CUANDO LAS MASCOTAS "CURAN"

CUANDO LAS MASCOTAS "CURAN"

Moody y Carmela, un vínculo saludable

La convivencia de una joven con trastornos de ansiedad con un perro entrenado para apoyarla ejemplifica el valioso trabajo de PATA, un innovador emprendimiento que funciona desde hace unos años en nuestra ciudad.

29 de abril de 2021

Muchas veces, para explicar un concepto, una nueva idea o, como en este caso, una terapia alternativa, lo mejor es contar una historia como la de Carmela y Moody y los vínculos saludables. Saludables, al menos en dos sentidos. Primero, porque no hay nada en ellos que los vuelva "tóxicos" (cuando el displacer es mayor que el bienestar); segundo, porque son proveedores de salud.

Carmela sufre de ansiedad y, muy frecuentemente, ataques de pánico. Cuando eso pasa, uno siente que se va del mundo o, peor, que el mundo se va de uno. Con cierta dificultad y trabajo, la joven reconoció, con el paso del tiempo, la naturaleza y la condición de su situación. Años de terapia, años también de medicación, la fueron estabilizando y brindándole un conocimiento más o menos productivo sobre su padecimiento.

Hace no mucho, durante la pandemia y el encierro que ella supuso, su terapeuta le sugirió que tener una mascota le haría muy bien. Había optado por vivir sola en un departamento y lo manifestó durante una sesión de terapia de manera virtual. Carmela aceptó la sugerencia y, junto a su madre, se puso a averiguar. ¿Averiguar qué? ¿Acaso no hay nada más fácil que agenciarse un perro? Basta con salir a la calle, donde está lleno de perros abandonados.

El tema, hay que aclararlo, es que cuando uno tiene ataques de pánico o ansiedad aprende que no puede planificar una vida "normal", una vida sin precauciones. Asimila que tener una relación implica una serie de prevenciones y cuidados, tiene una conciencia mucho más activa sobre lo frágil que es la vida y las relaciones. Uno envidia a las personas que salen a trabajar como si nada, como si el mundo no fuera una amenaza enorme.

De tanto averiguar, a través de Facebook Carmela se encontró con PATA, sigla de Perros de Asistencia y Terapia de Azul, un grupo de entrenadores caninos que creen en la relación respetuosa con los animales y en la educación consciente de los denominados perros de trabajo, priorizando el bienestar mutuo.

La joven tenía miedo, le parecía que un perro así sería como una especie de robot que haría lo que ella necesitara cuando ella necesitara, pero que lo haría "a disgusto", como, digamos, por obligación, sólo porque fue entrenado para eso. Aun con dudas, se puso en contacto y supo, después de algunas entrevistas, que se buscaría un perro que tuviese especialmente que ver con sus necesidades y expectativas. La selección se realizó en el refugio Corazones Vagabundos de San Antonio de Areco (@corazonesvagabundos), el elegido fue Moody.

El proceso de adiestramiento llevó unos siete meses. Julia, la entrenadora, después de todo ese tiempo, pasó diez días con Carmela y Moody, para asistir el "acoplamiento", que consiste en enseñarle al usuario cómo relacionarse con el perro, acostumbrarlo paulatinamente a su nuevo entorno y, fundamentalmente, empezar a generar un vínculo entre ellos.

Carmela logró despejar sus dudas respecto del malestar de Moody. Comprobó que no era un perro entrenado que hacía un trabajo, sino un ser que estaba preparado para un tipo especial de relación, en la que dos se complementan, se necesitan, se alivian, se buscan y se permiten estar. A diferencia de un lazarillo, por ejemplo, punto que le preocupaba a Carmela, un perro de asistencia emocional no hace ningún trabajo específico sino que está ahí, compartiendo su vida. Lo saca a pasear, le enseña a convivir con ella a la vez que ella aprende a convivir con él. Esta rutina supuso una serie de cambios que forman parte de la "asistencia emocional". Moody no la deja transitar largos periodos de ansiedad o malestar, porque se acerca, la "molesta", le recuerda que tiene que ocuparse de él, de ella o del mundo.

Durante el primer mes y medio juntos, Carmela sufrió un ataque de pánico y Moody la "rescató", la molestó tanto que la incomodidad cedió ante su presencia y la realidad. El vínculo con Moody le da una seguridad que antes no sentía. Ella sabe que si pasa algo él está ahí y esa seguridad tiene el curioso o lógico efecto de que las posibilidades de que algo ocurra son mucho menores.

Además de estudiar y trabajar, ahora Carmela también ha a empezado a hacer deportes. Moody la acompaña a algunos de esos lugares. La joven sabe que en otros países los Perros de Asistencia Emocional se mueven con mayor libertad y aceptación, pueden acceder a espacios sociales como un restaurant o viajar en avión. Todavía no acá. Sin embargo, las características conductuales de Moody le permiten compartir muchos de los ámbitos en los que ella se mueve. La presencia de Moody ha transformado su vida, sin duda, para mejor. Suponemos, es lo mínimo que se espera de cualquier tipo de terapia.

EL DATO: Esta historia de amor, como ejemplo de muchas otras, es la adhesión de EL TIEMPO al Día del Animal, que se festeja hoy 29 de abril.

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