REMEMBRANZAS

REMEMBRANZAS

Parte de la historia de Azul, en la memoria de Eduardo Símaro

El 1 de abril cumplió 75 años Sedería Marión, uno de los comercios más clásicos de esta ciudad. En diálogo con EL TIEMPO el memorioso comerciante recordó anécdotas, locales y situaciones desde el año 1950.

Por: Laura Méndez
15 de mayo de 2023

El pasado 1 de abril Sedería Marión cumplió 75 años. Es decir. inauguró en 1948. En principio tenía personal de Buenos Aires y era una cadena de sucursales.

Fue cuando Eduardo Simaro tenía 22 años que se quedó como encargado porque hubo cambio de personal, llegado de su ciudad natal: Tandil.

EL TIEMPO dialogó con el comerciante que goza de una privilegiada memoria con 87 años. Tanto que recuerda qué negocios había en esa época y dónde estaban ubicados.

Incluso hizo referencia a la antigua "vuelta al perro", a la institución "Amigos de la calle San Martín", cuando impusieron el Día del Niño, entre un sinfín de cuestiones que se respetan hasta el día de hoy.

Recuerdos...

Al principio de la charla recordó que "me hice cargo de Sedería Marión en el año 1957. Vine como encargado a los 22 años por un tiempo y me quedé. Con el tiempo esa firma cesó en sus actividades y me quedé a cargo de la sucursal. Seguí con el mismo nombre en San Martín 572 y después tuve la oportunidad de comprar al lado donde estaba la antigua zapatería Gianotti, donde había en la vidriera un zapato de un metro cincuenta, era muy clásico en Azul. Compré ese local, me instalé ahí y sigo hasta el día de hoy".

Sobre Marión explicó que "en un principio era sedería, pero después le fui anexando pisos flotantes, alfombras, blanquería y seguimos hasta la fecha con todas estas propuestas".

Mencionó una de las tantas anécdotas que recordó durante la charla.

"Todavía existía la famosa 'Vuelta al Perro', que era muy concurrida. Se daba toda la vuelta hasta la esquina de la plaza y se volvía por Avenida 25 de Mayo. Los negocios se abrían con horarios fijados por el Gobierno. De hecho multaban si nos pasábamos de hora. Existía el famoso sábado inglés, es decir que no se trabajaba el sábado a la tarde".

Continuó "la cuestión de los horarios se imponían, primero por ley, después lo hacía el Centro Empresario. Incluso hacíamos hasta dos o tres reuniones para ver en qué horario abríamos. Pero era riguroso, o sea se respetaba a rajatabla".

Retomó "la vuelta al perro" marcando que "por todo el centro había música con autos parlantes, puestos en las esquinas y era clásico. Se pasaba propaganda, música y noticias. Se llamaba 'Cárdenas Publicidad'".

Risueñamente contó que "en ese momento las chicas tenían permiso hasta que durara la música de Cárdenas, que era a las nueve de la noche, en verano, o hasta las ocho y media. Una vez que Cárdenas terminaba transmitir propaganda, se 'desbandaba' el centro. Todavía no existían los boliches bailables, solamente había bailes para cierta fecha, ahí se armaba; es decir se decían piropos, el que ya había visto alguna chica que le gustaba, la seguía, y ahí empezaban los noviazgos. Era muy clásico".

Continuó "sobre Yrigoyen también había un local importante que era Casa Galli, también artículos de ropa de campo con muchos empleados. También donde estaba el correo estaba Piazza Hermanos".

En esta línea siguió "Piazza tenía un salón grande que vendía cocinas, artículos del hogar. Enfrente vendía cueros, suelas para los zapateros y, al mismo tiempo, la familia enfrente tenía su mansión".

Del mismo modo, Eduardo prosiguió "seguía una casa que era muy conocida que también tenía sucursales, en la calle Yrigoyen, se llamaba 'Los 49 Auténticos'. Traían los trajes ya cortados, los cosían y costaban 49 pesos porque no había inflación".

Consultado a qué a lo se refiere este relato, sostuvo que "yo estoy hablando del 57 hasta el 70. Azul tenía corriente continua, no la de hoy y en la calle había tubos fluorescentes. Había que trabajar con la palanca porque si no se quemaban los tubos. No había letreros luminosos porque no tenía fuerza. Después, en el 60 se cambió. Es decir, se conformó la Cooperativa Eléctrica que contó sus máquinas propias y se hizo la corriente continuada. Entonces le dio una transformación total al centro porque sacamos esas luces fluorescentes con 'Los amigos de la calle San Martín' y colocamos lámparas en las esquinas y en el medio de la calle. Era toda una novedad y ya se podía poner letreros luminosos".

Camaradería entre colegas y amigos

En segundo lugar, Símaro expresó que "con estos 'Amigos de la Calle San Martín' que era una institución, trabajábamos mucho, hacíamos fiestas, festejábamos la víspera de Navidad con Papá Noel, lo traíamos en una carroza. En aquella época existían autos los fúnebres entonces en una carroza de donde llevaban las flores, disfrazábamos a una persona que iba repartiendo caramelos, juguetes chicos, la gente se amontonaba, era toda una diversión".

"Después también instituimos después 'El centro de jugueteros de la República Argentina' envió a las jugueterías de cada pueblo para que se impusiera el Día del Niño para reforzar el Día de Reyes. Entonces el tercer domingo del mes de agosto se festejaba el Día de Reyes".

También destacó que "hacíamos festival y también impusimos esa fecha. Había mucha camaradería entre los comerciantes. Estaba el cine Odeón sobre calle San Martín, donde hoy está Naldo Lombardi. Ahí había un ingreso y nos juntábamos los comerciantes de la cuadra, hablábamos e incluso también pasaban Miguelito Oyhanarte y engordaba sus 'Baldosas flojas'".

Recordó que "teníamos mucho tiempo, en mi negocio teníamos la materia atrás y los viernes hacíamos una peña. Y a las 11 de la noche venía también Julio Ronchetti (tío de Alfredo Carlos Ronchetti, director de este diario) y también conseguía alimentar 'El Loro Parlachín' que salía los domingos".

"Entonces todos los días a las 11, aproximadamente, se venía a tomar un cafecito a mi negocio y venían algunos otros comerciantes. No sé por qué había tanto tiempo" (risas).

Amplió "trabajábamos bien, se tenía muchos empleados, entonces uno tenía tiempo para dedicarle. Por ejemplo a los bancos se iba una vez por semana. No era como ahora. Incluso no hay más viajantes, ahora mandan la foto".

"Los viajantes se quedaban dos o tres días en cada ciudad. Era un festín cuando venían ellos porque te comentaban noticias de otras ciudades".

Aunque Símaro mencionó que se resiste a estas nuevas metodologías de venta.

"Sigo con mi viejo método refuerzo llamando a los mayoristas, ahora están los nietos, que ellos mismos no conocieron a su abuelo y yo sí. Desde el año 60 aproximadamente iba a Buenos Aires a comprar. Ahora ya dejé, no manejo más", aclaró.

"La pasé muy bien porque hice buenos amigos"

Al finalizar el memorioso Símaro opinó que "tengo 87 años pero tengo mucha memoria, la pasé muy bien porque hice buenos amigos. Antes Tandil era algo muy distante porque el camino era de tierra. En la vecina ciudad no había tráfico, tampoco había tribunales".

Hizo referencia, anecdóticamente, a que "los martes venía el tren de Tandil y pasaban los policías con los presos por la calle San Martín para llevarlos a la comisaría y después a la cárcel. Los traían caminando. O sea, los bajaban del tren y los paseaban por el centro" (risas).

Reflexionó que "no hay muchos hijos de comerciantes que hayan seguido con los negocios. En Joyería Puga siguen los hijos, después está la Joyería Calderaro, que debe tener más de cien años y la familia continúa. Ahora se hizo cargo del negocio Zapatería Raúl, Pablo Riccobene. El Baby es un clásico con la familia Bazzano".

Otras de las cuestiones que subrayó es en cuanto a los apellidos.

"Había gente con apellidos mal asentados, que era propio de los viejos de antes, los que venían en 1910. A veces, sin saber leer, le preguntaban y el que escribía le ponía el apellido que escuchaba".

Ejemplificó que "De Miguel y De Michelle (De Pregón) eran hermanos, al igual que Rufino y Orofino. De hecho mi verdadero apellido es Símari. Pero le han entendido mal a mi papá cuando me anotó".

"Mi papá vino solo acá a la Argentina, no trajo familia, se casó en Tandil con una mujer de pueblo que era de Calabria. Por eso yo viajaba tanto a Italia, tengo toda mi familia. Todavía me quedan cuatro primos hermanos", sostuvo.

Consultado sobre su esposa Eduardo contó que "a mi mujer la conocí acá, Sidelia Ressia. Mi suegro era nativo de Azul y me transmitió mucha historia de la ciudad. Ellos vivieron cuando se fundió el Banco Comercial de Azul y fueron afectados en esa época".

Símaro llevaba consigo muchas fotografías aunque dijo que "yo tenía muchas fotos, pero la inundación de los 80 me las llevó. Me fue reponiendo algunas Miguelito Oyhanarte".

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