MARIO OYARZÁBAL

MARIO OYARZÁBAL

"Es un enorme desafío y una gran oportunidad representar y servir al país"

Lo expresó el flamante Embajador argentino en los Países Bajos. Dialogó con EL TIEMPO y habló de todo. De la reciente asunción, de su infancia y adolescencia en Azul y de su carrera en general.

3 de agosto de 2020

Por Laura Méndez de

la Redacción de EL TIEMPO

El 8 de julio pasado asumió como Embajador de la República Argentina ante el Reino de los Países Bajos el azuleño Mario Oyarzábal, quien anteriormente era Consejero Legal del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En diálogo con EL TIEMPO contó lo que significa esta asunción para él y además recordó con cariño la ciudad de Azul y cómo fue desarrollando su profesión.

Una persona culta que ha hecho una carrera sublime en tiempo récord, con una trayectoria que deja sorprendida a cualquier persona, pero que al mismo tiempo es muy humilde y carismático. Mario Oyarzábal, un orgullo no sólo para ésta ciudad, sino para el país.

"Soy un agradecido de poder trabajar en lo que me gusta"

En principio se refirió al flamante cargo sosteniendo que "es un enorme desafío y una gran oportunidad de servir al país. Soy un agradecido de poder trabajar en lo que me gusta y de todo lo que la carrera diplomática y el país me han dado".

Consultado, señaló que "no esperaba este nombramiento específicamente. Hacía 4 años que estaba en Argentina en el cargo de Consejero Legal y tenía la expectativa de ser destinado a alguna embajada o consulado en algún momento cercano de acuerdo con lo que son las rotaciones habituales de los diplomáticos. Los traslados diplomáticos se deciden en función de razones de servicio y perfil de los funcionarios. Países Bajos es un país con el que Argentina comparte valores comunes y una agenda multilateral nutrida en particular en materia de derechos humanos, además del intercambio comercial y las inversiones neerlandesas en Argentina que son muy significativos. Pero también en La Haya tienen sede importantes tribunales y organismos jurídicos y de desarme, que son cuestiones en las que me he especializado a lo largo de mi carrera".

Sobre qué le produjo todo este cambio, y si estaba "preparado", expresó que "ser embajador es algo para lo que los diplomáticos nos preparamos desde que ingresamos a la carrera, y aún así siento que nunca estoy suficientemente preparado. El aprendizaje es constante, sobre todo de los errores. Nos preparamos antes de partir, con reuniones e informes sobre los principales temas de la agenda bilateral que realizan las distintas áreas de Cancillería; y una vez en Países Bajos a partir de reuniones que se organizan con funcionarios holandeses, la comunidad argentina residente en Países Bajos, empresarios que realizan negocios con Argentina y otros actores relevantes. Todo traslado es muy movilizante, por lo menos para mí. Dejamos atrás familia, amigos, pero también nuestro país, nuestras costumbres, nuestra comida".

"Conocer gente de otros países ayuda a poner en valor la diversidad"

Posteriormente se refirió a la ciudad que lo vio nacer, su adolescencia, su carrera en La Plata y el desarrollo de su carrera. Es así que recordó sobre su infancia "fue linda pero atípica, ya que perdí a mi mamá Kitty Franco a los 6 años en un accidente automovilístico, y con mis dos hermanas y mi hermano fuimos a vivir primero con mis abuelos y luego con mis tíos hasta que mi padre estuvo en condiciones de cuidarnos. Años después mi papá Mario se casó con Cristina Iribarren, quien nos crió como si fuéramos sus propios hijos y nos dio otra hermana".

Posteriormente continuó "a los 18 años me fui a estudiar Derecho a La Plata, ya con la idea en mente de ser diplomático".

Acerca de esta misma etapa de su carrera, cuando llegó a La Plata, sin nada, todo lo que logró lo hizo por mérito propio y compartió pensiones con gente de otros países, una experiencia que, expresó, "me abrió los ojos. Me hizo crecer. Conocer gente de otros países ayuda a poner en valor la diversidad".

Además lo ayudaron sus abuelos. Acerca de qué recuerdos tiene de esa época. "Mis abuelos Mauricio y Leticia Franco, "Tata" y "Taia" como les decíamos sus nietos, dejaron una marca muy grande en mí por su amor incondicional y su incentivo y apoyo permanentes. No hay un día que no me acuerde de ellos", dijo.

Desarrollo de su carrera

A continuación contó dónde vivió en un principio y después cómo se fue desarrollando su vida en cuánto a su profesión.

"Después de recibirme de abogado, me fui a hacer un viaje como mochilero por Europa 4 meses y cuando regresé me puse a preparar los exámenes para ser diplomático. Hice el Instituto del Servicio Exterior de la Nación que es la academia que forma a los futuros diplomáticos y en 1997 ingresé a la carrera diplomática con el rango más bajo del escalafón. En la carrera tuve dos destinos diplomáticos además del actual. Primero fui Cónsul adjunto en Nueva York entre 1998 y 2005, donde conocí a Daniel, mi esposo, y posteriormente estuve destinado en Naciones Unidas entre 2011 y 2016. En la Cancillería trabajé principalmente en la Consejería Legal que es el área que asesora al Gobierno en Derecho Internacional", siguió contando.

Es importante destacar que el Embajador, en su camino recorrido, siempre menciona en las publicaciones de medios nacionales que es de Azul. Sobre esto ultimo puntualizó que "trato de mantenerme informado sobre lo que pasa en Azul, gracias al acceso a los medios locales que permite la tecnología, y a través de mi familia que vive en Azul".

Al mismo tiempo sobre qué significa Azul para él y si viene con frecuencia, el embajador informó que "lamentablemente no puedo viajar a Azul todo lo que me gustaría. Cuando vivo en Argentina generalmente viajo para Pascuas y Navidad, además de algún acontecimiento familiar. Hace unos años viajé a un encuentro con mis compañeros de la escuela primaria. Fue muy lindo reencontrarme con viejos amigos. Para mi es importante no perder las raíces que hacen que uno sea lo que es, sea mucho o poco".

Otro de los puntos que aclaró es que al ser preguntado sobre cuando terminó el secundario, estudió Derecho en 3 años y al mismo tiempo economía y 6 idiomas, descifró que "Jaja, son mitos urbanos. Hice una carrera de Derecho en el tiempo normal, y si bien es cierto que estudié varios idiomas, por las demandas del trabajo hoy lo cierto es que hablo y utilizo principalmente el inglés y en menor medida francés y portugués".

"La diplomacia es más que un trabajo, es una forma de vida, ya que el hecho de mudarnos cada cierto tiempo impacta directamente en la familia, la rutina y hasta los hobbies. En el caso mío, disfruto con la actividad académica, que si bien no es un hobby, es una dedicación a tiempo parcial en la medida que el trabajo diplomático me lo permite. También me gusta cocinar, algo que no hago tanto como me gustaría, y viajar, que es algo que la carrera diplomática me ofrece, conocer países y lugares a los que difícilmente podría haber accedido de otro modo", sostuvo.

Y llegó a ser Embajador...

Consultado sobre qué cree que lo ayudó a ser embajador, opinó que "nunca me plantee la carrera en términos de llegar a ser embajador. Creo que de lo que se trata es de dar lo mejor de uno, máxime cuando la función es la de representar al país y defender los intereses nacionales, prepararse, estudiar, involucrarse, perseverar, nunca pensar que uno tiene la verdad revelada, escuchar, y al final del día dar el asesoramiento y tomar las decisiones que uno considera que mejor sirven al país, ser honesto en el manejo de los recursos públicos, y tratar de disfrutar de lo que uno hace. Cuando se hace todo eso, el desarrollo profesional, en cualquier carrera, es el desenlace natural. Por supuesto que la suerte siempre es un factor, y sobre todo las oportunidades a nuestro alcance. Yo tuve la fortuna de vivir en un país donde el acceso a la universidad es gratuito y que mi familia pudo afrontar el costo de mandarme a estudiar a La Plata".

Sobre los proyectos a mediano y futuro plazo y si se estresa llevando tanta responsabilidad sobre sus hombros, opinó que "me encanta lo que hago. Por supuesto que como en todo trabajo hay tareas que me gustan más que otras, pero el balance es enormemente positivo. La responsabilidad que siento es enorme, ya que cuando estamos en el exterior los diplomáticos representamos a Argentina las 24 horas del día los 365 días del año. Cuando el Embajador dice algo lo hace en nombre del país, si incurre en una infracción de tránsito, por ejemplo, no la comete Mario Oyarzábal sino el Embajador de Argentina y el daño es a la imagen del país, más allá de que los diplomáticos estamos obligados a pagar nuestras multas de tránsito. Quiero pensar que el trabajo no me estresa, pero aunque trate de no exteriorizarlo, cada decisión demanda mucha responsabilidad".

"El cargo de Consejero Legal fue el más gratificante de mi carrera, por el desafío que significó y porque creo firmemente en el factor civilizador del Derecho Internacional y en la importancia del estado de derecho en el plano internacional sobre todo para los países pequeños y medianos como es la Argentina. Sin Derecho Internacional rige la ley del más fuerte", subrayó Oyarzábal sobre su último trabajo.

Con relación a cuál fue la decepción más grande en su carrera, "así como no me planteo la carrera en términos de éxitos, tampoco lo hago en términos de decepciones. En 1998 cuando me presenté para salir trasladado al exterior por primera vez quise venir a Países Bajos y no pudo ser. Esas cosas siempre generan alguna decepción. Pero fíjese, más de 20 años después vine a Países Bajos como Embajador. Creo que cuando las cosas no se dan es porque Dios, el destino, la voluntad personal o lo que sea en que uno crea, nos tiene deparado algo mejor".

Familia, amistades y algunos consejos

En otro tramo de la charla el Embajador contó dónde está su familia ya que uno de ellos, Santiago está en Londres y "Lala" Franco, su prima en Buenos Aires.

"Además de mi hermano Santiago, tengo tres hermanas, Alejandra que estudió economía y trabaja y vive en Buenos Aires, y Mariana que es traductora y profesora de inglés y Eugenia que es abogada y viven ambas en Azul. Mis hermanas y hermano son una gran fuente de inspiración y de contención a pesar de la distancia. Lamentablemente no nos es fácil reunirnos todos. Hace unos años pudimos coordinar para irnos los 5 juntos de vacaciones. Fue increíble. Y algún que otro domingo hacemos un video chat grupal y con nuestros padres", indicó sobre su familia.

De la misma manera sobre sus amigos, especificó que "recorriendo el mundo he hecho unos cuantos amigos. Muchos colegas diplomáticos de otros países a quienes conocí en anteriores destinos y que los he vuelto a encontrar en Países Bajos, por ejemplo. También entre mis compañeros de la Universidad de La Plata, de la academia diplomática y de la Universidad de Harvard. Pero mi mejor amigo es mi amigo de la infancia en Azul, Fabián Perechodnik, y es una amistad que ha perdurado a las distancias incluso en tiempos donde las posibilidades de viaje y de comunicación no eran las de ahora. Con otras amigas y amigos la cotidianeidad no es la misma pero si el recuerdo y el cariño de siempre, como es el caso de María Inés Parmigiani, de Gabriela Lambusta, de Luis Surget y de Carlitos Antollini por mencionar algunos".

Por último con respecto a qué le diría a la gente que quiere lograr algo en su vida entendiendo que él tuvo objetivos claros desde un principio, aconsejó que "que sigan sus sueños, sin miedo al fracaso, sin importar lo que otros digan, sin hacer daño a nadie, y disfrutando del trayecto".

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