21 de octubre de 2026
El Consejo del Arbolado Público trabaja en la conservación del patrimonio verde, la incorporación de nuevos ejemplares y la concientización sobre las podas indebidas. La elección de especies adecuadas para cada sector, el cuidado de los árboles existentes y la participación de la comunidad son parte de una tarea que busca proyectar una ciudad más verde y sustentable.
Además del Departamento Ejecutivo y el Concejo Deliberante, las instituciones y entidades civiles que participan activamente con sus respectivos delegados y profesionales en el Consejo del Arbolado Público de Azul son el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria): Aporta la mirada científico-técnica y de extensión rural en el territorio, Facultad de Agronomía de Azul (UNICEN) que participa a través de ingenieros agrónomos, docentes e investigadores especializados en botánica y producción vegetal; la Facultad de Derecho (UNICEN) que articula a través de iniciativas específicas, como el programa conjunto bajo ordenanza local denominado "Un Graduado, Un Árbol", orientado a la donación y forestación urbana; el Colegio de Ingenieros Agrónomos de la Provincia de Buenos Aires que ofrece el aval de los profesionales matriculados del sector en la toma de decisiones técnicas; el Colegio de Arquitectos que aporta la visión sobre el diseño, el desarrollo del espacio público y la planificación urbana sustentable. También organizaciones y ciudadanos particulares.
Los árboles acompañan la vida cotidiana de una ciudad, aportan sombra, moderan las temperaturas, contribuyen a mejorar la calidad ambiental y construyen una identidad que se reconoce en sus calles, plazas y espacios públicos. En Azul, donde determinadas especies forman parte de la imagen característica de distintos sectores, preservar ese patrimonio supone atender tanto a los ejemplares que ya existen como a la necesidad de incorporar nuevos árboles. Forestar, sin embargo, requiere planificación, conocimiento técnico y una mirada a largo plazo que contemple las características de cada lugar, el desarrollo que alcanzará cada especie y las condiciones necesarias para que pueda crecer sin ocasionar problemas en las veredas, las viviendas o los servicios urbanos.
En ese marco, el Consejo del Arbolado Público del Partido de Azul desarrolla una tarea de asesoramiento, planificación y concientización vinculada con el cuidado del patrimonio arbóreo.
EL TIEMPO entrevistó a Dolores Lynch, coordinadora del organismo, y Hernán Godoy, representante del Departamento Ejecutivo, quienes describiendo parte del trabajo que articula la participación de distintos sectores con la gestión municipal.
Godoy es subdirector del Parque Municipal y además tiene a cargo el arbolado urbano. El funcionario expresó que "estar en la conformación desde sus inicios es algo que me da mucho gusto, el intercambio de conocimientos con los demás integrantes además de los voluntarios que son vecinos de nuestra ciudad y se suman con mucho entusiasmo es muy gratificante. Desde mi rol como representante del Ejecutivo y la tarea que nos toca es la ejecución de los trabajos, la responsabilidad técnica y legal y lo hacemos desde el área de arbolado. Contamos con personal rotativo o fijo, según las tareas de plantación o de poda, supervisiones, autorizaciones, etc.".
Lynch se refirió a que "la agenda incluye la forestación de espacios que presentan faltantes, la reposición de ejemplares, el seguimiento de especies características de la ciudad y la difusión de prácticas adecuadas para su conservación". También pone el foco en una problemática persistente: las intervenciones realizadas sin autorización y las podas drásticas que pueden comprometer la salud de árboles que tardaron años en desarrollarse.
Planificar antes de plantar
Una de las cuestiones centrales para pensar el arbolado de una ciudad es comprender que no todas las especies son apropiadas para cualquier lugar. La elección de un ejemplar debe responder a las dimensiones de la vereda, el espacio disponible para las raíces, la presencia de tendidos aéreos, las construcciones cercanas y las características que tendrá el árbol cuando alcance su desarrollo adulto. "Una especie de gran porte puede resultar adecuada para un parque o un espacio abierto y, al mismo tiempo, convertirse en un problema si se coloca en una vereda estrecha. Lo mismo sucede cuando no se considera el crecimiento de las raíces, la amplitud de la copa o las necesidades de agua de cada ejemplar", destacó Lynch.
La Ordenanza 4.752/22, que regula el arbolado público del partido de Azul, establece un marco para proteger, preservar, estudiar, mejorar y desarrollar ese patrimonio, tanto en la ciudad cabecera como en las localidades y los parajes del distrito. La normativa contempla, además, la planificación de las intervenciones y la selección de especies apropiadas para el espacio urbano.
En este sentido, el Ingeniero Godoy expresó que "el Consejo cumple una función de asesoramiento y colaboración con el área municipal responsable del arbolado. Su aporte permite considerar las particularidades de cada sector, evaluar necesidades y promover que las decisiones no se limiten a resolver una ausencia puntual, sino que respondan a una planificación más amplia". La distribución de los árboles también incide en el resultado. No alcanza con aumentar la cantidad de ejemplares sino de contemplar las condiciones que necesitan para desarrollarse.
Una ciudad con identidad propia
Azul cuenta con especies que se incorporaron a su paisaje urbano a lo largo del tiempo y que hoy forman parte de su identidad. Los naranjos amargos y los tilos son dos ejemplos destacados, cuyo valor trasciende el aporte ambiental y se vincula también con la memoria colectiva y la fisonomía de determinadas calles.
Dolores Lynch pertenece además al grupo de "Los Naranjos", una agrupación que pertenece al Consejo del Arbolado y que se sustenta en sus recomendaciones. Ese grupo aboga por la reposición y conservación de los mismos, patrimonio de la ciudad de Azul. Pero la conservación de esas arboledas plantea desafíos particulares. "En algunos casos, es necesario evaluar el estado sanitario de los ejemplares, atender los problemas que puedan presentar y estudiar las alternativas para mantenerlos en condiciones adecuadas. En otros, la ausencia de árboles obliga a pensar estrategias de reposición que respeten las características del sector, y eso lo articulamos con el Consejo".
En el caso de los naranjos amargos, el trabajo de conservación también se relaciona con la necesidad de sostener una presencia histórica en el entramado urbano. En junio de 2026, durante una reunión del Consejo, se informó que Azul tenía un faltante de aproximadamente 300 ejemplares de esta especie, una situación que plantea la necesidad de pensar su reposición y recuperación. El relevamiento de las especies existentes constituye una herramienta importante para ese propósito. Conocer qué árboles hay, en qué condiciones se encuentran y dónde faltan ejemplares permite establecer prioridades y orientar las futuras intervenciones. "Ya se han plantado unos cuantos naranjos en los sectores que corresponde por calle, la verdad es que estamos muy contentos", expresó Lynch.
La planificación debe contemplar tanto la conservación como la renovación progresiva del arbolado, procurando que las nuevas generaciones de árboles puedan sostener en el tiempo los beneficios ambientales y la identidad paisajística de Azul.
Reforestar también es una tarea colectiva
La incorporación de nuevos ejemplares requiere recursos, organización y continuidad. Por eso, las iniciativas que promueven la participación de vecinos, instituciones y empresas pueden convertirse en un aporte significativo para ampliar la cobertura arbórea de la ciudad.
Lynch explicó que "este año, el Consejo impulsó la campaña 'Por un Azul más verde', destinada a reunir árboles mediante donaciones para su posterior plantación en veredas, plazas y otros espacios públicos. La propuesta buscó facilitar la participación de quienes desean contribuir al crecimiento del patrimonio verde, sumando esfuerzos a las acciones desarrolladas desde el ámbito municipal". La iniciativa tuvo continuidad durante el año con plantaciones de árboles donados que fueron colocados en distintos sectores, "la verdad es que la gente se enganchó mucho con la campaña, se incluyeron tres prunus pissardii en el barrio Solidaridad, un falso alcanforero en la plaza de El Sol, cuatro olivos en el sector del Cristo y cinco crespones en los laterales de la Escuela Normal", detalló Lynch.
La distribución de los ejemplares en diferentes puntos refleja la importancia de identificar previamente los lugares que necesitan forestación y seleccionar árboles acordes con sus características. La incorporación de nuevas plantas debe ir acompañada, además, de tareas de seguimiento y mantenimiento, especialmente durante las primeras etapas de crecimiento. "Para todo esto contamos con el asesoramiento de Hernán [Godoy], contamos con un grupo muy grande de personas que ayudan desde acompañar en las acciones hasta manejar nuestras redes para que siempre estén actualizadas", manifestó Lynch.
Godoy explicó que "un árbol recién plantado necesita condiciones adecuadas para establecerse. La disponibilidad de agua, el cuidado de la cazuela, la protección frente a daños y el control de su evolución inciden en sus posibilidades de supervivencia".
La poda indebida, un problema que compromete años de crecimiento
Una de las prácticas sobre las que el Consejo viene insistiendo es la poda indiscriminada, que suele realizarse con la intención de reducir el tamaño de la copa, despejar luminarias o cables, evitar la caída de hojas o simplemente mantener una costumbre arraigada. Sin embargo, la poda no constituye una necesidad anual para todos los árboles. "Cada intervención debe responder a una razón concreta y considerar las características de la especie, su estado sanitario y el objetivo que se pretende alcanzar", explicó Godoy. Cortar ramas sin un criterio técnico puede ocasionar daños que no siempre resultan evidentes de inmediato.
Las podas drásticas, en particular, pueden dejar heridas de gran tamaño, alterar la estructura del ejemplar y favorecer la aparición de enfermedades. Y agregó que "en ocasiones, lo que se presenta como una poda termina siendo una mutilación de la copa. La reducción excesiva del follaje no solo modifica la apariencia del árbol: puede comprometer su estabilidad, su salud y su capacidad de cumplir las funciones ambientales por las que resulta valioso para la ciudad".
La problemática adquiere otra dimensión cuando se considera el tiempo que necesita un ejemplar para desarrollarse. Su pérdida no se compensa de manera inmediata con la plantación de uno nuevo, que deberá atravesar un largo proceso antes de alcanzar un porte semejante.
El arbolado público es responsabilidad de toda la comunidad
Otro aspecto importante es reconocer el carácter público de los árboles ubicados en las veredas. Aunque estén frente a una vivienda o un comercio, forman parte del arbolado público y su intervención se encuentra regulada por la normativa municipal. La Ordenanza establece restricciones a la poda, extracción, tala y otras acciones que puedan ocasionar daños. Las intervenciones deben ajustarse a los procedimientos previstos y contar con la autorización correspondiente. En consecuencia, ante la necesidad de intervenir un árbol de la vereda, el camino adecuado es consultar. La intervención de personas sin la capacitación necesaria puede ocasionar daños difíciles de revertir.
La normativa también contempla consecuencias para quienes incumplan las disposiciones vigentes. No obstante, el desafío no se agota en la fiscalización: requiere que la comunidad conozca las reglas, comprenda su fundamento y asuma que el cuidado de los árboles es parte de una responsabilidad compartida.
Del cuidado individual a una política sostenida
El trabajo del Consejo se inscribe en esa perspectiva: contribuir a que las decisiones sobre los árboles de Azul se tomen con información, planificación y una mirada integral sobre el patrimonio público. Hoy se advierte en la ciudad muchos árboles nuevos, en su gran mayoría fueron colocados por el municipio o en conjunto con el Consejo del Arbolado, también muchos vecinos se entusiasmaron, hicieron la respectiva consulta y finalmente según la zona donde vivían, colocaron la especie requerida. Todo eso refleja que hay decisiones que determinan su permanencia. Por eso, pensar una ciudad más verde no significa únicamente sumar ejemplares. Implica también conservar los que están sanos, recuperar los que pueden ser preservados, evitar las prácticas que los dañan y comprender que los beneficios del arbolado se construyen a lo largo del tiempo.
En Azul hoy se apuesta a plantar con criterio y cuidar lo que ya existe. Son dos aspectos inseparables de un mismo objetivo: preservar un patrimonio que pertenece a todos y que también compromete a las generaciones futuras.
Ayer, el intendente Nelson Sombra recorrió el sector del Corredor Verde, ubicado detrás del Lago Güemes, donde se lleva adelante la construcción de un módulo ambiental. La intervención se suma a la instalación del anfiteatro que se desarrolla en el mismo espacio.
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