MIGUEL OYHANARTE

MIGUEL OYHANARTE

Alma mater

Durante sesenta años escribió en EL TIEMPO "Baldosas Flojas": la sección de misceláneas que reflejó los acontecimientos de la ciudad. Además, de manera simultánea, redactó múltiples columnas legislativas, futbolísticas y sociales. Una producción periodística difícilmente superable.

Por: Marcial Luna
8 de junio de 2024

El 5 de julio de 1926, un día de lluvias y tormentas en la ciudad de Azul, mientras los diarios hacían estallar bombas de estruendo para anunciar las últimas noticias y el Consejo Escolar comunicaba que metería presos a los padres que no enviasen a sus hijos a la escuela, nació Juan Miguel Oyhanarte. Sí, un día particularmente agitado.

Fue probablemente allí, en el seno familiar, donde a Miguel se le adhirió en la piel el periodismo. Su padre, Dionisio Andrómaco Oyhanarte, era redactor y tipógrafo de varios diarios de la ciudad y la región; entre ellos, El Régimen, en momentos en que Roberto Arlt hizo su paso por Azul. Releo: se le adhirió en la piel el periodismo... Recuerdo que varias veces dialogamos sobre esa cuestión con Miguel, en las largas noches que compartimos en la Redacción de EL TIEMPO. Sea como fuere, nunca resolvimos la pregunta ¿Elegimos nosotros la profesión o es el oficio quien nos escoge?

Miguel Oyhanarte estudió en la Escuela N° 2 y vivió en el barrio de Costanera y 9 de Julio su niñez y adolescencia. La casa natal cobijó también a su madre, Juana Paula Zárate, y a sus hermanas Nelly Azucena y Aída Argentina, y a su hermano Aristóbulo.

En 1940 EL TIEMPO le abrió sus puertas a Miguel. Y con catorce años de edad, su primera ocupación fue la de cadete del periódico. Poco después, haciendo pie en la Redacción, tecleó sus primeras crónicas deportivas, sociales y notas de interés general. En 1943 comenzó a saborear el manjar del trabajo periodístico nocturno. Y fue así hasta 2009 ininterrumpidamente, cuando la vieja Remington se llamó a silencio.

Es el momento de decirlo: Miguel Oyhanarte es el periodista-emblema, de este diario, sin dudas. Y también, de esta histórica ciudad. El "Ciudadano Ilustre" para el Concejo Deliberante. Una cuestión nada sencilla, ya que la primera vez les tiró a los concejales el reconocimiento por la cabeza ("El Viejo" tenía su carácter...) y sólo algunos años después Miguel "aflojó" y terminó aceptando el "convite".

Pero para el periodismo azuleño -¿cuántos casos podrán equiparársele en las ciudades de provincias, en el país?- fue el redactor que sostuvo sesenta años una columna de publicación diaria: Baldosas Flojas, sección que cargó sobre sus espaldas junto con otras que produjo a la par, en un proceso creativo permanente, como veremos en este artículo.

Voraz lector, creador desde el minuto uno de su propio archivo -que alcanzó un volumen y precisión extraordinarios-, el novel redactor generó alternativas de comunicación y se hizo escuchar con cada golpe a las teclas de su máquina de escribir.

La sección "Baldosas Flojas" no surgió en forma inmediata al ingreso de Juan Miguel Oyhanarte a EL TIEMPO. Por el contrario, fue el resultado de un proceso de búsqueda y experimentación periodística de una década, ni más ni menos.

Luego de las primeras notas en 1940, fue el responsable de las secciones "Refunfuños", "Nido de Carancho" y "Al correr de la máquina".

También, aunque muy esporádicamente, aparecieron artículos suyos firmados con los seudónimos "Nina Strick" y "Quito Moss", entre otros.

Esos seudónimos utilizados por Oyhanarte fueron reemplazados más tarde por el de "Juan Pisacalle", que perduró en simetría con las últimas décadas de la sección de misceláneas.

Los primeros "baldoseos"

Veamos algo más de la etapa pre-Baldosas. En 1951 creó la sección "Nido de Carancho" y utilizó como firma, en este caso, el seudónimo "Currinche".

Se publicó por primera vez en la edición de EL TIEMPO del 10 de junio de aquel año mencionado. Y rápidamente la propuesta periodística comenzó a arraigarse entre los lectores.

De todos modos, insisto: aunque fueron diversas las columnas que creó Oyhanarte, fue "Baldosas Flojas" la que logró perdurar seis décadas de forma ininterrumpida. Una producción a la que costará encontrarle quien pueda "empardarle" en la historia del periodismo argentino impreso.

El miércoles 24 de junio de 1953 apareció, por última vez, la sección "Nido de Carancho". Sobrevinieron los meses de julio y agosto sin actividad de columnas fijas. Digámoslo así, no sea que nos caiga algún pisapapeles desde un nubarrón que se avecina: evidentemente, Oyhanarte estaba en proceso de una nueva creación periodística.

¡En efecto! Dos meses después apareció otro concepto de miscelánea periodística: la primera columna de "Baldosas Flojas" se publicó el 9 de setiembre de 1953, aun sin el logotipo que identificó a la sección.

La segunda curiosidad que presentó la columna -si tomamos como primera la ausencia del logo- fue el subtítulo, que luego tenuemente se modificó y entre paréntesis se incluyó "Salpicón en la madrugada", que poco después fue reemplazado por el definitivo "Salpicones de madrugada".

Esta columna, naturalmente, tiene un atractivo especial por tratarse de la primera de la larga serie que constituyó la sección "Baldosas Flojas" y expone muchos de los elementos que sostuvo en toda su historia: crítica periodística, a menudo con muchísima dureza, pero sin caer en el agravio o la ofensa; marcó los cambios de cada década y se aferró a utopías como forma de resistencia. Y destiló un sano humor, más a menudo irónico que sarcástico.

El proceso de consolidación de la sección "Baldosas Flojas" continuó a paso firme.

En la edición del 20 de septiembre de 1953 Oyhanarte publicó la primera de las referencias directas al título de su nueva columna: "Salud, 'tocayas': durante todo el día de ayer, poco menos, los mosaicos flojos de muchas veredas de nuestra ciudad jugaron un rol específico: escupieron las pantorrillas desnudas de las pocas corajudas chicas que se atrevieron a salir de sus casas con la lluvia y, además, ensuciaron los pantalones de los confiados peatones. En las primeras los escupitajos sólo produjeron extraños escalofríos y algunas risitas nerviosas y en los otros... ¡detente Remington, que los sapos y culebras cuanto más distantes están de nosotros, mejor que mejor...!".

La edición de EL TIEMPO del domingo 11 de octubre de 1953 puede considerarse "histórica", toda vez que apareció con el formato definitivo de Baldosas Flojas: incluyó el logotipo y las letras que caracterizaron tanto al título como al subtítulo.

En esa oportunidad Oyhanarte mencionó a los ilustradores: "Esta sección, como lo habrá advertido usted amigo lector, presenta hoy el atractivo de este dibujo del caballero que sin pronunciar palabra exterioriza en su rostro el estado de ánimo que le ha provocado una de las tantas baldosas flojas que de continuo hallamos en nuestro espinoso andar por la vida. El lápiz del dibujante azuleño Santo Glorioso lo concibió en unos pocos plumazos y Enrique O. Di Salvo completó el trabajo con el trazado de las letras".


21 de octubre de 1967. Miguel Oyhanarte entrevista al integrante del grupo folclórico Los Chalchaleros, Juan Carlos Saravia. La nota tuvo como escenario la Plaza San Martín; y a la imponente Catedral de Azul como un imaginario telón de fondo. GENTILEZA FAMILIA OYHANARTE

"Diccionario Oyhanarte"

Oyhanarte, a la par que desarrolló su sección diaria de Baldosas Flojas, fue acuñando términos, adaptando otros y creando imágenes, de acuerdo con las necesidades que fue imponiendo su estilo periodístico, que incluyó el particular uso que hizo de las comillas. Puede hablarse, entonces, de un "Diccionario Oyhanarte"; o -como él seguramente hubiera preferido denominar- un "Pequeño Diccionario Baldosero".

A partir de la creación de la sección, muy pronto surgió el concepto de "Baldosero de turno", simplificado poco después como "B.D.T.".

La columna no fue unipersonal; aunque se identificó directamente a Miguel Oyhanarte con ella.

Algunos redactores del propio diario, en las seis décadas que atravesó la columna, a menudo colaboraron en las Baldosas.

Otro concepto acuñado fue "C.V.", que se tradujo inmediatamente como "Corresponsal Viajero". Eran colaboradores directos de Oyhanarte, gente de su confianza, amigos, antiguos periodistas de otros medios que habían dejado de circular, personas que tenían o habían tenido algún rol comunitario fundamental, pero también gente de los barrios. Anónimos para los demás medios que, sin embargo, el "B.D.T." equiparó con el resto del arco social, al incluir a todos en el concepto de corresponsales viajeros. Fueron también quienes proveyeron de material, sistemáticamente, al creador de las Baldosas.

Oyhanarte le puso cuerpo y alma a la sección fija de misceláneas, que logró una particular identificación y reunió todas las características de una marca registrada. Y así debía ser: la sección comenzó y terminó en el propio Oyhanarte.

Como ya se indicó, el hombrecito dejó de gruñir y las Baldosas dejaron de salpicar tras el último golpe de tecla del periodista Miguel Oyhanarte, ya cuando el Siglo XXI daba sus primeros pasos.

Tres secciones más

Con dedicación plena el diario, durante la década de 1950, además de las ininterrumpidas "Baldosas Flojas", Oyhanarte redactó otras tres secciones de aparición esporádica.

La primera de ellas fue Tijeretazos, a partir de abril de 1956 -primero dentro de las propias Baldosas y luego en sección aparte-, compuesta por brevísimas misceláneas.

Luego fue el turno de una sección con mayor desarrollo: Al correr de la máquina, que apareció por primera vez el sábado 15 de diciembre de 1956, en primera plana y, por lo general, llevó la firma de "Currinche".

Finalmente, tres años después se publicó la sección Refunfuños, también como columna esporádica.

A grandes rasgos puede indicarse, en cuanto a las cuatro secciones que Oyhanarte mantuvo en simultáneo, que las "Baldosas" consistieron estrictamente en misceláneas, mientras que "Tijeretazos" resultó una suerte de breviario dentro de las propias baldosas y "Al correr de la máquina" implicó información mecanografiada a tiempo real de la transmisión radial y, también a menudo, incluyó notas de índole local; pero aun así manteniendo un ritmo vertiginoso.

"Refunfuños", en tanto, fueron gruñidos convertidos en sueltos, de tono aún más agudo y crítico que el resto de las secciones.

En esas múltiples columnas se reflejaron los acontecimientos destacados del mundo, del país y, particularmente, de esta ciudad.

Una lectura del material permite corroborar la persistencia de algunas temáticas.

Veamos un ejemplo, de absoluta actualidad pero que data del 1 de abril de 1953. En los primeros tiempos de esa década la espiral inflacionaria arremetió con natural fuerza contra la población. No en vano Oyhanarte escogió al problema como eje de un artículo de su "baldoseo": "Ya se habla con insistencia de la secuela inevitable que tendrá el aumento dispuesto en el precio de la nafta y demás combustibles. El impacto va dirigido al inmenso sector de la población que sabe mucho de planes pero que atañen exclusivamente a la compleja economía doméstica. Esto se llama seguir echando leña, ahora impregnada de combustible, en la dantesca hoguera de la inflación. Asegúrase que como consecuencia del aumento a que me refiero serán reajustadas de un momento a otro las tarifas que rigen para las camas de los dormitorios del ferrocarril, inclusive, por supuesto, los trenes a vapor. Se anticipa, asimismo, un aumento en el régimen tarifario del servicio de micros dependiente del Ministerio de Transportes, deduciéndose que las empresas particulares procederán de idéntica manera, como también lo harán los propietarios de camiones que transportan cargas generales. Los comerciantes no se resignarán a afrontar ese mayor costo con la ganancia que actualmente perciben y entonces vendrá la suba en el precio de los artículos que consume la población. Y así se forma de cadena, que por lo visto no tiene fin".


El logo característico de la sección "Baldosas Flojas", la creación periodística de Miguel Oyhanarte. La ilustración fue realizada por Santo Glorioso y las letras, por Enrique O. Di Salvo. ARCHIVO/EL TIEMPO

Varios temas

En Baldosas Flojas se abordó una multiplicidad de temas, por lo que es perfectamente posible identificar las problemáticas que han estado vigentes durante más de sesenta años y se mantienen.

Escribió Oyhanarte el 13 de noviembre de 1954: "A los pobres urbícolas los asedian cotidianamente agentes de mil matices distintos que ponen a prueba la salud de sus nervios. Inentendibles pregones callejeros, estridentes bocinazos, automotores y motocicletas con escape abierto, atruenan el espacio. La mayoría de ellos pueden ser eliminados o notablemente disminuidos, con la sola precaución de no incurrir en demasías. La salud de los nervios es muy importante y necesaria para los que viven en centros urbanos, ya que toda alteración nerviosa puede conducir a serias complicaciones de orden psíquico. Creemos que con un poco de respeto por la tranquilidad del prójimo se anularían los ruidos innecesarios". Y casi una década después, en la edición del 3 de febrero de 1962 observó: "Desgraciadamente es mucha la gente desprovista del más mínimo sentido común que después de las 22 o las 23 se lanza a la calle a cometer el crimen de torturar sin piedad alguna a los vecinos. Las motos con sus infernales escapes son innumerables. Muchos son también los conductores de autos y camiones que atormentan con sus bocinazos. Esos ruidos descomunales no traducen el progreso de la ciudad. Muy por el contrario, implican una crueldad condenable de parte de quienes los provocan".

Otra Baldosa, pero del 12 de marzo de 1955: "Azul ciudad de turismo no es hasta el presente otra cosa que un lema muy bonito. Pero en efectivo, se puede afirmar que no hemos visto absolutamente nada. Falta mucho, muchísimo, para que podamos ostentar con general satisfacción ese rótulo. Los turistas que llegan a Azul se quejan. Y tienen razón en ciertos aspectos. Les causa extrañeza que en el Balneario, por ejemplo, no haya un servicio eficiente de confitería y bar, con instalaciones y atención más adecuadas. También les extraña que la vida comercial de Azul tenga tan escasos límites en sus horarios y la falta de negocios que estén al servicio del turista para ofrecerle aunque más no sea el pequeño objeto que tenga grabada la leyenda 'Recuerdo de Azul'".

Un lector de su ciudad

Aferrado a su máquina de escribir, Oyhanarte "leyó" a su entrañable ciudad sin despegar el ojo del acontecer macroscópico. Particularmente lo preocupó la decadencia educativa a la que ya comenzaba a someter a la población argentina, a la vez que el individualismo fagocitaba la solidaridad. En los '60 Oyhanarte creó la sección Banca 19, dedicada exclusivamente a los comentarios relacionados con las sesiones del Concejo Deliberante de Azul y los proyectos de los legisladores locales.

En 1964 apareció la sección Chimentos Futboleros, firmada con uno de sus antiguos seudónimos: "Quito Moss".

Si con "Banca 19" el autor de "Baldosas Flojas" confirmó su capacidad como cronista legislativo, con esta nueva sección demostró que tampoco la cobertura futbolística desentonó en su acervo laboral.

Resulta aquí imposible siquiera referir todas las temáticas abordadas por Oyhanarte en sus columnas. Sobre todo, en "Baldosas Flojas". Unas mil misceláneas por año, durante seis décadas, nos llevan a determinar que fueron más de sesenta mil publicaciones. Y sus temáticas, cientos de miles.

Siempre vigente

Se trata, entonces, de elegir otra de las cuestiones que mantienen su vigencia.

Un caso, que no sólo es de incumbencia de la ciudad de Azul, es la Ruta Nacional número 3.

Hace hoy exactamente 61 años, un 7 de junio de 1963 Oyhanarte escribió: "Lamentablemente pareciera que no tuviera solución el desgraciado problema de los accidentes en la ruta nacional número tres. Diariamente se suceden y cada vez vienen adquiriendo mayor gravedad. Reiteramos nuestro pensamiento: no es cuestión policial. Es cuestión de prudencia, de responsabilidad, que corresponde a cada uno de los causantes. [...] Los hechos que ocurren obligan a pensar que la ruta tres ya no es suficiente para satisfacer las exigencias que determinan el intenso tránsito que se realiza por ella [...] Habrá que pensar en ensanchar suficientemente esta ruta o construir una paralela que permita el uso de las dos manos. Alguna solución habrá que encontrar. Son demasiadas vidas humanas las que se están perdiendo a diario".

Y para cerrar este artículo, démosle nuevamente voz a Oyhanarte y sus "Baldosas Flojas", en una de las tantas "redundancias azuleñas": el estado de las calles.

El periodista escribió el 10 de mayo de 1963: "Está adquiriendo características verdaderamente alarmantes el estado general de las calles de acceso a la ciudad. Cada vez es mayor el número y profundidad de los pozos y el desnivel es tan pronunciado que resulta un verdadero sacrificio para los que deben circular con algún vehículo. Las autoridades municipales deberían llevar a cabo de una vez por todas -aunque no haya anuncio previo- una labor amplia y general en todos los sectores para que las calles de Azul resulten fácilmente transitables para todos. No creemos que pueda alegarse falta de personal o de medios, por cuanto se nos ha dicho que nunca como ahora la Comuna ha contado con todos esos elementos en forma mayor. La población espera esta acción, que en síntesis es cuanto más se aprecia de la labor de la autoridad comunal".

El "decano" de los periodistas azuleños -tal como lo bautizó el escribano Néstor Juvenal Ronchetti- falleció una jornada como la de hoy, el 7 de junio de 2009. El Día del Periodista.

(*) Autor de "Salpicones de madrugada", libro publicado en 2017 que repasa la labor de Miguel Oyhanarte en EL TIEMPO.

Juan Miguel Oyhanarte en la Redacción de El Tiempo. La imagen data del 27 de marzo de 1953 y tiene el sello de Foto Studio Van Dyck, que por aquel entonces funcionaba en el centro de Azul, sobre la calle San Martín al 682. GENTILEZA FAMILIA OYHANARTE


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