HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL

HISTORIAS Y PERSONAJES DEL AZUL

Navegando en un mar de historias entre Azul y Galicia

Hoy se conmemora el "Día de Galicia", instaurado desde 1979 por la Junta de la Comunidad Autónoma de Galicia. La celebración es coincidente con la festividad de Santiago Apóstol. Nuestra ciudad, marcada por distintas corrientes inmigratorias, acoge a un amplio número de gallegos y descendientes.

Por: Eduardo Agüero Mielhuerry
25 de julio de 2021

El Día Nacional de Galicia, también conocido como Día de Galicia o Día da Patria Galega, es la fiesta oficial de la comunidad autónoma de Galicia, según decreto de la Junta de Galicia del 1 de enero de 1979.

Los orígenes de esta celebración se remontan a 1919, año en que se reunió en Santiago de Compostela la "Asemblea de las Irmandades da Fala", que acordó celebrar el Día Nacional de Galicia el 25 de julio del año siguiente. Hubo que esperar hasta mediados de los años 20 para que este día se celebrase en casi toda Galicia, así como en los centros de emigración gallega, que difundían la ideología galleguista y la tradición gallega mediante panfletos y música.

Durante la dictadura franquista, las sociedades gallegas en la emigración continuaron esta convocatoria, y, en Galicia, el galleguismo se concentró alrededor de la tradicional misa por Rosalía de Castro en la iglesia de Santo Domingo de Bonaval. Además, durante esta época el día se institucionalizó como fiesta oficial en toda España, bajo el nombre de Día del Patrón de España, con un marcado carácter religioso, siguiendo la advocación de Santiago Apóstol.

En los años '60, con la aparición del Partido Socialista Galego (PSG) y la Unión do Povo Galego (UPG) se vuelven a realizar actos clandestinos para conmemorar el Día de Galicia.

Durante la década del '70 los actos terminaban con fuertes enfrentamientos con la policía franquista, y con la entrada en la democracia se siguieron prohibiendo las manifestaciones de la AN-PG (Asemblea Nacional-Popular Galega) y BN-PG, orígenes del actual Bloque Nacionalista Galego.

En 1978 se constituyó el Gobierno preautonómico con presencia de UCD, PSOE y AP. El presidente de este pre-parlamento, Antonio Fernández Rosón, decidió impulsar un acuerdo entre todos los grupos para designar el 25 de julio como "Día Nacional de Galicia", con el visto bueno del Partido Comunista, aunque no le gustó tanto a los grupos nacionalistas, que lo interpretaron como una artimaña para reducir el poder reivindicativo de la festividad. Para estos colectivos nacionalistas la festividad seguiría siendo "Día da Patria Galega".

En 1981 tuvo lugar la aprobación definitiva de este día, lo que conllevó el endurecimiento de las medidas de seguridad. El Gobierno Civil de A Coruña prohibió las manifestaciones nacionalistas y esta prohibición continuó hasta 1983, cuando cientos de manifestantes decidieron congregarse en la Praza de Galicia de Santiago de Compostela. La concentración terminó con la carga de los policías contra los manifestantes.

Desde aquellos tiempos, el 25 de julio se celebra también el acto institucional de la Ofrenda a Santiago Apóstol con una ceremonia religiosa y una recepción con presencia de las autoridades de toda Galicia.

El Camino de Santiago

San Santiago Apóstol, llamado también San Santiago el Mayor fue uno de los doce apóstoles de Jesucristo. Era hijo de Zebedeo y hermano de San Juan Evangelista, autor del cuarto de los Evangelios y otro de los doce apóstoles. Los dos hermanos eran pescadores del mar de Galilea, donde los reclutó Jesucristo; desde entonces, Santiago formó parte del círculo más cercano al maestro.

Después de la crucifixión de Jesús, el apóstol Santiago se dedicó a predicar la nueva fe, contribuyendo a la difusión del cristianismo en occidente. Una tradición española no documentada supone que Santiago viajó a Hispania para predicar por encargo del propio Jesucristo y que se le apareció la Virgen María en Zaragoza (en el lugar en donde luego se levantó la basílica del Pilar). Santiago murió decapitado durante las persecuciones contra los cristianos que ordenó el rey de Judea, Herodes Agripa I (es el único apóstol cuyo martirio aparece recogido en los Hechos de los Apóstoles).

Según otra tradición medieval, su cuerpo llegó hasta Galicia y fue enterrado en el Campus Stellae, cerca de Padrón; allí se erigió un templo en el siglo IX, hacia el cual se encaminaron las peregrinaciones del "Camino de Santiago"; en torno al templo y a las peregrinaciones surgió la ciudad de Santiago de Compostela.

Santiago fue tenido por patrono de la reconquista cristiana de la Península contra el islam (dando nombre a una importante orden militar) y, ya en la época contemporánea, tanto la Virgen del Pilar como el propio Santiago se convirtieron en símbolos nacionales de España.

Su festividad se conmemora el 25 de julio de cada año, pero la misma no es una celebración exclusiva de Galicia, sino que se ha expandido por el mundo, en cada rincón donde ha llegado algún gallego que a pesar de haber dejado atrás su tierra natal, atesora en su corazón un pedacito de sus orígenes.

Con las puertas abiertas de par en par

Argentina constituyó uno de los principales países receptores de la gran corriente emigratoria europea, que tuvo lugar durante el período que transcurre desde 1875 hasta 1950, aproximadamente. El impacto de esta emigración europea transoceánica, que en América fue muy grande, en la Argentina fue particularmente intenso por la cantidad de inmigrantes recibidos y por la escasa población existente en el territorio, de hecho, en el primer censo de 1869 la población argentina no alcanzaba a 2 millones de habitantes.

Las primeras colonias rurales de inmigrantes tuvieron lugar bajo el gobierno de Justo José de Urquiza. Sus sucesores en la presidencia de la Nación, Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento y Nicolás Avellaneda dieron estímulo a iniciativas similares, aunque inicialmente no hubo una implicación directa del gobierno en las mismas.

Tras las luchas intestinas entre unitarios y federales que impidieron el establecimiento de políticas demográficas consensuadas, a partir de 1854 el gobierno nacional decidió dar impulso a la inmigración europea. La decisión no se basaba simplemente en la necesidad de proveer al país de mano de obra que permitiese aumentar la producción de la tierra, para cumplir el papel agroexportador que la división internacional del trabajo vigente le asignaba; respondía también a la decisión de las élites ilustradas de modificar la composición poblacional argentina. Esta política se reflejó incluso en el texto de la Constitución Nacional y el ideario sostenido por Juan Bautista Alberdi.

En 1875, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, el gobierno federal decidió organizar el proceso de población, para lo que creó la Comisión General de Inmigración; al año siguiente se dictó la Ley de Inmigración y Colonización Nº 817. En los años siguientes, la política gubernamental se limitaría a encauzar la inmigración espontánea.

La inmensa mayoría de los recién llegados se abocó a tareas agrícolas; eran en su mayoría agricultores de origen, y estaban atraídos por la promesa de distribución de tierras en los inmensos despoblados. Sin embargo, la mejor parte de los terrenos públicos se había vendido ya para 1885, dando origen a enormes latifundios en la pampa húmeda, por lo que sólo la parte más pudiente de los que se radicaron pudo disponer de terreno propio. Las tierras fronterizas con los dominios de mapuches y ranqueles fueron quedando, a medida que el combate contra estos los obligaba a replegarse, en manos de estancias dedicadas a la ganadería.

No sólo la migración directa redundó en el aumento de la población; gran parte de los inmigrantes formó familias numerosas, un fenómeno natural en el campo, donde los hijos representaban mano de obra disponible ya desde temprana edad. El volumen de la inmigración, constante desde mediados del siglo XIX hasta finalizado el primer cuarto del XX, significó en términos demográficos que la población argentina se duplicara cada veinte años.

Instalados en las ciudades, los inmigrantes se integraron en los sectores secundarios y terciarios de la economía nacional. La construcción del ferrocarril les representó una importante fuente de trabajo, pero muchos de los mismos se abocaron al comercio y a la artesanía. El sector industrial reclutó sus principales impulsores. Argentina desplegó un poderoso esfuerzo gubernamental por lograr la homogeneización cultural de los inmigrantes. Favorecido por las notas comunes -el origen latino de casi el 80% de los llegados en estas oleadas-, el gobierno federal instrumentó una política de educación e inserción forzosa, basada en la obligatoriedad de la enseñanza primaria a partir de 1884 y la inculcación de la épica nacional elaborada por la historiografía.

En nuestros pagos...

Los inmigrantes que arribaron al Azul desde mediados del siglo XIX, se vieron favorecidos por diversas razones, entre ellas la riqueza de las tierras para las actividades ganaderas y agrícolas, y por el vertiginoso desarrollo de la actividad comercial que el ferrocarril y ellos mismos impulsaron.

Desde España, Italia y Francia, fundamentalmente, arribaron las principales corrientes migratorias que le dieron a nuestro pueblo un carácter particular, desarrollista y progresista, a punto tal de ser una de las principales ciudades del interior de la provincia de Buenos Aires hacia finales del siglo XIX.

Las actividades agrícolas y ganaderas fueron las que preponderantemente se desarrollaron en el Azul. Pero a estas se sumó otra tan esencial como el comercio. Obviamente, éste último, ante la multiplicación de la población y el aumento de sus necesidades básicas y secundarias, llevó a nuestra comunidad a una intensa actividad que derivaría al mismo tiempo una incipiente explotación industrial, produciendo diversas manufacturas.

En la actualidad, el "Centro Gallego de Azul", trabaja arduamente a pesar de las dificultades para mantener vivas las tradiciones que hoy se conjugan en el "Día de Galicia". Así mismo, desde la Comisión de la institución se comunica que de acuerdo a lo informado por el enviado del Papa Francisco, el nuncio Bernardino Auza, el Año Santo Xacobeo se prorrogará un año más, es decir, hasta el final del año 2022, a causa de la pandemia del Covid-19, buscando facilitar la presencia en Compostela de peregrinos y visitantes una vez que sea superada la pandemia.

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