ENFOQUE

ENFOQUE

De la mano dura a la gestión comunitaria de las problemáticas sociales con niños, niñas y adolescentes

¿Qué propuestas y acciones concretas podemos hacer para prevenir hechos tremendos en la escala local?

23 de agosto de 2021

Por Moira Goldenhörn (*)

La semana pasada, en medio de festejos diversos por el mes de las infancias, nos vimos conmovid@s en la ciudad por los incendios a vehículos particulares en las periferias azuleñas. Lo que más nos conmovió, creo, fue la circunstancia de identificar a todos esos vehículos añosos como "de personas trabajadoras" en la escala de valores sociales que hace referencia a "trabajador" sólo a la clase obrera más precarizada: es decir, ninguno de esos vehículos incendiados era suntuoso, algunos incluso eran el medio de trabajo para los ingresos familiares, y presumiblemente no contaban con seguro contra incendio, con lo que la pérdida del magro capital familiar fue inmediata y, aparentemente, irreversible.

Durante el fin de semana nos enteramos por las redes que por esos hechos resultó aprehendido un adolescente y, en esas mismas redes, proliferaron todo tipo de comentarios de terrorismo explícito con propuestas que implican un grave ultraje a la democracia, la república y sus instituciones. Desde exigir la exhibición pública de identidad, foto y progenitores del acusado (menor de edad), pasando por descripciones tremendamente sádicas de torturas explícitas a las que le someterían, hasta pedidos de linchamiento comunitario como método por excelencia del ejercicio de la justicia por mano propia; desde agravios al sistema penal por no prever pena de muerte para estos jóvenes "echados a perder" o "que se hacen pasar por locos", hasta el consabido ataque a "los derechos humanos" que "hacen" que "entren por una puerta y salgan por la otra" y, por ende, "deben volver los militares". Incluso, en esta escalada de violencia sin sentido, hubo quien culpara a la actual vicepresidenta por estos hechos, sin ningún razonamiento que respalde tal acusación: todo resultó válido para ejercer el odio.

Es entonces, al sentir un gran mareo ante la verborragia variopinta para comentar sin dar mayores muestras de conocimiento, es cuando paro este incesante intercambio inconducente para pedir reflexión social sobre la realidad de las adolescencias en nuestra ciudad; realidad problemática que vemos se repite en muchas localidades y ciudades del país: ¿qué pasa con los y las jóvenes que deciden volcar las mejores energías de su vida a dañar aún más el tejido social? Y más aún ¿qué pasa con la comunidad en general que engendra estas problemáticas en los y las jóvenes? Pensando en esto, no puedo dejar de tener en la mente (y el alma) ese refrán popular que dice "el niño que no haya sido abrazado por su tribu, cuando crezca prenderá fuego la aldea entera para sentir su calor" ¿qué hay de esto en la situación que estamos atravesando como comunidad?

Una de las preguntas que formulé en el mar de comentarios, se refería al acusado en cuestión, a sus circunstancias de vida, a las necesidades de su familia: ¿nadie conocía a este chico antes de la comisión de estos hechos que se le adjudican? ¿nadie, ningún vecino, vecina, pariente, amigo/a de la familia pudo advertir desenlaces como éste?

Porque, algo de esto, ya hemos planteado expresamente cuando tuvimos que lamentar el brutal ataque y fallecimiento de Ely Mendilaharzu ¿no hubo nadie en la cercanía de ese escenario que le costó la vida, que hubiera podido advertir el infierno que estaba pasando e intervenir a tiempo? ¿Ningún allegado a su pareja le advirtió a tiempo que hay otras maneras de abordar los conflictos interpersonales? La pregunta fundamental es ¿Por qué, a las problemáticas sociales, elegimos verlas como cuestiones individuales? ¿Tan profundo caló ese "no te metás" que, justamente, los militares popularizaron como conducta "adecuada" para "los argentinos derechos y humanos"? ¿Cómo puede ser que, en una ciudad tan pequeña, sigamos eligiendo mirar para el costado a las infancias solas, a las madre que hacen lo que pueden con trabajos precarizados, a los padres que abandonan, a las mujeres maltratadas, a las niñeces abusadas... y luego salir a acusar gravemente y a desear torturas y muerte, a quien termina incurriendo en conductas flagrantemente antisociales?

Hace ya varias décadas que, lejos del abordaje punitivista, se proponen soluciones comunitarias para la conflictividad social, aún la de tipo penal. Hace décadas que desde las aulas y los tratados se propone, por su demostrada eficacia, el trabajo comunitario de participación ciudadana poniendo el acento en la prevención de la conflictividad social. Y no se previene el conflicto llamando a la policía, no se previene el conflicto pidiendo pena de muerte, no se previene el conflicto proponiendo linchamientos. Llamando a la policía, cuando puede responder a tiempo, es posible evitar consecuencias dramáticas; pero la real prevención pasa por el involucramiento efectivo de la comunidad en su conjunto en formar parte de la construcción colectiva de un espacio marcado por los derechos.

Esto quiere decir que las personas individualmente, las familias, las organizaciones y las instituciones de la sociedad civil deben participar en la creación y gestión de espacios con anclaje en cada barrio, teniendo como horizonte la posibilidad de abrir un futuro pleno para niñeces y adolescencias, partiendo de un presente pleno.

Vuelvo aquí a un punto esencial en todo esto ¿qué acompañamiento institucional tienen las familias de pocos y medianos recursos, las llamadas "familias trabajadoras" (aunque sea mucho más extensa la "clase trabajadora" de lo que vari@s están dispuest@s a aceptar) en la crianza de sus hijos e hijas? ¿Cuántos niños y niñas se crían solos porque su mamá trabaja, y su papá, si está presente, también lo hace? ¿Cuántas escuelas tienen doble jornada? ¿Cuántas opciones de contraturno real existen, que sean accesibles en dinero, espacio y tiempo? ¿Es segura la ciudad para que niños, niñas y adolescentes la transiten sol@s entre la escuela y las actividades? ¿Qué comen los niños, niñas y adolescentes, dónde, y quién cocina y lava?

Respondiendo un poco a esto, la escolaridad azuleña, así como las actividades extracurriculares, presuponen la existencia de una estructura familiar que provee los cuidados como alimentación, vestido y traslado de niños, niñas y adolescentes hacia y desde la escuela; y esa supuesta estructura familiar muchas veces no existe, o recae exclusivamente en las madres o abuelas sobrecargadas. Esta falta de adecuación entre la jornada laboral y la jornada escolar es, en gran parte, la raíz de las niñeces y adolescencias criadas sin referentes. Y no es culpa de la madre, ni de la política nacional: es resultado de una idiosincrasia que invisibiliza el trabajo femenino remunerado y el de cuidados, que presupone a la madre como única responsable de las crianzas y sin trabajo o subordinado a la crianza de sus hijos e hijas. Y, también en gran medida, esa idiosincrasia es la responsable del desgranamiento, de la atomización social, que deja familias aisladas y niñeces desamparadas.

Siguiendo con esta idea, ¿cuánto hace que no tenemos en la ciudad espacios de socialización comunitaria? Los clubes, por ejemplo, salvo en verano o en el caso del club de alto target de la ciudad, son espacios de "realización de actividades", donde se entra y se sale a un horario determinado, ¿Hay intercambio social allí? Las añejas comisiones de fomento barrial ¿siguen existiendo en la ciudad? ¿Hay participación? ¿Quiénes participan de ellas? Hasta en el campo de la política ¿existen, por ejemplo "unidades básicas", "ateneos", "comités", de funcionamiento permanente o sólo "locales partidarios" que florecen en época de elecciones? Me atrevo a decir que sólo las iglesias son las "organizaciones de la sociedad civil" que se ocupan, en gran medida, de las necesidades materiales y emocionales de las personas y las familias, de encauzar el espíritu gregario y mostrar un horizonte de esperanza colectiva y de desarrollo individual. Y está bien que así sea, porque entre otras cosas, es un derecho humano la profesión de una fe. Pero el alma humana tiene otros intereses también: artes, deportes, ciencia, política, esparcimiento ocioso; y ellos no están contemplados en las finalidades de las iglesias.

Entiendo yo que, esta atomización social y soledad en las crianzas, abona algunas problemáticas a la hora de abordar y resolver conflictos, como consecuencia también de los estereotipos sociales que son internalizados a través de la televisión, las redes y también las prácticas sociales violentas perpetuadas como medio de superviviencia en algunos contextos. Así las cosas, la violencia es internalizada desde muy temprana edad como única forma de resolver los conflictos, la empatía y el "ponerse en el lugar del otro" recurriendo al diálogo son formas vistas como vergonzosas; mientras que eso de "ser el más malo", "tener aguante", "pararse de manos", "moler a palos", "romper el c..." son conductas vistas como demostraciones individuales de poder e "inspiradoras de 'respeto'". Y, de esta manera, se va truncando la posibilidad de acceder al disfrute de un futuro mejor a la única realidad conocida por estos niños y adolescentes. Mientras que las niñas y adolescentes, van, en algunos casos imitando la violencia física y moral, pero en general, empoderándose a través de la especulación con el "uso" del cuerpo como capital erótico.

En otras ciudades, niños, niñas y adolescentes con estas problemáticas, se ven expulsados de sus hogares ante la imposibilidad de contención por carecer de herramientas ante la magnitud de los hechos que sobrepasan a una familia individualmente, fallando así la primera "red de contención". Y, ante la inexistencia de espacios intermedios de contención, la fragilidad de la escolarización, la inexistencia de clubes, la imposibilidad de abordar la cuestión desde las iglesias; ante la inminente intemperie de la calle o la captación del sistema público, niños, niñas y adolescentes caen en redes de trata o bandas delictivas, dentro de las que van forjando, en este último caso, una identidad "que se respeta", un sentido de pertenencia y un sentido a su vida. ¿Es esto lo que queremos para los niños, niñas y adolescentes de nuestra ciudad?

Porque, mientras ellos se van convenciendo, en su propio núcleo de atomización, que son "los que se la bancan" respondiendo a los estereotipos de moda que actualizan al viejo "rebelde sin causa", algunos de esos mismos estereotipos son representaciones de aquellos jóvenes que los medios de comunicación hegemónicos proponen erradicar mediante las políticas represivas estatales y para-policiales: estos chicos "problemáticos" son el objetivo del gatillo fácil, la mano dura y de todo aquél que "quiera andar armado". Entonces, me pregunto y NOS pregunto nuevamente ¿Es ése el destino que queremos para nuestros jóvenes en Azul?

Lejos de querer simplificar todo en tortura y represión, debemos asumir que tenemos por delante un escenario complejo, y que complejos y participativos deben ser los abordajes. De nosotros depende ir camino al precipicio continuando con el abandono a su suerte de las crianzas, o involucrarnos activamente en allanar un camino pleno de oportunidades para aquellos niños, niñas y adolescentes que las tienen tan negadas y postergadas. Su felicidad, autoestima, autoconfianza y esperanza, es la felicidad y tranquilidad de la aldea entera.

(*) Abogada Maestranda en Ciencias Sociales y Humanidades

Docente especializada en Problemáticas Sociales y su enseñanza

Investigadora en Sociología Jurídica UNLP-UNQ

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