4 de septiembre de 2015
Por Miguel Ángel Rouco De la agencia DyN
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El modelo está transitando sus últimos días de vida, entre una escasez de divisas, un ahogo financiero y con la administración Kirchner acelerando el gasto público hasta límites peligrosos.
Los últimos números del intercambio comercial muestran que las exportaciones se están precipitando aceleradamente y ya no aportan los dólares necesarios para poder pagar siquiera la cuenta energética.
El modelo, sustentado en una devaluación permanente, transita por un sendero de contradicciones cuando el gobierno deja, deliberadamente, atrasado el tipo de cambio para mantener la ilusión monetaria.
La dramática y fútil devaluación practicada por Axel Kicillof en enero de 2014 y la consiguiente suba de tasas no hizo otra cosa más que llevar a la economía a la recesión y comprometer más las reservas, al aumentar el pago de los servicios de la deuda y el costo de las importaciones, fundamentalmente de las energéticas.
De allí que sorprendan las declaraciones de la Presidenta Fernández, al proponer una política de sustitución de exportaciones, justo en el momento de mayor estrechez de divisas.
“Un fuerte desequilibrio en toda la economía”
De concretarse semejante política, provocaría un fuerte desequilibrio en toda la economía. En principio, la mayor demanda interna, aceleraría la inflación y consecuentemente con ello, el tipo de cambio. En segundo lugar, con menos exportaciones, habrá menos ingresos vía retenciones, lo cual amplía el déficit fiscal, cuya única vía de financiación es la emisión monetaria, aumentando el uso de reservas. En tercer término, la economía interna no tiene la capacidad para absorber los saldos exportables. En cuarto lugar, el exiguo superávit comercial se transformará en déficit, toda vez que aumentan las importaciones y disminuyen las exportaciones.
El modelo vivió y se alimentó a expensas de un tipo de cambio real altísimo. Desde 2003, aprovechó la megadevaluación, lo cual hizo que el proceso de sustitución de importaciones dinamizara la producción industrial local, con costos salariales absolutamente deprimidos, al tiempo que el ingreso de divisas de las exportaciones crecía, fruto de una economía con costos bajos. El período de gracia de no pago de la deuda pública, tras el default, le significó un ahorro neto de divisas y un gasto público bajo en términos reales.
Luego el dispendio fiscal, la falta de inversión en el sector energético por el congelamiento tarifario, la política de subsidios, y el exceso de empleo público, llevaron a que el gobierno se comiera los beneficios de la devaluación y los ingresos extraordinarios -vía retenciones e impuesto al cheque-, aun cuando contara con la mayor presión fiscal de la historia.
Desde que Fernández se hizo cargo del gobierno a fines de 2007, la devaluación se aceleró y con ella la inflación. Ni aún con más de 52.000 millones de dólares de reservas, el gobierno pudo calmar la apetencia por los dólares que mostraron los agentes económicos.
“Ya no hay tiempo para más”
El modelo vivió sobrealimentado por un tipo de cambio alto y en base a un exceso de gasto público. Ahora es tarde para lágrimas. Las reservas muestran un grado de compromiso muy elevado. La tendencia a dolarizar la economía es alta en todos los agentes económicos y el mantenimiento de un tipo de cambio retrasado solo sirve de cosmética contable, para mitigar la inflación. Decir que el tipo de cambio está retrasado, significa que los precios internos están en la delantera. Esto es, mientras el comercio exterior se mueve con un dólar de 9,30 pesos, los precios internos están calzados con un dólar de 15,70 pesos. Esa brecha es inflación pura que se retroalimenta por el exceso de liquidez que vuelca el Estado para financiar el déficit fiscal.
La misma administración admite que no hay divisas, al imponer más restricciones a la compra de dólares a precios subsidiados, al no autorizar importaciones, no devolver reintegros a los exportadores y acumular atrasos con los proveedores.
Ya no hay tiempo para más. El modelo agoniza, está acumulando tensiones y sin divisas, deja una gran cantidad de problemas sin resolver.
Goldenhörn, quien es Directora Ejecutiva de la Eternal Library Foundation participó de la décima edición de la Escuela Argentina de Gobernanza de Internet, realizada en la Universidad Tecnológica Nacional, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Junto a la doctora Mailín Herrera, de La Plata, presentó aplicaciones de blockchain y algunos de los usos concretos que plantea su encuentro con la inteligencia artificial.
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