SE CELEBRÓ SU DÍA EL PASADO VIERNES

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Un año particular para los maestros: dos emotivos testimonios en pandemia

Julieta Mundet tiene 26 años, es de Cacharí y trabaja en una escuela rural y Carina Manfredi tiene dos cargos en Azul y está por jubilarse. Ambas dialogaron con EL TIEMPO y contaron cómo están sobrellevando esta situación tan particular y nueva para todos de dictar clases virtuales. Ambas destacaron la ayuda de los papás.

13 de septiembre de 2020

Por Laura Méndez de la Redacción de EL TIEMPO

El pasado viernes se celebró el Día del Maestro y EL TIEMPO consultó a dos docentes, una del ámbito rural y otra del urbano para que cuenten, además de cómo se despertó ésta vocación de enseñar a lo largo de sus vidas, cómo están viviendo esta experiencia de dictar clases en plena pandemia.

En primer lugar, Julieta Mundet tiene 26 años, es de Cacharí, trabaja en la Escuela Rural Nro. 44 "San José", la cual está ubicada a 12 Km. de la mencionada localidad.

La escuela cuenta con una matrícula de 7 alumnos, es personal único, así que también desempeña tareas administrativas.

Por otro lado, Carina Manfredi está a punto de jubilarse, es decir lleva 30 años en la docencia. Trabaja en dos establecimientos educativos: en la Escuela Normal "Bernardino Rivadavia" y en Piloto, Escuela Secundaria Nro. 1 "Elisa V. de Ramongassíe".

En la primera de las instituciones mencionadas, Manfredi desempeña tareas como docente y en la segunda como preceptora.

También, al igual que Julieta explicó cómo está atravesando este año de pandemia.

Es importante destacar que los papás y/o los hermanos mayores están "convirtiéndose" en maestros porque pese a sus trabajos, tareas diarias, y el estrés por el que estamos atravesando buscan, en su mayoría, un horario y dedican tiempo a sus hijos en los deberes y este desafío no es fácil, para nadie.

"El compartir es lo más lindo que tiene el ser docente"

En primer lugar es importante destacar que en Cacharí no todos tienen conectividad a Internet, por ende tanto Julieta como sus colegas de la localidad llevan puerta a puerta -incluso cuando llueve- deberes impresos para que los chicos no pierdan un solo día del ciclo escolar.

Es así que relató que "mi vocación se despertó cuando empecé a cursar en la carrera y empezamos a ir a las prácticas docentes a colaborar a instituciones como presentarnos en obras de teatro, entre otras actividades. Ahí sentí que era lo que me gustaba, después cuando fuimos a hacer las prácticas a los establecimientos educativos, me encantó, sentí que era todo lo que quería: ser maestra. Compartir cosas con los chicos, actos, meriendas, tareas, todo me motivaba. El compartir es lo más lindo que tiene el ser docente".

De la misma manera agregó que "además me gusta la escuela rural, es decir me di cuenta cuando estuve haciendo suplencias en otras escuelas".

Actualmente en la Escuela Nro. 44. Entregan las actividades impresas y realizan producciones con los alumnos siempre alentando al trabajo que hace la familia. "Les agradecemos por cómo están apoyando a sus hijos, o sea en la medida que los papás colaboran, uno, como docente, se siente apoyado y acompañado por ellos".

"Tengo alumnos de 2do. 3ro. 4. to y 6to. Año y al ser la única docente, me desempeño en lo administrativo. Cada 15 días los alumnos tienen encuentros rurales en los cuales comparten actividades de educación física y artísticas con gente de otras escuelas rurales y en esa cuatro horas interactúan muchísimo", apuntó.

Asimismo continuó que "otra de cuestiones que debimos afrontar en esta pandemia es que no todos los alumnos tienen conectividades. Entonces la señora Verónica Torassa que encabeza el proyecto PROMECER siempre estuvo dispuesta colaborando enviándonos mensajes a ver qué necesitábamos. Siempre estuvo llamándonos en este aislamiento social a quien también le quiero agradecer al igual que a Claudia Bustos. Dos personas muy presentes este año".

Julieta admitió que "la comunidad de la Escuela Nro. 44 es como una familia. Yo ahora estoy de licencia porque fui mamá hace un mes y sigo teniendo el contacto de las familias. Estás con ellos de alguna manera porque además somos pocos".

Especificó que "cada 15 días tenemos contactos con los familiares y entregamos los bolsones alimenticios y cuadernillos que ayudan a las familias y ellos hacen devoluciones con las actividades. También van sorpresas para los chicos".

Con relación al estado anímico de los alumnos, Julieta expresó que "extrañan la escuela, a nosotros que somos adultos nos ocurre; entonces nos damos cuenta que a los chicos también. Me pasa que, como al ser nueva es difícil llevarlo adelante pero hay mucho acompañamiento entre las docentes de Cacharí. Me encanta".

Al final de la conversación recordó sus primeros días frente al grado.

"La primera vez que tuve un grado a mi cargo tuve muchos nervios, yo empecé mi trayectoria en la escuela 44, ahora me fascina. Me doy cuenta que estoy aprendiendo a ser docente con los alumnos. Este año atravesamos situaciones de mucho temor, cuando les contamos a los chicos no entendían mucho, nosotros tampoco. Creo que no tomamos dimensión de lo que iba a suceder. Nadie tomó dimensión. Cuando se dijo que no se iban a dictar clases en las escuelas, me pasó que lo primero que pensé es que no todos los chicos tienen conectividad, no todos tienen computadoras y no me equivoqué: hay familias que ayudan, otras no tanto y uno como docente tratar de ayudar. Imprimimos actividades así que prestamos computadoras, descargamos archivos, creamos carpetas y las entregamos".

En definitiva desde nuestro lugar tratamos de descargar material a los chicos, después nos conectamos por whatsapp, llamados, es complejo, pero pudimos solucionarlo y todos los alumnos de la escuela pudieron seguir con la continuidad pedagógica. Quiero agradecerle a los papás porque no tienen un hijo solo y siempre tratan de ayudar".

Para terminar saludó a sus colegas "sé que están trabajando muchísimo para que los alumnos puedan continuar la actividad pedagógica pero que pudimos y que vamos a poder esto que es nuevo para todos".

"El beso, el abrazo de todos los días es lo que más extraño"

Por su parte Carina Manfredi comenzó contando el principio del recorrido por la profesión.

"Empecé tomando cargos como suplente. En aquella época era durante todo el año, ahora es diferente. Ya soy titular y llevo 30 años en la docencia", dijo la docente.

Consultada cuándo se despertó su vocación, Manfredi expresó que "cuando estudié primario y secundario me encantaba estudiar y explicarles a mis compañeras. Tenía otras aspiraciones de poder estudiar afuera pero las circunstancias llevaron a que me quede en Azul. La docencia, en aquella época, era una de las carreras posibles y de las que más me atraía y aprendí a amarla".

También continuó describiendo: "la docencia es hermosa, es recibir regalos a diario, es lo que te hace ser la persona que soy hoy en día. Yo fui aprendiendo y compartiendo con gente y personas que me enseñaron y me acompañaron. Compartí alegrías, tristezas, sentimientos, camaraderías de mis compañeras. ¡Recibí tanta calidez!".

Manfredi hace 22 años que está en Normal, trabaja en el turno mañana y tarde y asegura que sus compañeras siempre fueron muy buenas con ella.

Sobre Piloto explicó "somos directamente una familia, me enseñaron cuestiones diferentes porque yo estaba acostumbrada a los más peques. Son compañeras que realmente me enseñaron y me brindaron calidez, y los chicos únicos en ambas escuelas".

Claro que Carina en Piloto tiene otro rol, el de preceptora y es acompañar a los chicos de la Promo, entre otras cosas.

"Así que todo lo que sea entrega de medallas, trajes, es maravilloso, es otra cosa. Las dos experiencias son lindas. Me han regalado muchas emociones", opinó.

Afirmó que "desde que me llamaron para hacer esta nota empecé a hacer una regresión en el tiempo y fue muy emotivo recordar estos 30 años como si fuese una película de mi paso por las escuelas, estaba muy emocionada".

Posteriormente al igual que Julieta contó cómo es trabajar en pandemia: "al principio pensé que era como la Gripe A, es decir un tiempito y después nos dimos cuenta que teníamos que buscar la manera de seguir con las clases de alguna forma diferente. Así que buscamos alternativas: grupos de whatsApp con los papás, asegurarse que todos estén ahí así les enviamos todo en formato PDF, hacemos reuniones por Meet y registro todo tipo de dudas que pueden llegar a tener, preparo material en casa, hago videos y se los paso a través de un enlace".

En cuanto a los chicos que no tienen conectividad desarrolla distintas situaciones que se plantearon para abarcar todas las estrategias que se puedan llevar a cabo, las escribe y se las envían "porque de otra manera no se puede trabajar".

Por ultimo se refirió a la ayuda de los padres en esta odisea de convertirse todos en docentes.

"Los padres ayudan muchísimo, es como aprender de los errores, hay muchas cosas nuevas, a mí me ayudó mi hijo y hubo que explicarles a los papás que no sabían cómo mandar un e-mail, como comunicarse a través de un Zoom y así se fueron incorporando y aprendimos juntos. También está esto de cuando nos equivocamos en algo nos enviamos emojis de risas porque también hay que llevar calma y tranquilidad a los papás, después de cada trabajo hacemos devoluciones, sacamos lo positivo".

"En definitiva a raíz de un error aprendemos todos, es que estamos todos juntos aprendiendo, y el aliento tanto a los chicos como a los papás es importante, incluso cuando los nenes están tristes porque no es lo mismo lo presencial que lo virtual. Aunque tengamos que hacer llamadas por teléfonos a cualquier hora para hablarles, explicarles, hay que estar en la parte emocional y a los papás también, porque trabajan y se les complica los horarios".

Recordó emocionada que "un día me encontré con un nene y no sabía qué hacer, el beso, el abrazo de todos los días es lo que más extraño".

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