APUNTES SOBRE LA EDIFICACIÓN DEL COLISEO LOCAL

APUNTES SOBRE LA EDIFICACIÓN DEL COLISEO LOCAL

El palaciego encanto de nuestro Teatro Español

Un recorrido edilicio, desde sus inicios en 1897, cuando era un corral de comedias de estilo neoclásico, hasta los detalles de la construcción moderna de 1930.

19 de noviembre de 2022

Por Carlos W. Filippetti (*)

Especial para El Tiempo

1930: un teatro para el "granero del mundo". Hace treinta años que Azul disfruta de la excelencia de un coliseo que honra el significado más profundo de palabras como reconstrucción, confort, belleza arquitectónica, entre otros aspectos relevantes.

Para significar su presencia en la vida comunitaria es saludable recordar que tres generaciones de azuleños hicieron titánicos esfuerzos y tomaron compromisos, lo imaginaron, crearon y mantuvieron "a flote" durante más de 130 años: la que soñó y construyó (finales del siglo XIX), la que lo remodeló (1930) y la que lo reconstruyó desde las ruinas (1978 - 2003; tema que se aborda en otro artículo de este suplemento).

1897: Un corral de

comedias neoclásico

La arquitectura neoclásica nació en el siglo XVIII como reacción al rococó inspirada en los monumentos de la antigüedad grecorromana y el concepto de belleza basado en la pureza de las líneas, la simetría y las proporciones sujetas a las leyes de la medida y las matemáticas.

En esa concepción y a la italiana (forma de herradura) se construyó nuestro Teatro Español. Su primer aspecto fue austero, monumental y con reminiscencias de un corral de comedias -primeros espacios destinados a representaciones teatrales en los siglos XVI y XVII-.

En la sala destacaban los balcones y balaustradas de madera, butacas movibles y piso móvil y pautas de confort, seguridad y calidad adecuadas a los primeros adelantos surgidos de la Revolución Industrial que, entre otros, le permitieron contar con una usina propia que también abasteció por primera vez de luz eléctrica a la Plaza Colón -hoy San Martín-.

Hacia la década de 1920, con los vertiginosos adelantos tecnológicos de la posguerra y el uso intensivo de casi tres décadas, el edificio lucía deterioro y obsolescencia.

La remodelación de 1930

La crisis global de 1929, la posterior depresión y, en nuestro país, el quiebre institucional -primer golpe de Estado- y reemplazo de la Corte Suprema de Justicia, fueron los primeros signos de desencuentro nacional y posterior declive. Argentina tardó seis décadas en estabilizar su democracia y el Teatro otro tanto para recuperar lo mejor de su concepción original y del esplendor alcanzado.

Lo expresado anteriormente pasaba inadvertido en 1930. Azul, durante la década del '20, había sido la ciudad de mayor influencia y desarrollo regional; su evolución, vinculada a la economía ganadera y agroexportadora, se palpitaba en opulentas construcciones y emprendimientos industriales, comerciales, urbanísticos y de servicios. Si la Argentina era "el granero del mundo", el Teatro Español tenía que adecuarse a ello.

La gran remodelación de 1930 alcanzó a casi todo el edificio; lo modernizó -con el confort y adelantos técnicos del momento- y le otorgó un palaciego encanto, articulando su arquitectura fundacional con nuevos detalles de refinada decoración. Todo este proceso estuvo a cargo de empresas y artesanos locales.


1930. Archivo Asociación Española. Salas decorada y modernizada

Los presupuestos y la inversión

En enero de 1928, la Asociación Española trató el tema: "Refacción necesaria y mejoras para el Teatro Español", y propuso hacer un empréstito interno -socios aportando- para financiarlas.

Los concesionarios del Teatro, señores Aguilar y Herrero -más adelante propietarios del Cine Odeón-, hicieron su oferta de obras, que se rechazó; el joven socio español Manuel Sánchez Trespalacios mocionó para que "la Sociedad -Española- se haga cargo de administrar la Sala hasta la refacción total".

En marzo de 1929 se invitó a diseñar los planos a los arquitectos Reyes Oribe, Dhers y Louge y Julio Maschio, y nombró una comisión de apoyo. El proyecto presentado tenía un costo de $80.000 dándole al teatro la capacidad de 886 personas y de $100.000 si se ampliaba a 1202 espectadores. Hasta ese momento la sala contaba con 598 asientos.

El arquitecto Augusto Rocca en "Historia de la Arquitectura de Azul" menciona que se contrataron a los arquitectos porteños Enrique Machi y Félix A. Distasio, quienes armaron el proyecto que construyó el empresario azuleño Silvio Franchini.

En acta de noviembre de 1929 consta que aún no había definiciones y se fijó $50.000 como suma máxima para invertir en obras, artefactos y mobiliario. Fue consultada la empresa constructora del local de "Gath y Chávez" -hoy Banco Industrial- pero al superar la cifra autorizada se tomó la opción de Sánchez Trespalacios de hacerla por administración y se pidieron presupuestos de rubros por separado.

El financiamiento fue con crédito del Banco Español y del Río de la Plata a cinco años por $45.000 y también se firmaron pagarés con los proveedores que se descontaron en el Banco de Londres y América del Sud. Para cancelar esos pasivos, la Asociación Española debió vender varios inmuebles, contiguos al teatro, que poseía desde principios del siglo XX.

En acta de septiembre de 1930 se informó que la inversión total había sido de $62.173,83 lo que, según destaca también la Memoria institucional de 1932, "habla por sí sola de la importancia de las reformas". Dimensionar la cifra invertida es difícil en nuestro país por el proceso inflacionario. Un dato del Catálogo de la Exposición Cervantes 2004 -pág. 36- nos da una pista; en un libro adquirido en París en 1931 consta que $1,55 (argentinos) equivalían a 10 francos (franceses). Basado en ello puede deducirse que la inversión en el teatro superó los 400.000 francos ya que un peso argentino valía 6,45 francos franceses... otra prueba de Argentina "granero del mundo".


Portada antigua en tres arcos que dificultaba el acceso y vista del foyer (Circa 1910).


Entrada remodelada 1930 con Marquesina construida por herrería Bugallo.

Metamorfosis: del austero

"corral" a la palaciega sala

El 11/10/1930 el vespertino "El Ciudadano" informó en página completa, titulada "La Construcción Moderna de Azul", los importantes trabajos de transformación efectuados en el Teatro Español, destacando expresamente a las empresas que, por su capacidad y responsabilidad, cumplieron con el cometido asignado. El artículo incluyó fotos del coliseo remodelado; también esta obra fue destacada en la Memoria del cincuentenario de la Asociación Española (1882-1932).

Los detalles de: "La construcción moderna de Azul": Las obras de albañilería y colocación de pisos graníticos del foyer -lucen hoy- fueron realizadas por la empresa de Silvio Franchini; se quitaron las tres arcadas del acceso que obstaculizaban el tránsito de entrada y salida de público, se refaccionó el interior de la sala, construyeron los camarines y el bajo escenario en cemento portland (novedoso material, por entonces).

La carpintería y ebanistería fue tarea de Vicente Petrucelli, quién proveyó las puertas de camarines y el piso de escenario en pinotea; se repuso gran parte del piso de la sala y palcos; estos últimos se decoraron con artísticas molduras en yeso París. La portada, el armazón del cielorraso, la confitería anexa y los tableros de los afiches publicitarios fueron también encargados a esta acreditada carpintería azuleña.

En plomería y calefacción se partió de "cero". Antonio B. Nasello armó las complicadas cañerías que unieron la "gran" caldera instalada en el sótano y los radiadores de la sala, camarines y el hall. La calefacción era una necesidad imperiosa, para minimizar el crudo invierno y "proverbial escalofrío" -según cita la nota de El Ciudadano- que se volcaba a la sala en el instante en que se abría el telón. Los radiadores de la sala se ornamentaron y cubrieron con chapas artesanales para evitar que su vista rompiera con el canon de elegancia pretendida. También Nasello colocó los coloridos vitrales a tres cocciones que lucen hasta nuestros días.

La herrería se encargó a Alfonso Bugallo, descendiente de Antonio Bugallo, que en 1895 fabricó el complejo mecanismo del piso móvil en la sala. En la remodelación de 1930 la herrería Bugallo construyó la marquesina del frente, puerta y cortina metálica del acceso. En la sala armó la claraboya, reforzó con doble T debajo de los palcos y construyó el armazón de los vitrales. Asumió la riesgosa y complicada tarea de correr casi un metro hacia atrás cada una de las columnas de hierro de fundición que sostienen los palcos: ello solucionó un problema estructural que impedía la buena visión de los espectadores desde palcos.

Severo Vulcano instaló en su totalidad la red eléctrica nueva de la sala, escenario, frente y marquesina. Proveyó los artefactos de la sala, excepto apliques de fundición y chapa repujada de bronce que datan de 1897, e instaló los "nuevos aparatos"... "desconocidos en Azul para la proyección de cintas sonoras y de las mudas, que es en verdad lo mejor que produce la industria cinematográfica", así definidos textualmente en la nota de El Ciudadano.

Juan y Ángel Sala (Sala Hermanos) tuvieron la responsabilidad de dar el toque final de decoración. Ambos tenían sobrada experiencia en ornamentación y un gusto elevado para la tarea. Utilizaron con maestría técnicas y materiales para el estucado, pinturas al óleo, y tiza y cola, bronceado en molduras, empapelados y otros elementos. Pintaron los cielorrasos con tiza y cola, las artísticas molduras de palcos y cielorrasos con bronceados imitando metal viejo; los palcos en tonos de marfil patinado; el empapelado de las paredes se hizo con papel granate sobre fondo de color oro. Los muros del hall fueron intuidos al óleo, dándoseles varias manos del acabado con "poche". Las puertas pintadas, imitando nogal.

Según se cuenta, cubrir las balaustradas con decoración moldurada fue una decisión que embelleció la sala y solucionó, transitoriamente, el acontecer de "indiscretas miradas". Por costumbre en los palcos se ubicaban las señoras y señoritas y en la platea los caballeros. Dada la creciente moda de acortar las faldas fue "necesario" cubrir los huecos entre cada balaustre y así evitar "distracciones" desde la platea.

Se amobló los palcos con sillas Thonet checoeslovacas y la sala con cómodas y modernas butacas de procedencia norteamericana (de una empresa de Chicago), que reemplazaron a las existentes que databan de 1897.

El primer telón, con una escena del desembarco de Colón en América, se reemplazó totalmente en la década de 1920, luego de un pequeño incendio que lo inutilizó. En 1930 no hubo que cambiarlo; éste permaneció por décadas y, casi en ruinas, se retiró en 1978. No obstante, se recuperaron (en 1992) los bordados de hilo de oro del bambalinón de boca y arlequines y flecos los que, cortados y cosidos al nuevo, coronan con la sigla T.E. y enmarcan el escenario.

Las reformas descriptas de 1930 transformaron aquel aspecto austero de la Sala y del Teatro Español de finales del siglo XIX en un espacio refinado y palaciego. La reconstrucción y restauración 1978 a 2003 potenció y reforzó la belleza y elegancia cualidades que se advierten hasta la actualidad, con 30 años de uso intensivo.

(*) Contador Público, integrante 1980-2014 del equipo gestor de la reconstrucción del Teatro Español. Ex presidente de la Asociación Española de Socorros Mutuos. Integrante del Comité Directivo del proyecto Azul Ciudad Cervantina de la Argentina (2007 -2013). Fundador de la Fundación del Teatro Español de Azul Ciudad Cervantina de la Argentina.

Bibliografía y fuentes consultadas:

-Asociación Española: Balance y Memoria Ilustrada 1882-1932. Placente y Dupuy Impresores; -Diario El Ciudadano. La construcción moderna de Azul 11/10/1930; -Carlos W. Filippetti. Teatro Español de Azul. Testimonio de Identidad, cultura y desarrollo comunitario. Editorial Azul, 2014; -Augusto Rocca. Historia de la Arquitectura de Azul. La estética señorial de una ciudad de las pampas. Editorial Azul, 2013; -Catálogo Exposición Cervantes "De La Mancha...a la pampa". 2004.


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