17 de mayo de 2026
Estudiantes de 3° 2ª del secundario del Colegio Mariano Moreno, coordinados por el profesor José Andrada, lanzaron una colecta de materiales recreativos para donar a la residencia de adultos mayores ubicada en San Martín y Cáneva de esta ciudad. El cierre de la iniciativa será una jornada compartida de juegos y charlas, buscando romper prejuicios sobre la adolescencia y fortalecer la empatía comunitaria.
En un contexto donde a menudo se critica la apatía de las nuevas generaciones, un grupo de alumnos del Colegio Mariano Moreno de Azul ha decidido tomar la iniciativa para demostrar lo contrario. Bajo el nombre "Conviviendo entre generaciones", los alumnos de tercer año de secundaria, junto a su profesor de Construcción de Ciudadanía, José Andrada, pusieron en marcha un proyecto que combina la recolección de materiales con el acompañamiento afectivo a personas de la tercera edad.
La propuesta no es nueva en la trayectoria del docente, quien desde hace una década utiliza su materia como un espacio para el trabajo social. "Construir al ciudadano siempre me gustó", explicó Andrada en una entrevista con EL TIEMPO, a la vez que destacó que el proyecto se sostiene incluso en las circunstancias más difíciles, como ocurrió durante la virtualidad que impuso la pandemia.
Una decisión democrática y empática
Lo que distingue a esta iniciativa es su carácter participativo. El profesor Andrada no "impone" el proyecto, sino que lo "propone" a sus alumnos para que ellos decidan, de forma democrática, si desean llevarlo adelante y a qué institución beneficiar. Este año, los 26 estudiantes que integran el curso aceptaron el desafío con entusiasmo.
Luisina Scavuzzo y Juan Navarro, representantes del grupo, relataron cómo fue el primer acercamiento a la comunidad. "Fuimos averiguando bastantes lugares y les preguntamos qué necesitaban", contó Luisina. La elección recayó en la residencia ubicada en la intersección de San Martín y Cáneva. Tras una primera visita, los jóvenes descubrieron una realidad movilizante: los residentes no pedían alimentos ni dinero, sino "más como una compañía".
"Nos contaron que les gusta mucho pintar, les gusta mucho leer cosas como para la memoria y que no necesitaban nada material, sino más como una compañía para disfrutar tiempo", detalló la estudiante. Esta revelación transformó el enfoque del proyecto, priorizando la creación de un vínculo humano sobre la mera entrega de donaciones.
La colecta: lo que para uno es poco, para otro es mucho
A pesar de que la compañía es el pedido principal, los alumnos decidieron organizar una colecta de elementos que faciliten las actividades recreativas que los residentes disfrutan. La lista incluye lápices, hojas, libros -novelas o cuentos, no escolares-, juegos de mesa y materiales para pintar.
El profesor Andrada hizo hincapié en que no es necesario comprar artículos nuevos. "Un lápiz que esté en condiciones, por más que esté usado, una lapicera, un fibrón, un crayón, lo que sea, todo sirve", señaló, recordando que incluso las hojas impresas de un solo lado pueden ser reutilizadas por los adultos para dibujar o pintar. Por su parte, Juan Navarro subrayó que la idea es que la gente colabore "con lo que tengan ellos y que no necesiten comprar nada".
Es importante destacar que el proyecto no recibe donaciones de dinero bajo ninguna circunstancia. Esta decisión busca evitar confusiones o acciones de personas malintencionadas que pudieran utilizar el nombre de la escuela para fines ilícitos.
Rompiendo estereotipos sobre la adolescencia
El nombre del proyecto, "Conviviendo entre generaciones", fue elegido por los propios alumnos para reflejar el encuentro entre su realidad adolescente y la de los adultos mayores. "Queremos demostrar que los adolescentes también podemos aportar algo, que no hacemos todo mal, sino que podemos tener solidaridad y apoyar a los demás", reflexionó Luisina.
El docente reforzó esta idea al señalar que los adolescentes suelen ser criticados por la sociedad, pero pocas veces son escuchados o convocados para acciones positivas. El proyecto busca, precisamente, que los estudiantes se desenvuelvan ante los medios de comunicación, practiquen la solidaridad y aprendan a trabajar en grupo con un fin social.
Un detalle significativo, que surgió durante la planificación, fue la terminología utilizada. Tras hablar con la directora de la residencia, los alumnos aprendieron que el término correcto para referirse a quienes viven allí es "residentes" o "adultos mayores", ya que no todos son necesariamente "abuelos", en el sentido familiar del término.
Hacia la jornada final en septiembre
El cronograma del proyecto se encuentra actualmente en la fase de difusión. Los estudiantes están visitando los diferentes niveles del Colegio Mariano Moreno -Maternal, Jardín y Primaria-, para sensibilizar a la comunidad educativa y recolectar las donaciones. Sin embargo, la convocatoria es abierta a toda la sociedad de Azul.
Los interesados en colaborar pueden acercarse al Colegio Secundario Mariano Moreno, ubicado en avenida Mitre entre calle Moreno y avenida 25 de Mayo, de lunes a viernes de 9 a 18:30 horas, donde los alumnos han dispuesto cajas para recibir los materiales. También es posible contactarse directamente con el profesor Andrada para coordinar la entrega en caso de no poder asistir al establecimiento.
El cierre del proyecto está previsto para los primeros días de septiembre. Ese día, todo el curso se trasladará al hogar residencial para compartir una jornada especial. No será una entrega rápida de materiales, sino una tarde compartida que incluirá merienda, charlas y juegos de mesa con los residentes.
"Nos genera mucha emoción que llegue ese día. Queremos conocer sus historias y ver las circunstancias en las que están, para ayudarlos", explicó Luisina sobre la expectativa del grupo. Por su parte, el profesor Andrada concluirá una vez más este ciclo de aprendizaje ciudadano, donde la mayor lección no está en los libros, sino en el simple acto de escuchar y acompañar al otro.
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