19 de agosto de 2026
El endeudamiento de los hogares bonaerenses ya no aparece ligado solamente a grandes compras o a proyectos familiares. Un relevamiento de la Defensoría del Pueblo bonaerense muestra que más de la mitad de las familias recurrió a préstamos durante el último año y que, en la mayoría de los casos, fue para cubrir alimentos, vivienda, servicios o salud. La situación se profundiza en los hogares sostenidos por mujeres y en aquellos donde existen personas que requieren cuidados. Detrás de los números aparecen jornadas laborales más extensas, tratamientos interrumpidos, angustia y una pregunta que excede a las finanzas: qué ocurre cuando endeudarse se vuelve necesario para garantizar derechos básicos.
Hay una escena que se repite en miles de hogares bonaerenses y que dice mucho más que cualquier cifra: llega fin de mes, el dinero no alcanza y la única salida posible parece ser pedir prestado. No necesariamente para comprar un electrodoméstico, cambiar el auto o afrontar un gasto extraordinario. Muchas veces, para comer. Para pagar la luz. Para sostener el alquiler. Para comprar medicamentos. Para llegar, simplemente, al día siguiente.
Ese es uno de los principales hallazgos del informe "Hablemos de deudas: desigualdades, informalidad y género", elaborado por la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires. El relevamiento reunió 1.408 respuestas en 97 partidos bonaerenses y permitió observar una realidad que va mucho más allá de las cuentas familiares: el endeudamiento empieza a modificar la organización cotidiana, los vínculos, el tiempo disponible para cuidar y hasta el acceso a la salud.
Según el estudio, el 56,6% de los hogares consultados recurrió a algún préstamo durante los últimos doce meses. De ese universo, el 73,5% todavía mantenía deudas pendientes. Para cuatro de cada diez hogares endeudados, además, el pago de las cuotas consume más de la mitad de los ingresos mensuales. La pregunta, entonces, deja de ser solamente cuánto deben las familias. También importa para qué tuvieron que endeudarse.
Cuando el crédito se usa para llegar a fin de mes
Yanina Arturi integra el equipo de trabajo de la Dirección de Políticas de Género de la Defensoría del Pueblo bonaerense, junto con Rocío Hubert y Luciana Stella, bajo la dirección de Alejandra López. Arturi fue entrevistada por EL TIEMPO y explicó que el relevamiento surgió, precisamente, de la necesidad de mirar un fenómeno que otros estudios comenzaban a mostrar, pero incorporando una dimensión que consideraban central: la perspectiva de género.
"Empezamos a trabajar en esta problemática porque vimos muchos otros estudios que empezaban a instalar el tema del endeudamiento en las familias a nivel nacional y nos interesaba poder advertir cuestiones particulares de esta informalidad, conocer cuál era la situación de las familias bonaerenses y específicamente instalar la perspectiva de género ", expresó.
La investigación se realizó a través de una encuesta autogestionada que estuvo disponible durante treinta días y que también fue replicada a través de las delegaciones de la Defensoría, entre ellas la de Azul. La estrategia permitió alcanzar hogares de distintos puntos de la provincia y reunir información sobre las formas en que las familias estaban resolviendo sus necesidades económicas. El dato que más llamó la atención de quienes realizaron el estudio fue el destino de esos préstamos.
El 56,9% de los hogares señaló que había pedido dinero para comprar alimentos. El 30% lo hizo para sostener la vivienda; el 29,5%, para pagar servicios básicos, y el 28,5%, para afrontar gastos de salud.
Es decir: una parte importante del endeudamiento no aparece asociada a una decisión de consumo, sino a la necesidad de sostener condiciones elementales de vida.
"Pudimos identificar que el 60% había tomado estos créditos para cubrir necesidades básicas como alimentación. La alimentación surgió en primer lugar, pero también aparecieron otras cuestiones vinculadas al sostenimiento de la vivienda, los servicios, la salud y demás cuestiones que entendemos como derechos básicos", explicó Arturi.
La diferencia es sustancial. No se trata solamente de una familia que decide financiar una compra. Se trata de hogares que utilizan el crédito para compensar un ingreso que ya no alcanza para cubrir aquello que necesitan todos los meses.
El circuito que empieza con un préstamo y puede terminar en otro
Cuando los ingresos no alcanzan, el sistema formal de crédito no siempre aparece como una alternativa disponible. Más de la mitad de los hogares relevados recurrió a mecanismos no bancarios o informales: billeteras virtuales, aplicaciones, préstamos de familiares, compras fiadas o prestamistas.
El 51,9% utilizó alguna de estas modalidades, de manera exclusiva o combinada con otras formas de financiamiento. El problema es que una deuda puede resolver una urgencia inmediata y, al mismo tiempo, generar una dificultad todavía mayor unas semanas después. Cuatro de cada diez hogares tomaron más de un crédito en simultáneo. Y entre quienes habían pedido dinero prestado durante el último año, casi tres de cada cuatro continuaban endeudados.
Arturi describe ese proceso como un círculo difícil de interrumpir: "Entran en el círculo de endeudamiento indefectiblemente. Fueron muchos hogares que acceden a estos créditos informales no bancarios, que sabemos que te exponen a una menor protección frente a tus derechos, sabemos de las prácticas de hostigamiento, de los altos costos para poder saldar esos pagos. Eso genera ansiedad, angustia y entran en ese círculo de volver a sacar otro crédito y volver a endeudarse para poder saldar todo eso."
El dato económico empieza a transformarse en un dato social. El 84,1% de los hogares endeudados manifestó que esa situación se extendía desde hacía más de seis meses. Para el 40%, el pago de las deudas consumía más de la mitad de los ingresos mensuales.
Cuando una cuota ocupa semejante proporción del ingreso, cualquier imprevisto puede convertirse en una nueva deuda. Una consulta médica, un medicamento, una factura, un par de zapatillas para un hijo, una reparación en la casa. La deuda deja entonces de ser una obligación financiera aislada y empieza a ordenar la vida cotidiana.
La deuda también se paga con tiempo, salud y vínculos
Uno de los aspectos más relevantes del informe aparece justamente allí donde termina la planilla de ingresos y egresos.
El 75% de los hogares endeudados manifestó efectos vinculados al estrés, la ansiedad o la angustia. Pero las consecuencias relatadas por las personas consultadas no se limitaron a la salud mental. Para hacer frente a las obligaciones, algunas familias tuvieron que buscar más trabajos, extender sus jornadas laborales, reducir el tiempo destinado al ocio o reorganizar el cuidado de sus hijos y de otras personas a cargo.
"Aquellos que entrevistamos manifestaron como estrategias extremas que tuvieron que hacer el tema de buscar más trabajos. Sabemos que el pluriempleo es una cuestión muy extendida, de pasar de tener que cortar tratamientos médicos, de tener que elegir entre comidas, situaciones muy dramáticas", manifestó Arturi a EL TIEMPO.
El costo también aparece en algo menos visible: el tiempo. Trabajar más horas significa pasar menos tiempo en casa. Y cuando existen niños, niñas, adolescentes o personas mayores que necesitan cuidados, esa pérdida de tiempo debe ser compensada de alguna manera.
Arturi cuenta que en el relevamiento aparecieron familias que tuvieron que recurrir a familiares o personas cercanas para que cuidaran a sus hijos mientras los adultos trabajaban. "Cada vez tenemos que trabajar más horas para poder alcanzar a cubrir necesidades básicas que no podemos alcanzar y destinar menos tiempo a estar con nuestras familias. Salieron muchos datos de familias con hijos o personas a su cuidado que dan cuenta de esto, que cada vez pasan menos tiempo en sus casas, que tienen que recurrir a otras estrategias diciéndoles a familiares o personas cercanas que cuiden a sus hijos."
En los hogares donde existen tareas de cuidado, la presión es todavía mayor. La toma de crédito alcanza al 82,6%, frente al 53,5% registrado en hogares sin personas que requieran asistencia constante. La deuda, en esos casos, no se explica solamente por cuánto entra en una casa. También por cuánto cuesta sostenerla cuando hay otras personas que dependen de ese ingreso.
Jubilaciones que dejan de alcanzar para dos generaciones
Entre los relatos recogidos durante el relevamiento aparecen situaciones especialmente difíciles de encuadrar dentro de una estadística. Personas jubiladas que recurren a familiares para poder comprar medicamentos. Adultos mayores que realizan changas para complementar sus ingresos. Jubilaciones utilizadas para sostener a hijos o hijas que tampoco consiguen cubrir sus necesidades básicas.
En algunos casos, el dinero destinado a una persona termina resolviendo las necesidades de otra. Arturi recuerda particularmente esos relatos: "Salieron relatos de personas que decían que estaban sosteniendo el alquiler de sus hijos o hijas con sus jubilaciones y que por eso dejaban de acceder a medicación."
También aparecieron hogares que tuvieron que decidir qué tratamiento continuar y cuál postergar. "Muchos hogares que decidieron cortar tratamientos prolongados o tener que elegir entre alguna especialidad médica, nos llamó mucho la atención. No acceder a una consulta odontológica, por ejemplo, por priorizar quizás una de salud por un tema más crónico o de base." La elección que aparece en estos casos no es entre consumir más o consumir menos. Es entre dos necesidades igualmente importantes.
Cuando una deuda termina afectando la escuela
Las consecuencias también alcanzan a las infancias. El informe recoge situaciones en las que las dificultades económicas derivaron en decisiones que impactaron directamente sobre la escolaridad. Arturi mencionó que "también incide en las niñeces a cargo. Casos de familias que comentaban que sus hijos habían dejado de ir a la escuela por no tener un calzado adecuado para poder asistir".
La escena permite comprender hasta qué punto el endeudamiento puede modificar condiciones básicas de vida. Cuando el dinero destinado a pagar una deuda compite con el dinero destinado a comer, comprar medicamentos, pagar servicios o garantizar la asistencia a la escuela, el problema deja de ser estrictamente financiero. Lo que aparece comprometido son derechos. Y es precisamente esa dimensión la que el estudio buscó poner en evidencia.
Más que una encuesta: mirar qué hay detrás de los números
El relevamiento fue realizado por la Dirección de Políticas de Igualdad junto con las áreas de Asuntos Económicos y Consumidores/as y la Dirección de Descentralización Territorial de la Defensoría del Pueblo bonaerense, con la colaboración de sus delegaciones territoriales.
La encuesta permitió reunir información cuantitativa, pero también relatos que ayudan a comprender qué significan esos porcentajes en la vida cotidiana.
Arturi señala que ese fue uno de los motivos por los que resultó necesario ampliar la mirada. "Nos encontramos con una problemática alarmante. Para empezar, la incidencia del crédito: pudimos advertir que seis de cada diez hogares que relevamos habían tomado algún préstamo o crédito el último año. Y algo que nos llamó la atención y entendemos que excede la dimensión financiera fue el destino, el motivo que estas familias mencionaron por el cual tomaron estos créditos o préstamos".
La investigación continúa siendo analizada y los equipos trabajan sobre el entrecruzamiento de los datos para determinar los porcentajes correspondientes a cada ciudad. Pero hay una conclusión que ya aparece con claridad: el endeudamiento no se distribuye de manera uniforme. Las tareas de cuidado, la presencia de niños y niñas, las personas mayores a cargo, la falta de ingresos suficientes y las desigualdades de género hacen que algunos hogares queden mucho más expuestos que otros.
Qué hacer cuando la deuda se vuelve un problema de derechos
La Defensoría del Pueblo bonaerense recuerda que las personas que atraviesan situaciones de endeudamiento pueden recurrir al organismo para consultar qué derechos las asisten como consumidores y consumidoras.
También pueden realizar denuncias cuando existen prácticas de hostigamiento vinculadas con el cobro de deudas. Arturi explica que la consulta no necesariamente tiene que comenzar con una denuncia formal. "Pueden acercarse si están en una situación de endeudamiento y no saben qué derechos los asisten como consumidores, pueden consultar por situaciones puntuales para saber cómo seguir gestionando estos endeudamientos." Es una instancia de orientación frente a un escenario en el que muchas personas no saben qué hacer después de haber pedido un préstamo, qué pueden reclamar o cómo actuar frente a determinadas prácticas de cobro.
Porque cuando el crédito se utiliza para comprar algo que se desea, la deuda puede ser una decisión. Cuando se utiliza para comprar comida, pagar un medicamento o sostener un techo, la discusión es otra.
Y allí el endeudamiento deja de ser una cuestión privada de cada hogar para convertirse en un problema social: una señal de cuánto cuesta, para una parte de la población, garantizar aquello que debería estar al alcance de todos.
Cuando las mujeres sostienen solas el hogar

Familias monomarentales: un informe de la Defensoría provincial estableció que el 44% de las mujeres encuestadas manifestó depender del dinero prestado para completar sus ingresos mensuales. ARCHIVO/DIB UNICEF
La perspectiva de género constituye uno de los ejes centrales del informe. El endeudamiento aumenta en los hogares sostenidos por mujeres y adquiere una dimensión particularmente fuerte en las familias monomarentales, donde una mujer sostiene sola a sus hijos o a otras personas que requieren cuidados.
En las familias nucleares con hijos o hijas sostenidas por mujeres, la toma de crédito alcanza al 72%. En los hogares monomarentales llega al 64,4% y el 82,1% de esos hogares mantiene deudas activas. Además, el 59,2% de los hogares monomarentales recurrió a prestamistas o circuitos informales.
La situación se vuelve todavía más compleja cuando existe incumplimiento de la obligación alimentaria. De acuerdo con otro informe de la Defensoría sobre esa problemática, el 44% de las mujeres encuestadas manifestó depender del dinero prestado para completar sus ingresos mensuales, siendo el prestamista informal la modalidad más frecuente.
Para Arturi, esta diferencia no puede leerse como una cuestión exclusivamente económica. "La perspectiva de género nos parece central porque tanto la incidencia de la toma de crédito como el peso de los hogares endeudados aumenta principalmente en los hogares sostenidos por mujeres y, dentro de estos hogares, específicamente en los hogares que tienen niños, niñas a cargo y adultos mayores que requieren cuidados."
El endeudamiento termina así profundizando desigualdades que ya existían. "Puntualmente en el caso de las familias monoparentales, que son mujeres sosteniendo solas a hijos o a personas que requieren cuidados, nos parecía central también ver cómo esto se profundiza y cómo el endeudamiento termina convirtiéndose en un mecanismo que además intensifica la desigualdad de género estructural que ya conocemos."
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