28 de julio de 2026
Escribe: Pablo Draghi
Especial para El Tiempo
Caminar hoy por las calles de nuestro querido Azul genera una mezcla inevitable de melancolía y rebeldía. Quienes ya peinamos algunas canas, o simplemente nos detenemos a observar la fisonomía de nuestro Partido, recordamos aquella ciudad que supo ser un faro cultural, comercial y productivo en el centro de la provincia.
Hoy, lamentablemente, la realidad nos devuelve un reflejo muy distinto: el de un decaimiento generalizado que se palpa en el ambiente, en el comercio y en el ánimo de la gente.
Azul parece una ciudad dormida; un gigante paralizado que contempla el paso del tiempo desde el andén, mientras el tren del progreso se detiene con fuerza en las localidades vecinas.
¿Qué nos pasó? ¿En qué momento cambiamos aquel viejo impulso vanguardista por la resignación de la rutina diaria? La respuesta no se encuentra en un solo nombre propio, ni se agota en un período de gobierno aislado. A lo largo de todos estos años, diferentes gestiones de los más diversos signos políticos nos han gobernado. Sin embargo, el factor común de todas ellas ha sido la flagrante incapacidad para proyectar un Azul sostenible, moderno y competitivo en el largo plazo. Nos prometieron transformaciones profundas y administraciones eficientes, pero el resultado crudo está a la vista. Las mezquindades políticas, las internas partidarias feroces que sólo miran el propio ombligo y la búsqueda del beneficio electoral a corto plazo terminaron sepultando cualquier intento de planificación estratégica seria. Se ha gobernado históricamente para la próxima elección y nunca para las próximas generaciones, priorizando siempre el egoísmo de la "rosca" política por sobre el bien común de la comunidad azuleña.
El síntoma más alarmante y triste de este estancamiento crónico es el silencioso y constante éxodo de nuestro mayor tesoro: los jóvenes. Año tras año, cientos de chicos arman sus valijas para irse a estudiar o buscar un empleo digno en otros horizontes. El verdadero drama de esta sangría no es que se vayan a capacitarse, sino que Azul ya no les ofrece absolutamente nada para que decidan pegar la vuelta. Dejamos de ser un suelo fértil donde un joven pueda sembrar sus proyectos, conseguir un trabajo calificado, acceder a una vivienda o proyectar una familia. Nos estamos quedando sin esa fuerza joven y transformadora que renueva la sangre de cualquier comunidad.
Ver partir a los hijos con la certeza de que buscan un futuro mejor en otra parte es el indicador más rotundo del fracaso de la dirigencia que nos trajo hasta acá. Sin embargo, el diagnóstico de la decadencia ya lo conocemos todos de memoria. El lamento crónico en la mesa de café o la queja pasiva en las redes sociales no van a modificar un solo ápice nuestra realidad actual. Es el momento bisagra de salir definitivamente de las críticas históricas que sólo buscan culpables en el pasado para justificar la parálisis del presente.
El dedo acusador ya no alcanza si no va acompañado de una mano dispuesta a trabajar en el barro.
La salida real de este letargo exige la participación activa y decidida de todos nosotros, los vecinos. Necesitamos encontrarnos, dialogar y debatir desde los diferentes lugares que habitamos todos los días: el comerciante, el productor agropecuario, el docente, el profesional, el trabajador de nuestros barrios, los jóvenes que resisten y las instituciones intermedias. Debemos ocupar los espacios públicos de discusión, proponer ideas concretas y comprometernos a empujar el carro en la misma dirección. Sacar a este querido Azul adelante no es una opción partidaria; es una obligación moral colectiva si realmente amamos el suelo donde nacimos o el lugar que elegimos para vivir. Las mezquindades de la política partidaria tradicional, la dirigencia en general y el individualismo de algunos sectores ciudadanos nos trajeron directo al estancamiento, pero la unión vecinal genuina y el compromiso sin banderas son las únicas herramientas capaces de despertar a nuestra ciudad.
Empecemos hoy mismo a construir activamente el Azul que nos merecemos.
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La Federación de Bochas de la Provincia de Buenos Aires continúa adelante con el plan de recuperación y modernización de su sede ubicada en Azul. En ese marco, días atrás comenzó la segunda etapa de las obras de puesta en valor del edificio, una iniciativa impulsada por la conducción encabezada por el presidente José Gianolli con el objetivo de mejorar las instalaciones y recuperar plenamente su funcionamiento institucional.
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