1 de mayo de 2026
En el Día del Trabajador, Esteban Lucero comparte su historia de esfuerzo, vocación y compromiso social. Seguridad privada, árbitro, gasista-plomero y referente solidario, encarna el valor del trabajo en todas sus formas.
Por Ezequiel Zabalza
ezezabalza@hotmail.com
El Día del Trabajador es una oportunidad para reconocer no solo el esfuerzo individual, sino también el impacto colectivo de quienes, con dedicación diaria, sostienen a sus familias y aportan al bienestar de otros. En tiempos en los que el contexto económico plantea desafíos constantes, hay historias que reflejan resiliencia, organización y compromiso. La de Esteban Lucero es una de ellas: un trabajador que multiplica sus roles sin perder de vista lo esencial: la solidaridad y el amor por lo que hace.
Una vida marcada por la familia y el agradecimiento
"Soy papá de dos hijos hermosos, Lola y Camilo", expresó con orgullo al comienzo de la entrevista con este medio. Su familia es el eje que ordena su vida. Lola estudia en Mar del Plata, avanzando en su formación académica, mientras que Camilo cursa el último año del secundario en el Colegio Sagrada Familia.
En este 1° de mayo, la fecha adquiere un significado especial. Como tantos trabajadores que día a día buscan salir adelante, Lucero puso en palabras el valor del esfuerzo cotidiano y dejó un mensaje atravesado por la gratitud: "Quiero felicitar a todos y agradecer a Dios por tener trabajo, por mis hijos y por poder cumplir con lo que hago día a día".
También incluyó en esa mirada su compromiso social: "Desde la pandemia hasta ahora no hemos bajado los brazos. Tuvimos momentos difíciles, con menos gente, pero los que estamos seguimos firmes y vamos a seguir mientras podamos".
Esta tarea comunitaria comenzó hace seis años a partir de una iniciativa solidaria sostenida por la Asociación Azuleña de Árbitros (AAA) en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, ubicada en Alvear 135, donde preparan viandas para quienes más lo necesitan.
Seguridad privada: la base de su estabilidad
Su principal fuente de ingreso es la seguridad privada, actividad que ejerce desde hace 17 años. Trabaja en turnos nocturnos de 12 horas, una rutina exigente que requiere constancia, responsabilidad y disciplina.
Este trabajo le brinda estabilidad económica, algo fundamental en un contexto cambiante. Sin embargo, lejos de conformarse con una sola ocupación, Lucero construyó un camino basado en la diversificación laboral, sumando oficios y actividades que complementan su día a día.
El arbitraje: de una oportunidad a una pasión de vida
Su historia en el arbitraje comenzó en 2017, casi de manera casual. Un llamado de Jorge Lauría, ex árbitro, lo invitó a participar como asistente en un torneo comercial.
"Fui, probé y me gustó. Me sentí cómodo dentro de la cancha", recordó. Ese primer paso fue el inicio de un recorrido que se consolidó cuando decidió formarse profesionalmente. Motivado por Germán Castro, árbitro de la Liga de Fútbol de Azul, realizó el curso dictado por Juan Pablo Pompei, histórico árbitro olavarriense con trayectoria nacional e internacional.
"Ahí arranqué en serio. Me recibí y empecé a dirigir", contó. Con el paso del tiempo, el arbitraje pasó a ser mucho más que una actividad: "Es el amor por la cancha. Yo fui jugador, y pasar a ser árbitro, a conducir y tomar decisiones, es algo que me apasiona".
Actualmente dirige en la liga local, a la que describe como competitiva y en constante crecimiento. Ha arbitrado cuatro finales en Primera División, un logro que valora especialmente. "La confianza que me dieron los clubes y la Liga es algo muy importante para mí", destacó.
A pesar de la experiencia, mantiene una fuerte disciplina: entrena, se capacita y busca mejorar constantemente. "El desafío es seguir estando a la altura, tanto física como mentalmente", explicó. Además, ha dirigido en torneos como el Interligas, el Regional Amateur y competencias de la Federación Bonaerense Pampeana, entre otras.
Formación y valores: su rol en la Asociación de Árbitros
Como presidente de la Asociación Azuleña de Árbitros (AAA), Lucero cumple un rol clave en la formación de nuevas generaciones.
"Hoy tenemos un presente muy bueno. Hay muchos jóvenes y también chicas que se están sumando, capacitándose y creciendo", destacó.
Entre los avances más importantes, mencionó la incorporación de intercomunicadores, una herramienta tecnológica que mejora la comunicación dentro del campo de juego. Sin embargo, remarcó que lo fundamental sigue siendo lo humano: "Nosotros inculcamos confianza, respeto, lealtad, humildad y ser buena persona. Eso es clave".
También transmite su experiencia a quienes recién comienzan: "Siempre les digo que empiecen temprano, que se animen. Es una profesión muy linda y te forma mucho como persona".
El oficio: una herramienta que abre puertas
Hace 26 años que Lucero es gasista matriculado, un oficio que aprendió con esfuerzo y visión. "Quería aprender algo que me guste y que me sirva para la vida", señaló. Tras dos años de formación, obtuvo su matrícula y comenzó a trabajar de manera independiente. Con el tiempo también sumó conocimientos como plomero.
Su labor incluye instalación de cañerías, mantenimiento de calefactores, inspecciones y detección de pérdidas, entre otros trabajos.
"Es un oficio muy lindo. A veces se sufre, pero es gratificante", afirmó. En ese sentido, consideró que en el contexto actual contar con un oficio es clave: "Es muy rentable y ayuda mucho económicamente, sobre todo cuando tenés hijos estudiando".
El trabajo también como acto solidario
Más allá del ingreso económico, su oficio tiene un fuerte componente humano: "Si alguien necesita algo y no puede pagar, lo hago igual. No tengo problema en ayudar".
Esa forma de entender el trabajo como servicio se refleja también en su participación en la cocina solidaria, una iniciativa que se mantiene activa desde la pandemia gracias a la colaboración de la comunidad.
En sus inicios, el proyecto fue impulsado por árbitros de la AAA, que en ese período era presidido por Germán Castro, y con el acompañamiento del entonces párroco José Luis De Pascuale, conocido como el "Padre Kely", fallecido en 2021, quien brindó el espacio y apoyó la iniciativa.
Con el tiempo, el espacio se consolidó como un punto de referencia para personas en situación de vulnerabilidad, especialmente adultos mayores y familias de bajos recursos.
A fines del año pasado, atravesaron un momento de incertidumbre ante la posibilidad de tener que dejar el lugar. "Fue una situación difícil. Sentimos que nos querían sacar de un espacio que ya era nuestro", recordó.
Finalmente, la situación se resolvió y pudieron continuar. "Eso nos fortaleció. Hoy estamos más unidos y con más ganas que nunca", aseguró. Y en ese compromiso cotidiano es donde reafirma su convicción: "Mientras tenga fuerzas, voy a seguir ayudando".
El acompañamiento de la comunidad fue clave: "La gente nos pedía que no nos vayamos, que era muy importante para ellos".
El impacto en quienes más lo necesitan
Para muchas personas, la cocina solidaria representa mucho más que un plato de comida: es un espacio de contención y cercanía.
"Cambiar de lugar les resultaba muy difícil, les quedaba lejos. Por eso era tan importante seguir donde estamos", explicó.
El espacio fue creciendo con donaciones de equipamiento (como heladeras y freezers) realizadas en su mayoría por vecinos y colaboradores, entre ellos el empresario local Néstor Sanz Petrello, quien acompaña la iniciativa desde hace años.
Actualmente, el grupo continúa trabajando con normalidad, sosteniendo la entrega de más de 50 raciones de comida.
Necesidades actuales y proyectos a futuro
Con la llegada del frío, la demanda aumenta. Hoy necesitan principalmente alimentos (como carne y productos secos), pero también frazadas, colchones y ropa de abrigo en buen estado.
Además, evalúan la creación de una cuenta solidaria para afrontar gastos de servicios: "Nos gustaría que la gente pueda aportar lo que pueda, para ayudar también a la parroquia", comentó.
Lucero destacó el apoyo constante de vecinos, comercios, panaderías, carnicerías, verdulerías, el Municipio y donantes anónimos. "La comunidad de Azul siempre está presente. Eso es muy valioso", afirmó.
Quienes deseen colaborar pueden acercarse a Sarmiento 320 o comunicarse a los teléfonos 02281-15314624 o 02281-15585088.
Actualmente, preparan dos comidas semanales que luego son distribuidas en el barrio El Sol y zonas cercanas. Además, mantienen activa la "Heladera Solidaria", que funciona de lunes a viernes de 10 a 11.
Organización y equilibrio: el desafío de hacer todo
La multiplicidad de roles podría parecer difícil de sostener, pero para Lucero la clave está en la organización: "Para todo tengo mi tiempo".
Su rutina combina la seguridad privada por la noche, el trabajo de oficio durante la semana, el arbitraje los fines de semana y la actividad solidaria en días específicos.
"Ninguna actividad se superpone. Me organizo y puedo cumplir con todo", explicó. Incluso encuentra momentos para entrenar y practicar pádel, algo fundamental para su desempeño como árbitro.
Un mensaje en el Día del Trabajador
Su reflexión final resume su mirada sobre el trabajo y la sociedad: "Felicitar a todos los trabajadores, a los que tienen trabajo y a los que no también. Que sigan confiando en el país, que es maravilloso. Ya vamos a salir adelante".
La historia de Esteban Lucero es la de un trabajador que no se detiene. Entre la noche de la seguridad privada, los fines de semana en las canchas, los trabajos de oficio y las ollas solidarias, su vida es un ejemplo de esfuerzo sostenido.
Pero, sobre todo, es un ejemplo de compromiso: con su familia, con su trabajo y con su comunidad. En un contexto donde muchas veces predomina la incertidumbre, su historia demuestra que el trabajo, cuando se combina con valores, también puede ser una herramienta de transformación social.
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