3 de mayo de 2017

. Cómo fue muerto el sindicalista Manuel Chaves

El autor del libro “Chaves, el primer fusilado de la Libertadora” anticipa, en este artículo especial para El Tiempo, aspectos fundamentales del hecho ocurrido en Azul, el 22 de septiembre de 1955. Un informe policial resultó determinante para el esclarecimiento del fusilamiento. El expediente Chaves estuvo más de medio siglo “custodiado” por uno de los cabecillas del golpe de Estado, en un archivo privado.

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Escribe: Marcial Luna

lunasche@yahoo.com

 

EL DATO:

El libro “Chaves, el primer fusilado de la Libertadora”, del periodista azuleño Marcial Luna, se presentará en la 43° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Será el 15 de mayo, a las 18,30 en la Sala Javier Villafañe, del Pabellón Amarillo. El libro, que tendrá circulación nacional y latinoamericana, ha sido reeditado por el sello CTA Ediciones, esta vez en una versión ampliada y definitiva.

 

Noche serena la del 22 de septiembre de 1955 en la ciudad de Azul, aunque con el clima enrarecido. La “Revolución Libertadora” había comenzado a extenderse por el territorio nacional y, ese día, iba a dejar su huella encarnizada en la tierra azuleña.

Eran las 23,50 cuando el comisario de policía Ignacio Laurentino Curtoy llegó a Córdoba 869, domicilio de la familia del sindicalista de CGT y ATE, Manuel Chaves.

Momentos antes, el llamado telefónico de un vecino del barrio San Antonio, a la delegación policial, lo había alertado sobre un hecho de sangre.

De visu  

Un gran observador el comisario. Minucioso.

Se detuvo en la vereda de los Chaves y calculó que el tapial de la casa tenía un metro treinta de altura. Vio, además, que en la parte superior se habían dispuesto vigas de caño. Allí, habitualmente, jugaban los hijos del sindicalista, nacido en General Guido en 1913 y radicado en Azul a partir de 1945.

Curtoy, el comisario de Azul, los había visto antes de llegar al número 869: parapetados en la calle Córdoba, montaban guardia varios infantes de Marina del Arsenal Naval  Azopardo.

El comisario ingresó al corredor de la casa y, enseguida, se topó con un cadáver. Lo halló sobre un piso de mosaicos, en medio de un gran charco de sangre. Se había dispuesto un cubrecama de color blanco para cubrir el cuerpo.

Conocía el procedimiento Curtoy. Tenía que verificar la identidad y, con ese único fin, requirió la presencia de un testigo. El que accedió a la escena fue Joaquín Andrés Matta. Dijo que era argentino y que tenía treinta años de edad. Dijo también que era casado, instruido y sastre de profesión. Vecino de Chaves. Vivía enfrente, en Córdoba 880.

El comisario quitó el cubrecama y Matta confirmó la identidad: el acribillado era el secretario general de la CGT Regional Azul y de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). Manuel Chaves, de 42 años de edad.

Había sido ultimado un rato antes, pasadas las 22 horas, frente a su familia, durante un operativo de la recién estrenada “Revolución Libertadora”. Chaves alquilaba la casa en la que fue ejecutado. Allí vivía con su esposa, Amalia Mármol, y sus cuatro pequeños hijos: Rubén, Oscar, Carlos y Angélica Amalia Chaves.

El comisario comprobó que la vivienda poseía dos habitaciones, con piso de madera y puertas de dos hojas, y salida al corredor. La cocina, con piso de portland. Una puerta permitía la comunicación entre esa cocina y una despensa. Visualizó una pequeña banderola. Accedió y vio que daba hacia los fondos de la casa.

Fue hacia el patio Curtoy y constató que el piso era de tierra. A unos pasos estaba el excusado y, al fondo, un gallinero descubierto junto a un pequeño corral.

Responsabilidades      

Astuto el comisario, además. Se apuró en señalar en su informe algunas presencias en la escena: “A esta altura se establece que allí se encuentran presentes los Tenientes de Corbeta Miguel Alfredo Ferreyra y Alberto Rafael Heredia”. Este último, fue quien efectuó los disparos contra Manuel Chaves.

Heredia tenía 23 años de edad y había llegado a Azul esa noche del 22 de septiembre, a las 21,20. Recién descendido del ómnibus, recibió la orden de encabezar el operativo en el domicilio del máximo dirigente de la CGT azuleña. Para tal fin llevó una pistola Ballester Molina, calibre 45, un fusil semiautomático de origen belga y noventa tiros.

La orden para la operación provino del capitán de corbeta, Gilberto Antonio Sánchez. Con el derrocamiento del gobierno municipal de Alberto R. López Claro, Sánchez se había constituido, horas antes, en la nueva autoridad del distrito azuleño. Era el jefe del Comando Revolucionario del Sud.

El comisario de policía, en ese marco, prosiguió la observación en Córdoba 869.

Detectó que, junto al cuerpo de Chaves, había tres baldosas picadas, recientes. Habían sido producidas por impactos de proyectiles de pistola 45. Muy cerca del cadáver halló cuatro cápsulas de ese calibre y tres más, pero de fusil 7,62.

A cuatro metros del cadáver, hacia la calle, el comisario descubrió otras cuatro cápsulas: dos de 45 y dos de fusil. Vio, además, que el candado de la puerta de calle había sido volado mediante dos disparos. Las perforaciones se visualizaron claramente en el herraje.

Todos los detalles de su inspección, el comisario los llevó al papel y le estampó su sello y firma. El juez nacional lo estaba apurando con la instrucción del caso.

El país vivía una enorme conmoción. Los partidarios de la “Libertadora” estaban exultantes y Azul había tenido su baño de sangre.

Lo que no sabía el comisario de policía Curtoy, en ese momento, es que la Marina de Guerra se iba a encargar de “extraviar” el expediente del fusilamiento de Manuel Chaves durante cincuenta y nueve años.

Ni uno menos.

Uno de los cabecillas de la “Revolución Libertadora”, el contralmirante Isaac Rojas, se encargó personalmente de “custodiar”, en su archivo personal, el expediente del caso Chaves. El documento fue recuperado recién en 2014 y el autor de este artículo tuvo acceso exclusivo a él.

Rastros   

El comisario Curtoy observó otros aspectos la noche en que Chaves fue fusilado. Por ejemplo, comprobó que, en la puerta que daba a la cocina, existían sobre sus vidrios, por encima de ellos y sobre la banderola, varios impactos de bala. Ventanales acribillados. Muebles perforados por los disparos. Y en el corredor, entre medio de la puerta de la cocina y de la segunda habitación, a una altura aproximada de un metro, sobre la pared, restos de masa encefálica. Algunos de esos vestigios orgánicos también se observaron en el primer vidrio de la puerta de la cocina. Literalmente, a Manuel Chaves le habían volado la cabeza.

Puntualizó después, el comisario: “No se notan rastros de lucha”.

Las tres baldosas “picadas” explican que Manuel Chaves fue rematado con tres tiros, disparados a la cabeza, cuando ya se encontraba en el piso del corredor.

No tuvo dudas Curtoy: fue una ejecución.

Además de minucioso, precavido. No permaneció solo el comisario en el momento de la observación en casa de los Chaves. De la instrucción participaron, además, el juez nacional Jorge Alberto Zavala Rodríguez y el jefe de la Unidad Regional Séptima, inspector mayor Juan Giardineri.

En el contexto de la “Revolución Libertadora” y su gobierno provisional, que había logrado derrocar al presidente Juan Perón, a menos de veinticuatro horas de la muerte de Chaves, con una celeridad asombrosa, el juez nacional resolvió su incompetencia y trasladó las actuaciones a la Justicia Militar.

Un informe confidencial, anexado al expediente recuperado en 2014 (“Prev. Sum. por allanamiento de domic. y muerte violenta del Deleg. Reg. de la CGT en Azul, D. Manuel Chavez [sic]”, Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, Carpeta 2742, Expediente 26076. Copia en archivo del autor), y con origen en el Ministerio de Marina de 1955, reveló que el “allanamiento de la finca [donde residía Manuel Chaves junto con su familia, tenía por objeto] secuestrar armas cuya existencia se suponía y que, de acuerdo a informaciones recogidas, serían para que elementos adictos al régimen depuesto intentaran alterar el orden”.

En el expediente mencionado consta que los allanamientos que se efectuaron, en procura del referido armamento, arrojaron un “resultado negativo”, tanto en domicilios particulares de los sindicalistas, entre ellos la casa de Chaves, como también en el terreno baldío contiguo a la Municipalidad, donde los marinos suponían también que había “armas de la CGT”.

En la morgue   

El cadáver de Manuel Chaves fue trasladado a la morgue azuleña, en la madrugada.

El médico de policía era, por entonces, el doctor Aldo Soriani. Redactó su informe el 23 de septiembre de 1955.

“He examinado al cadáver de Manuel Chaves, el que presenta las siguientes lesiones: herida de bala con orificio de entrada en la región axilar derecha con una dirección de abajo hacia arriba y de derecha a izquierda con orificio de salida a nivel del cuello en su cara lateral derecha y siguiendo la trayectoria penetra nuevamente en el cuello cerca de la región maxilar inferior, atraviesa la base del cráneo y tiene su orificio de salida en la región parieto-frontal izquierda; heridas de bala con orificio de entrada en región frontal derecha, región frontal media y región maxilar superior izquierda con orificios de salida en la región occipital. Además, presenta una herida desgarrada en región posterior del muslo izquierdo. La causa de la muerte se halla claramente establecida ya que cualquiera de los impactos ha sido mortal en forma instantánea provocando el estallido del cráneo, por lo que no se hace necesaria la autopsia médico-legal”.

El doctor Soriani firmó el acta de defunción del sindicalista Manuel Chaves y, sin titubeos, especificó claramente en el renglón de las causales: “Herido de bala. Homicidio”.

 

UN LIBRO, TRES EDICIONES

Escrita por el periodista Marcial Luna, la primera versión del caso Chaves se publicó en El Tiempo, el 22 de septiembre de 1996. Se trató de una edición facsimilar, producida por este diario, mediante la cual se conocieron los detalles del violento episodio que puso fin a la vida del secretario general de ATE y la CGT Azul, en 1955. El trabajo había comenzado en 1994, con la primera entrevista a los hijos del sindicalista fusilado en Azul, y luego de dos años en el proceso de investigación, se pudo concretar la publicación que salió a la calle junto con la edición diaria de El Tiempo. La segunda versión, ya en formato libro, se publicó en 2013 a través de la editorial CTA Ediciones, y fue expuesto en ferias del libro, y presentado en la Sala Cortázar de la Biblioteca Nacional y en la Biblioteca del Congreso de la Nación. En 2017 se presenta la tercera edición, ampliada y definitiva, de “Chaves, el primer fusilado de la Libertadora”, que incluye el expediente que mantuvo bajo su custodia el almirante Isaac Rojas, uno de los líderes de la “Revolución Libertadora”.

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