8 de noviembre de 2026

UNA VISITA QUE RENUEVA LA ESPERANZA

UNA VISITA QUE RENUEVA LA ESPERANZA . La mirada del obispo Hugo Manuel Salaberry ante la llegada del Papa León XIV a Argentina

Después de 39 años sin la visita de un Sumo Pontífice a la Argentina, la llegada de León XIV despierta expectativas entre los fieles y vuelve a poner en primer plano el papel de la Iglesia en la sociedad. En diálogo con este Diario, el obispo de la Diócesis de Azul reflexionó sobre el significado de este acontecimiento y abordó también los desafíos que atraviesa el país, la situación económica y el acompañamiento espiritual frente a las problemáticas sociales y de salud mental.

La Argentina se prepara para recibir una visita que tiene una dimensión histórica y religiosa, pero también un significado que trasciende lo estrictamente institucional. Después de casi cuatro décadas sin la presencia de un Papa en el país, la llegada de León XIV representa un acontecimiento que convoca a los fieles y renueva las expectativas de las comunidades católicas. Desde el anuncio de su llegada, comenzaron a multiplicarse los preparativos de quienes viajarán para participar de las distintas actividades previstas. Algunos fieles se trasladarán a Buenos Aires, mientras que otros tendrán como destino Luján, donde se espera una importante convocatoria.

En una sociedad atravesada por dificultades económicas, incertidumbres y transformaciones profundas, la visita también invita a reflexionar sobre el lugar de la fe, la esperanza y los vínculos comunitarios. ¿Qué representa para la Iglesia argentina volver a recibir al Sumo Pontífice? ¿Qué expectativas despierta su llegada y qué desafíos encuentra hoy la institución en su relación con la sociedad?

Para profundizar en esos interrogantes, EL TIEMPO dialogó con monseñor Hugo Manuel Salaberry, obispo de la Diócesis de Azul, quien destacó la importancia de este acontecimiento y compartió su mirada sobre el presente de la Iglesia.

Al referirse a lo que significa recibir nuevamente a un Papa, recordó las anteriores visitas de Juan Pablo II y la expectativa que durante años existió en torno a una posible llegada de Francisco. "Es una visita pastoral, nosotros tuvimos visitas previas de Juan Pablo II en el año '82, por lo de Malvinas, y luego cuando vino por visita pastoral en el '87. Esperábamos a Francisco, pero por varias razones no vino. Estuvo 76 años con nosotros, la verdad es que si no lo escuchaste... siempre dijo lo mismo, hizo lo mismo, se levantaba a la misma hora; nosotros pudimos conocerlo acá en Argentina. Esta venida del Papa para nosotros es un honor y un orgullo. Que visite cualquier país es un orgullo, pero para nosotros la figura del Papa es muy representativa", expresó.

El significado de la visita y las expectativas de la Iglesia

En cuanto a las particularidades que encuentra en León XIV, el obispo Salaberry consideró que su trayectoria internacional y su conocimiento de distintas culturas constituyen aspectos importantes para comprender el perfil del nuevo Pontífice. "A diferencia de Francisco o Jorge, es un hombre que cuando lo eligen Papa ya había recorrido todo el mundo. Era general de los Agustinos, es el jefe de las órdenes religiosas. Hay órdenes de Franciscanos, Dominicos, Trapenses. Bueno, él es de los Agustinos. Ya conocía el mundo antes de ser Papa. Bergoglio había conocido mucho, pero no la intensidad de lo que lo hacen los generales. Conoce todas las culturas, varios idiomas, abuela siciliana, padre francés, madre española, nació en EEUU, fue misionero en Perú. Tiene un conocimiento interno fuerte de varias culturas, eso le da una tónica especial a su papado", señaló.

También hizo referencia a la dimensión institucional y diplomática que adquieren estos acontecimientos. En ese sentido, explicó que las visitas papales requieren compatibilizar los protocolos del Vaticano con los del país anfitrión, una cuestión que incide en la organización de cada actividad. Respecto de la participación de la comunidad diocesana, indicó que la agenda del Pontífice es ajustada y que los representantes de Azul tienen previsto encontrarse en Luján, mientras que los jóvenes continuarán su participación en Buenos Aires. "Su agenda es muy ajustada, está todo muy medido. La Diócesis de Azul nos encontraremos en Luján y, luego, los jóvenes van a ir a Buenos Aires", explicó.

La Iglesia frente a una sociedad que necesita reconstruir sus vínculos

Más allá de la trascendencia de la visita papal, la conversación con el obispo avanzó hacia una preocupación que atraviesa buena parte de sus reflexiones: la dificultad de construir unidad en un mundo marcado por las desigualdades, los enfrentamientos y los intereses particulares. Al analizar la realidad económica, política y social, Salaberry planteó que existe una necesidad urgente de encontrar aquello que permita reunir a las personas más allá de sus diferencias. "El mundo necesita de alguna manera un cemento, algo que una, de manera urgente. Porque cuando hay conflicto no es sólo conflicto que cada cual hace lo que quiere, es exterminio. Las temáticas para la unidad se han probado todas. La económica es miserable, porque los que no tienen son descartados y despreciados; la política: el protagonismo de lograr puestos de relevancia es escandalosa. En la temática social siguen las diferencias abismales que hay por inequidad que reside en el corazón de las personas. Entonces queda la religiosa", sostuvo.

En su planteo, la religión recupera su sentido de origen como posibilidad de volver a unir. Una perspectiva que no se limita a compartir una creencia, sino que apunta a reconstruir relaciones y reconocer aquello que las personas tienen en común. "La religión en un sentido filológico es religar, hacer, recrear vínculos de sangre, aunque uno no sea pariente. El vínculo religioso en este tiempo cae como la única posibilidad que nos queda. Uno mira todas las demás y han demostrado su fracaso", expresó.

En esa misma línea, consideró que las diferencias culturales, sociales y económicas suelen convertirse en motivos de separación, cuando deberían existir esfuerzos por reconocer los rasgos comunes. Parafraseando al Papa Francisco, Salaberry agregó: "La libertad y la unidad hay que conquistarla. La gente no sé si lo sabe, pero intuye que en la religión hay una posibilidad de unir incluso la familia".

La fe, la introspección y el acompañamiento espiritual

Otro de los aspectos abordados durante la entrevista con EL TIEMPO fue el vínculo entre la religión y las problemáticas vinculadas con la salud mental. En una sociedad en la que las situaciones de angustia, incertidumbre y soledad forman parte de las preocupaciones cotidianas, la posibilidad de encontrar espacios de escucha y acompañamiento adquiere especial relevancia.

Al reflexionar sobre los motivos que llevan a las personas a acercarse nuevamente a la fe, el obispo Salaberry señaló que las experiencias que impulsan ese retorno son diversas y no responden necesariamente a una única circunstancia. "Las motivaciones para retornar a la fe son muchas, pueden ser grandes alegrías, grandes tristezas, rupturas, encuentros. No descarto ninguna, pero ciertamente se ha vuelto a la religión y a la fe; por ello no descarto ninguna, incluso en países no católicos", manifestó.

A partir de allí, introdujo una reflexión sobre la dimensión interior de las personas y la posibilidad de conocerse a uno mismo. Su planteo estuvo centrado en la introspección y en cómo la experiencia religiosa puede ofrecer herramientas para revisar aquello que cada uno lleva dentro. "Estamos hablando de la psique, que es alma, y el alma siempre es seductora, uno no puede hacer una introspección sin mirar lo que uno tiene. En la religión también se hace esa introspección, pero viendo aquello que puede arreglar, ilumina paso por paso lo que puede ir arreglando, son medios utilísimos".

En su explicación, Salaberry hizo hincapié en que el conocimiento de uno mismo nunca es definitivo y que siempre quedan aspectos por descubrir. Para ilustrarlo, recurrió a una frase que resume la importancia que le atribuye a la posibilidad de hablar sobre la propia experiencia: "Habladle a un hombre de sí mismo y los escuchará durante horas". La reflexión permite pensar el lugar que puede ocupar la fe como espacio de encuentro con uno mismo y con los demás, aunque también deja planteado un interrogante sobre los alcances de ese acompañamiento frente a problemáticas que requieren atención específica.

Una Iglesia que busca estar presente en la realidad de las personas

La relación entre la Iglesia y la comunidad también apareció vinculada con la manera en que se transmiten los mensajes institucionales y con la responsabilidad de no permanecer ajena a los problemas que atraviesan a la sociedad.

Al referirse al trabajo de la Diócesis de Azul y a la Pastoral Social, el obispo Salaberry sostuvo que el mensaje debe ser claro, pero fundamentalmente esperanzador. Esto no significa desconocer las dificultades ni ofrecer respuestas superficiales, sino señalar los problemas y sostener con las propias acciones aquello que se expresa desde la palabra. "El mensaje y la visión tiene que ser clara y esperanzadora. Se señala el problema y, además, se pide que se mire con esperanza. No entramos en el conflicto, pero tiene que ser clara para que se sepa qué pensamos, incluso en lo político, sin dejar la ciencia afuera, la gente tiene que saber lo que uno piensa. No puede ser un mensaje detractor, tiene que ser con esperanza, no es que la dibujamos para que la gente quede contenta, también es que respaldo lo que creo con mi vida", explicó.

En ese marco, surgió una pregunta sobre las dificultades de hablar de esperanza y de fe con personas cuyas necesidades más urgentes todavía no están resueltas. Una situación que obliga a pensar cómo acompañar sin desconocer las condiciones materiales de quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad. Para el obispo Salaberry, la respuesta no puede estar separada de la asistencia concreta. "Tienen que ir juntos, la asistencia con la promoción humana y el mensaje religioso. No podemos acceder a todas las necesidades, pero, como decía Teresa de Calcuta: 'Lo que yo hago es una gotita en el mar, pero si no la pongo, ¿quién?'".

La frase sintetiza una concepción del compromiso religioso que no se agota en el discurso, sino que requiere acciones concretas, aun cuando las posibilidades de respuesta sean limitadas.

El regreso a las comunidades y los pequeños gestos de fe

En otro tramo de la conversación, monseñor Salaberry se refirió al acercamiento de las personas a las iglesias y a las distintas instancias de participación religiosa. Desde su perspectiva, ese movimiento tiene características particulares en la provincia de Buenos Aires, donde la evangelización y las prácticas religiosas han tenido históricamente una dinámica diferente de la de otras regiones. "El ritmo de acercamiento a la Iglesia es misional en toda la provincia de Buenos Aires, porque no hubo una primera evangelización como en otras regiones. La gente está acostumbrada a ir a la iglesia para Patronal, la Novena cuando venían los curas y Pascuas. Después se atienden a las personas en los bautismos y los responsos. Incluso acá hay muchas primeras comuniones y confirmaciones, es muy gozoso el espectáculo, porque están contentos los chicos, los padres, abuelos", describió.

También puso el foco en los motivos que llevan a muchas personas a volver a acercarse a la institución, incluso después de largos períodos de distancia. En ese sentido, mencionó especialmente lo que sucede durante los bautismos y las confirmaciones, donde aparecen gestos que, desde su mirada, expresan una dimensión de la fe vinculada con el otro. "En el bautismo viene gente que ya se ha olvidado de rezar, ahora, si no encontrara ningún beneficio, no vendría. Algún motivo hay por el cual viene. En confirmaciones, por ejemplo, esos padrinos o madrinas que no han asistido a la iglesia en su vida y que tampoco estaban confirmados, se confirman para salir de padrinos. Lo que yo les digo es que es un gesto de lo más católico gratuito porque no hacen algo por sí mismos y lo hacen por otra persona. Es algo que es del interés del otro, es algo muy lindo eso, un hecho de un desprendimiento muy católico".

El obispo explicó además que suele establecer un contacto previo con quienes van a recibir el sacramento de la confirmación. Esos encuentros, afirmó, permiten generar una instancia de conversación y acercamiento antes de la ceremonia.

La esperanza también implica una responsabilidad colectiva

Hacia el final de la entrevista con este Diario, el obispo Salaberry volvió sobre una preocupación que había atravesado buena parte de sus reflexiones: las desigualdades y la necesidad de pensar una distribución más equitativa de los recursos, entendidos no solamente en términos materiales.

Al describir las contradicciones que observa entre sociedades que cuentan con un alto nivel de bienestar y otras que no logran cubrir sus necesidades básicas, planteó que esa realidad interpela a todos y exige una mirada que contemple distintas dimensiones de la vida humana. "Otra de las cosas que uno percibe de la humanidad es de los países y culturas que tienen un bienestar enorme y no saben qué hacer con los bienes, y tienen al lado hermanos que no saben qué comer porque no tienen. Esa inequidad nos llama a todos a reflexionar. Hay cuestiones de una necesidad de tener recursos, una superabundancia, una distribución de recursos que tiene que ser materiales, morales y espirituales. Tiene que haber una redistribución".

Así, entre las expectativas que despierta la llegada de León XIV y las preocupaciones que atraviesan a las comunidades, la mirada del obispo Salaberry vuelve sobre una misma idea: la necesidad de recuperar los vínculos, reconocer al otro y construir espacios de encuentro. Una reflexión que pone en diálogo la dimensión espiritual con los desafíos concretos de la sociedad y que invita a pensar que la esperanza no puede quedar reducida a una expresión de deseo, sino que también necesita traducirse en gestos, compromiso y acciones compartidas.


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