3 de septiembre de 2026

ENFOQUE

ENFOQUE . Día de la Industria: defender el presente y preparar el futuro

Escribe:

Inés Laurini (*)

Especial para El Tiempo

Cada 2 de septiembre, cuando se conmemora el Día de la Industria, se abre una oportunidad para reflexionar sobre mucho más que la actividad de las fábricas. Hablar de industria es hablar de producción, de empleo, de innovación, de desarrollo y, sobre todo, de las oportunidades que tiene un país para construir un futuro con trabajo y valor agregado.

Este año, sin embargo, la fecha encuentra a la Argentina atravesando un escenario complejo. Celebrar sin mirar lo que está ocurriendo sería desconocer una realidad que preocupa a miles de trabajadores, empresarios y comunidades enteras que viven de la actividad productiva.

Los datos son elocuentes. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 241.176 puestos de trabajo asalariado privado registrado en nuestro país. Más de un tercio de esa caída corresponde a la industria manufacturera, que perdió 85.561 empleos. En ese mismo período dejaron de existir 30.633 empresas.

Las estadísticas sirven para describir el problema, pero nunca alcanzan para mostrar su verdadera dimensión. Detrás de cada puesto de trabajo perdido hay una familia que enfrenta incertidumbre. Detrás de cada empresa que baja sus persianas hay proveedores que dejan de vender, comercios que reducen su actividad y ciudades que ven resentido su movimiento económico.

La provincia de Buenos Aires conoce esa realidad mejor que ninguna otra. Es el principal distrito industrial del país y concentra miles de pequeñas y medianas empresas que generan empleo, incorporan tecnología y sostienen buena parte del entramado productivo nacional. La caída del consumo interno y la apertura de las importaciones impactan especialmente sobre esas PyMEs, que muchas veces deben competir en condiciones desiguales.

Sería un error, sin embargo, reducir este debate a una discusión coyuntural. La industria argentina arrastra problemas de competitividad, financiamiento, infraestructura y estabilidad macroeconómica desde hace muchos años. Son desafíos que requieren respuestas serias y sostenidas en el tiempo.

Pero reconocer esas dificultades no significa aceptar que la salida sea resignar nuestra capacidad industrial. Basta observar lo que ocurre en el mundo para comprobar que las principales economías siguen protegiendo sectores estratégicos, promoviendo la innovación y fortaleciendo sus cadenas de valor. Ningún país desarrollado renunció a producir.

La Argentina cuenta con enormes oportunidades vinculadas a la minería, la energía y la agroindustria. La pregunta que debemos hacernos no es solamente cuánto vamos a exportar, sino cuánto valor agregado seremos capaces de generar alrededor de esos recursos.

Extraer minerales, producir alimentos o desarrollar energía puede generar crecimiento económico. Transformar esas actividades en proveedores nacionales, tecnología, bienes industriales y empleo calificado es lo que verdaderamente construye desarrollo.

Ese debate adquiere una dimensión muy concreta en las ciudades del interior bonaerense.

Cuando una industria funciona, no solamente produce bienes. También sostiene el trabajo de transportistas, talleres, comercios, profesionales, prestadores de servicios y cientos de familias que dependen directa o indirectamente de esa actividad. Del mismo modo, cuando una empresa reduce producción o cierra sus puertas, el impacto se multiplica mucho más allá de sus propios trabajadores.

Azul conoce esa realidad: según datos de la Oficina Municipal de Empleo y Capacitación, durante los primeros meses de este año se registraron 175 despidos de trabajadores privados formales, con especial incidencia en la industria frigorífica, la construcción y el comercio.

No son simples números. Son vecinos de nuestra comunidad que vieron alterada su vida cotidiana y sectores económicos que atraviesan dificultades para sostener el empleo.

Hay, además, un caso que sintetiza buena parte del debate sobre la política industrial argentina: Fanazul.

Nuestra planta representa mucho más que un establecimiento productivo. Allí existe infraestructura, capacidad tecnológica y, especialmente, conocimiento acumulado durante décadas por trabajadores altamente especializados.

Después de su reapertura había recuperado producción, volvió a fabricar explosivos para la actividad minera e incluso logró concretar exportaciones. Demostró que era posible recuperar una capacidad estratégica que el país ya tenía.

Hoy vuelve a atravesar un período de incertidumbre mientras el Gobierno nacional redefine el futuro de Fabricaciones Militares y analiza nuevos esquemas de participación privada.

La situación plantea una contradicción difícil de ignorar.

Mientras la Argentina proyecta un crecimiento extraordinario de la actividad minera para los próximos años, pone en discusión una planta capaz de producir insumos fundamentales para ese mismo desarrollo.

La pregunta entonces trasciende el destino de Fanazul.

Lo que está en juego es cuánto de esa nueva riqueza minera quedará en la Argentina en forma de industria, tecnología, proveedores nacionales y empleo de calidad.

Azul enfrenta otra paradoja que merece ser señalada.

Nuestro distrito es el segundo municipio minero de la provincia de Buenos Aires y posee la principal reserva bonaerense de roca granítica, un recurso indispensable para rutas, caminos, viviendas y obras ferroviarias.

Sin embargo, la paralización de la obra pública redujo de manera significativa la demanda de esos materiales, afectando la actividad de las canteras y de toda la cadena económica vinculada a ellas.

Frente a este escenario resulta lógico preguntarse cuál puede ser el papel de un municipio.

Es evidente que un gobierno local no define el tipo de cambio, las tasas de interés, la política comercial o el rumbo de Fabricaciones Militares.

Pero también es cierto que quedarse esperando nunca fue una estrategia de desarrollo.

Mientras el contexto nacional presenta incertidumbres, las ciudades pueden aprovechar ese tiempo para construir las condiciones que les permitan crecer cuando las oportunidades aparezcan.

En Azul ese camino ya comenzó.

El Sector Industrial Planificado atraviesa un proceso de ordenamiento que durante años resultó postergado. El cerramiento perimetral, la regularización necesaria para avanzar con la escrituración de lotes y la conformación de una estructura de administración representan pasos fundamentales para ofrecer previsibilidad a quienes quieran invertir.

La infraestructura energética también constituye una decisión estratégica.

La incorporación de un nuevo transformador de 40 MVA, que reemplazará al actual de 10 MVA, permitirá sumar 30 MVA netos de potencia y llevar la capacidad total de Transba a 85 MVA.

Si el máximo histórico de demanda del Partido ronda actualmente los 42 MVA, esa disponibilidad energética representa una ventaja concreta para futuras radicaciones industriales.

Ninguna empresa decide instalarse donde sabe que la energía será un límite para producir.

Pero la infraestructura, por sí sola, tampoco alcanza.

El desarrollo productivo requiere trabajadores capacitados, instituciones educativas vinculadas con las necesidades del sector privado y un Estado que facilite esos encuentros.

Durante el primer semestre, la Oficina de Empleo y Capacitación atendió a 960 personas, incorporó casi 300 nuevos currículums digitalizados y registró alrededor de 300 inscripciones en propuestas de formación laboral.

Al mismo tiempo, la Mesa Local del COPRET reunió a representantes del sistema educativo, sindicatos, empresas y organismos públicos para fortalecer el vínculo entre la educación y el trabajo.

Son políticas que muchas veces pasan inadvertidas porque sus resultados no son inmediatos. Sin embargo, son las que terminan marcando la diferencia cuando una empresa evalúa dónde invertir.

Azul tiene fortalezas que no deberían subestimarse. Su ubicación sobre las rutas nacionales 3 y 226 y la provincial 51, su perfil agropecuario, el potencial minero, la industria alimentaria, la disponibilidad de suelo industrial y la ampliación de la infraestructura energética conforman una base importante sobre la cual construir.

Nada de esto garantiza que mañana llegue una nueva fábrica.

La planificación nunca ofrece resultados instantáneos.

Pero, justamente, de eso se trata gobernar con una mirada estratégica: preparar hoy las condiciones que permitirán crecer dentro de algunos años.

Creo que hoy podemos sostener dos convicciones al mismo tiempo.

La primera es que el rumbo económico nacional está teniendo consecuencias profundas sobre la industria y el empleo. Ordenar variables macroeconómicas es importante, pero ninguna estabilidad será suficiente si en el camino se pierden empresas, trabajadores calificados y capacidades productivas que después lleva décadas reconstruir.

La segunda es que Azul no puede resignarse a esperar que cambie el contexto nacional. Tiene la responsabilidad de cuidar lo que ya posee y seguir construyendo las condiciones para aprovechar un futuro escenario de recuperación.

Ese debería ser, a mi entender, el verdadero sentido del Día de la Industria.

No una celebración vacía ni un discurso atravesado únicamente por las dificultades.

Es una oportunidad para renovar el compromiso con quienes producen, invierten, emprenden y generan empleo todos los días.

Defender Fanazul, acompañar a nuestras PyMEs, sostener la actividad de las canteras, fortalecer el parque industrial y proteger cada puesto de trabajo son objetivos que trascienden cualquier diferencia política. Porque cuando una ciudad pierde producción, pierde también oportunidades para las próximas generaciones.

La industria no es solamente una actividad económica. Es conocimiento, innovación, arraigo y movilidad social. Es la posibilidad de que nuestros jóvenes encuentren un futuro en el lugar donde nacieron y no deban irse para desarrollarse.

En este Día de la Industria, el desafío es claro: defender el presente sin dejar de pensar en el futuro. Porque cuando la Argentina vuelva a apostar por la producción como motor del desarrollo, Azul tiene que estar preparada para ocupar el lugar que le corresponde.

(*) Senadora Provincial.


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