17 de diciembre de 2018

. Matrimonio y sus dos nietas, víctimas de un insólito episodio de inseguridad


SUCEDIÓ EN UNA VIVIENDA DE ESTA CIUDAD

El pasado miércoles en horas de la tarde dos sujetos ingresaron por la fuerza al domicilio donde todos ellos estaban. Portaban armas de fuego y amenazaron con matarlos. Luego de unos instantes de tensión e incertidumbre, ambos delincuentes les dijeron a las víctimas que se habían equivocado; y se fueron sin llevarse absolutamente nada.

Carlos Fonseca contó ayer el insólito caso de inseguridad que sufrió días atrás junto con su esposa y las dos pequeñas nietas del matrimonio.
SILVIO RANDAZZO

La historia que a continuación se relata tuvo como víctimas a un matrimonio y también a dos pequeñas nietas de la pareja. Está asociada con un episodio de inseguridad que en esta ciudad sucedió el miércoles que pasó, cuando era alrededor de la hora 18.

Teniendo en cuenta las circunstancias en que el hecho se produjo, a lo ocurrido se lo podría interpretar como un fallido “cuento del tío” o como una “entradera”.

Ese día, en el horario ya referido, en una vivienda situada en Guido Spano entre Lavalle y Cáneva primero se hizo presente un sujeto y después, otro.

El que concurrió en primer término tocó el timbre, a la espera de ser atendido. Llevaba consigo un paquete envuelto en papel madera. Y cuando una mujer que vive en ese domicilio lo atendió, le dijo que venía de una empresa de correo privado a hacerle entrega de ese envío.

Como para evitar que la víctima sospechara algo, sobre uno de los costados de dicho paquete, que después se comprobó que estaba vacío, había pegado un remito. Ese papel decía el nombre de la mujer a la que estaba dirigido y también tenía consignado el domicilio donde ella vivía.

La vecina, lejos de sospechar que ese sujeto que decía pertenecer a una empresa de correo privado no estaba vestido con la camisa de color violeta que habitualmente esos trabajadores utilizan como uniforme, le abrió la puerta. Y no bien ese hombre -que era joven- ingresó a la casa, inmediatamente la tomó del cuello.

De esa manera logró inmovilizarla, al mismo tiempo que con una pistola que portaba la llevó hasta el hall de la casa, prácticamente en el aire y apoyándole el arma de fuego en la sien.

Desesperada, la mujer comenzó a pedir auxilio. Y su esposo, que en el patio estaba jugando con sus dos nietas -una que tiene cuatro años y otra ocho- inmediatamente acudió en su ayuda.

Al mismo tiempo que todo eso pasaba, detrás de ese primer sujeto que ingresó a la casa lo hizo un cómplice. De mayor edad que el primero de los delincuentes mencionados, también estaba armado y llevaba puesto un par de anteojos espejados.

Al esposo de la mujer ese hombre le apuntó con un revólver, al parecer calibre 32 o 38 largo.

Fueron momentos tan dramáticos como desesperantes para las víctimas, quienes pedían a ambos delincuentes que se llevaran lo que quisieran. También, el matrimonio les rogaba que no los lastimaran. Ni a ellos ni a las nenas.

En medio de toda esa escena, ambos sujetos no emitían palabra alguna. Pero después de unos minutos, uno de ellos habló. Y a ese hombre al que le apuntaba con el revólver simplemente le dijo que se habían equivocado. Y los dos se fueron. Sin llevarse nada, sin cometer robo alguno.

“Habrían transcurrido unos tres o cuatro minutos de todo lo que fue esa escena de terror cuando el que me apuntaba a mí dijo: ‘Nos equivocamos de casa’”.

“Yo le dije gracias. En ese momento sentí que volví a nacer. Entonces, le puse la mano en el hombro y lo acompañé hasta la puerta. Juro por Dios que hice eso. No sé si lo que me hizo actuar así fue el miedo o saber que mis nietas estaban bien”.

“Yo les di las gracias y se fueron. Pero esto que pasó a nosotros nos destruyó. Sólo me dijeron eso, que se habían equivocado de casa”.

El que ayer a la tarde, en diálogo con EL TIEMPO, contó este insólito episodio de inseguridad fue una de las víctimas que tuvo este hecho: un tapalquense llamado Carlos Emilio Fonseca.

De 67 años de edad, el hombre hace aproximadamente unos quince años que decidió radicarse en Azul junto con su familia. Y a pesar de que está jubilado, con su esposa y sus hijos todos continúan trabajando en una empresa dedicada a la venta de insumos para panadería.

Ayer Fonseca aún no le encontraba una explicación lógica a eso que le sucedió junto con su esposa y sus pequeñas nietas.

El mismo día de ocurrido el hecho -según contó- la Policía concurrió a su casa y luego él radicó una denuncia en la Seccional Primera.

“Quiero que esto quede claro. Acá tengo hasta la denuncia. Es una cosa insólita, no puedo creer lo que nos pasó. Supongamos que le erraron de casa, pero fueron a esa dirección y hasta tenían el nombre de mi mujer”, sostuvo el hombre todavía asombrado.

“Puede haber pasado que hayan hecho mal la inteligencia, que al que buscaban era otro”, especuló también.

Profesionales y “con frialdad”

“Actuaron de manera profesional. No tenían tatuajes ni aros. No estaban drogados. Eran dos tipos que actuaron con una frialdad que nos aterrorizaba más que esas armas que tenían”, dijo también una de las víctimas que tuvo este caso.

Ese ya referido miércoles que pasó, alrededor de la hora 18 Carlos Fonseca jugaba en el patio de su casa con sus dos nietas.

Mientras tanto su esposa -que tiene 61 años y se llama Liliana Mandagarán- fue quien salió a atender a ese sujeto que había tocado el timbre.

“La caja que le traían a mi mujer decía hasta la dirección de mi casa. Estaba envuelta en papel madera, con el nombre de mi esposa y un recibo para firmarlo, como si fuera un remito”, recordó sobre ese engaño del que su esposa resultara víctima cuando abrió la puerta para atender a uno de los autores de este episodio delictivo.

No bien abrió la puerta, a la esposa del tapalquense ese sujeto “la manoteó del cuello y la metió para adentro, con el arma apuntándole en la cabeza”.

“Yo estaba en el patio con las nietas. Y empecé a escuchar que desde adentro mi mujer me llamaba con una voz finita y desesperada. ‘Gordo’, me decía ella como me dice siempre. Yo en ese momento creí que había sufrido un accidente doméstico o algo así. Pero cuando entré, la encontré a ella con este muchacho, que tenía unos veinte y pico de años, el pelo rubio, ojos grises y actuó a cara descubierta”.

La escena, por demás dramática según el testimonio de Fonseca, incluía en ese momento que el delincuente la tuviera a la mujer “levantada del cuello, como a unos cinco centímetros del suelo. Y con la otra mano le había apoyado una pistola, aparentemente nueve milímetros, en la sien”.

“Mi esposa, en la desesperación, le agarraba la mano. Pero yo le pedía que se la soltara, porque si no ella misma se iba a matar, ya que la pistola estaba martillada y mi mujer le agarraba al tipo la mano con la que empuñaba el arma porque casi no podía respirar”, continuó relatando ayer el hombre.

En ese instante se hizo presente en la vivienda el otro autor de este insólito episodio de inseguridad.

Según Fonseca lo describió, “también actuó a cara descubierta. Es morocho, de estatura mediana y tenía puesto anteojos espejados. Actuaba más sereno que si uno fuera a su casa a almorzar”.

“Ese tipo fue el que me puso a mí un revólver en el pecho. Yo creo que era un 32 o un 38 largo. Mientras tanto, mis dos nietitas estaban ahí, pegadas al lado mío”, relató el hombre ayer.

Lo curioso fue que mientras ese episodio sucedió prácticamente ambos sujetos no emitieron palabra alguna.

“Yo les pedía que no generaran tanta violencia. Les decía que, si tenían algo personal contra nosotros, sacaran las nenas afuera e hicieran lo que quisieran. También les decía que si querían llevarse algo lo hicieran. Pero los tipos no hablaban, no emitían palabra alguna”.

El hombre recordó que en ese entonces sus teléfonos celulares estaban sobre la mesa y también que en ese lugar de la casa había más elementos de valor. “Pero ellos no se llevaron nada. No me pidieron plata y ni siquiera me dijeron que venían de parte de alguien o porque yo hacía esto o lo otro”, agregó.

Lo curioso sucedió minutos después, cuando “la única frase que emitió uno de ellos, el que me apuntó a mí, fue: ‘Nos equivocamos de casa’”.

De esa manera, ambos delincuentes se retiraron de la vivienda, dejando a las víctimas de este hecho invadidas por el terror de haber sufrido una situación así, sin que les robaran absolutamente nada y todavía hoy con varios interrogantes sobre lo sucedido que no tienen respuesta.

“Fue pasmosa la tranquilidad de cómo entraron y se fueron. No le erraron con la dirección. Tampoco con el nombre de mi esposa. Pero no me pidieron nada. Ni dinero ni nada. No me dejaron ningún mensaje, solamente me dejaron el terror. A mí, a mi mujer y a nuestras nietas”, agregó el hombre que protagonizó este hecho en carácter de una de las víctimas

“Ese mal momento nosotros lo pasamos y el mensaje que estos tipos nos dejaron fue de terror. Estamos con miedo todavía. La tranquilidad que tenía yo ahora no la tengo más. Nunca me había pasado una cosa así”, agregó Fonseca.

Después, en otro tramo de lo relatado ayer, sostuvo: “Nosotros no prestamos ni pedimos plata y no andamos en cosas raras de ninguna especie. Lo nuestro es vivir del trabajo, nuestra vida es el comercio y nada más”.

“La violencia de manejar las armas y levantarla a mi mujer por el aire y tenerla así levantada durante todo ese trayecto en que ella terminó casi sin poder respirar, eso fue impresionante. Se manejaron con silencio, frialdad y un profesionalismo total. Hasta hubiese preferido que los tipos me pidieran dinero o que me putearan”, agregó una de las víctimas de este singular episodio de inseguridad.

El dato

El matrimonio damnificado por lo sucedido hizo público su agradecimiento al personal policial “que acudió de manera rápida a nuestro domicilio” y, en especial, a los oficiales inspectores “Borghi, Añorga, Viedma y Cardozo”. También -expresaron Fonseca y su esposa- “agradecemos infinitamente a todos los vecinos que se solidarizaron con nosotros y al Dr. Sergio Hernández”.

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