3 de junio de 2026
En el marco de Arte de Noche, el escritor ayacuchense presentará "Vida y muerte de los solos", una novela policial que indaga en el aislamiento social. La cita es a las 19 en el la esquina de San Martín y Bartolomé J. Ronco. Este medio dialogó con el autor.
Este sábado 6 de junio a las 19, las instalaciones del Museo Enrique Squirru se convertirán en el escenario de un destacado encuentro literario en el marco de una nueva edición de Arte de Noche.
En esta oportunidad, el reconocido escritor y profesor de Historia oriundo de Ayacucho, Pablo Zubiaurre, llegará a la ciudad para presentar su novela "Vida y muerte de los solos". El relato, que bajo la superficie de una trama policial propone una profunda radiografía sobre el aislamiento y los laberintos de la comunicación en la sociedad actual, promete conectar de una manera muy singular con el público bonaerense, entrelazando la ficción con la propia mística del museo local.
Lo que a simple vista parece un policial clásico, con su atmósfera de pueblo bonaerense y un hecho que sacude la tranquilidad local, termina convirtiéndose en una profunda radiografía sobre la condición humana. En esta entrevista, nos sumergimos en las páginas de una novela que desafía los límites del género: acá no hay misterios sobre la autoría del hecho, sino una inevitable huida hacia el destierro y una persecución que rompe fronteras geográficas. A través de sus personajes, el autor nos invita a recorrer un paisaje marcado por el silencio, el aislamiento y esa paradoja tan actual de sentirse solo incluso rodeado de gente.
A continuación, una charla dinámica con el escritor sobre los secretos de la escritura, la construcción de identidades y el acto de leer como un proceso puramente creativo.
"Hay una búsqueda, hay una intención de persecución, pero no hay misterio"
-La novela se presenta bajo el género policial, con un misterio que sacude a un pueblo bonaerense, ¿qué te atrajo de la estructura del policial para contar esta historia en particular?, ¿sentís que el género te dio el marco perfecto para explorar los secretos de una comunidad
pequeña?
-A la hora de presentarla asocio la novela con el género policial, aunque quizás estrictamente no lo sea. No tiene componentes fundamentales de ese género. Desde un primer momento se sabe quiénes son los responsables de los actos, y también se sabe que no podrán ocultar su autoría. Hay una búsqueda, hay una intención de persecución, pero no hay misterio. Es decir, en rigor no es un policial. Con estas licencias, la estructura me permitió contar todo aquello que quería narrar.
-La historia comienza en la provincia de Buenos Aires pero, según adelantás, termina "muy Lejos". Sin hacer spoilers, ¿cómo conviven ese arraigo local, tan propio de nuestra provincia, con un desenlace que rompe las fronteras geográficas?
-Es que los hechos no permiten otra salida que huir. Y claramente la huida implica desaparecer de los radares, lejanía. El tema importante es si el destierro se justifica o no, y si es posible o no. Los protagonistas llevan sus problemas e ideas construidas en el pueblo a otro sitio y desarrollan respuestas diferentes. No tienen más solución que hacerlo de ese modo.
La soledad y la incomunicación
-A simple vista es un policial, pero en el fondo se percibe una fuerte reflexión sobre la soledad en la sociedad actual. ¿Cómo lograste plasmar esa paradoja de sentir soledad y tener dificultades para comunicarse incluso cuando los personajes están rodeados de gente?
-Es que la soledad no es producto de la inexistencia de gente, de compañía, sino de la incomunicación que se produce, aún rodeado de posibilidades. No es la soledad de Robinson Crusoe sino la de quien vive rodeado de personas con las que no puede integrarse. La soledad es un flagelo, incluso y fundamentalmente en las grandes ciudades. No tiene que ver con la lejanía ni con la ausencia de actores, sino con la imposibilidad de vincularse.
El silencio suele ser un gran protagonista en los pueblos del interior, pero acá también opera como una barrera psicológica entre las personas.
-¿Creés que la falta de comunicación es lo que desencadena el conflicto central de la novela o es una consecuencia del entorno?
-Si, es posible. Pero también creo que hay mucha gente que escapa al silencio, que actúa y se expresa socialmente sin que eso signifique que pueda comunicarse con esa gente. La soledad, entiendo, tiene que ver con la dificultad para vincularse afectivamente con otras personas, no sólo en el sentido sexual o de relaciones amorosas, sino tampoco en otros sentido que superen la formalidad o lo estrictamente superficial.
El peso de las historias personales
-En la novela la vida y las biografías individuales tienen un peso enorme. ¿Cómo fue el proceso de construcción de estos personajes?, ¿te basaste en observaciones de la realidad, en personas reales de la provincia, o nacieron puramente de la ficción?
-La construcción de los personajes es crucial en esta novela. Son tres "solos" muy diferentes entre sí. Cada uno apunta a una forma de sentirse solo cuando se vive inmerso en esa sociedad. Todos los personajes tienen elementos propios de la observación y de personajes reales, sin que ninguno sea estrictamente una persona determinada. Son composiciones en todos los casos. El proceso fue largo, muy largo. Justamente esta parte lo fue. Lo fáctico resultó más sencillo.
-¿Cómo reacciona el entramado social del pueblo cuando la intimidad y las dificultades de estas vidas personales quedan expuestas ante el misterio policial?
-La reacción ante este tipo de sucesos es algo que hemos vivido en reiteradas ocasiones. Hay una reacción de la gente, de las fuerzas de seguridad, de los medios de comunicación, de las autoridades. En este caso, la novela no es innovadora y presenta una reacción bastante estandarizada, en la que es sencillo reconocerse. El centro de atención es sin lugar a dudas la reacción de los protagonistas.
Reflexiones sobre el oficio de escribir
-Escribir sobre la dificultad de comunicarse requiere justamente de una gran precisión en las palabras. ¿Cuál fue tu mayor desafío técnico al intentar transmitir el aislamiento emocional de tus personajes a través de la literatura?
-Escribo hace mucho tiempo, y he tenido una vida con un fluido contacto con mucha gente de toda condición. Efectivamente fue un desafío que traté de superar desde esa experiencia y del trabajo literario teniendo siempre muy en cuenta que se trata de una novela y no de un tratado científico sobre la soledad. La soledad es protagonista, tanto como la posibilidad de dejarla atrás.
-¿Qué te gustaría que se lleve el lector una vez que cierre el libro y descubra que ese misterio inicial lo llevó a un viaje mucho más profundo y lejano?
-En primer lugar, una novela tiene que entretener. Si el lector la lee y pasa un buen rato, ese primer objetivo estará cumplido. Generar placer no es un tema menor, sino todo lo contrario. Claro que puede hacerse desde obras bien livianas, o desde otras que dejen al lector cuestiones por resolver. Y digo así, pues este trabajo tiene más preguntas que respuestas, que serán internamente respondidas en mil formas diferentes. Desde la experiencia, desde la lógica, desde la costumbre o desde la moral y la ética. Acá suele producirse un efecto que es notable.
El lector se relaciona afectivamente con los personajes y llega a "quererlos", a pesar de que son unos monstruos. O no lo son, y son sólo víctimas. En fin, las respuestas marcan la riqueza de la lectura. La lectura es, a diferencia de lo que muchos pueden pensar, un proceso creativo. No solo crea quien escribe. El que lee genera en su imaginación una imagen siempre diferente de aquello que el autor narró. Y desde ese punto, leer es crear. Si me preguntas que espero de la lectura de mi novela, te digo que espero que cada lector cree una gran película desde la base de mi escritura. Y que le produzca placer. Y preguntas.
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