ENFOQUE

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El cuarto eje del Festival Cervantino de Azul: el Cervantismo social y creativo

21 de noviembre de 2020

José Manuel Lucía Megías

Padrino del Festival Cervantino

Al final del tercer festival cervantino, por 2009, en un balance que escribí en la cafetería del Gran Hotel Azul hablé por primera vez de los tres equilibrios que teníamos que alcanzar para mantener el Festival en el tiempo. Por aquellos años, nuestra gran preocupación era la sostenibilidad del Festival. Eran tan maravilloso lo que se estaba creando, era tan poderosa la energía que estaba brotando y la ilusión y esperanza que estaba generando, que nos preocupaba mucho que no pudiera sostenerse. Fueron tiempos también de grandes críticas y de una parte muy activa de la población que atacaba abiertamente lo que estábamos haciendo y me señalaba con el dedo acusador en medio de la calle, como si tuviera un plan orquestado de nuevas "conquistas". Con los años, muchos de esos dedos acusadores se han convertido en manos y abrazos amigos, compañeros.

Recuerdo esos tres equilibrios, una vez más, y las razones que le dan sentido.

Uno tenía que ver con el contenido cervantino del Festival. Éramos conscientes que estábamos creando algo único en Argentina, un Festival Cervantino, y el tiempo nos ha dado la razón. Pero esta singularidad había que cuidarla para no terminar convirtiendo el Festival Cervantino en un encuentro cultural y artístico más de los que se dan cada día en alguna ciudad argentina. Apostamos por fomentar las actividades educativas cervantinas a partir de este eje (desde las Escuelas rurales con "El Quijote nos une" de Azul Solidario, a las urbanas con todo tipo de complicidades, desde las autoridades a las y los docentes, que son el verdadero sostén de la propuesta), sin olvidar la implicación de la Universidad Nacional del Centro, que en 2013 creó la Cátedra Cervantes. Otra de las instituciones que conseguimos que se involucrara y diera sostenibilidad cervantina y académica al movimiento cervantino azuleño.

El segundo equilibrio, entre lo público y lo privado, tenía que ver con la gestión del Festival y con la necesidad de proteger al movimiento azuleño de los inevitables vaivenes y veleidades de la política, que forma parte de su ADN contemporánea. El Festival tiene que estar apoyado y protegido por los representantes públicos de la ciudadanía (Municipalidad, Consejo Deliberante, Gobierno de la Provincia, de la Nación...), pero tiene que ser un festival que la ciudadanía sienta como propio, como suyo, al margen de sus ideas políticas, de su posicionamiento ante la gestión de cada intendente. El privado tenía que ser motor del Festival, que había de ser ayudado, con el aceite y la gasolina de los presupuestos, por lo público -que emanan de los impuestos y no de la caridad de sus dirigentes. Las apuestas patrimoniales que se llevaron a cabo durante unos años -y que se han olvidado en los últimos tiempos- son un buen ejemplo de todo lo que se consigue con este equilibrio: las esculturas de Regazzoni del Quijote y del Malón, los murales de Omar Chirola o de Miguel Rep, la escultura de Omar Estela... son apuestas que han transformado espacios físicos de la ciudad... y algunos también mentales.

Y el tercer equilibrio, entre lo interno y lo externo, entre las propuestas nacidas de la propia comunidad azuleña y las que venían de fuera (de la provincia, de la ciudad de Buenos Aires, de otras partes de Argentina, de América o de otras partes del mundo, especialmente de España) es la apuesta por la trascendencia, por la capacidad de trascender los espacios geográficos de Azul para presentarse con una carta de prestigio y de singularidad al mundo.... un cambiar el foco y un conseguir nuevas inversiones, nuevos desarrollos, nuevas oportunidades.

Sigo pensando en la necesidad de mantener estos tres equilibrios como un medio de sostener la singularidad del Festival Cervantino de Azul. Nadie -y quien diga lo contrario miente o es un ignorante- podíamos imaginar a dónde hemos llegado, lo que hemos conseguido cuando comenzamos en el 2007 con el primer Festival. Como ninguno de los responsables de la exposición "Don Quijote, de la Mancha a la Pampa" en el 2004, de la Asociación Española de Socorros Mutuos y la Biblioteca popular Bartolomé J. Ronco, pudo imaginar la situación actual, ni tampoco yo cuando en el 2006 promoví el nombramiento de Azul como Ciudad Cervantina, pues ya intuí entonces la necesidad de un reconocimiento externo para aunar muchos de los esfuerzos y de las energías que existían en Azul, como así ha sucedido posteriormente con otros reconocimiento: el hermanamiento con Alcalá de Henares o la participación en la Red de Ciudades Cervantinas (a partir de 2017).

Si algo he tenido claro en los más de 15 años que vengo visitando, conociendo y trabajando para Azul, es que el que llamamos "movimiento cervantino de Azul" es algo que está en el ADN de la comunidad. Lo único que conseguimos con el Festival Cervantino es aunar intereses, crear un espacio común para que todo el mundo pudiera desarrollarse y participar. Mucho se ha conseguido desde aquel 2007... pero todavía mucho queda por hacer.

Acaba de terminar un nuevo festival cervantino, un particular festival cervantino virtual, espejo de la situación de pandemia mundial que estamos sufriendo en estos meses. Y es hora de hacer un nuevo balance.

Y llegados a este punto, creo que la pregunta no es: ¿Qué debemos hacer para mejorar el próximo Festival Cervantino, cómo conseguir devolver el equilibrio a algunos de los ejes de los que he hablado anteriormente, y que se encuentran muy deteriorados? La pregunta que yo -y creo que muchos más con los que hem hablado del tema- es: ¿Por qué seguir haciendo el Festival Cervantino de Azul? ¿Con qué finalidad y meta hemos de trabajar para hacer que el Festival sea sostenible, invertir en él recursos, esfuerzos, tiempo e ilusión? ¿Para conseguir una mera reunión de diferentes actividades que tan solo interesan -en el mejor de los casos- a sus propios organizadores, que, poco a poco, termina por parecerse a tantos festivales culturales que hay en el mundo?

Y no ha sido así. Nunca ha sido así. Permítame rescatar cuatro actividades -de las que he podido seguir de toda la oferta con la distancia de cuatro horas desde España- que muestran que nunca ha sido así: la publicación del libro "Titiriteras" de Estela Cerone por la Editorial Azul, la presentación de las Actas de las Jornadas Educativas que celebramos el año pasado y que dan cuenta de interesantes propuestas educativas desarrolladas en la ciudad desde 2007, a cargo de la Asociación Civil Azul Ciudad Cervantina, el documental sobre Regazzoni de Alejo Duclós y la donación de las obras quijotescas de Emilio Reato a la Casa Ronco, gracias a la compra de un grupo de azuleños, entre los que me encuentro, liderados por Silvio Oliva. Cuatro actividades -que el lector azuleño podrá acrecentar con otras tantas- que muestra todo lo que se "ha hecho" de especial, de único, de quijotesco en estos años pasados. ¿Y qué pensamos hacer en el futuro?

A los tres ejes iniciales que me parecen esenciales para la sostenibilidad del Festival Cervantino creo que ha llegado el momento de sumar un cuarto: el del Cervantismo Social y Creativo. Creo que una de las líneas de desarrollo en que tenemos que trabajar -junto y en coordinación con las propuestas educativas y académicas, las turísticas y las culturales y artísticas- es la de conseguir, con el prestigio y el posicionamiento social y político ya alcanzado, avanzar en hacer de la cultura, de los valores culturales un motor de la sociedad. Y, como en tantas ocasiones en Azul, no se trata de crear algo nuevo, sino de potenciar lo ya existente, de aunar esfuerzos en unas líneas de trabajo comunes, pues desde el año 2007 el Festival Cervantino está potenciando y desarrollando su propio Cervantismo Social y Creativo: desde las actividades en el Colegio Santo Tomás hasta el reparto de ediciones del "Quijote" en papel prensa a todas las escuelas, desde el "Quijotito" hasta el viaje de egresados en las escuelas rurales a España, desde la creación de emprendimientos locales como la propia editorial Azul y todo tipo de bares y restaurantes hasta los talleres e iniciativas en la cárcel, desde el apoyo a los talleres de pintura de Inés Pacheco a las propuestas artísticas y sociales en los barrios, desde el esfuerzo diario de mantener abierta y engrandecer la riqueza del Complejo Ronco... hasta el infinito y un poco más allá.

El Cervantismo Social y Creativo me parece una excelente herramienta para devolverle al Festival Cervantino -y al movimiento cervantino de Azul- una parte de la ilusión perdida, para conseguir desarrollar muchos proyectos personales de diferentes miembros de la comunidad, de atraer a muchos sectores de la sociedad azuleña que ahora ven como algo ajeno este mundo de posibilidades -sus posibilidades-, y sobre todo, para seguir en la senda de hacer temblar juntos a los molinos del desencanto, de la pobreza, de la marginación, que aparecen en el horizonte de nuestro futuro más inmediato.

El Festival Cervantino a lo largo de estos casi quince años de vida ha sabido reiventarse, transformarse, abrirse a nuevas posibilidades desde sus fortalezas, que son muchas y en las que tenemos que apoyarnos -y el esfuerzo de muchas personas, su entusiasmo y su dedicación. Pero también hemos de trabajar en corregir sus debilidades. Y para mí, una de ellas, es la necesidad de profesionalizar la gestión del festival cervantino, la necesidad de formar y de darle oportunidades a nuevas generaciones para que, con todo nuestro apoyo, sean ellos los que trabajen para recuperar de nuevos los equilibrios ya citados o otros tantos que ellos consideren necesarios para que el Festival Cervantino sea sostenible, p ara que el Festival Cervantino sea un motor esencial de oportunidades para mejorar la cultura, la economía, el turismo, la cohesión social, en, una palabra, la vida de Azul.

Solo recuperando las metas quijotescas del Festival Cervantino, su ambición cervantina, podremos responder una vez más, al unísono, por qué es necesario que volvamos a encontrarnos en Azul el año que viene por estas fechas para celebrar el nuevo Festival, un nuevo momento de desafíos y de oportunidades.

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