21 de septiembre de 2026

Por Facundo Ferrarese
Especial para El Tiempo
Argentina enfrenta un problema que ya no puede ser tratado solamente como una cuestión financiera: millones de personas están endeudadas para sobrevivir.
Cuando una familia se endeuda para comprar alimentos, medicamentos, pagar servicios o llegar a fin de mes, el crédito deja de ser una herramienta de progreso y comienza a convertirse en una trampa.
Según datos difundidos en 2026, más de 5,3 millones de personas registran atrasos superiores a 90 días en el sistema financiero ampliado. La morosidad es particularmente elevada entre quienes se financian fuera de la banca tradicional.
A esto se suma otro problema: el costo del dinero. En determinados segmentos del crédito no bancario y fintech pueden encontrarse tasas nominales extraordinariamente elevadas. Pero más allá de discutir una tasa aislada, hay una pregunta que considero inevitable: ¿Cuándo una tasa deja de ser el precio del dinero y empieza a convertirse en una forma de usura moderna?
No se trata de decir que el deudor no tiene responsabilidad. La tiene. Las obligaciones deben cumplirse y una sociedad necesita recuperar una cultura de responsabilidad financiera. Pero tampoco podemos ser ingenuos.
Una persona desesperada por conseguir dinero para pagar una necesidad básica puede firmar un crédito en cinco minutos sin dimensionar que, ante una eventual mora, esa deuda puede multiplicarse mediante intereses, punitorios, gastos y refinanciaciones.
Entonces debemos preguntarnos: ¿Existió realmente una decisión libre e informada, o aprovechamos una situación de vulnerabilidad?
¿Qué nos enseñó Francisco?
El Papa Francisco insistió en varias oportunidades en que las finanzas no pueden estar por encima de la dignidad humana. Al referirse a la usura, habló de una práctica que degrada a las personas y reclamó que el sistema financiero tenga una dimensión social.
El mensaje no es "el que debe no paga". Es otro: el dinero debe estar al servicio de la persona y no la persona al servicio del dinero. Y esto nos obliga a buscar una solución que no sea demagógica.
¿Debe el Estado pagar las deudas? No.
Sería injusto que quienes nunca tomaron esos créditos terminen pagándolos con sus impuestos.
¿Debe el Estado condonar todas las deudas por ley? Tampoco.
Eso castigaría indiscriminadamente a quienes prestaron legítimamente, afectaría la confianza contractual y podría terminar encareciendo o restringiendo el crédito.
Entonces, ¿qué debe hacer el Estado? Ser árbitro.
Ni un Estado dirigista que pretenda manejar el crédito, ni un Estado ausente que deje al ciudadano solo frente a relaciones económicas profundamente asimétricas.
Hay que revisar la deuda, no simplemente perdonarla.
Propongo discutir un mecanismo extraordinario de revisión de determinadas deudas de consumo en mora.
Partir del capital efectivamente recibido, reconstruir cuánto pagó el deudor y analizar intereses, punitorios, comisiones, impuestos, seguros y refinanciaciones.
Como referencia podría discutirse un límite de costo financiero razonable, por ejemplo, hasta el doble de la remuneración de un plazo fijo tradicional, calculado como CFT con impuestos incluidos, aunque la tasa concreta debería definirse técnicamente según el momento y las condiciones del mercado.
Y después hacer algo elemental que hoy muchas veces no se hace:
sacar una calculadora y reconstruir la historia completa de la deuda.
Capital recibido.
Capital devuelto.
Intereses pagados.
Intereses cobrados.
Refinanciaciones.
Punitorios.
Cargos.
Y entonces formular la pregunta que puede cambiar completamente la discusión: ¿Quién debe a quién?
Quizás el deudor todavía deba.
Quizás corresponda reestructurar.
Quizás ya haya pagado el capital y una remuneración razonable por el financiamiento.
Y en determinados casos, quizás descubramos que quien figura como deudor ya pagó mucho más de lo que razonablemente correspondía.
No propongo borrar las deudas. Propongo auditar las deudas.
Porque tampoco podemos construir un país donde pedir dinero no implique responsabilidad. Pero tampoco uno donde una persona que cayó en mora quede condenada a pagar intereses indefinidamente.
Argentina necesita crédito. Necesita bancos, fintech, empresas y capital privado.
Pero necesita algo más importante: reglas donde ganar dinero prestando sea legítimo, pero ganar dinero aprovechándose de la desesperación ajena no sea un modelo de negocios.
La solución no está en enfrentar deudores contra acreedores.
Está en recuperar equilibrio.
Y quizás el primer paso sea dejar de preguntar solamente: "¿Cuánto debe?" Y empezar a preguntar: "¿Cuánto recibió, cuánto pagó y cuánto corresponde realmente que siga debiendo?".
Porque, antes de cobrar una deuda, deberíamos estar seguros de que sabemos quién debe a quién.
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