Juan y teniendo en cuenta todo ese tiempo que ya ha transcurrido, ¿cree que está en un lugar menos doloroso en comparación con ese del principio al que se refería antes?
-El tiempo ayuda bastante. Se va mejorando con el tiempo. Pero esto es algo que te pasa a vos, lo que vos sentís. No es fácil decir me cambio de vereda y lo miro desde otro lugar. Esto está ahí y el dolor está ahí, siempre. Uno trata de estar bien porque tenés otros afectos, como por ejemplo mis nietos ahora. Ellos hacen que vos sigas, que te den ganas de vivir.
-¿Hay algo de enseñanza en todo esto que sirva para decir que la muerte de su hijo la ayudó desde algún lugar?
-La muerte de mi hijo me sirvió para acercarme a Dios. Hasta ese momento yo no deseaba que cuando me muriera hubiera otra vida. Y hoy deseo que la haya para encontrarme con él. Por ahí pueden decir que estoy loca. Pero es lo que siento. Lo mío ahora es espiritual, más allá de lo terrenal.
-¿Todavía hoy siente ese acompañamiento de la gente, como hace diez años cuando este crimen ocurrió?
-A mí por ahí la gente mucho no me reconoce. Algunos sí. Si yo conozco gente y le digo quién soy, que no lo hago siempre, reacciona. Ahí sí. Yo creo que la gente se olvida. Pero es natural. Nos olvidamos. Hay hechos que te impactan, te afectan, te duelen... Pero después uno sigue su vida. Y yo sigo con mi dolor, por más que otros se olviden. Porque es así.
El dato
En el muro de su cuenta de Facebook, Claudia Fiorenza escribió el pasado viernes: “Hoy se cumplen diez años sin vos hijo mío. Y me sigo preguntando por qué. Ya no tengo palabras. Sólo quiero decirte que te amo y que estás todos los días de mi vida en mis pensamientos. Recreo momentos y una sonrisa viene a mi cara junto con una lágrima y un reproche a esta vida que me ha tocado vivir y que a vos te fue negada. Te amo. Toda tu familia te ama. Siempre estarás presente Juan Antonio”.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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